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NICOLÁS DE AYLLÓN: EL EXTRAORDINARIO INDIO SANTO PERUANO

Escribe: Escribe: Alejandro Ezcurra Naón.
Edición N° 957

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La sublime paradoja de un sastre indígena que, siendo simple laico, fundó en Lima una casa religiosa para españolas pobres, sobresalió por su caridad, recibió luces proféticas y murió en olor de santidad.

 

Con demasiada frecuencia la palabra indigenismo significa la exaltación de las sociedades primitivas y hasta salvajes, al gusto de cierta izquierda neomarxista que, a través de la revolución cultural, busca llevarnos hacia un comunismo neotribal y anárquico.

 

Hay sin embargo un indigenismo verdadero, que nace del aprecio por las cualidades y talentos propios de las razas aborígenes, las cuales, cuando se dejan modelar por el espíritu de la iglesia, dan frutos admirables de fe y civilización. Ejemplo de esto son los numerosos indígenas que, en toda América Latina, fueron auténticos modelos de vida y santidad. Entre ellos sobresale en el Perú el siervo de Dios Nicolás de Ayllón, que ya en vida era conocido como "Nicolás de Dios" o "el Indio Santo".

 

UN NIÑO ABORIGEN PREDESTINADO

En el siglo XVII los padres franciscanos habían establecido en el valle de Llampallec —actual Lambayeque— la doctrina de Chiclayo, que en poco tiempo se convirtió en próspero pueblo de indios moches. Allí nacía el 4 de marzo de 1632 Nicolás, el menor de siete hijos del matrimonio del indio noble don Rodrigo Puycón o Pulcón con doña Francisca Faxollem. De excelente índole, a la edad de ocho años el pequeño fue entregado a la tutela del religioso franciscano P. Fray Juan de Ayllón.

 

Dos años después, éste debió trasladarse a Lima junto con otros religiosos, y llevó consigo a Nicolás. Era verano, época de lluvias, y el río Santa estaba muy crecido; pero la comitiva decidió arriesgar el cruce. Las cabalgaduras de los religiosos consiguieron atravesar, pero la mula de carga sobre la cual montaba el pequeño Nicolás perdió pie y comenzó a ser arrastrada por la corriente. En ese momento, relata el P. Vargas Ugarte, "sin saber cómo, una mano poderosa lo condujo sano y salvo hasta la orilla con admiración de todos": claro indicio de la predilección de Dios por aquel niño.

 

EL CARITATIVO DEVOTO DE LA INMACULADA

En el convento de San Francisco Nicolás permaneció seis años, ocupado entre el servicio de su tutor—de quien tomaría el apellido—, las faenas de la casa, la oración y el estudio. Ya en esa época se manifiesta precozmente la caridad que lo distinguiría. Por ejemplo, se privaba de una parte de su ración diaria para dársela a los pobres, y soportaba con invariable paciencia cualquier maltrato que recibiera.

 

Al ser destinado el P. Ayllón a una misión lejos de Lima, Nicolás opta por dejar el convento. Tenía dieciséis años. Aprendió entonces el oficio de sastre, con un reputado maestro limeño. Rápidamente se ganó fama de excelente costurero; con sus primeros salarios encomendó un cuadro de la Inmaculada Concepción, devoción que le inculcaron los franciscanos y que cultivó toda su vida. Y en los días de fiesta acudía al hospital de Santa Ana, fundado por el Arzobispo Loaiza para enfermos indígenas, para prestar a los pacientes toda especie de servicios.

 

Maestro sastre a los 21 años, a los 24 Nicolás abrió su propia sastrería. Allí entronizó su querido cuadro de la Purísima, objeto de un pintoresco episodio que retrata bien el ambiente limeño de aquel tiempo. Continuaba intensa en la Iglesia la discusión teológica sobre la Inmaculada Concepción, iniciada varios siglos antes. Algunas órdenes religiosas como los franciscanos y los jesuitas defendían con calor su definición, mientras que otras como los Dominicos aún la cuestionaban, con argumentos de peso. Así las cosas, el 8 de diciembre de 1661 el Papa Alejandro VII emitió el breve Sollicitudo omnium Ecclesiarum, declarando a María "inmune de la mancha del pecado original desde el primer instante de su creación". Era un paso decisivo rumbo a la definición del dogma, ocurrida dos siglos después (1854). Cuando el texto llegó a Lima, un grupo de alumnos del Colegio de los jesuitas salió a celebrarlo por las calles, entonando la copla

 

“Todo el mundo en general, a voces, Reina escogida, diga que sois concebida, sin pecado original”,  y otras similares. La bulliciosa comitiva paseó por varias iglesias —el Milagro, San Pablo, Santo Domingo (desde donde hasta les arrojaron piedras...)— y muchas personas se les fueron incorporando. Como anochecía, algunos fieles comenzaron a distribuir velas a la multitud, que ya no era pequeña. En camino hacia La Merced les tocó pasar frente a la tienda del piadoso Nicolás, quien contagiado del regocijo de los participantes, les ofreció su cuadro de la Inmaculada para llevarlo en triunfo. Se formó entonces una improvisada procesión nocturna, y al pasar frente al Palacio Arzobispal, el propio Arzobispo Villagómez salió a darles la bendición desde el balcón, mientras repicaban las campanas de la Catedral. ¡Tal era la atmósfera religiosa que impregnaba la feliz Lima de la época!

 

TRAS LA CONVERSIÓN, SE DEFINE LA MISIÓN

Sin embargo, la vida de Nicolás no era del todo edificante, y se vio envuelto en una relación irregular con una joven. Pero la gracia de Dios pudo más que su fragilidad, y en cierto momento tuvo una radical conversión. Tomó como director de conciencia al P. Cristóbal Bravo y, próximo a cumplir 29 años, se casó con la joven mestiza Jacinta Montoya, de 16 años, recomendada por un importante cliente y amigo, don Francisco de Arteaga y por su esposa, doña Catalina Carvajal. En los primeros años de matrimonio Nicolás debió empeñarse para corregir cierta tendencia de su mujer a la frivolidad. Y lo logró a fuerza de emplear sus excelentes cualidades de trato, inclinándola a la práctica de las virtudes cristianas y al apostolado, del cual ella se convertiría en su eficaz colaboradora.

 

Llevaba una vida sobria y austera, lo que le permitió formar un buen patrimonio con el fruto de sus apreciados trabajos. Caritativo en extremo, muchas veces había hospedado en su casa a personas necesitadas, y en cuanto tuvo posibilidad adquirió una casa mucho más amplia donde, con la colaboración de su esposa fundó una obra para abrigar y dar adecuada formación a doce jóvenes españolas empobrecidas; hecho inédito tratándose de un indígena. La denominó "Casa de Jesús, María y José". Allí construyó dos oratorios, uno para su cuadro de la Purísima y otro para el Crucificado, y en el patio principal hizo pintar las estaciones del Vía Crucis, que todos los habitantes rezaban juntos tres veces a la semana.

 

VIENDO A DIOS EN LOS POBRES

Su caridad parecía no tener límites. Cada Domingo de Ramos lavaba los pies a trece pobres, a los que después sentaba en su mesa y servía en persona. En la fiesta de San José ofrecía un banquete para siete niños: uno en representación del Niño Jesús, otros tres representando a San José, San Joaquín y San Zacarías, y tres niñas representando a la Santísima Virgen, Santa Ana y Santa Isabel. Después de servirles les lavaba las manos, les besaba los pies y les entregaba una limosna. Los servía con tal amor y humildad, dice su confesor, que parecía "que no eran pobres los que tenía a su mesa sino que eran los mismos que representaban". "Yo de mí sé decir que las veces que lo vi y algunos sacerdotes que asistían... no podíamos contener las lágrimas".

 

Todos los sábados hacía dar pan a los pobres que acudiesen a su casa, y con el tiempo la costumbre se extendió a los otros días de la semana. Socorría también "con limosnas y con ropas" a propios y extraños, a mujeres necesitadas, a sacerdotes pobres, etc. El P. Bravo refiere haber visto, después de su muerte, a una multitud de pobres que entró en su casa "llorando su orfandad con la pérdida del Siervo de Dios, mostrando a voces y con ademanes las vestiduras con que abrigaba su desnudez".

 

SANTIFICACIÓN E INFATIGABLE APOSTOLADO

Su piedad, vida interior y espíritu apostólico eran excepcionales. Fue dirigido espiritual, entre otros, del venerable P. Francisco del Castillo y del noble mercedario Fr. Juan de Vargas Machuca. Se levantaba antes del alba y hacía oración de las 4 a las 6 de la mañana. Después de distribuir los trabajos en la casa y en su taller, acudía a alguna iglesia a oír Misa y comulgar (tenía autorización para hacerlo diariamente, hecho rarísimo en la época), regresando a las 10 para continuar sus labores. Al mediodía, frugal almuerzo, y vuelta al trabajo hasta las 6, hora en que se retiraba a rezar o a entregarse a sus múltiples obras de caridad. A las 8 cenaba con su familia y después hacía lectura espiritual. Finalmente reunía a todos los de la casa para repasar el Catecismo y rezar un tercio del rosario. Cuando todos ya se habían ido a descansar, él rezaba los dos rosarios restantes, y en ciertos días también recorría el Vía Crucis y —algo inconcebible para el hedonismo moderno— se mortificaba con disciplinas.

 

Apóstol infatigable, promovió la creación en la iglesia de San Diego de la "Escuela de Cristo", similar a la creada por el P. del Castillo para nobles en la iglesia de Desamparados, con el fin desagraviar a Nuestro Señor crucificado. Hizo labrar allí un retablo, y donó un sitial de plata para la exposición del Santísimo Sacramento. Promovió innumerables formas de sufragios a las almas del Purgatorio en varias iglesias de Lima, además de fundar una Cofradía de las Ánimas para sus hermanos de raza en Chiclayo. Ingresó a la Cofradía de indios de Nuestra Señora de la Consolación, en la iglesia de La Merced, de la cual pronto fue Mayordomo. Se empeñó en defender a los indígenas de Lima de atropellos y abusos, y a menudo los socorría económicamente.

 

Fue también asistido por dones proféticos. Una señora cuya familia era auxiliada por el Arzobispo de Chuquisaca Mons. Melchor de Liñán y Cisneros, se lamentó al Siervo de Dios de la extrema lejanía del prelado. Nicolás le respondió: —"Ya, señora, no se desconsuele, que el señor Arzobispo vendrá a serlo de Lima, y será todo su remedio". Ella, atónita, le dijo: "¡Qué más dicha querría yo! Pero lo tengo por imposible". A lo que el sastre agregó: "Así será, y el Señor Liñán y Cisneros será también Virrey". Como los presentes se rieran, simplemente añadió: "Allá lo verán". Pocos años después (1676) Mons. Liñán era designado Arzobispo de Lima y más tarde Virrey (1678-1681), cumpliéndose así la predicción.

 

PROMESA DE LA VIRGEN Y LLAMADO DE DIOS

Contaba Nicolás 45 años cuando cierto día trajo a su casa un pequeño crucifijo, que dio a Jacinta, diciendo: "Guárdame este Santo Cristo que es el que me ha de acompañar a la hora de la muerte". A los pocos días, a comienzos de noviembre de 1677, al final de la cena hizo una inesperada arenga a su familia sobre cómo debemos estar preparados para comparecer ante Dios, y concluyó: "Yo por la misericordia de Dios... no tengo más que hacer, porque siempre procuro disponerme como si luego hubiera de dar cuenta a Dios, y así, cuando Él fuere servido de disponer de mi vida, aquí me tiene, cúmplase su santísima voluntad". Al día siguiente, 4 de noviembre, cayó repentinamente enfermo con escalofríos y fiebre alta persistente, que por momentos le hacía perder el conocimiento. La noticia se esparció por la ciudad, y grandes y pequeños acudían desolados a su casa. Pero el sábado 6, repentinamente lúcido y sereno, dictó a su esposa una comunicación para su confesor, el P. José Buendía S.J.: "Estando yo pidiendo por mi casa y por todas estas almas que en ella están, vino la Santísima Virgen, mi Señora la Purísima, llena de resplandores celestiales y acompañada de muchos Ángeles, y me dijo: Hijo, ven en paz que tu casa a mi cargo queda y se llamará la casa de Jesús, María y José". Esta promesa profética se cumpliría al pie de la letra.

