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EL INFORTUNIO DE CHICLAYO: Autoridades municipales en los últimos 15 años

Escribe: Juan Vejarano Vergara (*)
Edición N° 1246

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Producto de la incapacidad e ineptitud de los alcaldes de turno, de ambiciones desmedidas por el poder y de no enfrentar a la corrupción de manera frontal y con las armas que les da la ley, dos alcaldes han terminado presos acusados de liderar organizaciones criminales para saquear las arcas ediles. Recientemente la Fiscalía ha pedido seis años de cárcel para el actual burgomaestre, Marcos Gasco, por un contrato que suscribió la comuna con la empresa Veolia para el alquiler de 10 de compactadoras. Chiclayo tiene una ubicación geográfica estratégica que lo sitúa en inmejorables condiciones para tener un crecimiento sostenido en el tiempo; pero sus autoridades han hecho muy poco para lograr este gran propósito.

En agosto del año pasado, escribí un artículo para este semanario titulado “Nefastas experiencias ediles”, donde graficaba el enorme infortunio que ha tenido Chiclayo con sus autoridades municipales en los últimos 15 años, lo que ha significado un lastre para que la capital de la región Lambayeque tenga un desarrollo sostenido que coadyuve al bienestar de sus habitantes. La Capital de la Amistad, como se le conoce por su hospitalidad y el espíritu amigable y sincero de su gente, tiene grandes potencialidades y reúne todas las condiciones para dar el gran salto a ser la metrópoli que su población aspira, y convertirse en una de las ciudades más importantes del norte del país, y también a nivel nacional. Su ubicación geográfica es estratégica, envidiable, y lo hace atractiva para los inversionistas, de allí que en la última década se han asentado importantes empresas del rubro agroexportador, de la industria, el comercio, la construcción. Además, destaca por su rica y variada gastronomía, por sus museos y sitios arqueológicos. Un informe del Banco Central de Reserva, señaló que Chiclayo por su ubicación se convierte en punto de encuentro de diversos agentes económicos que provienen tanto de otras ciudades costeñas como de la sierra y la selva. Es por ello que el comercio es uno de los sectores principales, representando el 25% de la actividad económica de esta región.

Sin embargo, pese a estas enormes posibilidades que tiene para destacar y posicionarse en lo más alto por sus propios méritos, sus autoridades municipales y regionales de turno han hecho muy poco por generar políticas públicas que viabilicen esta pretensión, no han sido capaces de plasmar obras de envergadura a todo nivel que permitan apuntalar un crecimiento sostenido en el tiempo, con visión de corto, mediano y largo plazo. Cada autoridad siempre ha trabajado de acuerdo a sus propios criterios y conveniencias políticas, se dedicaron a copar el aparato administrativo con gente de su partido o que los apoyó en la campaña electoral, y sus gestiones no pasaron de ser mediocres. Finalmente la corrupción terminó por envolver a varios de ellos, quienes en lugar de concentrar esfuerzos por hacer más grande a esta noble ciudad, prefirieron enriquecerse ilícitamente con los recursos públicos. Producto de estos actos al margen de la ley, el exalcalde Roberto Torres Gonzales sigue preso en la cárcel de Chiclayo, al igual que sus funcionarios de confianza. Mientras que su homólogo David Cornejo Chinguel cumplió 36 meses de prisión preventiva en dicho penal; pero salió libre el año pasado al no recibir sentencia condenatoria en su contra. Sin embargo, hace poco un juez lo halló culpable del delito de tráfico de influencias, condenándolo a cinco años y cinco meses de prisión efectiva, pena que lo cumple en su casa. Para la Fiscalía, los alcaldes lideraban organizaciones criminales para saquear las arcas municipales.

