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GASCO Y EL AF�N DE LLENAR LOS OJOS

Escribe: Rosa Amelia Chambergo Montejo (*)
Edición N° 1256

A seis meses para irse de la municipalidad, el alcalde Marcos Gasco Arrobas parece más que interesado en cubrir con cemento y mucho caos la inoperancia de tres años y medio de gobierno.

Resulta increíble cómo en solo unas semanas ha mostrado, junto a su elefantiásico aparato municipal, engrosado por funcionario bien pagados pero absolutamente incompetentes, celeridad para iniciar trabajos de pistas, veredas y demás en diferentes puntos de la ciudad.

Sin embargo, como reza el viejo refrán, la intención pareciera ser entregarle el diablo amarrado a los chiclayanos, pues en su afán de despedirse con la autodenominación de alcalde eficiente y constructor, ha puesto en marcha expedientes viciados, como el de la urbanización Bancarios o el de la avenida José Balta, que desencadenan en verdaderas tragedias como la que viven las familias de Santa Victoria, con las aguas de los desagües expuestas.

Solo en una gestión plagada de irresponsabilidad y nulo criterio técnico ha sido posible concebir el cambio de pavimentos sin antes considerar proyectos para la mejora del saneamiento básico.

Ello, por la negligente decisión de simplemente no tocar las puertas de la Empresa Prestadora de Servicios de Saneamiento – EPSEL, para, en función de su catastro de conexiones, saber en qué partes de la ciudad las redes de agua y desagüe presentan peligro de colapso.

La falta de articulación, el apuro desmedido por entregar obras, sin importar si están bien o mal ejecutadas, pone a la gestión de Marcos Gasco nuevamente en el cuestionamiento colectivo.

No está mal que una autoridad ejecute obras. Al contrario, es un clamor ciudadano que se mejoren las condiciones de los servicios y el equipamiento urbano en Chiclayo, pero hacerlo implica planificación, coordinación, atención a las recomendaciones de entes técnicos como los colegios profesionales y, sobre todo, tener sensibilidad con el sentir de los vecinos.

Es de mencionar que los colegios de Ingenieros y Arquitectos han emitido contundentes pronunciamientos, con alto nivel técnico, observando los trabajos emprendidos por la Municipalidad Provincial de Chiclayo, lo mismo que la Contraloría General de la República a través de sus informes de control, poniendo en evidencia la improvisación del gobierno de la ciudad, al que se suma el desinterés por el bienestar común.

Hace unos días, una ciudadana de la tercera edad sufrió un accidente en una de las calles intervenidas en Santa Victoria, al intentar sortear los grandes huecos llenos de lodo (mezcla de tierra y agua de los desagües) que se han formado.

Consultado sobre este malestar que viven los vecinos, Gasco, soberbio como ninguno, no tuvo mejora respuesta que decir que “la municipalidad no los empuja”.

Con ese perfil, el mismo que ha mostrado en otras veces, el alcalde de Chiclayo bien podría calificar para un estudio de personalidad que explique su conducta para con los demás.

Lo risible de este interés por la obra pública es que parece forzado. Esto porque en los tres primeros años de gestión Gasco y su cuerpo de funcionarios, en los que el Estado gasta miles de soles en remuneraciones, no fue capaz de superar, siquiera, el 35 % en ejecución del gasto para inversión pública.

¿De dónde entonces tanto afán por los proyectos? Sabe Dios.

Mientras el alcalde satisface su personalidad, la ciudad está de cabeza.

Gasco no ha podido, en tres años y medio de gestión solucionar, en parte siquiera, el caos del comercio ambulatorio o del transporte, y ahora le suma el cierre de calles sin un adecuado plan de señalización y desvío de rutas, que obliga a transeúntes y transportistas a sumirse en la más absoluta confusión.

Tampoco hay plan alguno para mitigar el impacto ambiental, sobre todo por la contaminación que genera la exposición de aguas residuales (que afloran incluso dentro de las viviendas) o el polvo.

Con denuncias en curso e investigaciones abiertas, Gasco probablemente acabe su gestión recordado no por las obras que hizo (a la mala), sino porque también desfilará por los pasillos judiciales y en ellos, claro está, no hay alfombras rojas.

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