 

Al día siguiente, después de ser encomendada su alma y rodeado de la comunidad de Hermanos de San Juan de Dios que cantaban el Credo, expiró suavemente en paz.

 

EL LEGADO DE NICOLÁS Y EL CUMPLIMIENTO DE LA PROFECÍA

Sus funerales fueron una verdadera apoteosis. Durante tres días, todas las Órdenes religiosas de la ciudad y numerosas cofradías acudieron espontáneamente a cantarle responsos. El día del entierro, acompañado por una multitud, el cuerpo del humilde sastre indígena entró en San Diego escoltado por la guardia del Virrey y cargado por miembros de la Real Audiencia.

 

A las exequias del octavo día, ordenadas por el Cabildo, acudieron el Virrey Don Baltasar de la Cueva, conde de Castellar, la Audiencia y los regidores en pleno, además de muchos miembros de la Nobleza. Hubo posteriormente otras honras fúnebres en diversas iglesias de Lima, y también en Chiclayo.

 

El Proceso Apostólico que podría llevarlo a los altares, apoyado por el Arzobispo de Lima, por el propio rey de España Felipe V y la Sagrada Congregación de los Ritos, lamentablemente quedó trunco debido a defectos de información y a posibles imprecisiones doctrinales en algunos escritos de su esposa. Y con el tiempo terminó cayendo en un lamentable olvido, hasta que, gracias a la intervención del Arzobispado de Lima, recién en el 2011 fue por fin reiniciado.

 

Entre tanto, la promesa profética que le hiciera la virgen de proteger su fundación se cumplió por entero. Un año después de su muerte, la casa de Jesús, María y José ya contaba con Capilla. En 1713, a solicitud de su viuda y las demás internas, fue autorizada a adoptar la regla de las Clarisas capuchinas y convertirse en Monasterio, que subsiste hasta hoy. Y en 1720 quedó terminada la bella iglesia conventual, ornamento de Lima. Allí reposa Nicolás de Dios, admirable símbolo del indigenismo verdadero, que consiste en incorporar los aborígenes a la civilización cristiana, única en la cual todas sus cualidades florecen plenamente.

 

 

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EL ARROZ CON PATO: ENTRE LA HISTORIA Y LA CULINARIA CHICLAYANA

Escribe: Escribe: Alessandra Núñez Hidalgo.
Edición N° 957

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Chiclayo siempre se ha destacado por su buena sazón y sus grandes recetas tradicionales como el cabrito y el arroz con pato, siendo este último uno de los más solicitados por los turistas. Este plato que ha pasado por varias evoluciones en su receta a lo largo de los años, nunca puede faltar en la carta de un buen restaurante de la ciudad.

 

Precisamente “Entre Aromas y Sabores” es uno de ellos. Al indagar por su cocina y por la biblioteca de Rosa Montenegro Huertas, conocida como Rosa Mavila, por el apellido de su esposo, dueña del establecimiento, nos encontramos con un delicioso plato de arroz con pato y con una de las recetas más tradicionales del mismo.

 

Este tesoro culinario está en el libro más antiguo de su colección de recetarios, El bien del Hogar, el que fue un obsequio de sus suegros cuando recién iniciaba a recopilar guías para cocina. “Hace varios años me dijeron: ‘Te vamos a dar una joya que tenemos ahí guardada’ y me regalaron este hermoso libro de donde aún saco cosas que me gustan para cocinar. También, tiene mucho valor familiar, porque fue una recopilación de la abuela de mi esposo”, cuenta.

 

A partir de la receta encontrada en este libro nace el famoso arroz con pato de Entre Aromas y Sabores, en él se fusionan tanto algunos ingredientes de la receta tradicional como algunas características de la receta familiar de Rosa Mavila. “Cuando este plato era preparado en mi casa, en la sierra, no llevaba cerveza. Sin embargo en el local sí la utilizamos y combinamos con un poco de pisco”, explica.

 

“Nosotros preparamos un caldo con los huesos del pato con el que hacemos el arroz y luego el pato, además de aderezarlo y freírlo con ese mismo concentrado. Luego de tener todo esto preparado lo servimos con cebolla, tomate, culantro, alverja y choclo, que no suele llevar”, añade.

 

Entre los grandes secretos del buen arroz con pato, la reconocida chef específica que el ave que se vaya a preparar debe ser pata tierna, de carne suave y criolla, porque los patos más grandes suelen ser más duros y de un sabor distinto.

 

Aunque el arroz con pato es uno de los platos más solicitados por los clientes, el ceviche, el cabrito, el chirimpico y el chiringuito no dejan de ser opción para todos los visitantes.

 

Rosa Mavila refiere que entre sus principales textos de consulta está también el libro más representativo de la culinaria lambayecana, El reino del loche, de Mariano Valderrama, un recetario en el que se recopila todo sobre la comida departamental, desde sus mejores insumos hasta sus representantes.

 

EL ARROZ CON PATO

Aunque la receta más tradicional encontrada en la ciudad data de 1938, la creación del arroz con pato tal y como lo conocemos pudo haber nacido en 1920, explica Rosa Mavila. Sin embargo, se podría decir que no existe fecha definida para tal acontecimiento, debido a que lo maravilloso de nuestra cocina está en la fusión de sus insumos y su historia.

 

“El pato ha existido siempre en todo el Perú, y en todas la culturas precedidas a la llegada de los españoles ya era consumido, es por ello que si vas al Museo Brüning o Rafael Larco puedes ver cerámicas o huacos de patos que eran representados con porras o escudos, como la comida de la elite precolombina”, cuenta.

 

Después de la conquista llegaron al país insumos como la cebolla, el limón y el arroz, que pudieron ser agregados para la preparación del pato en los grandes banquetes señoriales. Y como cada cultura siempre trae consigo un aporte, los chinos y los japoneses mostraron el corte fino, utilizado ahora para preparar el plato.

 

El arroz con pato es un platillo muy relacionado con la costa norte del país, porque es en esta zona donde se inician las grandes plantaciones de arroz. “Es a partir de 1821, cerca la independencia, que la historia comienza hablar de un arroz con pato, que figuraba en las cenas francesas, que utilizaban su sazón. Sin embargo, durante esa época solo existía el batán en donde se hacía la fusión de todos los ingredientes que dan origen al arroz con pato”, comenta.

 

EL BIEN DEL HOGAR

Dentro de la biblioteca de Rosa Mávila encontramos este libro, un recetario antiguo de 1938, en donde se recopilan las recetas más tradicionales de la comida peruana. La publicación se hizo a modo de manual para una escuela especializada de jovencitas que se dedicaban al trabajo del hogar de manera que estuvieran preparadas en todos los servicios.

 

“Quienes dictaban clases gratuitas eran las señoras de Lima, ellas les enseñaban a estas chicas a cocinar, coser, limpiar, entre otras cosas. Es un libro viejísimos, donde todas las recetas son buenísimas y muchas ya no son usadas. Me encanta porque puedo preparar cosas como el pastel de acelga o usar ingredientes como la manteca de chancho”, comenta.

 

En este recetario se pueden encontrar platos muy antiguos de todo el Perú y que la gente aún podría poner en práctica por su facilidad y practicidad. Hay platos como el caldo de huevos, el consomé, las croquetas de corvinas y el chancho a la cacerola.

 

De igual forma, en la página 30 se puede encontrar la legítima receta del arroz con pato a la chiclayana, dictada por la señorita María Aurora de Risco, una cocinera regional muy reconocida en esa época. “En esta receta el arroz con pato no contiene cerveza, tiene pisco, aguardiente, ajo molido, manteca de chancho, agua y arroz. No sabemos en qué momento a este plato se le agrega la cerveza”, comenta Rosa Mavila.

 

Del mismo modo, en este recetario se puede encontrar la preparación de otros platos norteños como el pepián de arroz o boda indígena, muy tradicional de Monsefú, y que va acompañado de un jugoso pato o gallo.

 

EL REINO DEL LOCHE

El Reino del loche es otro libro de la biblioteca gastronómica de Rosa Mavila, este fue editado en el 2013 por Mario Valderrama y está ilustrado con las fotografías de Heins Plenge. En él aparecen nombres de las personas que se han especializado en la comida chiclayana como Juanita Zunini y Alberto Solís, también se nombra a restaurantes como el Fiesta y cuenta sobre la mayoría de insumos e instrumentos utilizados en la comida tradicional lambayecana.

 

“Mariano Valderrama, quería ya hace bastante tiempo sacar un libro donde se haga referencia a todos los platos del norte y cuando finalmente lo logró este tuvo muchísima acogida agotando sus mil ejemplares”, cuenta Rosa Mavila.

 

En el Reino del loche se puede encontrar una serie de recetas desde dulces como el King kong hasta el aguadito, el arroz atamalado, el arroz alverjado con chancho, el bagre, la batea en sarsa, la boda, el bofe de viseras, el buñuelo de caballa, el ceviche de caballa, y bebidas como el cañazo.

 

Asimismo, en este libro también se nombran los grandes insumos chiclayanos como el loche, la cachema, entre otros. De igual forma, el autor hace gran especificación en las diferentes sazones que se pueden encontrar en la región como es en los distritos de Jayanca, Monsefú y Reque.

 

“En el Reino del loche el autor nos cuenta que gran parte de la comida norteña más tradicional fue rescatada gracias a Brüning, quien logró recopilar gran material de archivo sobre nuestra gastronomía. También nos habla del loche, que es el insumo más representativo de la ciudad, porque no hay en ninguna otra parte del Perú”, comenta la cocinera.

“Creo que nuestros platos más destacados, como se mencionan en el libro, son el arroz con pato y el cabrito, porque es lo primero que quiere probar la mayoría de personas de fuera cuando llegan a nuestra ciudad. Son platos que a pesar de prepararse en varias partes del país, se diferencian cuando son preparados en nuestra tierra, por ser elaborados con todos nuestro insumos como la sibarita, el ají causa, el ají nabo, el loche y el culantro, que hacen de nuestro cabrito el más jugoso del norte”, añade.

 

ROSA MAVILA

Rosa Mavila trabaja en cocina hace varios años, conduciendo su restaurante Entre Aromas y Sabores. Desde un inicio brindó el servicio de catering para eventos como matrimonios, bautizos y celebraciones, además de ofrecer comidas para empresas como Backus y Oltursa.

 

“No ha sido fácil, después de tiempo logramos instalar un local y hacernos de un nombre en Chiclayo, todo lo hemos hecho trabajando y dando nuestro mejor servicio a Backus, con quienes llevamos trabajando 24 años”, comenta Rosa Mavila.

 

Indica que siempre le gustó la gastronomía, al igual que a su abuela, a quien desde pequeña observaba su manera de disfrutar de la buena comida y de la buena sazón. “Nunca había preparado nada, pero le agarré el gusto al comer rico y al cocinar. Mucho me ayudó mi vecina Irene Arbulú, una excelente cocinera, a quien siempre ayudé con mucho entusiasmo a preparar su servicios de catering, aprendí mucho de ella”, expresa.

 

Asimismo, Rosa Mavila tuvo la oportunidad de tomar clases con Rosa Flores de Oliva, cuando llegaba desde la capital a enseñar, también estudió a cargo de Gladys Sarmiento con clases en su domicilio y con Paola Márzano, que fue otra de sus maestras. Poco a poco, con el tiempo, Mavila fue ganando su propia experiencia.

 

Entre Aromas y Sabores ha obtenido algunos reconocimientos a nivel departamental y en algunos festivales con sus platos más conmemorativos. Uno de ellos fue el concurso de Caritas el ‘Loche de Oro’, en el que presentaron una variedad de platillos regionales, ganando dos loches de oro y uno de plata.

