El Perú es un territorio rico en cantidad de expresiones culturales, muchas de las cuales han sido reconocidas como Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) por la UNESCO y el MINCUL. Seguramente, muchos de nosotros consideramos que otras están todavía pendientes por declarar, lo cual da cuenta de la diversidad cultural existente y testimonia también la amplia expresión creativa de nuestros pueblos.
El Patrimonio Cultural Inmaterial es la fuerza motriz para las culturas vivas, se ha nutrido del proceso creativo desarrollado a lo largo de varios milenios por los diversos grupos étnicos que habitaron este territorio y que construyeron sociedades de gran refinamiento. Este patrimonio cultural originario fue enriquecido en un complejo proceso de mestizajes y transformaciones culturales a partir del siglo XVI, con la llegada de los europeos a nuestras tierras y la consiguiente incorporación mundial; así como, tristemente también, por influencia de la globalización de los últimos tiempos, la transformación de la sociedad y la intolerancia, se da cuenta de su vulnerabilidad, razón por la cual es importante fortalecer el trabajo de su promoción, salvaguarda y defensa, tanto desde instancias político públicas, la ciudadanía, como también de los propios portadores.
Es importante señalar que el Patrimonio Cultural Inmaterial es un capital que, aprovechado de manera sostenible, contribuye en el desarrollo socioeconómico de los pueblos y el diálogo entre culturas, propiciando interculturalidad, respeto por el otro y sus respectivas formas de vida, prácticas armoniosas vigentes en nuestras comunidades que les permiten una permanente recreación, creando nuevos tejidos generacionales y evolucionando de acuerdo, y en respuesta, a su entorno, contribuyendo de esta manera en la construcción de sentimientos de identidad, continuidad, pertenencia y ciudadanía, siendo vínculo indisoluble de continuidad entre el pasado y el presente.
La UNESCO definió el patrimonio inmaterial como “el conjunto de creaciones basadas en la tradición de una comunidad cultural expresada por un grupo o por individuaos que reconocidamente responden a las expectativas de una comunidad en la medida en que reflejan su identidad cultural y social”, el cual está conformado por los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas, junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que le son inherentes a las comunidades, los grupos y, en algunos casos, los individuos, para que se les reconozca como parte integrante de su patrimonio cultural.
Medidas de salvaguardia
Así también, esta misma organización, en su 32ª reunión celebrada en el 2003, aprobó la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial y su aplicación en coordinación con las representaciones de cultura nacional; otorgando medidas de salvaguardia para garantizar la viabilidad del patrimonio cultural inmaterial, las cuales comprenden: la identificación, documentación, investigación, preservación, protección, promoción, valorización, transmisión a través de la enseñanza formal y no formal, la revitalización del patrimonio en sus aspectos de construcción colectiva, participación interinstitucional y multisectorial, la toma de acuerdos y decisiones para la preservación, conservación, revitalización de la expresión cultural; lo cual ha sido sin duda determinante y significativo para la conservación de saberes, prácticas y valoraciones culturales.
Este patrimonio, señala la Convención, se puede manifestar en los siguientes ámbitos: Las tradiciones y expresiones orales, incluido el idioma como vector del patrimonio cultural inmaterial; las artes del espectáculo; los usos sociales, rituales y actos festivos; los conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo, y las técnicas artesanales tradicionales.
Así tenemos, por ejemplos declaratorios en la región Cuzco dos expresiones integradas en la Lista de Patrimonios Culturales Inmateriales de la Humanidad y una en la Lista de Patrimonio Cultural en urgencia de Salvaguarda por la UNESCO: ‘La Peregrinación al Santuario del Señor de Qoillurit´i’; ‘Conocimientos, Habilidades y Rituales relacionados a la Renovación Anual del Puente Q´eswachaka’ y ‘La Eshuva, cantos rezados Harákmbut de la Etnia Wachiperi’, (Lista de Patrimonio Cultural en urgencia de Salvaguarda).
Y, en nuestra región Lambayeque, declaratorias de Patrimonio Cultural Inmaterial a: ‘La Danza Diablicos de Túcume’, ‘La Danza de los Guerreros Cascabeleros de Kañaris’ y ‘Las Picanterías y Chicherías de Lambayeque’.
Creaciones originarias
Qué duda cabe, las expresiones y los conocimientos tradicionales son creaciones intelectuales originarias de grupos específicos, sustentados en sus tradiciones y costumbres; así por ejemplo, las tradiciones y valores de los pueblos indígenas se manifiestan a través de la danza, la música, la literatura oral, cuyas características se transmiten de generación en generación, los cuales reflejan la identidad cultural y social de un pueblo: cuentan con elementos propios de la comunidad o grupo que las desarrolla, son creaciones de colectividades o individuos encomendados para realizar tales creaciones a nombre del grupo o comunidad; así, el folklore y los conocimientos tradicionales son parte de la expresión de un pueblo o grupo, incluyen las diversas tradiciones y prácticas (antiguas y contemporáneas) que manifiestan la cultura de dichos grupos. En el caso específico de los conocimientos tradicionales, estos pueden manifestarse por medios orales transmitidos de generación en generación a través de leyendas, rituales, historias, y muchas veces canciones, música y enseñanzas.
Todas las expresiones tradicionales y costumbristas son parte integrante de la identidad cultural y social de las comunidades indígenas y locales, dado que comprenden la experiencia, los conocimientos y transmiten valores y creencias fundamentales.
Las festividades, los saberes, usos y tecnologías (medicina tradicional, culinaria); lo mismo que peregrinaciones, conocimientos, habilidades y rituales; formas de organización y de autoridades tradicionales; lenguas y tradiciones orales; expresiones artísticas como la artesanía; cantos, danzas, y música, son evidencias vivas de nuestro patrimonio cultural inmaterial, enclavadas en cada una de nuestras comunidades.