Capítulo I

Hace 15 años radico en Chiclayo y con certeza puedo dar fe que en todo este periodo la ciudad no ha experimentado grandes cambios ni transformaciones que le permitan encontrar el norte de su desarrollo. El año 2007 encontré una urbe prácticamente bombardeada, con muchas de sus calles hechas añicos y un alto porcentaje de ellas sin asfaltar, con cerros de basura a cada paso que daba y con gallinazos que pululaban en la inmundicia. Con una informalidad en todo orden de cosas y con autoridades que demostraban ineptitud e incompetencia para tratar de dar solución a toda esta problemática. En ese momento la tierra de José Abelardo Quiñones tenía como alcalde a Roberto Torres, quien había llegado al sillón municipal en olor a multitud por sus promesas de campaña que habían encandilado a la población. La administración de Torres tuvo serios altibajos desde el primer año de su mandato, algunos de sus funcionarios de confianza fueron denunciados por presuntos hechos de corrupción, ya se avizoraban malos tiempos en la comuna. En cuanto a gestión pública, la municipalidad evidenció serias limitaciones y falencias en el uso correcto de los recursos del Estado para satisfacer las necesidades de los ciudadanos, como por ejemplo mejorar la infraestructura vial, resolver el tema de la limpieza pública o el comercio ambulatorio.

Los indicios de corrupción al final de su mandato eran más tangibles; pero así fue reelegido en los comicios del 2010. La Fiscalía ya lo tenía en la mira de sus investigaciones. Fue en su segundo periodo, el 30 setiembre de 2014, que el burgomaestre fue detenido en un megaoperativo, junto a regidores, funcionarios ediles, familiares y su expareja sentimental, acusados de los delitos contra la administración pública, lavado de activos, asociación ilícita para delinquir y peculado. Según la Fiscalía, el modus operandi de Torres Gonzales, líder de “Los Limpios de la Corrupción”, era adjudicar la buena pro de diversos proyectos a consorcios y empresas con las que coordinaba previamente; una vez que el proceso se cerraba los beneficiados debían abonar el 10% del valor de la adjudicación. Roberto Torres significó una gran afrenta para la institución municipal de Chiclayo, y se pensó que su caso sentaría un precedente para las futuras autoridades elegidas por el voto popular. Sin embargo, la realidad nos terminó por demostrar lo contrario.

Capítulo II

David Cornejo Chinguel fue elegido alcalde provincial para el periodo 2015-2018, en un ambiente de marcada expectativa y con el argumento de campaña de una férrea lucha contra la corrupción. Pero no fue así. Con el correr de los meses su gestión se fue opacando por sucesivas denuncias periodísticas de presuntos actos de corrupción de sus funcionarios de confianza; el alcalde se negaba a investigar y restaba importancia a los hechos, y por el contrario salía a respaldar a los cuestionados. La fiscalía tenía un voluminoso expediente de denuncias por corrupción contra Cornejo y sus funcionarios, y prácticamente lo tenían acorralado. El desenlace sería el 29 de noviembre de 2018, el burgomaestre oriundo de Jaén, Cajamarca, fue detenido por la policía acusado de liderar la organización “Los Temerarios del Crimen”, dedicada a cobrar cupos para otorgar licencias a transportistas y en la ejecución de obras.

La gestión de Cornejo fue bastante pobre, no se ejecutaron proyectos de trascendencia para la ciudad y para sus pueblos jóvenes, ni se solucionaron los problemas más álgidos. En campaña ofreció la construcción de dos anillos viales para mejorar la transitabilidad vehicular y peatonal, lo cual nunca cumplió. También planteó la remodelación integral del mercado Modelo y la construcción de un moderno relleno sanitario, planes que quedaron solo en buenas intenciones porque la corrupción ya se había enraízado en su gobierno. Prometió convertir a Chiclayo en un anís, una meta ambiciosa que al final omitió. David Cornejo pudo haber pasado a la historia como el alcalde que luchó frontalmente contra esta lacra enquistada en el seno municipal, por enfrentar a las mafias instaladas hace mucho tiempo en la entidad; pero las ambiciones desmedidas de poder y un sistema de control gubernamental inadecuado, terminaron por atrapar a la autoridad y su séquito de confianza en las garras de la corrupción, manchando su honor y su dignidad por el dinero mal habido.