 

“Luego hemos participado en Cenfotur, en la Dirección Desconcentrada de Cultura y en un evento importante en Loja de un encuentro binacional donde como región quedamos muy en alto con la participación de Juanita Zunini, de el Cántaro, del restaurante La Perla de las Flores y varios representantes de nuestra comida norteña”, refiere.

 

+ NOTICIAS

  • El seco de cabrito en Lambayeque era servido con chileno, arroz y yuca. Es partir de 1965 que comienza a servirse con frejol como en Trujillo y la menestra era reconocida por ser comida de noche.

 

 

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DON JOSÉ FRANCISCO CABRERA: CIUDADANO, FILÁNTROPO, POLÍTICO

Escribe: Escribe: Freddy Centurión González (*)
Edición N° 957

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Quien ingrese al antiguo Palacio Municipal verá en la escalera el busto de un caballero de rasgos enérgicos y, a la par, serenos. La placa apenas dice lo justo: “La ciudad de Chiclayo a su ilustre benefactor y alcalde José Fco. Cabrera. Ch. 17-3-1956”. Es el modesto recuerdo tributado a quien fue quizá el alcalde más renovador y dinámico con que contó la ciudad de Chiclayo: don José Francisco Cabrera Chirinos.

 

Como diputado por la provincia de Chiclayo, y luego como alcalde provincial en varias ocasiones, Cabrera aportó el contingente de su inteligencia, carácter y voluntad para mejorar la fisonomía de su ciudad. Pese a ser un hombre de alcurnia, y actuar en una época en la que el voto estaba reservada a una minoría, supo establecer una compenetración entre la autoridad y la ciudadanía, mostrando en su vida pública una voluntad sustancialmente democrática y siempre preocupada por los desvalidos. Trajo nuevos ritmos, nuevos ímpetus, mejores pautas y más saludables orientaciones en la vida municipal del Chiclayo de principios del siglo XX.

 

José Francisco Cabrera Chirinos nació en Chiclayo el 17 de marzo de 1864. En palabras del historiador Martín Cabrejos, fue un joven emprendedor, que en aquella época compleja, buscó independizarse de su familia y trabajó en Lima como empleado en casas comerciales, tras lo cual retornó a Chiclayo con un importante capital ahorrado. Hombre de iniciativa y habilidad financiera, Cabrera compró tierras cercanas a Chiclayo (la hacienda Rinconazo y los fundos La Punta y Santa Rosa), dedicándose a la actividad ganadera. Don José Francisco introdujo en sus tierras los adelantos científicos del momento, importó ganado vacuno de calidad, y se mantuvo informado de las novedades en cuanto al ámbito agropecuario.

 

Según los registros municipales de Chiclayo, don José Francisco Cabrera ocupó la alcaldía de Chiclayo en cinco ocasiones: del 3 de enero al 18 de abril de 1917, del 24 de mayo al 20 de noviembre de 1917, del 19 de diciembre de 1917 al 31 de diciembre de 1918, del 3 de mayo al 28 de junio de 1922, y del 20 de diciembre de 1922 al 17 de enero de 1923. En esos periodos, el alcalde Cabrera impulsó y promovió reformas intensas que fueron continuadas por sus sucesores. La calidad y el precio de los alimentos, la higiene de la ciudad, la vivienda para la clase media y obrera, la difusión de la cultura entre las masas y otros problemas fundamentales (y que aún tienen actualidad) fueron tema de gran preocupación para el alcalde Cabrera, que se esforzó por solucionarlos de forma consecuente con el bien común.

 

SUS OBRAS

Bajo su gestión municipal se emprendió la obra del Palacio Municipal, idea formulada en la gestión de don Francisco Cúneo Salazar (1907-1909; 1913), a fin de dar a Chiclayo un edificio digno de una ciudad de primer orden. Hasta entonces, la Municipalidad parece ser que funcionaba en casas particulares arrendadas al efecto, puesto que no se había podido reconstruir el edificio destruido en medio de la vandálica expedición Lynch durante la guerra con Chile. El elegante edificio del Palacio Municipal fue inaugurado en medio de las fiestas del centenario de la batalla de Ayacucho (1924), costando algo más de 30,000 libras peruanas de oro. Sin las actividades de Cabrera, ya como alcalde, ya como diputado, se habría retardado la construcción de esta obra.

 

El mejoramiento del Parque Principal de la ciudad fue uno de los tantos objetivos de Cabrera, emprendiendo el empedrado de calles emblemáticas y la construcción de veredas y parques, además de promover las viviendas para obreros y personas de la clase media. La higiene pública fue una preocupación del alcalde, que libró una tenaz guerra contra la crianza de cerdos y cuyes en el perímetro urbano, que favorecía las enfermedades tales como la tifoidea o la peste bubónica, época descrita por don Miguel A. Díaz en sus relatos.

 

Pero la obra del alcalde Cabrera no se limitó al adelanto material, idea tan en boga en los años del Oncenio leguiísta, sino que se preocupó del adelanto cívico. Hizo un llamado a la cooperación de la ciudadanía para el resurgimiento de Chiclayo en base al concurso de sus hijos y vecinos sin distinción de credos políticos. Gracias a ello, los rescoldos de la intensa vida política de las décadas anteriores desaparecieron, siendo el burgomaestre rodeado de la estima ciudadana, convirtiendo al Municipio en un foco de adelanto para la ciudad.

 

DIPUTADO Y BENEFACTOR

Al mismo tiempo, Cabrera desempeñó una activa función política como diputado por Chiclayo entre 1919 y 1924, lo que explica las ausencias en su labor municipal; incluso fue firmante de la Constitución de 1920 que introdujo las primeras nociones del constitucionalismo social en el Perú. Su labor como diputado se caracterizó por su apoyo a las iniciativas de irrigación de la árida costa peruana, y especialmente de las pampas de Olmos; propuso ideas a favor de la educación, las vías de comunicación, y el apoyo al desarrollo de Chiclayo.

 

Cabrera también fue Presidente del Sindicato de Regantes de Chiclayo, cargo desde donde desplegó lo que hoy denominamos capacidad de gestión. Apoyó la idea de fundar un periódico destinado a defender los derechos de los agricultores, El Bien agrícola, órgano desde el cual defendió celosamente los intereses de sus agremiados.

 

Otra de sus facetas, fue la de filántropo. Lejos de guardar su fortuna, el exalcalde optó por dar una parte en beneficio de su ciudad y de su capital humano, invirtiendo en el alivio de los sufrimientos de los más desvalidos. Para ello, Cabrera apoyó a sus trabajadores y a los pobres de la ciudad mediante donaciones y distintos eventos de caridad, tales como los agasajos navideños para niños de familias humildes.

 

Octogenario y sufriendo de diabetes, don José Francisco Cabrera falleció en su hacienda Santa Rosa la tarde del primero de mayo de 1944, siendo enterrado en el Cementerio El Carmen de la ciudad de Chiclayo. Su sepelio dio lugar a una impresionante manifestación de duelo del pueblo chiclayano. El recuerdo de Cabrera fue honrado en 1955, cuando se designó la calle de las Maravillas, como la calle “Francisco Cabrera”, y al año siguiente, se levantó en el Palacio Municipal el busto que describimos anteriormente.

 

Sin duda la obra de Cabrera permite considerarlo como uno de los hombres más constructivos que ha tenido el departamento de Lambayeque. Impulsó el trabajo y el progreso tanto moral, material e intelectual, de la provincia de Chiclayo. Quiso destruir la apatía del ambiente en que vivía, y acabó forjando una etapa progresista en la historia local.

 

En este nuevo aniversario de la elevación de Chiclayo a ciudad (15 de abril) y a provincia (18 de abril), se debe apreciar con juicio crítico la labor de nuestras autoridades en el desarrollo de la ciudad donde residimos y donde desenvolvemos nuestra actividad cotidiana. Hoy que vemos un Chiclayo cuya situación dista mucho de ser la urbe moderna y progresista a la que apuntaba hace treinta años, vale la pena recordar los tiempos pasados. Vale la pena recordar, como dice el periodista Daniel Gustavo Vera, “que Chiclayo tuvo un alcalde a quien merecía llamársele señor. Visionario, dinámico, entusiasta de la modernidad urbana y el desarrollo, del orden y el ornato, un caballero de carácter y autoridad”.

 

(*) Abogado, docente universitario e historiador. 

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TRES MUJERES DEL 18 DE ABRIL: ¡CHICLAYANAS A MUCHA HONRA!

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 957

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Así como Chiclayo festeja su 181 aniversario de creación política como provincia el 18 de abril, hay ciudadanos que tienen la dicha de compartir el mismo día de su nacimiento con el de la ciudad. Este es el caso de Lourdes, Diana y Juliana, quienes son, por partida doble, orgullosamente chiclayanas.

 

“Chiclayana soy y a mucha honra señores”, es la frase que las identifica por compartir el día de júbilo con la ciudad. Ellas, en todos sus cumpleaños, hacen algo muy relacionado con Chiclayo y, al mismo tiempo, aprovechan la fecha para ratificar su compromiso como ciudadanas con la tierra que las vio nacer.

 

LOURDES SALAZAR QUIROZ

Lourdes Salazar es la más joven de ellas. Ella es estudiante de Arquitectura y este 18 de abril cumplirá 19 años de edad. Cuenta que durante todo el tiempo de vida que tiene no ha dejado de sentirse identificada con la ciudad, que ha aprendido a querer y a admirar por haber enfrentado tantas dificultades.

 

El 18 de abril para Lourdes inicia con un desayuno familiar. Luego, acude a la Iglesia de Santa María Catedral para participar, acompañada de  sus padres y hermano, de la tradicional misa por el aniversario de la ciudad, acción que también le permite agradecer por un año de vida.

 

Por la tarde, Lourdes almuerza, como todos los años, un buen plato de cabrito acompañado de frejoles y arroz, para después disfrutar de la compañía de amigos y familiares, quienes llegan a visitarla en tan especial ocasión.

 

“Me siento muy contenta, porque la ciudad es agradable, me gustan todas nuestras costumbres y nuestra comida que es tan representativa. Todos sus paltos tienen algo que los hace diferentes al resto de comidas de otras ciudades, ninguna puede compararse a la nuestra”, comenta.

 

Al igual que toda ciudadana, Lourdes también siente la necesidad de expresar algunas molestias por la situación actual de Chiclayo, como el aumento de la inseguridad y el desorden del tráfico provocado por el exceso de taxistas en el centro de la ciudad, por ejemplo.

 

“Estudié en el colegio Manuel Pardo y en él me inculcaron muchísimo el no sentir vergüenza de mis símbolos patrios, ni de cantar fuerte el himno de nuestra ciudad, así como el participar de actuaciones bailando danzas típicas de la región”, explica.

 

“Solo me gustaría felicitar a Chiclayo por tantos años de existencia y decirle que se mantenga tan hermosa como siempre y tan caracterizada por ser la Capital de la Amistad”, agrega.

 

 

DIANA RIVERA NIZAMA

Próxima a cumplir 28 años el 18 de abril, Diana Rivera Nizama, es bachiller en Sociología y está cursando el último año de la carrera de Derecho en la Universidad San Martín de Porres.

 

“Para mi nacer el mismo día en que se creó la provincia resulta algo muy curioso y me siento muy afortunada que el mismo día en que se celebra a la ciudad siempre hay alguien que recuerda mi cumpleaños por este hecho, es gracioso pero me hace sentir identificada con mi lugar de origen”, comenta Diana Rivera.

 

Ella ve a la ciudad como una hermosa tierra de mistura en donde se puede encontrar a personas de todos los lugares, y que se diferencia del resto por su historia de origen, toda vez que no se debió a una conquista española, sino a gente de pueblo que llegó y organizó el lugar hasta que sea reconocido como tal.

