Escribe: Juan Vejarano Vergara (*)
El presidente de la República, Pedro Castillo, inició su periodo de gobierno con 39% de aprobación y 41% de desaprobación, según una reciente encuesta de Datum publicada el 6 de agosto pasado (CPI le da 40% de aprobación y 47.7% de rechazo en un estudio posterior). Su mayor fuerza se mantiene en las regiones del sur y centro del país, las cuales lo catapultaron en las elecciones del 6 de junio. Es preciso recordar que los últimos mandatarios elegidos constitucionalmente comenzaron sus gestiones en olor a multitud; pero terminaron con altas desaprobaciones (Fujimori, Toledo, García, Humala). Si bien estas encuestas pueden resultar un poco prematuras para evaluar una administración gubernamental, sí miden la percepción ciudadana respecto de las primeras decisiones del mandatario (sean para bien o para mal).
Las autoridades electas por el voto popular (presidentes, gobernadores y alcaldes) por lo general restan importancia a las encuestas, sobre todo cuando tienen altos porcentajes de rechazo que comienzan a mellar su credibilidad y confianza ante la ciudadanía. Pese a no ser determinantes, estos trabajos de campo reflejan el estado de ánimo de las personas respecto a situaciones concretas de las acciones de gobierno, y deben ser tomados como tales para enmendar rumbos y mejorar la actuación pública de las autoridades. Si el presidente Castillo quiere levantar ese bajón inicial que ha tenido, por errores propios o externos, por declaraciones poco atinadas o por gestos políticos inadecuados, tiene que demostrar personalidad, capacidad, inteligencia, firmeza en sus decisiones, y cumplir su palabra empeñada en campaña. Solo así podrá revertir el presente.
Como señala el periodista César Hildebrandt: “Castillo debe cumplir sus promesas de campaña, pero sin alinearse a la agenda ni a las condiciones de Cerrón (Vladimir -el máximo dirigente de Perú Libre-). Su deber es durar. No debe ser peón de Cerrón ni “cosito” de la prensa concentrada”. El profesor quiso ser presidente y lo logró a pulso, pese a la férrea resistencia de la derecha conservadora y los grupos de poder que por todos los medios trataron de traerse abajo el proceso. Ahora tiene que fajarse bien la banda que lleva en su pecho, antes que la pierda por desatinos propios o por influencias negativas de su más cercano entorno.
Influencias negativas
Es indudable que la composición del gabinete ministerial le ha pasado factura y vaya de qué manera (se refleja en las encuestas), al designar como titular de la PCM a un investigado por apología al terrorismo, además de no tener mayores pergaminos ni experiencia de gestión en el sector público. Ciertamente ha sido provocador y desatinado por donde se le mire. ¿A caso en este universo llamado Perú no existen más ciudadanos preparados, con trayectoria y con un pasado que no los condene?, ¿Por qué el presidente Castillo se empecinó en designar a Guido Bellido en una cartera tan crucial, considerando el ambiente polarizado y sensible que han dejado las elecciones?, ¿Por qué Castillo se ha disparado a los pies desde el inicio de su mandato, cuando sabe que hay un Congreso que lo mira de reojo y buscará su vacancia?
Este escenario lo que ha puesto en evidencia es que Vladimir Cerrón es quien finalmente le impuso el gabinete a Castillo, quien no habría tenido la valentía para poner coto a las pretensiones del exgobernador de Junín, sentenciado por corrupción. Cerrón se ha dado el gusto de salirse con la suya y de ganar presencia mediática a cualquier costo, al colocar a gente en los ministerios con serios cuestionamientos en su vida pública y personal para que dirijan los destinos del país. Un medroso Castillo no habría sido capaz de enfrentarlo, pese a las críticas que se le iban a venir por ser la cabeza del Ejecutivo. Cerrón fue más astuto que el presidente, pese a que éste en campaña dijo que no lo veríamos ni de portero. Nada más falso. No queremos más asesores a la sombra que le hagan daño al país, como ocurrió en la década del 90 con Vladimiro Montesinos.
