Durante la expedición del oficial chileno Patricio Lynch a nuestro departamento, en setiembre de 1880, durante la Guerra del Pacífico, incendió gran cantidad de casas en Chiclayo y destruyó propiedades en Ferreñafe y Cayaltí; impuso graves cupos a la población de toda la región. Resulta un personaje de muy ingrata recordación en la historia de nuestra región.
El periódico “La tarde” de Chiclayo, del 13 de mayo de 1902, da cuenta de un incendio en la fábrica de velas del señor Aurelio Montenegro, ubicada en la calle Real (actual Elías Aguirre). “La campana de la Iglesia Matriz dio el toque de alarma que puso en movimiento a todo el vecindario que a la voz de incendio corrió presuroso a la fábrica de velas… el lugar del siniestro”.
El fuego se inició por las chispas de una soldadura sobre sacos vacíos; sin embargo, “la actitud del pueblo, así como la circunstancia favorable de existir una noria con bomba y varios barriles llenos de agua pudo dominarse el incendio”, que tuvo consecuencias de poca consideración. Además, se hicieron presentes las autoridades locales, policía y gendarmes de la ciudad.
Elecciones de 1913
El periódico “El Progreso” de Chiclayo, del 3 de junio de 1913, reportó un incendio ocurrido el día de las elecciones municipales del 1 de junio de dicho año, en las que participaron en las diversas ciudades del departamento de Lambayeque las listas del Partido Obrero Independiente y de la Alianza Civil Constitucional. Hasta el día de la publicación de la nota periodística, en Chiclayo no se había realizado el escrutinio, en Monsefú se aseguraba el triunfo de la Alianza y hubo actos de violencia, en la Villa de Eten (actual Ciudad Eten) ganó la Alianza y hubo un homicidio ocasionado por un elector ebrio que antes recibió una pedrada; en Puerto Eten ganó la Alianza sin actos de violencia, en Reque ganó la Alianza y hubo un conato un día después donde resultó herido el señor Aparicio Lluncor del Centro Pro Reque; en Motupe no se conoce al ganador, pero se reportó el incendio del comercio del alcalde en funciones, señor Manuel Luna.
3 de junio de 1935, hubo un incendio en el cine “Pathé” el cual se originó en la caseta del operador, ocasionando el pánico de los asistentes, resultando varios heridos. No hubo forma de luchar contra él; Chiclayo no tenía Compañía de Bomberos.
El 26 de marzo de 1937, un pavoroso incendio redujo a cenizas el establecimiento comercial El Imán, ubicado en la Calle Lora y Cordero, de propiedad del ciudadano chino Augusto Wong. La noticia publicada en el diario "La Patria" fue, a su vez, un llamado a las autoridades para establecer en nuestra ciudad un Cuerpo de Bomberos. El incendio fue de grandes proporciones.
Se inició a las 10:30 de la noche y, por un momento, se descontroló pues en el establecimiento se expendía kerosene y gasolina. Participó gran parte de la población de Chiclayo apoyando para aplacar el siniestro que amenazaba con expandirse a toda la manzana. Alrededor de las 11:30 de la noche una motobomba de la base aérea apoyó en la tarea de sofocar el incendio. El negocio quedó completamente en cenizas.
Los bomberos
El periódico “La Patria” de Chiclayo del 23 de mayo de 1937, informa sobre la subvención económica de mil soles otorgada por el Concejo de nuestra ciudad a la compañía de bomberos "Salvadora Chiclayo N°1" para adquirir una manguera y un "gallo".
Es menester recordar que gracias a un grupo de personas encabezadas por el médico Manuel Arellano y Ramírez de Montenegro (llegado a la ciudad hacía un par de meses) se iniciaron, en 1935, las gestiones para la formación de una organización bomberil.
Según Héctor Sandoval Uceda, “Reunidos en el bar de don Juan Limo (Salón Kan Kan, ubicado en los bajos de los Portales González, en cuyo segundo piso se encontraba el Club de la Unión) se constituyó un Comité Provisorio presidido por el doctor Arellano. La acogida fue general, la prensa local y nacional le dedicaron notas al respecto. Siendo el 3 de agosto de ese año de 1935 que, en el local de la Sociedad de Obreros 1 de Mayo, iniciaba su vida formal la novel Compañía de Bomberos, aunque sin local y equipos, sino hasta 1937. El primer incendio que atendió, de acuerdo a sus modestas posibilidades, fue el mismo año en la Casa “Cuglievan”.
Acciones de auxilio
El periódico “El Zeppelin” de Chiclayo, del 1 de noviembre de 1947, informa sobre el Incendio del cine Trianón de Monsefú, propiedad de la familia Boggio: “no sabemos los motivos del incendio (que) dejó el saldo de más de 15 heridos, entre ellos el señor Juan Manuel Boggio, el mencionado y demás heridos recibieron los primeros auxilios del médico sanitario doctor Custodio”. El medio destaca la valiente participación de los policías de Monsefú y da cuenta de grandes pérdidas en el negocio.