 

“Existen varias historias y una de las más interesantes que conozco es la de la llegada de un indio llamado Chiclayo que se instaló en este lugar, otra nos cuenta que el nombre de la ciudad se debió a un fruto antiguo. No somos una creación española, nos originamos por gente de pueblo y tenemos que sentirnos orgullosos de ser distintos a los demás”, agrega Diana.

 

Durante su día especial, Diana se acompaña al ritmo de la marinera norteña y comparte la celebración con sus familiares y amigos. “Pocos tenemos la dicha de haber nacido en el aniversario de la ciudad y eso me hace feliz. Estoy muy orgullosa de toda nuestra cultura e historia”, añade.

 

Hace poco tiempo, Diana realizó un viaje que la hizo notar que la gran característica del chiclayano es su empatía y elocuencia para hablar, ella explica que las personas que la conocían podían notar su procedencia por ser tan habladora. “En otras ciudades las personas son más serias, pero si alguien pide ayuda a un chiclayano, uno verdadero no te va a dejar”, comenta ella.

 

“Mi ciudad es linda, está llena de gente amable, claro que como toda ciudad no es perfecta y tiene ciertos puntos de declive, y que de hecho incomodan, pero que debemos afrontar para seguir avanzando”, dice.

 

Entre las cosas que Diana quisiera que cambien en la ciudad está la inseguridad y el hecho de tener algunas obras inconclusas alrededor de la zona en donde vive, porque esta situación genera suciedad, desorden y mal aspectos sobre territorio. “Yo me siento algo decepcionada de nuestras autoridades, porque hemos podido observar a funcionarios corruptos que solo han velado por su beneficio”, expresa.

 

Para ella, el mejor consejo para sus vecinos es que puedan escoger a verdaderos chiclayanos como autoridades, porque son quienes cuidarán la ciudad y notarán la necesidad de ciertas obras. “Muchos han perdido el cariño, pero hay otros que siempre están incentivando al crecimiento y que con valores se puede contribuir al desarrollo”, sugiere.

 

Lo que Diana Rivera más desea para este aniversario es que Chiclayo continúe creciendo a nivel económico y que la gente pueda sentir que se está avanzando y que es posible caminar seguros. Además, de que la ciudadanía deje de sentirse molesta por no poder transitar libremente por las calles y que todas las averías u obras sin concluir puedan ser de una vez ya arregladas.

 

El regalo que ella le entrega a la ciudad es permanente, pues todos los días pone en práctica todos sus valores y principios con el fin de apoyar a los demás en su avance y desarrollo. “Creo que si somos más unidos y nos preocupamos en que los otros también alcancen las metas como nosotros, se estaría dando el gran paso que la ciudad necesita”, insiste.

 

Dentro de sus anécdotas como cumpleañera está la historia de que cierto día recibió una llamada de una amiga que se encontraba fuera de la ciudad para saludarla, y ante el asombro de lo sucedido, por tratarse de una amiga distraída, le preguntó como lo había recordado a lo que su amiga le dijo: “Estuve escuchando la radio y dijeron que hoy era el aniversario de Chiclayo y te recordé”.

 

“He visto cómo en otros lugares la gente se siente muy orgullosa de pertenecer a su tierra y creo que eso es lo que nos falta como ciudadanos, sentirnos más orgullosos de nosotros y nuestras raíces. Somos una ciudad con mucho potencial por estar en zona estratégica. Lo que más quiero es el orgullo por ella y que este aniversario sea tan feliz como se lo merece Chiclayo”, finaliza Diana.

 

JULIANA YTURREQUI PACHÓN

Juliana es una orgullosa chiclayana nacida el 18 de abril y que todos los años ha celebrado su onomástico junto a su ciudad, participando de todas las actividades, especialmente, de la serenata que se le ofrece a Chiclayo la noche previa.

 

“El año pasado fue un cumpleaños un poco triste para mí por la pérdida de un familiar, y así como yo la pase en luto, creo que Chiclayo me acompañó, porque justo habíamos a travesado por una serie de conflictos por corrupción y la ciudad se estaba recuperando”, cuenta Juliana.

 

Ella esta próxima cumplir los 48 años y se dedica al rubro de restaurantes apoyando a sus hermanos en su local. El vínculo entre Chiclayo y ella siempre ha sido fuerte, su padre siempre le decía que la ciudad estaba de fiesta por su nacimiento, cosa que ella creía de pequeña.

 

“Nuestra ciudad y su aniversario siempre me han recordado mucho a mi padre, que trabajó en el sector de construcción, es por eso que al mirar un edificio y algunas obras importante en la ciudad yo recuerdo a mi padre, porque sé que el formó parte de esa historia”, comenta.

 

Cuando Juliana cumplió 15 años, como no era sorpresa su cumpleaños al coincidir con el aniversario de la ciudad, percibió que su familia no se preparaba para su onomástico. Sin embargo, ese año, días antes, sus hermanos lograron organizarle una fiesta en dos días, calmando el resentimiento de Juliana y logrando demostrarle todo su cariño.

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“ALMÁCIGOS DE HISTORIA LAMBAYECANAâ€�: LIBRO VERÍDICO PARA ENTENDER EL PRESENTE DEPARTAMENTAL

Escribe: Daniel Vera Vera.
Edición N° 957

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Los últimos tres años han sido de intenso trabajo para el investigador y docente universitario Martín Cabrejos Fernández, quien con admirable empeño se dedicó a consultar diversas fuentes informativas para dar forma a lo que, en adelante, se constituye en la más precisa complicación histórica del departamento. La flamante obra nos invita a conocer a un Lambayeque documentado, pero nunca antes explicado en palabras sencillas, en una abundancia de detalles que permiten recrear los hechos que construyeron el presente.

 

“Almácigos de historia lambayecana” es el libro en el que Cabrejos Fernández explica, a través de diversos artículos, la evolución social del departamento, agrupándolos no en orden cronológico, sino temático, a fin de lograr su fácil entendimiento.

 

Los artículos incluidos en la obra fueron apareciendo en diarios, revistas o en la Internet a medida que la investigación del autor avanzó, abordando hechos poco estudiados como la llegada de judíos, alemanes o italianos a Lambayeque, o las condiciones inhumanas en las que trabajaron los chinos entre el siglo XVIII e inicios del XIX en las diversas haciendas de esta parte del país.

 

Es tan profunda la información que el investigador pone a disposición del lector, que este incluso puede identificar qué zonas, hoy desaparecidas o con nombres distintos, fueron escenario de los hechos que cuenta.

 

“Es una forma de hacer historia para el ciudadano de a pie. Yo veo a la historia como una ciencia del presente. Como ciencia, porque tiene un objeto de estudio que es el pasado, y por su pertinencia es una ciencia del presente. Es decir, la historia no sirve, y por eso que a los jóvenes no les agrada estudiarla, mientras no responda a mis preguntas frecuentes. ¿Cómo el tiempo primitivo de Lambayeque responde a mi presente, cómo me aporta? ¿Cómo el tiempo colonial o el inicio de la república responden a mi presente? Se necesita descubrir esa pertinencia histórica pero con un discurso que yo pueda entender, no de aquellos reservados para los intelectuales o especialistas, sino para el joven, el adulto o el adulto mayor que tiene interés por conocer”, explica Martín Cabrejos para delinear el propósito de su libro.

 

Refiere que no busca que la gente viva de glorias pasadas, porque la historia puede llegar a confundir. “La historia nos puede llevar a pensar que somos grandes por el legado del Señor de Sipán. Nosotros somos grandes por la interpretación del legado que hacemos del Señor de Sipán. Los hechos históricos no pasarán de ser anecdóticos sino realizamos una labor de interpretación de la historia desde el presente”, señala.

 

Quizá el mayor mérito de la obra de Martín Cabrejos es que todo su contenido se sustenta en fuentes documentales, las mismas que con minuciosidad ha ido organizando para validar cada acontecimiento relatado dentro de los ejes temáticos en los que está dividido el libro.

 

Con ello, el autor hace una separación bastante marcada de los relatos o publicaciones previas sobre la historia de Lambayeque que carecen de sustento real, y se basan en muchos casos en la imaginación o la creencia popular.

 

De este modo, Martín Cabrejos rompe la limitación que representa la dispersa bibliografía y documentación con contenido histórico en el departamento, tarea que lejos de calificar como difícil sentencia como agradable.

 

“La dificultad se atenúa cuando se hace con el agrado de servir y creo que el libro se convertirá en una herramienta que da respuestas. El propósito de presentar una gran cantidad de fuentes es para corregir un error o una debilidad que he podido apreciar en documentos históricos anteriores. La historia de Lambayeque se ha ido presentando como una secuencia de anécdotas, pero nadie nos ha referido quién hizo la investigación original, nadie nos ha referido cuáles son las fuentes originales de las que se extrajo la información, simplemente la hemos recibido y la hemos creído, y eso ha llevado a una serie de confusiones”, precisa.

 

GRAN PASO

Cabrejos Fernández sostiene que en el departamento no existe una metodología de trabajo consensuada entre los historiadores, lo que permitiría seguir en la labor de corregir los errores que se han difundido respecto a los acontecimientos pasados de Lambayeque.

 

“Hemos tenido grandes historiadores como Jorge Zevallos, Galino Domenack y Nicanor de la Fuente, y actualmente tenemos a otros muy importantes como Freddy Centurión, Miguel Díaz, Jorge Izquierdo y Guillermo Figueroa. Sin embargo, el problema es que nunca hemos pensado en la filosofía de la historia regional, nunca nos hemos juntado y tampoco establecido criterios en común sin perder cada uno su identidad particular. Al no tener un destino común sobre la información histórica es que a lo largo del tiempo se han publicado alcances dispersos, sin que exista tampoco la labor de compilar todos esos aportes para sistematizarlos y brindarle al ciudadanos una historia ordenada”, relata.

 

En ese sentido, el investigador refiere que “Almácigos de historia lambayecana” responde a esa necesidad al tomar información de los autores antes mencionados, ordenando lo que estos publicaron y añadiendo datos que se sustentan en la documentación existente.

 

“El libro no responde a todos los temas históricos de Lambayeque, pero es un buen paso inicial y esto implica que se tiene que seguir produciendo, porque la valoración de este tipo de trabajos no es inmediata, va a tomar algunos años. Estoy entregando un documento con fuentes confiables, es decir todo lo que está ahí escrito puede ser verificado, estudiado o llevado a las fuentes originales, y llegar a la conclusión que tiene fuentes primarias, algunas de ellas no consideradas antes así”, resalta.

 

EL NOMBRE

Martín Cabrejos confiesa que para elegir el nombre del libro ha viajado en el tiempo para recordar sus años de infancia en Túcume, donde vio de cerca la actividad agrícola en el cultivo del arroz y el especial cuidado que cada trabajador de a tierra le pone al almácigo.

 

“Como cholo lambayecano que soy, pasé parte de mi niñez en Túcume, donde vi a las personas que trabajaban con mi abuelo realizando la labor del trasplante del arroz y los escuchaba hablar, y siempre me llamó la atención el cuidado que le daban al almácigo, quizá con el misma interés y delicadeza que con el que un adinerado trata una joya muy preciosa. Solo el almácigo bien cuidado dará fruto. Pues bien, yo quiero que este libro se convierta en el almácigo y la persona que lo lea lo comente, lo entregue, lo regale, pida o busque más información. La historia es poco operativa si no se comparte”, enfatiza.

 

Este no es el primer libro de Martín Cabrejos. Antes publicó “Una mirada a Lambayeque desde la escuela”, que es una propuesta metodológica para la enseñanza de la historia; también “Hechos y dichos lambayecanos” y un poemario titulado “Apuntes de vida”. Está próximo a publicar “Todo comienza con Dios”, en el que comparte su experiencia pedagógica como docente de historia, y “¿Qué ocurrió en Lambayeque un día como hoy?”, que se encuentra en revisión.

 

FILTROS NECESARIOS

“Almácigos de historia lambayecana” consta de 507 páginas y su edición fue posible gracias al respaldo de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo, a través de su fondo editorial.