Los destacables
Pero no todo es malo. De este gabinete se puede rescatar a personajes que no son de la línea de Cerrón, ni comulgan con él, ni son de su simpatía, como es el caso de los titulares de Economía, Justicia, Salud y Educación, quienes son de una izquierda progresista, más moderada. Sin embargo, son conscientes que el país necesita cambios estructurales de raíz en el campo económico, político y social, y ello se puede hacer sin necesidad de ir a la reformulación total de la carta magna a través de una Asamblea Constituyente. Por lo menos no ahora. Ello se puede hacer realizando modificaciones al actual estatuto, con la anuencia del parlamento. El titular de Economía, Pedro Francke, ha señalado que él está en contra de una política de confrontación (Ejecutivo-Congreso) y está en desacuerdo con una vacancia o cierre del Congreso. Incluso ha dicho que el cambio de Constitución es viable; pero esto debe pasar esencialmente por una concertación, por un diálogo con el Legislativo.
Cabe precisar que la Constitución de 1993 fue redactada tras el autogolpe del exdictador Alberto Fujimori, el 5 de abril de 1992, donde se conformó un Congreso Constituyente dominado por el fujimorismo, que elaboró y aprobó el nuevo precepto a la medida de lo que querían, favoreciendo totalmente a la inversión privada y dejando al Estado como un mero espectador de lo que sucede en el mercado. Este documento ha quedado desfasado en el tiempo y urge una revisión de muchos de sus capítulos, para hacerla con un carácter más social y humano, y no tan proempresa o inversión, basado en el modelo económico neoliberal, que básicamente ha favorecido a los grupos económicos de poder, estimulados por el dominio que ostentan.
País complicado
El presidente Castillo tiene que gobernar un país complicado en circunstancias muy delicadas. Complicado por la coyuntura política que han dejado los recientes comicios, con un Perú fracturado producto de ambiciones por ganar cuotas de poder, con una clase política inmadura y desestabilizadora que parece interesarle muy poco el país, con liderazgos magullados que soliviantan los ánimos para ir en contra de nuestra endeble democracia. Y delicado, porque la pandemia ha puesto en evidencia las miserias en materia de salud, economía, educación, con un Estado que ha sido incapaz de enfrentar con todas sus armas a la covid-19, y que por el contrario ha dejado una estela de muerte (más de 200 mil fallecidos) y de desempleo nunca antes visto (más de tres millones de empleos formales se perdieron y la informalidad subió arriba del 80 %).
Ahora hay la amenaza de una tercera ola, el gobierno tiene que tomar el toro por las astas para evitar situaciones como las ocurridas en la primera y segunda. Por ello, es vital que la vacunación sea masiva para lograr la inmunidad de rebaño y así evitar más contagios y muertes. Pero a la par tiene que venir la reactivación económica de manera sostenida, para generar nuevas fuentes de trabajo formal y así reducir la informalidad. El panorama para el presidente Castillo es harto enrevesado, por ello requiere contar con profesionales idóneos, capaces y transparentes que lo ayuden a gobernar bien y le permitan enfrentar esta primera etapa de su gobierno de la mejor manera.
Condición sine qua non es que el profesor haga un deslinde claro y directo de Cerrón, porque el exgobernador se ha convertido en la piedra en el zapato del presidente. Porque si sigue los lineamientos del líder de Perú Libre, su hegemonía irá perdiendo peso y se podría abrir el camino para una vacancia. Castillo tiene que exhibir personalidad e irradiar una imagen de que quien gobierna es él y no Cerrón. Que apele a ese liderazgo que demostró en la huelga de los maestros del 2017 (que se trajo abajo a la ministra Marilú Martens), donde se vio a un tipo más preparado y encarador por reivindicar su lucha. La cosa no es tan sencilla para Castillo, el camino aún es largo; pero tendrá que sacar su linaje, y en nombre de su familia y de millones de personas que lo apoyaron, dejar huella como presidente del Bicentenario, porque sobre sus hombros está el futuro de todo un pueblo.