En 1963, los heroicos bomberos Voluntarios de la Compañía "Salvadora Chiclayo N° 01”, hoy “Salvadora Chiclayo N° 27”, reciben un camión porta escala que era uno de los vehículos más modernos de ese tiempo.
Resulta, además, interesante recordar que a mediados de los años setenta del siglo pasado, se incendió el Mercado Central en el centro de Chiclayo. Se quemó toda la infraestructura y enseres de decenas de comerciantes cuyos puestos se ubicaban en zonas colindantes con las calles Alfredo Lapoint (Teatro), Vicente de la Vega y Lora y Cordero. Aun así, el ambiente de comidas, siguió funcionando.
(*) Historiador y educador.
Acostumbrado a recibir los golpes que le da la vida, a estas alturas Don Ramón ya habría aceptado que el lunes por la tarde nos llevó el chanfle. Seguro ya recurrió al infalible berrinche para desfogar la cólera, casi un ritual: la clásica gorrita al piso con saltos y pisotones que hasta parecen de baile. Todos sabemos que le va al Necaxa, pero varias veces vimos en la pared de su casa el banderín rojo de Perú, aquel que se lució en Argentina 78. Ahí acompaña los sueños de quien duerme en el mueble, hasta las 10 de la madrugada, y ha llegado de padecer de sonambulismo.
Se dice que llegó a deber 14 meses de renta y que el día que cumplió los 15, en lugar de celebrarle una fiesta, lo mandaron a armar sus maletas. Entonces encontraron fotos de cuando llegó a la vecindad y de una pelea de box que al final le terminó salvando el pellejo. Pensándolo bien, las cuentas de su honradez sí cuadran. Si la foto se tomó cuando el Chavo y la Chilindrina tenían cuatro años, tenemos 48 meses de renta, de los cuales, por lo menos, pagó 34. Y eso que falta agregar los abonos que hizo cuando trajo a los campeones internacionales del yoyó o los meses que le perdonaron por ser yesero, pintor o llevar a Ñoño a su primer día en la escuela.
De todo un poco
Cierta Chancluda de alta alcurnia se ha encargado de difundir lo contrario, pero el hombre trabajó de todas las formas posibles. Fue fígaro con la convicción de que echando a perder se aprende; y fue lechero cuando el repartidor se fue de vaca (de vacaciones). Cada 15 de septiembre, el mes de su cumpleaños, salía a vender confetti, espantasuegras, tronadores y brujas. Era el único al que se le ocurría salir aunque no fuera temporada de posadas. En su propia casa emprendió negocio de zapatero, carpintero, globero y hasta brindó lecciones prácticas para una declaración de amor, porque por 100 pesos era capaz de confundir al profesor Jirafales con Sofía Loren.
Como puedes ver, las cosas no siempre son lo que parecen.
Si para enseñar a los niños los fundamentos del fútbol americano, luego de haberles dado su calistenia con juguito de naranja y todo, desarrolló una carrera deportiva ejemplar. Pitcher estrella de los Barrenderos de la Abondojo, con catorce ponches encima; boxeador voceado para el establo del Cuyo Hernández; y futbolista. Sí, ya habían inventado el fútbol. Con el señor Barriga tapando todo el marco, jugó de medio menso. Con decirte que hasta fue novillero. Y entre los novilleros, fue de los flacos.
En un mundo donde la rutina y la búsqueda del éxito es capaz de llevarse el tiempo sin tregua alguna, es increíble que un personaje sea capaz de hacer tantas cosas. De haber fracasado en todas, seguro, pero que pueda contar que las vivió. Tú podrás decir que todo es ficción, pero debes saber que Latinoamérica está llena de Ramones.
Monchito en el Perú
En el distrito de San Miguel, donde todos los circos instalaban sus carpas, llenó varias temporadas. Todas iban a ser su despedida, pero la gente iba a mirarlo por primera vez. Existía una fascinación por conocer a las estrellas de la televisión. Te parecerá increíble, pero podías tomarte foto con el mono, el tigre, el elefante y con Don Ramón. Precios para todos desde 10 soles. Dabas la dirección y te la llevaban a casa en cuatro o cinco días.
Ramón Antonio Esteban Goméz Valdez y Castillo, Don Ramón, ejerció en la comedia un rol que pareciera definir a todo artista: era él mismo. Parecía que no actuara. La vecindad donde vivía era Latinoamérica. Un día lo vimos en los comerciales de nuestra tele diciendo que cierta marca de turrones tenía un sabor “suavecito”. Le agregó tantas i y tantas o a la palabra que hasta ahora dura el efecto.