 

Para lograr ello, el autor recurrió a uno de los principios rectores de la casa superior, donde se señala que esta promueve la investigación especialmente cuando esta es dirigida al desarrollo permanente de la cultura a nivel local, regional y nacional.

 

El libro fue revisado por los seis integrantes del Consejo de la Facultad de Humanidades, quienes dieron informe favorable para luego remitirlo a la Dirección de Investigación de la universidad, desde donde se entregó el machote para su revisión por dos especialistas, luego pasó al Vicerrectorado de Profesores y finalmente el Rectorado solicitó la emisión de veredicto respecto a la valoración de la obra. Este fue que se constituye en un valioso aporte para la cultura de Lambayeque.

 

“Para mí es motivo de alegría que el libro pueda tener el respaldo de la universidad, pero también que haya pasado por los filtros que estableció porque cada uno de estos ha sido un verdadero reto. Pasar los filtros me garantiza que estamos en buen camino, que podemos seguir investigando y que sí es posible hacer una investigación de calidad en base a fuentes históricas. Vale la pena todo eso, porque este libro es un homenaje a quienes antes que yo ya hicieron y hacen historia, gente muy valiosa que no ha tenido la suerte de publicar con el respaldo de una universidad, es por eso que son citados en las páginas. Este libro es también una bofetada para aquellas instituciones públicas y privadas que no terminan de entender que deben invertir en las publicaciones de los lambayecanos”, asevera. 

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CHICLAYO: PUEBLO POR LA FE, PROVINCIA POR SU CORAJE

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 957

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Elevada a la categoría de ciudad el 15 de abril de 1835 y constituida como provincia tres días después, Chiclayo es la única urbe, de las tres más importantes del norte del Perú, cuyos orígenes no fueron delineados a partir de la fundación española. A diferencia de Piura y Trujillo, el pueblo que hoy es capital del departamento de Lambayeque se formó en torno al convento que los franciscanos construyeron en tierras de los caciques de Cinto y Collique.

 

Para cuando el general Felipe Santiago Salaverry, proclamado como Jefe Supremo de la República después de su alzamiento contra el gobierno de José Luis de Orbegoso, firmó en su Cuartel General de Ascope el Decreto de la creación de la provincia de Chiclayo, este ya se había convertido en uno de los núcleos más importantes al norte del departamento de La Libertad.

 

PUEBLO CONVENTUAL

Según el investigador Waldemar Espinoza, Chiclayo aparece como pueblo de indios en 1567, ubicado entre Zaña y Lambayeque, ambas de fundación española. De acuerdo a su tesis, existe documentación en el Archivo General de Indias, fechada en 1572, que habla del naciente pueblo, aunque no se ha profundizado la información en relación a sus aseveraciones.

 

Lo que sí se ha establecido con rigor histórico es que a esta parte del territorio se le tuvo como reducción indígena, ocupada preferentemente por los naturales de los Cinto y Collique, cuyos caciques donaron un terreno en 1588 a los misioneros franciscanos para la construcción de un casa conventual a la que denominarían como de San Francisco, dando origen a la edificación de la hoy desaparecida Iglesia Matriz.

 

En acta firmada el 27 de marzo de ese año los señores de Cinto y Collique, con la rúbrica en calidad de testigos de Diego de Vega, Luis de Atienza, Antonio de Maraver y Martín García Hernández de León, entregaron los espacios a los misioneros, donación que fuera después ratificada por el virrey Fernando Torres de Portugal, en octubre de 1588.

 

En torno al complejo religioso es que empezó a formarse el pueblo al que se conocería como Santa María del Valle de Chiclayo. El rol que jugaron los franciscanos en la evangelización de los naturales habría sido el origen del desplazamiento de estos hasta ocupar las áreas circundantes al convento.

 

Pioneros iniciales son el padre Marco de Niza, primer prelado y comisario que llegó conjuntamente con los frailes Juan de Monzón, Francisco de los Ángeles, Francisco de la Cruz, Francisco de Santa Ana, Pedro Portugués, Alonso de Escarcena y los hermanos legos fraile Mateo de Jumilla y Alonso de Alcañices. Probablemente también estuvieron en Chiclayo los padres Francisco de Marchena y Francisco de Aragón, a quienes con toda justicia se les puede llamar: "los fundadores de Chiclayo”.

 

De esta manera, Chiclayo poco a poco empezó a cobrar vida urbana, aunque hasta antes de las inundaciones que azotaron Zaña en el XVIII siempre fue eclipsada por esta y por Lambayeque, ambos asientos de españoles y criollos.

Pueblo libre

Ya en las corrientes que bregaban por la libertad del yugo español, Chiclayo secunda a Lambayeque, que se declaró independiente la noche del 27 de diciembre de 1820, haciendo lo propio el 31 de diciembre de ese año, formando parte de los primeros pueblos que se emanciparon sin el apoyo militar del Ejército de los Andes que al mando del general José de San Martín ya se encontraba en territorio peruano desde septiembre de ese año.

 

Pieza clave en la independencia de Chiclayo fue el hijo natural de estas tierras José Leonardo Ortiz y Salcedo, político, militar y hombre de negocios, que partió al encuentro de San Martín en Huaura junto a un grupo de pobladores para sumarse al ejército libertador, pero además llevó la contribución en especies, armas y dinero reunida por los habitantes de la zona para la causa.

 

SALAVERRY Y CHICLAYO

Las décadas de convulsión política sucesivas a la consolidación de la independencia de España resultarían provechosas para Chiclayo, toda vez que en ese marco se produjo el levantamiento del general Felipe Santiago Salaverry contra el gobierno de José Luis de Orbegoso, instaurándose su breve mandato bajo el cual se creó la provincia.

 

Primero parcialidad y después anexo y pueblo en 1826; el 22 de noviembre de 1827, por decreto del Mariscal José de la Mar, Chiclayo fue declarado villa, considerando su importancia económica y social, razón por la que el Congreso autorizó que “…el pueblo de Chiclayo, perteneciente a la provincia de Lambayeque se denominará villa”.

 

Salaverry desaprobó los procedimientos del gobierno de Agustín Gamarra y fue hecho prisionero en julio de 1833 siendo internado en la aldea de Huallaga. Sin embargo, al convencer a sus captores recuperó la libertad y junto con un puñado de partidarios marchó a Chachapoyas donde depuso al prefecto, desconociendo así el gobierno de Gamarra.

 

Ante la aproximación de las fuerzas gobiernistas fue abandonado por los suyos y capturado, siendo llevado encadenado a Cajamarca. Nuevamente convenció a sus captores para que lo liberaran y efectuó un nuevo pronunciamiento el 26 de octubre.

 

Marchó a Trujillo y en la Garita de Moche (actual puerto de Salaverry) se enfrentó a las fuerzas gobiernistas que comandaba el general Francisco de Vidal, siendo derrotado. Huyó entonces hacia el norte y se refugió en la hacienda Suipiro, en Paita. Sin embargo fue reconocido y entregado a Vidal. Se le embarcó con destino a Guayaquil, pero una vez más convenció a sus custodios e hizo que la nave desviara su rumbo.

 

Desembarcó en las playas de Lambayeque, pasando inmediatamente a Trujillo, en febrero de 1834. Durante el gobierno del presidente José de Orbegoso, Salaverry ascendió a general de brigada y aprovechando una crisis política iniciada por los seguidores de Agustín Gamarra en el sur se proclamó Jefe Supremo de la República el 25 de febrero de 1835.

 

Levantado Salaverry contra el gobierno del presidente Orbegoso, el pueblo de Chiclayo le brindó su apoyo incondicional, salvándole incluso la vida al brindarle refugio cuando este era perseguido por las tropas gobiernistas. Al lograr ceñirse la banda de la Nación, Felipe Santiago Salaverry, a petición de Leonardo Ortiz, elevó a Chiclayo el 15 de abril de 1835 a la categoría de ciudad y tres días después, el 18 de abril, la convirtió en la nueva provincia del norte. Asimismo, en agradecimiento a la valiente lucha a favor de la Restauración Nacional, Salaverry declaró a Chiclayo, “Ciudad Heroica”.

 

Tras la elevación provincial, el gobierno dispuso que don Gervacio Arizola asuma el cargo de sub prefecto y don Juan Manuel Balcázar el de alcalde.

 

Dentro de la jurisdicción de la naciente provincia fueron incluidos los distritos Pisci, Reque, Eten, Monsefú, Zaña, Pueblo Nuevo, Guadalupe, Jequetepeque, Chepén, San Pedro, Tomoche, Cachén, Llama y Trinidad.

 

REVOCACIÓN Y RATIFICACIÓN DEL TÍTULO

El 7 de febrero de 1836 luego de la derrota que sufrió en la batalla de Socabaya, Salaverry fue apresado y fusilado 11 días después en la Plaza de Armas de Arequipa. Gracias a la intercesión del general Blas Cerdeña a sus oficiales Deusta, Osorio, Ortiz y Beltrán, se les conmutó la pena de muerte por la de destierro, siendo deportados a San Ignacio de Moxos en Bolivia.

 

José Leonardo Ortiz, que se había quedado junto a otros oficiales al frente de un reducido número de tropas en el Real Felipe, luego de la derrota fue apresado y desterrado a Iquitos. En Chiclayo los seguidores de Salaverry fueron identificados y muchos fueron los perseguidos, entre ellos se encontraba Sebastián Ortiz, hijo mayor de nuestro precursor que también abrazó esta causa.

 

Gracias a una amnistía general, José Leonardo Ortiz pudo volver a la vida civil y en 1840 fue nombrado nuevamente subprefecto de Chiclayo y Recaudador del Ramo de Contribuciones, además se le devolvieron sus propiedades y bienes que le habían sido confiscados.

 

Tras el triunfo de la confederación, el gobierno de Santa Cruz le quitó el título de ciudad a Chiclayo y desconoció su elevación a la categoría de provincia, haciéndola nuevamente dependiente de Lambayeque, la misma que le sería restituida recién en 1839 cuando Agustín Gamarra asumió la presidencia provisional del país, ratificándola el 22 de marzo de ese año.

 

Sin embargo, la provincia de Chiclayo quedaría formalmente constituida recién el 29 de noviembre de 1856 con la Ley N° 4049, dada en el gobierno de Ramón Castilla.

 

+ NOTICIAS

  • La provincia de Chiclayo tiene una extensión de tres mil 288.07 kilómetros cuadrados.
  • Chiclayo como provincia se compone de 20 distritos, siendo los más jóvenes Pucalá, Cayaltí, Pátapo, Pomalca y Tumán, creados en 1998 sobre la base de las exhaciendas azucareras.
  • La población de la provincia asciende a 857 mil 405 habitantes según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística e Informática – INEI, al 2015. 

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NACIDOS EN EL CENTENARIO: UNA MIRADA A CHICLAYO DESDE 1935

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 957

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Hay quienes pueden contar mucho de la historia de Chiclayo a partir de lo investigado o revisado en la abundante y dispersa bibliografía existente, pero también quienes pueden narrarla con lujo de detalles porque han vivido muchos de los momentos relevantes y conocieron a los más ilustres personajes de la ciudad. Este es el caso de los nacidos justo cuando la “hija de Naymlap”, como la bautizó Alfredo José Delgado Bravo, cumplió el primer centenario de su creación política.

 

Ciudadanos que actualmente tienen 81 años de edad, nacidos entre 1934 y 1935, celosos guardianes de valiosos recuerdos de aquella pequeña urbe que fue Chiclayo hasta mediados del siglo pasado, con sus calles zigzagueantes y un alto sentido de vecindad, donde las familias se conocían entre sí y juntas impulsaban el desarrollo local.

 

Luis Miguel Arbulú Heysen nació el 24 de diciembre de 1934, a cuatro meses del primer centenario de Chiclayo, en el seno de una familia tradicional de raíces profundamente lambayecanas. Su padre fue el recordado médico del seguro social Agustín Arbulú Neira, y su madre doña María Rosa Heysen Incháustegui, exalcaldesa de Pimentel y hermana del mítico líder aprista Luis Heysen.

