El calvario de los asegurados de EsSalud en las salas de emergencia, hospitalización, consulta externa y por el desabastecimiento de las farmacias no tiene cuando acabar. El otrora exitoso Instituto Peruano de Seguridad Social – IPSS, agoniza entre la negligencia de sus autoridades y las verdades a medias que lindan con lo ilícito.
En reciente reunión entre el presidente ejecutivo de EsSalud, Alegre Fonseca Espinoza, y los gremios lambayecanos, la frágil paz laboral volvió a fracturarse por el blindaje a la gestión del actual gerente, Max Mejía.
Los dirigentes acusaron el poco interés que muestra para resolver los problemas neurálgicos del Hospital Almanzor Aguinaga Asenjo. Responsabilizan a Mejía de obstruir la construcción de la nueva emergencia del citado hospital y el retraso en la compra de la única planta de oxígeno para el nosocomio. Advierten la falta de camas para la Unidad de Cuidados Intensivos - UCI, pediátricas, obstétricas o generales para afrontar una eventual cuarta ola del Covid-19 ante el retorno de las clases presenciales o cualquier otra catástrofe, de la que no estamos libres.
Los gremios refieren que la exposición al peligro es en las mismas condiciones que al inicio de la pandemia y razones les sobran. Más de 80 pacientes al día en la saturada Emergencia, mal que no es nuevo, pero que tampoco ha sido resuelto, es una muestra tangible del problema.
Resulta deplorable, inhumano, reñido incluso con la dignidad del ser humano, que personas que han aportado toda su vida a la seguridad social, como los adultos mayores, sean atendidos en sillas metálicas en los pasillos, al lado de pacientes crónicos, con fracturas expuestas o delirantes.
Es inadmisible que hasta el más mínimo respeto por la intimidad del paciente se haya perdido, al permitir que jóvenes y adultos, hombres y mujeres, queden expuestos en su anatomía y dolor, uno tras otro, como si se tratara de cualquier lugar menos un hospital.
Es tal el hacinamiento, que hasta el viejo módulo de Emergencia que se encontraba al cruzar la puerta ha desaparecido. Hoy, ese espacio lo ocupan camas y camillas. Las puertas se topan con los pacientes y sus preocupados familiares. Si no quitan la imagen del San Martín de Porres que hay en el área, es porque alguien aún tiene fe en que el santo haga algo por los enfermos, pero también por el calamitoso hospital.
Lo que sucede en el Hospital Almanzor Aguinaga no es un asunto únicamente de presupuestos y proyectos, sino también de personas. ¡Ningún exgerente de la red, incluido el actual, ha dado la talla! ¡Ninguno!
¡Cuánto se extraña a profesionales comprometidos con el viejo hospital como don Juan Aita Valle, que desde donde está de seguro llora al ver en lo que se ha convertido su obra!
Los gremios de salud también cuestionan la construcción de los “hospitales modulares” ensombrecidos por la falta de definición de su categoría, inexistente en según los parámetros del Ministerio de Salud, y cartera de servicios. Uno de los hospitales modulares será inaugurado próximamente en Chota despertando más preocupación que alivio pese al “millonario equipamiento”.
Refieren que mientras no se categoricen como de segundo nivel no pueden ser promocionados como "hospitales", pues se trataría de publicidad engañosa por lo que INDECOPI y otros organismos fiscalizadores deberían intervenir. El hospital de Chota en teoría aliviaría la carga de la emergencia y el servicio de hospitalización del Almanzor Aguinaga Asenjo. Sin embargo, hay más dudas que certezas sobre este hecho.
¿La razón? Lo mismo se dijo cuando se rehabilitó el Hospital de Tumán y ahí está, como un elefante blanco.
Para los especialistas, los hospitales modulares no son verdaderos hospitales y solo postergan los proyectos definitivos que EsSalud tiene la obligación de ejecutar en favor de la población. ¿Cuántas veces han colocado “la primera piedra” del nuevo Naylamp? ¿Dos, tres... cinco veces? Ya perdimos la cuenta.
Con razón, se exige la intervención de la Contraloría General de la República, de Fiscalía Anticorrupción, de Fiscalía de Prevención del Delito, así como la vigilancia y pronunciamiento de la sociedad civil.
Los gremios lambayecanos piden además la salida del presidente ejecutivo de EsSalud, demandando la designación de funcionarios con experiencia, éticos y proactivos, que trabajen para los asegurados y la institución.
Recalcan que es prioritario, contar con autoridades con sentido de urgencia y que escuchen la voz del pueblo que tanto pregona el presidente de la república, Pedro Castillo, el que prometió en febrero declarar en emergencia al Almanzor Aguinaga y hasta ahora nada, pese a que el paciente está agónico.
En suma, el Sistema de Seguridad de Salud en el país y en especial en Lambayeque es precario, fragmentado, desfinanciado e ineficiente, sumándose a ello autoridades indolentes sin la mínima capacidad para hacer frente al caos y el colapso del sistema de salud más importantes del país.