Nos hacía reír. Cuánta gratitud podemos atesorar para quien nos hace reír. El amor del que hablamos tanto se siente en todo el cuerpo si reímos juntos. “Debería de aprender a mí. Mire, yo sin un centavo en la bolsa, pero siempre dispuesto a la risa franca y espontánea”, le dijo un día a doña Florinda, lo cual demuestra que la venganza nunca es buena, porque mata el alma y la envenena.
Los programas que grabó con ese inolvidable elenco recorrieron tantos lugares en el mundo que lo llamaron el programa número uno de la televisión humorística. Muchas veces acompañaron el descanso médico, como para demostrar que la risa cura. Mis tíos en Chiclayo me contaron que pagaban un sol para ver El Chavo en una época donde la palabra streaming hubiera sonado a churinfurinfunfláis.
Esta y muchas historias más te contarán al reconocer el nombre que te hemos regalado, hijo querido. Que todas sean motivo de admiración, risas y aventuras increíbles. Gracias por este primer Día del Padre, Ramón.
(*) Sociólogo e historiador.
Cada tercer domingo de junio celebramos el Día del Padre, una fecha de mucha significación para muchos y también de nostalgia, de malos recuerdos para otros. Ser Padre no es solo el hecho de engendrar un hijo en una noche de placer o por un acto fortuito, ser Padre alcanza una connotación superlativa, porque adquiere un compromiso y una obligación de vida con ese nuevo ser que es carne de nuestra carne, y que ocupará un espacio por siempre en nuestras vidas. A esos hombres cobardes que rompen el corazón de un hijo al no reconocerlo y lo abandonan a su suerte, les digo que no saben lo que se pierden; el amor de los hijos es único y real.
“Un padre no es el que da la vida, eso sería demasiado fácil, un padre es el que da el amor”, señaló el novelista canadiense Denis Lord. “Un hombre que no sabe ser un buen padre, no es un auténtico hombre”, precisó el escritor estadounidense Mario Puzo. “Desconocemos el amor de los padres hasta que tenemos a nuestros propios hijos”, sostuvo el teólogo y escritor Henry Ward Beecher. He querido comenzar este artículo con estas célebres frases que se han acuñado a lo largo del tiempo en torno a la figura del padre, de ese ser humano que lucha día a día para que a sus hijos no les falta nada, para que sean personas de bien y con valores, sobre todo ahora que vivimos en una sociedad marcada por la violencia y los peligros, y por los medios tecnológicos que en muchos casos son bastante agresivos, y por ende negativos, para nuestra niñez. Cada tercer domingo de junio celebramos el Día del Padre, una fecha de mucha significación y trascendencia para muchos, y también de nostalgia, de malos recuerdos y decepciones para otros. Cada tercer domingo de junio la familia se reúne en torno a la figura del patriarca, para celebrar y agradecer el enorme esfuerzo y dedicación que ha tenido con sus vástagos en su formación integral como personas, en proveerles condiciones de vida adecuadas que les permita en el futuro ser ciudadanos honestos, decentes, íntegros moral y éticamente.
Ser Padre es una bendición de Dios, es una deferencia que la vida nos da para que cada día seamos más responsables, juiciosos y comprometidos en la crianza de aquellas criaturas inocentes que vienen al mundo gracias al amor de los padres. No cualquiera es tocado por esa gracia divina, ello está reservado para aquellos que asumen roles mayores y de alto contenido humano en la conducción de seres que serán la extensión de vida en la tierra. Ser Padre no es solo el hecho de engendrar un hijo en una noche de placer o por un acto fortuito, ser Padre alcanza una connotación superlativa, de suma relevancia, porque adquiere un compromiso y una obligación de vida con ese nuevo ser que es carne de nuestra carne, y que ocupará un espacio por siempre en su devenir como personas. Cada tercer domingo de junio los padres tenemos la dicha y la fortuna de que nuestros hijos nos susurren al oído lo mucho que nos quieren, que nos estampen un beso enternecedor en la mejilla o nos estrechemos en un abrazo eterno salido desde el alma. No importa la edad del hijo, sea chico o sea grande, pero esa expresión de amor recorre todo nuestro organismo y nos hace sentir más vivos que nunca, nos hace vibrar de emoción, lo que evidencia que nuestra tarea como padres ha ido en el camino correcto. Pese a nuestros errores involuntarios siempre vamos a querer y dar lo mejor para nuestros hijos, porque ellos son la continuación de nuestra existencia.