 

Su abuelo paterno, Miguel Arbulú González, fue alcalde de Chiclayo en la década del 30.

 

A Luis Miguel Arbulú se le conoce como “Cuquín”, apelativo que tiene – digámoslo así – connotaciones políticas e históricas. Sucede que durante los años de persecución aprista, su tío, Luis Heysen, compañero de Víctor Raúl Haya de la Torre, fue varias veces encarcelado y expatriado, pero siempre se las ingeniaba para retornar al Perú a trabajar en la organización del partido. Como era buscado por la justica recurría a diversos disfraces, ganándose el apodo de “Cuco”.

 

“Cuando yo nací mi mamá me llevó para que mi tío Lucho me conozca y cuando me cargó en brazos dijo: ‘Ah, este va a ser cuquín’. Con ese sobrenombre me quedé”, refiere Arbulú Heysen.

 

“Para mí es muy significativo no solo haber nacido en esa fecha, sino en esta ciudad, porque la crianza era no solamente la amistad, sino que había una familiaridad muy estrecha con los amigos”, rescata Luis Miguel Arbulú, quien estudió en el Colegio Nacional de San José en sus dos locales: el del antiguo convento de Santa María, y en el ubicado en la avenida Elvira García. Estudió bajo la dirección de Karl Weisse.

 

“Chiclayo de esa época, comparativamente a cómo es ahora, era de las cuatro calles. La ciudad terminaba en la plazuela Elías Aguirre, en el Parque Obrero y aún no se llegaba a la avenida Bolognesi. La casa de mi familia se ubicada en Lora y Cordero, donde después vivió el periodista José Abad Valiente. Hoy la ciudad ha cambiado muchísimo, logrando un crecimiento conurbano que la junta con Pimentel, con Pomalca, con Lambayeque y Reque. Es decir, configurándose como una metrópoli”, refiere.

 

FORMACIÓN EN ARGENTINA

La persecución política no le fue ajena a su familia y por esta razón tuvo que viajar a Argentina, junto a otros tantos jóvenes chiclayanos, para alcanzar una profesión. Así llegó a la Universidad Nacional de La Plata, de donde se graduó como arquitecto.

 

“Por razones políticas nosotros no estábamos en condiciones de presentarnos a las universidades peruanas y se hizo un esfuerzo familiar y nos mandaron a estudiar a la Argentina. La vida en Buenos Aires era mucho más barata que en Lima y con mejores condiciones de calidad, entonces muchos nos fuimos”, refiere.

 

A Argentina también había sido desterrado su tío Luis Heysen y otros connotados chiclayanos – recuerda – como José Vassallo Burga, que llegó a ser presidente ejecutivo del Seguro Social.

 

EL PALACIO MUNICIPAL

Regresó a Chiclayo en el 1964, durante el primer gobierno de Fernando Belaúnde, y para entonces la ciudad había cambiado. Se había logrado el ensanche de algunas calles como la Avenida José Balta y se había levantado edificios modernos.

 

Luis Miguel Arbulú pasaría a formar parte de la historia local al poco tiempo, cuando se inició la gestión para construir el edificio anexo del Palacio Municipal.

 

Por invitación del entonces alcalde de la ciudad, Gerardo Pastor Boggiano, el arquitecto Arbulú Heysen se hizo cargo del proyecto de ampliación del Palacio Municipal, concretándose el pabellón que da hacia la avenida Balta, donde actualmente funciona el Centro de Gestión Tributaria – CGT.

 

“El proceso de construcción fue rápido. Gerardo Pastor era un hombre muy ejecutivo, y como tenía respaldo político nacional le fue posible conseguir el apoyo necesario para completar el proyecto”, recuerda.

 

CIUDAD REPUBLICANA

Como arquitecto, refiere que Chiclayo en el contexto urbanístico del Perú, sobre todo de la costa, resulta tener una morfología atípica debido a que su origen no se debe a la fundación española, pero además porque no siguió el patrón que los conquistadores aplicaron en otras urbes como Trujillo, por ejemplo, bajo el esquema del damero.

 

“Chiclayo es una ciudad netamente republicana y se desarrolla en esa forma, con consideraciones netamente regionales. Lo que se puede destacar es que el proceso urbano departamental, con Chiclayo al centro, siempre ha sido muy dinámico y ahí están los distritos como testimonio”, menciona.

 

Entre los alcaldes más proactivos y con mayor visión de desarrollo recuerda, además de Pastor Boggiano, a Guillermo Baca Aguinaga, Flavio Núñez Ízaga y Arturo Castillo Chirinos. “En sus gestiones municipales fueron dándole a Chiclayo una base urbana muy importante”, destaca.

 

EN TREN AL COLEGIO

En sus años de adolescencia la mejor diversión era jugar fútbol con pelota de trapo en la plazuela Elías Aguirre. “Hubo una época en que mi familia se fue a vivir de manera permanente a Pimentel y entonces teníamos que venir al colegio, al San José, mañana y tarde en tren, nos bajábamos a espaldas del colegio (hoy prolongación Bolognesi) y entrábamos por atrás, y para regresarnos íbamos a la estación en lo que hoy es la calle Junín y tomábamos el vagón al vuelo. Lo que más nos gustaba era ir a jugar fútbol a la playa, porque éramos futbolistas. Llegué a formar parte del equipo Estudiantes de Pimentel, que estuvo en la primera división. Era mediocampista”, rememora.

 

Luis Miguel Arbulú se casó hace 45 años con doña Zuly Herrera Vargas, con quien tuvo tres hijos: Manuel Agustín, Rosa Patricia y Luis Miguel, todos ingenieros de sistemas.

 

Fue regidor provincial en las administraciones de Flavio Núñez y Guillermo Baca, de cuya gestión recuerda la organización del fórum “Chiclayo 2000”, en el que participaron entidades públicas y privadas para proyectar el crecimiento de la ciudad con el inicio del nuevo siglo.

 

“Las autoridades municipales tienen que hacer un esfuerzo político y humano para que Chiclayo y su gente rescaten ese concepto de ciudad de la Amistad. La municipalidad, su alcalde y sus regidores tienen que hacer un trabajo mucho más dinámico y profundo para contribuir a que ese concepto se mantenga, sea real”, reflexiona Luis Miguel Arbulú.

 

DE PUERTO MALDONADO A CHICLAYO

Nacida en 1935, Carmen Malatesta Vélez, llegó a Chiclayo hace 45 años, después de permanecer junto a su esposo, funcionario del Ministerio del Interior, en Huancavelica, Abancay y Chachapoyas.

 

“Chiclayo es mi segunda tierra, hace 45 años que llegué con mi familia”, señala doña Carmen, añadiendo que la primera vivienda en la que se asentó la familia estuvo ubicada en José Leonardo Ortiz, para luego radicar en el centro de la ciudad y posteriormente establecerse en la urbanización Remigio Silva.

 

“Recuerdo que antes todo quedaba muy cerca y no había que caminar mucho para ir a la Catedral a oír la santa misa. Tengo cinco hijos, todos ellos formados en Chiclayo. Mis hijas llegaron para estudiar en el Colegio Beata Imelda y por aquel tiempo aún no se había ensanchado la Avenida Balta, la calle era de un solo carril”, menciona.

 

Comenta que hace décadas las celebraciones por el aniversario de la provincia se caracterizaban por las retretas. “Como vivíamos en la calle 8 de Octubre podíamos ir a estas actividades, así como a las procesiones de la Inmaculada Concepción, patrona de Chiclayo, cada 8 de diciembre”, rememora.

 

Carmen Malatesta trabajó durante 27 años, sin recibir ningún tipo de sueldo, con el padre Juan Tomis Stack, a quien no solo ayudó en la labor pastoral, sino también dictando clases de costura y alfabetización.

 

“Era muy amigo mío, muy buena persona, un santo. Otro de los recuerdos que tengo de aquella época son los carnavales, se veía a la gente jugando en las calles. Una de mis hijas estudió en local adjunto a la Iglesia Matriz, donde funcionó el Colegio 226, y mis hijos en el San José”, señala.

 

Menciona como personajes de grata recordación a los prefectos Carlos Urbano Balarezo y Julio Armas Loyola, quienes trabajaron con su esposo.

 

“El trabajo municipal que más recuerdo es el del señor Arturo Castillo, con su obra el Paseo de las Musas. Para mí él ha sido el mejor alcalde de Chiclayo. Yo creo que lo que más le falta a Chiclayo es limpieza, la gente es muy desordenada, bota la basura donde le da la gana. Faltan valores y respeto a la ciudad”, enfatiza.  

 

CHICLAYANO POR ADOPCIÓN

La vida de Teódulo Manuel Cubas Vásquez también está ligada a las últimas ocho décadas de la historia de Chiclayo. Hijo de Armando Cubas Silva y Lucila Vásquez, nació el 12 de abril de 1935 en la provincia de Cutervo, para llegar tres años después a radicar en la Capital de la Amistad. Chiclayo es su suelo desde 1938 hasta hoy.

 

“Cubitas”, como se le conoce,vivió hasta los 13 años en el barrio Barsallo, ubicado en la prolongación de la calle Alfredo Lapoint, antes Teatro. “Al interior de este barrio había una cancha de fútbol y se hacían toda clase de deportes desde el cachascán, pasando obligatoriamente por el fútbol, hasta la gimnasia. Era prácticamente el límite por el norte de Chiclayo. En el Parque Obrero había dos escuelas, una de varones y otra de mujeres. La escuela de varones tuvo como director al profesor Humberto Carranza Piedra; ahí estudió la transición grande y aprendió, junto a sus compañeros de carpeta, las cuatro operaciones básicas de las matemáticas. La escuela de mujeres se llamaba Imelda Ugaz de Villarreal. Por esos años se recuerda al profesor Mermejo”, rememora.

 

Culminada la transición grande pasó a estudiar a la Escuela 221, que se ubicaba al costado del hoy colegio Magdalena Sofía. Lo que hoy es el Grifo del Sindicato de Choferes, era en aquel entonces canchas de fútbol, así que después de clases todos los días iba con sus amigos a jugar fútbol, para después llegar hasta el Parque Principal a vender loterías como canillita. Diversión propia de la época era disfrutar de las aguas cristalinas de la acequia Cois.

 

Recuerda que por lo que hoy es la avenida Pedro Ruiz, límite del norte de Chiclayo urbano, que era conocida como la calle Miraloverde, llegaba por un extremo hasta El Porvenir y por el otro lado hasta Campodónico y el camal. En la prolongación de la avenida Balta, con intersección de la Pedro Ruiz, quedaba el conocido barrio Las Latas, por el material con el que eran construidos los techos y puertas de las precarias viviendas.

 

“A la zona del hoy Parque Obrero, por el año 1954, se le empezó a llamar Villa del Sol y contaba con su Iglesia que hasta hoy existe en la calle Leticia. También existía la Florería Genoveva, su chacra quedaba en El Porvenir. Al fondo de la calle Leticia, se encontraba un grifo de agua de propiedad del señor Jaramillo. Vendía el agua en pipas transportadas en una carreta jalada por una mula.  En la prolongación de la calle Juan Cuglievan (Santo Domingo), estaban las pampas, lugar de reunión a partir de las cinco de la mañana de los comerciantes procedentes de Mórrope que vendían carbón y frutas”, relata con singular precisión.

 

Siguiendo con su descripción de la distribución urbana del Chiclayo antiguo, Cubas Vásquez refiere que donde hoy se ubica la Dirección Desconcentrada de Lambayeque quedaba el Estadio Santa Victoria y después se construyó de don José Aurich. “Por detrás de este estadio pasaba el ferrocarril con dirección a Eten y Monsefú, que transportaba azúcar y arroz de Tumán y Pomalca. Estaban cercanamente las calles Maravillas (Francisco Cabrera), San Marcos (Torres Paz), San Isidro (Manuel M. Ízaga) y San Sebastián (Av. Luis Gonzales)”, indica.