(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación.
Escribe: Límberg Chero Senmache (*)
La ciudad de Monsefú ha logrado darle un horizonte de largo plazo a sus tradiciones y cultura viva. Ha logrado que la exposición de lo suyo se vuelva una fuente de ingresos importante, es decir, ha logrado sostenibilidad para su herencia. Para lograrlo, la ciudad entera se autoconvoca cada año para compartir lo tradicionalmente monsefuano de formas nuevas y curiosas, que llaman la mirada del departamento de Lambayeque sobre lo que significa vivir lo nuestro. Monsefú cada año vive su tradición y a la vez innova. Lo hace permanentemente a través del FEXTICUM.
Hace casi cincuenta años que Monsefú expone lo típico-cultural de su cotidianidad en una feria que transforma a la ciudad de Monsefú en el centro de la cultura postmoderna lambayecana. Nos referimos al FEXTICUM.
FEXTICUM son las siglas de Feria de Exposiciones Típico-Culturales de Monsefú, una creación del profesor Limberg Chero Ballena. El evento FEXTICUM se celebra todo el año. Sus fechas centrales son alrededor del 29 de julio, día en que se celebró la primera edición central de la feria, en 1973.
A lo largo de las 49 ediciones centrales de la feria se ha logrado afiatar el concepto de monsefuanidad. Don Limberg Chero Ballena explicaba que Monsefú hilvanaba su FEXTICUM cada año, descubriendo y redescubriendo su papel como “cuna del sabor”, “centro del costumbrismo” y “capital del ritmo”, tres frases que intentan capturar el “ADN cultural” de Monsefú.
Cuna del sabor, porque reconocía su capacidad para darle a los platos lambayecanos ese toque especial y además mostrar sus platillos ancestrales como la panquita de lifes, la poda, o el pepián de pavo. Monsefú, en sus casas y en sus cocineros conserva los saberes de los sabores, el cofre de tradiciones gastronómicas que lo convierten en una referencia obligada de los epicúreos expertos del tema.
Centro del costumbrismo, porque viene haciendo lo mismo hace buen rato y se ha perfeccionado como un estilo que a punta de versos mágicos, celebran sus trajes, su artesanía, sus colores florales, su fe. Esta forma de vivir lo suyo se traslada también a la música, y sin dejar de ser lo que conocemos en todo el Perú como marinera, golpe tierra, o cumbia, adquiere un toque especial que le da ese ‘ritmo de epicentro’, de ‘capital’.
La sostenibilidad
Se dice que la sostenibilidad de una iniciativa requiere condiciones que permitan que el impulso inicial se mantenga por las consecuencias de ese primer impulso sobre el segundo, y del segundo sobre el siguiente y así sucesivamente. Implica también que la esencia de la iniciativa se mantenga a pesar de los cambios en el ambiente o se sepa amoldar a los mismos, aprovechándolos a su favor. En ese sentido, Monsefú ha sabido vivir su tradición y conservarla no solo por amor a lo suyo, sino porque significa el sustento de numerosas familias. Cada año, la edición central del FEXTICUM convoca a no menos de 60 mil personas por día, con tickets de consumo de 20 soles en promedio por persona, conservadoramente hablando. Eso significa 1.2 millones de soles por día. En promedio, con cifras pre pandemia, se calcula que entre 1 a 1.3 millones de dólares se movieron solamente en la edición central de la Feria 2019 y 2018, gracias a las personas que llegan de visita y consumen al menos un souvenir o un platillo de comida.
