Este domingo 5 de junio nuestro país desarrollará la cuarta elección presidencial después de la dictadura fujimorista. De forma consecutiva nuestra patria consolida así la democracia peruana y sin duda alguna constituye un proceso histórico que todos debemos celebrar.
Valentín Paniagua, Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala han estado a la altura de todos los peruanos, trabajando y consolidando nuestra democracia, honrando el voto popular que los llevó al Palacio de Gobierno. Hoy, ad portas de elegir al próximo mandatario o mandataria para conducir los destinos del país, Keiko Sofía Fujimori Higuchi y Pedro Pablo Kuczynski Godard se juegan el todo por el todo para obtener el voto del electorado nacional.
Es una segunda vuelta para la historia entre la seguridad de que se afiance aún más nuestra democracia y la duda de retornar a una dictadura. Todos los peruanos queremos que este proceso electoral se desarrolle con transparencia y pleno respeto a los resultados que recogen la voluntad popular. Aboguemos porque este proceso electoral se realice en un ambiente de paz.
No es difícil expresar qué nos presenta cada candidato, porque la historia permite estar muy documentados al respecto, por ello señalaré que no debemos olvidar que en el gobierno del padre de la candidata Keiko Fujimori, ella no dijo absolutamente nada respecto a la tortura de la que fue víctima su madre, de allí que la duda en cómo sería buena gobernante, sino fue una buena hija para defender a su progenitora.
Los peruanos no tenemos claro cómo financió sus estudios y también el de sus hermanos, aún no ha explicado con claridad de dónde obtuvo tanto dinero para la formación profesional que con sus hermanos siguió en el extranjero.
La duda que ensombrece a la aún candidata presidencial Fujimori es la cercanía y asesoramiento del llamado “fujimorismo histórico”, los mismos colaboradores de su padre, cuestionados e investigados por su irregular desempeño en el gobierno fujimontesinista. Más de seis mil millones de dólares es lo que suma el robo de quienes gobernaron en aquella época, la más corrupta de la historia contemporánea del Perú.
Los peruanos nunca escuchamos que la candidata Keiko Fujimori haya levantado su voz de protesta ante la aplicación de esterilizaciones forzadas de mujeres en las poblaciones rurales e indígenas durante el gobierno de su padre Alberto Fujimori, quien purga cárcel por violación de los Derechos Humanos y corrupción. Recordemos que entre 1996 y el 2000 se ejecutó el programa “Anticoncepción quirúrgica voluntaria”, como parte de una estrategia de planificación familiar para reducir la pobreza, mediante cuotas y metas impuestas de manera obligatoria y compulsiva al personal de salud. Se estima que fueron 300 mil mujeres esterilizadas, es decir violentadas para ligaduras de trompas, y 16 mil varones, a quienes se les practicó la vasectomía, en campañas engañosas a fin de convencerlos de que la única forma de salir de la pobreza era no tener más hijos. Gravísima violación de los Derechos Humanos, que todavía está pendiente de sanción y reparación a las víctimas.
Además, están el asistencialismo y el clientelaje que sigue siendo una de las formas de hacer política y que ha vuelto a evidenciar el fujimorismo en este proceso electoral. Se ha podido ver cómo el electorado cautivo a través de dádivas, donaciones, regalos, rifas y promesas por cumplir es un arma de doble filo y, más aún, aprovecharse de las necesidades y la pobreza del pueblo con fines políticos es una estrategia inmoral.
Hay una duda que no ha sido disipada por la candidata Keiko Fujimori y es que ella podría liberar a su padre Alberto Fujimori y este podría vivir en Palacio de Gobierno, convirtiéndose en el real presidente de la República, teniendo como figura política virtual a su amada hija.
No olvidemos que la candidata Keiko Fujimori tiene un peso difícil que cargar, el activo y pasivo del gobierno de su padre: crímenes de lesa humanidad, corrupción endémica, Derechos Humanos conculcados, dictadura autocrática, privatización compulsiva, rompimiento del orden legal, copamiento y control institucional, medios de comunicación parametrados, entre otros. Le será difícil desembarazarse de tanta podredumbre, porque su electorado “duro” no ha votado por ella, sino por su padre, a quien considera “el mejor presidente en la historia del Perú”.
Sin condenas legales y morales, el fujimorismo nunca será garantía viable de un gobierno democrático, honrado e inclusivo.
La candidata Keiko Fujimori no tiene experiencia laboral, no creo que tenga claro cómo derrotar la extrema pobreza de nuestro país. En el gobierno de su padre Fujimori se generó una tremenda exclusión social, la pobreza al final de su período llegó al 54 % de la población. ¿Diez años de gobierno para qué? Se demostró que fue para robar.
La duda con Keiko Fujimori será que ella no ha deslindado frente a lo cometido en el gobierno de su padre, cuando este agradeció y reconoció los servicios prestados por Montesinos y le entregó 15 millones de dólares como indemnización, la más cara en la historia del Perú.
Qué nos asegura que Keiko Fujimori no repetirá la historia de Alberto Fujimori, como la registrada en los videos donde quien fue el hombre de su absoluta confianza, Montesinos, compró congresistas, jueces, fiscales, políticos y dueños de medios de comunicación por orden del gobernante para preparar la ilegal reelección del 2000.
Y no olvidemos que el 7 de abril de 2009, Fujimori fue sentenciado a 25 años de prisión como autor mediato por los delitos de asesinatos con alevosía, secuestro agravado y lesiones graves. El 20 de julio del 2009 Fujimori recibió otra pena de siete años y medio de cárcel al ser encontrado culpable de peculado doloso, apropiación de fondos y falsedad ideológica en agravio del Estado.
¿Podemos confiar en que Keiko Fujimori no hará lo que hizo su padre cuando este cerró el Congreso, instalando un régimen hipercorrupto?
¿Hemos olvidado que fue su padre quien creó las services, centros de explotación basados en contratos con modalidad de servicios no personales, sin derechos a nada para los trabajadores?
¿Nos hemos olvidado que fue su padre Alberto Fujimori quien vendió 128 empresas estatales, obteniendo nueve mil 200 millones de dólares, menos de la tercera parte de su valor real, con comisiones bajo la mesa? Queridos lectores, nadie sabe qué fue de este dinero.
El año 2000 el pueblo peruano expulsó a Alberto Fujimori por corrupto y ladrón. ¿Qué nos garantiza que Keiko Fujimori no sea más de lo mismo si las viejas prácticas del fujimorismo detrás de las rejas siguen siendo las mismas?
Ya hemos visto las denuncias de lavado de activos, ya hemos visto cómo se vendieron los números “1” para el Congreso de la República, ya hemos visto la grosera manipulación de audios y también los “regalos” para movilizar a los mítines a gente muy pobre, sin poder de discernimiento por su bajo nivel de educación. Creo que este fujimorismo es el populismo puro que anula la dignidad de la gente. Dios mío espero que todo se revierta.
Por estas y otras razones voy a votar por Pedro Pablo Kuczynski Godard, un hombre con experiencia, un técnico a carta cabal, un peruano de trabajo, conforme lo han demostrado en todos sus años, con un padre médico que combatió la lepra en el Perú y una madre educadora que trajo luz a muchos iletrados.
No creo equivocarme al escribir que Kuczynski, Vizcarra y Araóz representan la oportunidad y la esperanza de un Perú inclusivo, con equidad y desarrollo humano. El Perú elige entre la esperanza y la vergüenza, solo hace falta recordar nuestra historia. Usted decide.