 

En el Chiclayo que él conoció en su juventud, la Pampa Chirinos, actual Residencial Pascual Saco, era donde funcionaba el taller de mecánica de Carlos García, muy cerca a los molinos Dall’Orso y Piedra. Luego estaba una granja de la familia Casareto y el resto eran terrenos baldíos.

 

Recuerda también la intersección de lo que hoy son las avenidas Balta Sur y Bolognesi había pampas y cerca ya existía el Colegio de Artes y Oficios, actualmente Politécnico Pedro A. Labarthe. Otro sector era el Barrio Chino, donde funcionaba una fábrica de ollas del señor Mazabel.

 

“En el centro de Chiclayo había dos parques. Uno grande que era el Principal y otro pequeño (Parque Cabrera), frente a la Sociedad Amantes de las Artes y de la Iglesia Matriz, al lado del Club de la Unión”, señala, recordando que la Catedral, aún inconclusa, tenía sus costados sin barandas y allí entraba a jugar fútbol con sus amigos y compañeros canillitas. La policía los corría todas las tardes.

 

“El Hotel Royal (hoy Ripley) lucía sus mesas en la vereda para los turistas extranjeros. Era un hotel caro. A un costado se ubicaba una institución llamada Orfeón, que entregaba desayunos a los niños todos los días. Este consistía en un jarro de avena, un pan y un plátano, y era costeado por la señora Artemia Woyke. A veces desayunaba allí cuando estaba vendiendo loterías”, comenta.

 

Anota que en lo que hoy es calle San José, al costado de la municipalidad, existían el cine Royal, la Panadería Rojas y la Casa Ford, de venta de autos. En la calle 7 de Enero se ubicaba la Caja de Depósitos.

 

“Donde hoy es la RENIEC era una pampa que se encontró tiempo circulada y frente, en la esquina, la farmacia del Parque del doctor Aita. Al costado de la Sociedad Amantes de las Artes se ubicaban tiendas de venta de radios, tocadiscos y bicicletas. Eran las tiendas del señor Mario Olazábal y del señor Carlos Castañeda, después alcalde. Estaba igualmente la Casa Landívar que vendía armas y municiones. En la esquina de Colón y Elías Aguirre, funcionaba un edificio del Seguro Social del Empleado”, describe.

 

En esos años de corta edad recuerda que también existía el Mercado Central. Saliendo por la avenida Balta, el Bar Italia del señor Socoliche y tres o cuatro hoteles; por la calle Vicente de la Vega (San Pedro) se encontraba la puerta falsa de Orfeón, el Bar Salud, unos locales del Colegio de San José, la Casa de Fotografías del Máximo Montero y una tienda de abarrotes de la familia Castro.

 

Por la puerta de Lora y Cordero (Santa Catalina), hacía llaves y reparaba relojes Carlos Deza. Al frente quedaba la fábrica de caramelos Productos Mayo, de propiedad del señor Méndez. También se ubicaban negocios de menestras y frutas al por mayor.

 

Por la puerta de Teatro funcionaba la Renovadora Malca y saliendo se encontraba como hasta hoy, el Teatro Dos de Mayo, el Bar Bolívar del señor Solís papá del dueño del restaurante Fiesta. “El Mercado Central era pequeño y recuerdo también a un señor Alvarado que reparaba relojes. No existían los distritos de La Victoria ni José Leonardo Ortiz. Ahí se acababa Chiclayo. No había desagüe, por eso la municipalidad tenía cisternas para el recojo diario de las aguas servidas”, refiere, añadiendo que una de las principales actividades de la ciudad era el comercio. “Se llevaban camionadas de mangos y gallinas a Lima”, anota.

 

VIDA JUVENIL

“Donde hoy queda el local de la Municipalidad, ex Mutual, quedaba el Coliseo Santa Rosa donde jugaban fútbol y otros deportes. Llegaban los circos. Luego se construyó la Plaza de Toros en lo que hoy es el edificio de la Gran Plaza y los dueños de Tumán costeaban las corridas. Luego la cerraron porque resultaban muy altos los impuestos. Al Estadio Santa Victoria llegaban equipos de fútbol desde Lima. En la ciudad había buenos equipos como el Association, el Espinal, Dinamo, Boca, San Lorenzo, Pucalá y José Pardo de Tumán. También se disfrutaba de grandes espectáculos con artistas extranjeros como Los Panchos, las Dolly Sisters cubanas, Rafael y otros; que se hospedaban en el lujoso Hotel Astoria”, rememora.

 

Teódulo Cubas comenta que la gente de Chiclayo se caracterizaba por la amistad y hospitalidad, sus carnavales y las fiestas de sus barrios.

 

“Para los carnavales no se trabajaba tres días. Se realizaban bailes en los clubes de fútbol, en los barrios. Salían las comparsas. Todos jugaban y nadie se enojaba cuando era mojado y pintado. Eran los días en que se hacían compadres a través de tickets y regalos, como hoy juegan al amigo secreto. De esos tiempos tengo varios compadres, varios ya fallecidos”, señala.

 

Recuerda que la Iglesia Matriz era muy bonita, con imágenes, lienzos y pinturas de incalculable valor religioso y cultural. Sus bancas bien cuidadas. Llegaban obispos y hacían misas junto con los sacerdotes.

 

“Cuando la demolieron bajaron sus campanas y estuvieron tiempo en la calle. Fue demolida en el año 1960, cuando era alcalde don Carlos Castañeda Iparraguirre, bajo el argumento de dar paso a la modernidad. Con esta demolición se dice que Chiclayo desapareció su propia historia”, lamenta.

 

EN LA MEMORIA

Entre los personajes de su tiempo recuerda al alcalde Carlos Castañeda Iparraguirre, a Juan Aurich, al médico Juan Aita Valle, al empresario Carlos Salem Kabar, al padre Pereda. También al José Soriano, arquero que jugó en Argentina, a “Tuta”, un hombre que pregonaba los espectáculos en la esquina de Balta y Vicente de la Vega; y a Adán Guillén, que vendía papas rellenas de sal y dulce por todo Chiclayo. También a Julio Armas Loyola y Enrique Woyke.

 

De las obras que más le impactaron en su juventud recuerda la ampliación del Palacio Municipal, la construcción del hipódromo y del Mercado Modelo (cuyos terrenos servían de campos de fútbol donde entrenaba el Juan Aurich), la remodelación del Parque Principal, la construcción del Coliseo Cerrado y en ensanche de las calles principales de Chiclayo.

 

 

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CHICLAYO EN LA VOZ DE LOS ESTUDIANTES: RECONOCEN LA IMPORTANCIA DE LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 957

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Los primeros puestos del quinto de secundaria de los colegios Algarrobos, Ceibos, San José y Nuestra Señora del Rosario, comparten con Expresión sus opiniones respecto al crecimiento de la ciudad, su imagen y sobre los problemas críticos que esta presenta en el marco del 181 aniversario de la creación política de la provincia.

 

La visión de Chiclayo  genera opiniones dividas entre el alumnado. Algunos la definen como una ciudad en vías de desarrollo y otros como una ciudad estancada e ignorante.

 

Ruth Balladares Vásquez, alumna del Colegio Nuestra Señora del Rosario, y Noelia Reyna Vásquez, alumna del Colegio Ceibos, mencionan que Chiclayo tiene mucho potencial y se encuentra en proceso de sostenibilidad y desarrollo para beneficio de los ciudadanos.

 

“Está en vías de desarrollo, porque aún no es la ciudad ejemplar del norte. Sin embargo, considero que Chiclayo es hermoso, porque posee diferentes lugares turísticos en su alrededor que se deben de aprovechar. No obstante, últimamente diversos factores están opacándola”, indica Ruth Balladares.

“Desde que nací he vivido aquí, por ello veo a Chiclayo como una ciudad en desarrollo, que pudo haber crecido más si no se hubieran realizado malas gestiones en la municipalidad anteriormente. Sin embargo, Chiclayo se encuentra en una ubicación estratégica, por ello somos la Perla del Norte”, manifiesta Noelia Reyna.

 

En contra parte, los alumnos Walter Arboleda Guivar, del Colegio Nacional de San José, y Fabio Soria Iriarte, del Colegio Algarrobos, definen que Chiclayo es una ciudad sin cultura y desarrollo, debido principalmente a la falta de educación ciudadana y participación activa del municipio en favor de la provincia.

 

“Chiclayo está en proceso de salir de su ignorancia, porque la gente no tiene cultura. Por ejemplo, cultura ambiental. Las personas botan basura en lugares públicos y no respetan los horarios de los camiones recolectores; cuando se forma una cola, no tienden a respetarla generando así desorden, y demás. Chiclayo aún falta madurar como ciudad”, advierte Walter Arboleda.

 

“La ciudad está estancada debido a la crisis política de la gestión anterior. Las calles están deterioradas y el índice de contaminación es alto, sin embargo las autoridades locales no hacen nada al respecto. Hay un crecimiento inmobiliario desorganizado, por ende, la falta de un plan urbanístico de la ciudad nos impide crecer positivamente”, señala Fabio Soria.

Empero, refieren que los turistas que llegan a Chiclayo tienen como primera impresión la calidez de la gente, que es un punto positivo de nuestra ciudad, que pesar de tener pocos sitios turísticos posee diversas atracciones en sus alrededores, lo que permite concentrar el turismo.

 

Asimismo, destacan la variedad de platos y la buena sazón, que impulsan que nuestra gastronomía sea valorada por los visitantes. Resaltan también nuestras festividades religiosas y los balnearios de Pimentel y Eten como atractivos que adornan la ciudad.

 

“SI YO FUESE ALCALDE”

Los primeros puestos del quinto de secundaria de los diferentes colegios de Chiclayo señalan siete problemas críticos de la ciudad, entre ellos la falta de cultura ambiental, educación, ausencia de participación ciudadana, contaminación auditiva, falta de liderazgo político, delincuencia y caos vehicular.

 

Walter Arboleda indica que la falta de cultura ambiental es la principal causa de la inundación de las calles con bolsas de basura. Asimismo, que no solamente se debe dar un espacio en los colegios a la conciencia ecológica y de reciclaje, sino también a la familia en general, especialmente a aquellas que residen en el centro de la ciudad.

“Las personas resaltan por sus ideas. Lo clásico para evitar la contaminación medioambiental es a través de la colocación de tachos de basura separados según las características del residuo. Siendo alcalde incentivaría a través de reconocimientos monetarios las propuestas que generen impacto medioambiental en la ciudad. A la vez crearía un centro de reciclaje, y con el dinero recaudado, financiaría el mantenimiento de las áreas verdes de la ciudad, contrataría mayor número de jardineros, implementaría nuevos equipos de regadío en los jardines públicos y crearía más espacios verdes”, indica el estudiante sanjosefino.

 

En la misma línea, Fabio Soria señala que Chiclayo no utiliza los residuos orgánicos a beneficio. Menciona que al “trabajar en conjunto, tanto la municipalidad y los ciudadanos, se podrían establecer centros ecológicos y de reciclaje, además de plantas de reutilización de agua para el uso agrario”.

 

Desde otra perspectiva, Noelia Reyna agrega que se deben buscar mecanismos, con implementación de químicos especializados, para desintegrar los residuos orgánicos en las afueras de la ciudad, capacitando así a los profesionales encargados y realizando un proyecto de financiamiento municipal. Asimismo, se debe implementar un adecuado relleno sanitario en la ciudad.

 

Ruth Balladares advierte que últimamente se ha olvidado el término de ciudadanía, reconociéndolo más a este como un derecho mas no como un deber, que se vincula intrínsecamente con el problema medioambiental de la ciudad.

 

“El principal problema de la ciudad, que es la basura, es ocasionado por los propios chiclayanos, por lo que vemos concentradas en las avenidas principales y el centro, basurales desagradables. No existe conciencia que estamos afectando a nuestra ciudad tanto en la imagen como en nuestra propia salud”, expone.