Extrapolando estas cifras pre pandemia a las visitas que realizan turistas durante todo el año a Monsefú, estamos hablando de una industria que mueve más de tres millones de dólares por año. Esta industria mueve al departamento de Lambayeque, vitaliza cadenas de productores agropecuarios y pesqueros del Circuito Mochica hasta los dulces de Zaña, pasando incluso por los productos de Cajamarca y Piura. El mercado da espacio para todo. Vivir la monsefuanidad entonces, resulta además de un deber y un orgullo, una actividad que brinda réditos y genera empleo. Este modelo de exposición de cultura ha permitido entonces revalorar lo tradicional y ponerlo en la vitrina como la joya a preservar, no solo por los interesados en la cultura viva, o el gobierno del territorio (Municipalidad), sino también por el sector privado local.
La innovación
Innovar significa brindar algo nuevo. Menudo reto significa brindar algo nuevo cuando se quiere conservar la tradición. ¿Es compatible buscar innovación cuando la sostenibilidad se basa en conservar la tradición? La respuesta es sí, y Monsefú lo ha logrado.
Cada año, la edición central de la feria muestra nuevas y vistosas expresiones de su monsefuanidad. Es decir, la creatividad innovadora se abre paso sobre la base, y en el marco, de lo típico-cultural. Desde 1973 se han presentado nuevas formas de vivir y conmemorar la tradición. Así, por ejemplo, en 1974 nació la elección de la Señorita FEXTICUM, quien representa hasta ahora “el ADN cultural” de Monsefú pues es la poseedora del saber del sabor, del ritmo y nuestras costumbres. En esa línea, cada año se muestran nuevos sabores de Chicha (ya llevamos 92), o se recuerdan jornadas memorables como, por ejemplo, cuando en los noventa se realizó la tortilla de raya más grande del mundo, en una sartén de 5 metros de diámetro construida para la ocasión. Además, destacan otras innovaciones como la presentación en vivo de las costumbres de los antepasados monsefuanos en las jornadas del Señor del Chuspo, que vuelven las miradas a Callanca y a los otros centros poblados y caseríos.
En el marco de la pandemia, la innovación dio paso al nacimiento del Fexticum 2.0 en 2020, en coordinación con las 46 Señoritas FEXTICUM, el Colegio Pestalozzi y un entusiasta equipo de centennials monsefuanos. Ese año se lanzó la Chicha AntiCOVID, el pan antiCOVID y se empezó a aprender de eventos virtuales y concursos en línea, los cuales permitieron conectar a los monsefuanos -y sus invitados virtuales- en todo el mundo. Los monsefuanos conmemoraron juntos su Monsefuanidad en medio de un momento muy duro y que había golpeado a muchas familias. Las compañías de Negritos y Panchitos de Monsefú y Santa Rosa hicieron su aparición virtual en el primer concurso que se llevaba a cabo de manera no presencial. El FEXTICUM fue la primera feria del mundo en hacerse virtual, luego de que se conocía la suspensión de otras ferias en otras partes del país y el extranjero.
Este 2021 no se quedó atrás, y además del inicio de la confección del mantel más grande bordado y panes gigantes con la forma del Libertador San Martín y el Tumi, en honor a nuestro Bicentenario, destacaron los concursos virtuales que enlazaron a los monsefuanos en los cinco continentes en los concursos para elegir al Joque más pintoresco y las mejores oarejas de abuelos y nietos bailando marinera tradicional. Las redes registraron más de un millón de visitas durante la jornada de la edición central del 49° FEXTICUM. Este año, además, consolidó la evolución digital de los restaurantes y picanterías de comida monsefuana en todo el país, quienes reportaron haber cerrado el 28 y 29 con todos sus productos vendidos.
Futuribles del territorio
Tenemos entonces una manifestación cultural que ha sabido insertarse en los circuitos económicos, revitalizándolos. Esta manifestación es un buen ejemplo de cómo crear empleo a partir de la cultura, haciéndola sostenible a partir de su conservación en espacios de innovación permanente.