Capítulo III

Tras estas dos experiencias repugnantes en la comuna chiclayana, la ciudadanía estaba en la más absoluta incertidumbre y desesperanza para elegir a la nueva autoridad edil. Temían equivocarse otra vez. En las elecciones del 2018, Marco Gasco Arrobas ganó y se ungió como el nuevo alcalde para el periodo 2019-2022. Está a ocho meses de concluir una gestión sumamente cuestionada en todo orden de cosas, con una ciudad prácticamente en el abandono y con una acusación de la Fiscalía Anticorrupción en su contra por el presunto delito de colusión agravada. La fiscal Karim Ninaquispe ha solicitado al Poder Judicial una pena privativa de la libertad de 6 años contra Gasco, su acusación se sostiene en hechos ocurridos en abril de 2019 cuando luego de un supuesto desabastecimiento inminente que afectaría el recojo de los residuos sólidos, la comuna suscribió un contrato con la empresa Veolia para el alquiler de 10 de compactadoras, por el cual asumió un gasto cercano a 2 millones de soles. Según el Ministerio Público, la gestión municipal incurrió en una serie de incumplimientos a la Ley de Contrataciones para favorecer a Veolia, provocando un perjuicio económico de 249,750 soles.

Desde un comienzo Gasco tuvo errores garrafales que empañaron su desempeño, como el subirse el sueldo junto con otros funcionarios, pese a la crisis económica que atravesaba la comuna. Nombró a personas con serias objeciones para la función pública, y a otros que no reunían el perfil para determinados cargos. Pero él ni se inmutó por todas estas críticas. Incluso varios ciudadanos promovieron su vacancia; pero al final el alcalde salió victorioso. Aunque ahora el panorama es más complicado, porque de prosperar la investigación fiscal, Gasco podría ser el tercer alcalde, de manera consecutiva, en terminar en la cárcel. A estas alturas de su mandato es muy poco lo que se puede rescatar como obra pública, pues no hay proyectos de impacto que respalden su labor, y tampoco le alcanzará el tiempo para dar solución a los problemas más críticos que atraviesa la ciudad. Por el contrario, hay indignación en la población ante tanta indolencia, hay impotencia y desazón por ver que esta tierra no encuentra la dirección correcta para el despegue que requiere, pese a las excelentes condiciones que posee. Esta gestión se irá sin pena ni gloria, porque al parecer Gasco y compañía no tienen las armas para revertir la imagen negativa que tiene la comunidad sobre ellos. Un nuevo fiasco para Chiclayo, que lamentablemente en su historia municipal reciente ha tenido la mala fortuna de elegir a personas que no han respondido a las expectativas de todo un pueblo.

La reflexión

Hoy más que nunca se necesitan autoridades competentes, comprometidas con la labor para la que son elegidas, urge una cuota de honestidad, transparencia y liderazgo, y dejar de lado la improvisación y la chabacanería. Será responsabilidad directa del electorado elegir al mejor candidato en los comicios de octubre de este año, para no volver a equivocarse y arrepentirse los próximos cuatro años, porque de por medio está el futuro nuestro y el de nuestros hijos. Por eso es importante ejercer bien su ciudadanía, de manera libre y sin presiones de nada; pero para ello hay que estar debidamente informados para ejercer nuestros derechos con madurez y seriedad.

(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y primer vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.

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MÁS DE 50 MILLONES DE SOLES EN OBRAS EN EL 2021: Alex Rodríguez se prepara para la gobernación

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1246

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El Ing. Alex Rodríguez Alvarado, fue dos veces alcalde del distrito de Mochumí (2011 - 2014 / 2015 - 2018), dos veces presidente de la Mancomunidad de Municipalidades del Valle La Leche - MMUVALL (2015 - 2016 / 2017 - 2018), alcalde de la Municipalidad Provincial de Lambayeque desde enero del 2019 hasta marzo 2022, destacándose por la ejecución de obras emblemáticas que permitieron mejorar la calidad de vida de los vecinos.

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