Actos de bajeza
Pero es muy probable que esta felicidad no llegará a todos por completo, porque en el camino a lo mejor se cruzó el infortunio y muchos padres partieron a la eternidad dejando un enorme vacío en sus familias, y en otros casos porque ellos mismos se lo ganaron a pulso con sus actos inmaduros e insensatos. Me refiero a aquellos hombres que nunca asumieron con hidalguía la noble misión de ser Padres, jamás cargaron sobre sus espaldas tamaña obligación y lo único que hicieron fue procrear a un niño y luego se olvidaron de él, se negaron a reconocerlo ante la ley o simplemente -en un acto de bajeza y poca valentía- los ignoraron, dejándolos a su suerte. Y como ha sucedido a lo largo de nuestra historia, quienes han tenido el coraje y han sido protagonistas de sacar adelante a esos indefensos seres, han sido las madres, que a pesar del dolor causado por la canallada de estos padres, cargaron con su cruz a cuestas y con la frente en alto supieron sacar adelante a sus hijos. Es innegable que todo niño y niña necesita de la protección de sus padres para poder desarrollarse plenamente; pero cuando uno de ellos abandona el núcleo familiar o no se hace cargo de las necesidades de sus hijos, repercutirá negativamente en la salud mental de los pequeños. Cuando hay el abandono del padre o la madre, generalmente se produce una lesión emocional difícil de manejar a lo largo de los años; mientras que algunos logran florecer y desarrollarse como personas a pesar de esta ausencia, otros arrastran sus consecuencias que pueden ser determinantes en la vida futura de la persona.
Felizmente el sistema de justicia peruano modificó hace algunos años las leyes, ante tantos casos inhumanos y dolorosos de padres que se negaban a pasar una pensión de alimentos a sus menores hijos. Ahora hay normas más severas que castigan hasta con pena de cárcel a aquellos sujetos que se niegan a asistir económicamente a sus niños. Sin embargo, todavía hay mucho que corregir para evitar que más menores crezcan en el desamparo y sin la figura paterna en el hogar, la cual es fundamental para el crecimiento ininterrumpido y sostenido de los hijos. La psicoterapeuta Verónica Zevallos advierte que crecer en una familia disfuncional (padres separados) afectará al desarrollo psicológico y emocional de un niño, por ello es de vital importancia velar por su integridad física y moral cuando se encuentre en ese momento crucial. “Los primeros años de vida (de 0 a 6 años) son decisivos en la formación de la personalidad. En este periodo el niño pasa por diferentes crisis: confianza, desconfianza, autonomía, vergüenza, iniciativa y culpa. Somos lo que somos por la interacción de la herencia con el entorno”, advierte. “Cada tipo de abandono genera sus propias consecuencias que también dependerán del carácter del niño y de la sabiduría del progenitor que se queda, para explicar la situación sin victimizarla y enseñarle cómo construir su personalidad sin depender del afecto de una persona ausente” (https://www.mundopsicologos.com).
Exhortación
A esos hombres cobardes y sin agallas que rompen el corazón de un hijo al no reconocerlo ante la ley y lo abandonan a su suerte, les digo que no saben lo que se pierden, el amor de los hijos es único y real. Qué hermoso es verlos crecer y ser parte de su desarrollo, pese a las adversidades que se puedan presentar en el camino; qué satisfacción cuando ves que ese pedacito de ser en algunos años más será tu continuación de vida, será quien en el tiempo perdure tu apellido. A los verdaderos padres mi saludo y respeto, que sigan en esta senda construyendo mejores personas, y quienes están en deuda, reflexionen y enmienden sus errores, nunca es tarde para ganarse el cariño de los hijos, aunque en esas circunstancias el trayecto sea más difícil. Ustedes son el espejo para sus hijos cuando ellos también asuman este importante rol en la familia.
Antes de terminar este artículo quiero rendir testimonio hacia mi padre Segundo Vejarano Escobedo. Mi madre falleció cuando aún cursaba la época escolar, mi padre asumió la gran responsabilidad de criarnos y sacar adelante a sus tres hijos, todos menores. Seguramente con errores, propio de todo ser humano que tiene el derrotero de sacar adelante a sus hijos, pero él sacó fuerzas de flaquezas para tomar el impulso necesario y hacer el doble papel que la vida inesperadamente le había preparado. Hoy, a sus 86 años, tus hijos nos rendimos ante ti para agradecerte todo lo que has hecho por nosotros, por tu dedicación y esfuerzo para ser personas con valores bien cimentados, y en torno a ello el amor inconmensurable como familia. Gracias PADRE, tus sabias enseñanzas y tu legado ahora trato de inculcar y sembrar en los dos regalos más importantes que me ha dado la vida: mi Juan Diego y Valentina Yamile. Y cerraré con esta célebre frase de un autor anónimo: “No hay mejor homenaje a la memoria del padre que imitar noblemente sus virtudes”.
(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Primer Vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.