 

Por otro lado, Arboleda Guivar indica que el problema del caos vehicular en el centro de Chiclayo es causado por la demasía de vehículos en circulación, falta de semaforización y señalización, formalización de vehículos, y la falta de paraderos y rutas fijas para el transporte público. Para ello, Soria Iriarte propone anular las combis, mototaxis y buses, implementando como solución un plan de transporte integrado.

 

Asimismo, Reyna Vásquez menciona la importancia de implementar un terminal terrestre, el cual permita descongestionar el centro de la ciudad, y, a la vez, reubicar los terminales privados ubicados en esa zona. Agrega que la educación vial no es la mejor en Chiclayo, por ende “revalorizarla es un factor importante”.

Balladares Vásquez relaciona el problema del caos vehicular con la contaminación auditiva, la cual – considera - los ciudadanos no toman como un principal problema que, a la larga, afectará con mayor gravedad a los habitantes.

 

“Para disminuir la contaminación auditiva se debe reducir el flujo vehicular de mototaxis, que son la principal causa ya que algunas están equipadas con parlantes de sonido o transitan con música a alto volumen. Un factor importante es la semaforización. Con la posición estratégica de semáforos en la ciudad, policías auxiliares de tránsito y señalización, se evitaría el constante congestionamiento que ocasionan las molestias auditivas”, plantea.

 

En conjunto señalan que la delincuencia es un problema que no solo se presenta a nivel local, sino también a nivel nacional, siendo la causa principal la educación desde la familia, que es el núcleo de la sociedad. Asimismo, indican que con la capacitación continua del cuerpo policial peruano y las rondas vecinales en cada zona urbana, se podría combatirla de a pocos.

 

“Crear rondas vecinales en cada zona, en las que cada comunidad tenga su líder y, que a través de ellos, se establezcan reuniones en el municipio para atender las situaciones actuales de cada sector. Como alcaldesa me sería imposible comprometerme en asistir directamente a cada uno, por ende, a través de este trabajo en conjunto, se combatiría la delincuencia en Chiclayo”, explica Ruth Balladares.

 

Fabio Soria advierte que la juventud de hoy debe preocuparse más por la educación, la que debe formarse en temas de realidad local y nacional, evitando así una población ignorante y logrando madurez ciudadana.

 

“Como alcalde organizaría congresos estudiantiles en los que participen los diferentes colegios de Chiclayo, tanto privados y públicos, a través de diferentes debates sobre temas de actualidad e interés ciudadano. De esta manera integraría a los jóvenes de diferentes realidades con actividades de opinión y juicio, creando así conciencia y participación ciudadana”, expresa.

 

Como último punto, Ruth Balladares considera que la falta de un buen líder político es la cabeza de los problemas en Chiclayo, ya que desde la municipalidad se deberían realizar los proyectos, normas y resoluciones en favor a la ciudadanía.

 

“Me convertiría en una lideresa, con el apoyo de mis asesores, estableciendo estrategias y planes para impulsar el desarrollo de la ciudad. Además, realizaría un análisis del equipo de trabajo, dentro de la misma municipalidad, para eliminar de esta manera la corrupción presente”, puntualiza.

 

“SOMOS ACCIÓN”

Una de las interrogantes más inquietante para los jóvenes es cómo podrían aportar ellos en el desarrollo de Chiclayo. Es así que los alumnos de los diferentes colegios señalaron diferentes acciones que un joven puede hacer por su ciudad, desde el esfuerzo en aprender hasta la participación activa y colectiva.

 

Para Walter Arboleda no existen limitaciones para que la juventud realice participación ciudadana. Considera que los jóvenes deben orientarse más en el ámbito de ciencia y tecnología, ya que “al vivir en un mundo postmoderno, la tecnología ayuda a agilizar y facilitar los procesos dentro de una empresa, lo cual impulsaría el desarrollo de la ciudad”.

 

Ruth Balladares define a los jóvenes como el presente y futuro de Chiclayo. Para ella es esencial que primero se fortalezca la identidad ciudadana, de esta forma se lograría un aporte sincero hacia esta. Indica que los jóvenes “deben ser el ejemplo, tanto para los niños y adultos, en conciencia ecológica y de reciclaje en Chiclayo, eliminando las malas costumbres como el tirar las envolturas por la ventana del carro o fuera de la papelera, entre otras”.

 

Para Fabio Soria Iriarte los jóvenes son la masa organizada que actúa con fines colectivos, a través de marchas, para combatir los principales problemas de Chiclayo. Indica que “la voz de los jóvenes es fundamental para presionar a las autoridades a realizar una buena gestión, y de esta manera se impulsaría la participación del pueblo en la comuna”.

 

Noelia Reyna Vásquez menciona que además de la educación, que es la base para el desarrollo, los jóvenes deben cumplir las normas y leyes formándose así como ciudadanos responsables y de conciencia. Asimismo, señala que “es importante que los jóvenes vean a Chiclayo como un lugar para establecerse a largo plazo, en donde emergen oportunidades laborales competitivas con la finalidad de retribuir, con tu educación a la ciudad, un desarrollo sostenible”.

 

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CHICLAYO: UN ANIVERSARIO PARA REFLEXIONAR

Escribe: Rosa Amelia Chambergo Montejo
Edición N° 957

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¡Qué grande es mi tierra!  Con esta exclamación, llena de orgullo y esperanza, empiezo estas líneas a manera de homenaje al 181° aniversario de creación de la provincia de Chiclayo, acto que se realizo el 15 de abril de 1835 mediante un decreto dado en Ascope por el General Felipe Santiago Salaverry.

 

Sin embargo, la historia chiclayana viene desde mucho más atrás, y tiene entre sus componentes la grandeza de las culturas Moche y Lambayeque, que hasta hoy asombran al mundo entero, y es lo que nos da aliento y fuerza para amar a nuestra urbe, que con todos los defectos que pueda tener, es nuestra casa, y como tal la amamos.

 

Los historiadores han escrito ampliamente sobre el origen pre-hispánico de Chiclayo. Es verdad: no tuvimos una fundación española a la usanza de ciudades como Lima o Cusco, entre otras, porque nacimos a partir de la creación del Convento de Santa María del Valle de Chiclayo, por parte de la Orden Franciscana y por los nativos de Cinto y Collique, a fines del siglo XVI.

 

“Chiclayo se fundó a la vera de un convento franciscano que antes de ello ya había empezado a divulgar por inmediatas tierras yungas la voz del Evangelio, la fraternidad de sus gentes sin distinción alguna y la necesidad, verdaderamente teológica, de ganar el pan con el sudor de su frente, las tres excelsas señales que han acompañado a esta ciudad a través de su Historia. No parece que haya en todo el Perú otra población con el privilegiado caso de haber nacido junto al amparo humano y la primera asistencia de una Casa de Dios. Es tan singular de advertirlo que, aunque para nosotros sea ininteligible, quizás encierre el porvenir que le aguarda. (…) Así, Chiclayo empezaba a caminar hacia el futuro que la convertiría en la ciudad de más potencia y personalidad en el norte del Perú”. Así lo escribió el gran historiador Jorge Zevallos Quiñones, en su clásico libro “Historia de Chiclayo, siglos XVI, XVII, XVIII y XIX”.

 

Está demostrado que la gestación de Chiclayo como ciudad estuvo ligada a la presencia de los primeros misioneros franciscanos que llegaron al Perú en 1532 y especialmente a los habitantes de los antiguos señoríos de Cinto y Collique. Zevallos afirma que  el Convento de Nuestra Señora de Santa María fue “la capilla bautismal” de Chiclayo. Lamentablemente fue demolida en 1960, para dar paso a una mal entendida modernidad, actitud que se ha mantenido en el accionar de algunas malas autoridades, que parece no tuvieron amor a esta tierra.

 

Los “papeles de identidad” de la historia virreinal y republicana de Chiclayo se conservan en lugares como el Archivo de Indias, el Archivo Regional de Lambayeque y el Archivo San Francisco de Lima, donde queda el testimonio de los nativos que obsequiaron el terreno para la edificación del convento franciscano, donación que fue aprobada mediante Real cédula el 17 de septiembre de 1585.

 

Así nació Chiclayo hacia finales del siglo XVI aunque su fundación política fue en 1835, que es la efemérides que recordamos en este aniversario. Por ello Chiclayo es una ciudad de espíritu republicano, modernista, donde el trabajo y no los títulos nobiliarios marcaron la pauta de su crecimiento. Aquí tratamos a todos sin distingos, por eso nos hemos ganado el título de “Capital de la amistad”.

 

Desde siempre, los chiclayanos se caracterizaron por su laboriosidad, alegría, espontaneidad.  El poblador chiclayano es amable y querendón, claro y sencillo, sin  dobleces, pujante y trabajador, sin aspavientos ni malabarismos, sin requiebros ni “disfuerzos”, como decían nuestros abuelos.

 

Pero si el chiclayano aspira a la simpleza de la vida, donde el trabajo, la familia y la fe católica son los pilares, también es cierto que tenemos serios problemas que todavía debemos resolver y muchos proyectos pendientes por desarrollar. Chiclayo, con todos los recursos culturales, naturales, arqueológicos, económicos y arqueológicos que tiene, no es un paraíso perfecto, pero tenemos todo lo que una ciudad desea para lograr un desarrollo sostenible y solo depende de nosotros.

 

Como chiclayana, creo que nuestra ciudad tiene todo para ser más grande y hermosa de lo que es. Pero la realidad también nos ha golpeado, con una serie de problemas, con factores negativos que casi nos llevan al desastre urbano. Muchos dicen que la culpa es de las autoridades ineficientes, pero pocos se atreven a aceptar que Chiclayo somos también cada uno de los ciudadanos que habitamos aquí.

 

Es verdad que la gestión edil anterior fue casi desastrosa y dejó una ciudad en ruinas, con emanaciones pestilentes, con desagües abiertos a vista y paciencia de los transeúntes. Y legó también una Municipalidad al borde del colapso económico, como toda la opinión pública conoce, y que los medios de comunicación en todo el Perú han expuesto en sus titulares.

 

Obras inconclusas, una ciudad sumida en el caos urbano, desorganización municipal, baja credibilidad institucional y serios problemas económicos que desde hace meses la nueva gestión edil se empeña en revertir. Y creo que todos los chiclayanos queremos salir del hoyo y resolver los principales problemas de la ciudad.

 

Aunque existe todavía la sensación de que en este año Chiclayo  “aún no termina de despegar ni consolidarse” y eso trae como consecuencia el que desde fuera se siga viendo a Chiclayo como “La Cenicienta” de las ciudades, a pesar de que de la enorme cantidad de recursos arqueológicos que posee, y ser uno de los destinos turísticos más anhelados por peruanos y extranjeros.  Sin embargo, ese ideal de hermosa “Capital de la Amistad” contrastaba el año pasado con una urbe pestilente, con obras de desagüe inconclusas a plena vista y olfato,  hacinada de ambulantes y con un municipio que estaba a la deriva.

 

El propio alcalde David Cornejo Chinguel lo reconoció en una entrevista a Expresión: “El año 2015 fue un año muy duro, difícil, complicado, por la herencia terrible, que todos conocemos, con la que recibimos la Municipalidad Provincial de Chiclayo”. Y creo que todos somos testigos de que fue así.

 

Todo Chiclayo debe recordar que hace un año la ciudad que apestaba, que olía mal. Por eso creo que sería mezquino no reconocer los logros y esfuerzos para lograr un Chiclayo limpio, ordenado, seguro, atractivo, sostenible.

 

Tenemos que retomar el rumbo, porque Chiclayo es una ciudad que vive del comercio, del turismo, de la hotelería, de la gastronomía, de sus recursos arqueológicos. Y mantener esa sostenibilidad en el tiempo implica cuidar medio ambiente, concientizarnos en que cada uno somos los mejores embajadores de la ciudad.

 

Este aniversario, hay que ponernos la mano en el pecho y reflexionar sobre lo que queremos ser como ciudad dentro del panorama nacional. Tenemos todo para ser la primera ciudad del Perú.

En este 181 aniversario vamos todos a reflexionar a conciencia.

 

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