Cabe resaltar que la importancia de las declaratorias radica en que es solo el inicio de una gran tarea que va más allá del mero reconocimiento de la oficialidad, debiendo convertirse en un proceso que empodere a las comunidades, en instrumento que contribuyan a asegurar la continuidad de sus prácticas culturales; los mismos que, asociados al turismo sostenible, signifiquen desarrollo para las comunidades herederas.
En este tema, tenemos los lambayecanos tarea pendiente con muchas de nuestras manifestaciones festivas, rituales, gastronómicas, dancísticas, formas de organización y de autoridades tradicionales, lenguas y tradiciones orales; dando ese primer paso estaremos, recién, asumiendo la responsabilidad para con nuestra herencia cultural.
Sirva, entonces, este artículo como motivo de reflexión para celebrar el Día Mundial del Folclore y el Día internacional de los Pueblos Indígenas, de quienes nos vienen muchos de nuestros saberes y expresiones recreados hoy y quienes, lamentablemente, se encuentran entre las poblaciones más vulnerables y perjudicadas del mundo; razón por la cual, la comunidad internacional reconoce que se necesitan medidas especiales para proteger sus derechos, mantener sus culturas y sus formas de vida. Este Día internacional de los Pueblos Indígenas es, inexorablemente, una oportunidad para crear conciencia sobre su situación.
(*) Gestor cultural.
Desde noviembre del año 2020 inicié una investigación sobre los aportes de la prensa escrita de Lambayeque a nuestra historia de la vida cotidiana.
La historia de la vida cotidiana
La historia de la vida cotidiana es una rama que estudia las manifestaciones tenidas como menos importantes por la historia general: "la cotidianidad, lo íntimo, la sensibilidad, la sociabilidad, los afectos; que indaga sobre las representaciones sociales del amor, la pareja, la niñez, la sexualidad, la familia, el honor o el gusto... La línea divisoria entre público y privado es muy difusa. Precisamente esta historiografía trata de demostrar cómo se definen ambas esferas en sociedades y épocas determinadas”. (Morant, 1998).
Dependiendo del enfoque, puede tener dimensiones de historia general, nacional, regional o local. Dependiendo de la perspectiva puede realizar comparaciones sincrónicas (trata un fenómeno o un hecho en el estado en que está en un momento determinado) o diacrónicas (evolución de un hecho, fenómeno o circunstancia a través del tiempo). Puede considerarse cercana a la microhistoria e incluso a la historia oral. Dependiendo del aspecto de la vida cotidiana en el que se centre, puede convertirse en una historia de la familia, historia del progreso, historia de la salud popular, historia de las creencias, historia de los juegos, historia de la alimentación, etc.​
El periódico como fuente histórica
Los periódicos y diarios, si bien es cierto no son documento primario de Archivo, como documento secundario de Hemeroteca nos informan lo sucedido en el día, mes año, lugar etc. Nos dan a conocer la participación de personajes, autoridades, el poblador común en acontecimientos, hechos y noticias (Lluen, 2021).
Se puede considerar el periódico como objeto de estudio en sí, examinando sus características fundamentales –precio, secciones en las que se divide, propietario/empresa periodística, dimensiones, tiraje– para aprehenderlo en relación al contexto histórico, cultural e institucional en el que tuvo lugar su actividad. Por otro lado, existe la posibilidad de recurrir a los textos de la prensa escrita como fuente para el conocimiento y reconstrucción de una época pasada, a través del estudio y análisis de las informaciones y opiniones publicadas. Así, “una fuente para expresar corrientes de opinión, actitudes políticas o ideológicas; también una fuente que recoge las mentalidades de una época […]. En fin, la prensa es, en sí misma, objeto de una historia; en este último caso el periódico es objeto y fuente a la vez” (Tuñón de Lara, 1973).
Antecedentes de la investigación
El Archivo Regional de Lambayeque, contiene material muy valioso, único y vulnerable. Destaca la colección de periódicos que cubre un espacio cronológico entre 1847 y 1960 aproximadamente. Estos periódicos tienen historias importantes que contar sobre Lambayeque y sus pueblos que se perderían si no se digitalizan y conservan adecuadamente. A pesar de la larga historia de centralismo del país, estos periódicos tienen la memoria de la región y de sus ciudades y muestran las necesidades, problemática, éxitos y fracasos a partir de la interpretación de diversas prósperas comunidades intelectuales que fomentaron la información. Los diarios y periódicos del siglo XIX-XX, que custodia nuestro Archivo Regional de Lambayeque, han sido digitalizados por la Biblioteca Británica y Universidad de Ken- Inglaterra.
En el caso de Lambayeque, la colección es grande y especialmente rica y diversa con casi un centenar de títulos publicados entre 1847 El Regulador y 1936 El País. Estos periódicos cuentan la historia de una región que aún no ha sido estudiada. Retratan las luchas por convertirse en un departamento independiente a mediados del siglo XIX como El Chiclayano (1850-1852) y La Estrella del Norte (1850-1864). Los periódicos de fin de siglo como El Comercio de Chiclayo (1890-1910), El Deber (1895), El Departamento (1899-1920), El Republicano (1886-1900) y El Liberal (1869-1886) muestran la creciente confianza de las élites locales. Los periódicos de principios del siglo XX cubren la creciente modernización de la región y el surgimiento de un importante movimiento obrero en títulos como El Progreso (1902-1914), El Tiempo (1895-1930), así como El Trabajador (1931) y La Misión de los Obreros (1901) que permiten explorar áreas previamente no estudiadas.
(*) Historiador y educador.