El FEXTICUM tiene aún muchos desafíos, los cuales significan esfuerzos para poner en orden muchos temas relacionados con la provisión de servicios públicos y el fortalecimiento de sus cadenas productivas y estandarización de servicios, pero esos desafíos claros para todos los monsefuanos son en sí también un capital, porque si bien quedan claros los medios vasos vacíos, quedan en ese momento claro los objetivos comunes por los que deben trabajar todos los monsefuanos y personas que quieran apoyar a Monsefú: El FEXTICUM genera agenda común independientemente de la mirada política, y complementa miradas de distintas disciplinas profesionales, y sobre todo, genera esperanza en que lo nuestro existe y pervivirá, con muchos futuros posibles, con muchos futuribles.
(*) Economista y docente universitario.
Por: Juan Miguel Valdivia Goycochea*.
De conformidad con la información publicada por el Instituto Nacional de Estadística e Informática - INEI, el departamento de Lambayeque, ocupa el último lugar en cuanto a producción per-cápita entre los departamentos ubicados en la costa peruana; sin embargo, es la región que más ha avanzado, a nivel nacional, en la igualdad de oportunidades y equidad de género, pues pasó de un coeficiente de desigualdad de 0.713 en el año 2006 a 0.360 en el 2020.
Evolución de la población en Lambayeque
En el año 1940, la población del departamento de Lambayeque era de 192,890 habitantes, debiendo alcanzar, según proyecciones del INEI, la cantidad de 1’325,912 habitantes al término del año 2021, con una tasa de crecimiento de 2.45% anual, por debajo de Madre de Dios (4.52%), Callao (3.31%), Lima (3.22%), Tacna (2.93%), Tumbes (2.88%), San Martín (2.84%) y Loreto (2.81%).
Las altas tasas de crecimiento poblacional de Lima y Callao, principalmente en las décadas de los ’80 y ’90, se explica en la migración que se produjo de la sierra central de nuestro país hacia la capital, huyendo de las huestes terroristas de Sendero Luminoso.
Chiclayo, capital del departamento de Lambayeque
Chiclayo, denominada la “Capital de la Amistad”, se encuentra entre las ciudades más importantes de nuestro país, con 605,300 habitantes proyectados para el presente año, es la quinta ciudad más grande del Perú, detrás de Lima (9’786,800 habitantes), Callao (1’360,000 habitantes), Arequipa (1’121,500 habitantes) y Trujillo (1’088,300 habitantes), y por encima de Piura (549,700 habitantes), Huancayo (538,100 habitantes) y Cusco (512,500 habitantes).
PBI por habitante
En el año 2007, el departamento con menor producción por habitante en el Perú fue Huánuco con S/ 4,075, y el de mayor producción por habitante fue Moquegua con S/ 45,718, once veces mayor que el primero de los mencionados. Nótese la enorme desigualdad entre uno y otro. Para el 2020, la situación ha mejorado y la desigualdad entre el último y el primero es mucho menos notoria, el de menor producción por habitante pasó a ser San Martín con S/ 9,866 y el de mayor PBI per-cápita siguió siendo Moquegua, con cinco veces mayor producción, alcanzando los S/ 46,718 por habitante, por encima de Lima (S/ 26,907), Ica (S/ 26,662) y Arequipa (24,734).
En cuanto a Lambayeque, somos el departamento con menor producción por habitante de toda la costa del Perú, situación que no ha mejorado a través del tiempo, pues tanto en el 2007 como en el 2020 ocupamos dicha posición. En cuanto al PBI per-cápita en nuestra región, el 2007, fue de S/ 6,033, mientras que el 2020 fue de S/ 12,855 por habitante.
Una primera conclusión sería, que, dada la enorme desigualdad existente entre la producción de cada uno de los departamentos de nuestro país, y, por ende, la desigualdad manifiesta también en la recaudación, sería imposible, en la práctica que cada región pueda autosostenerse en base a sus ingresos tributarios, ya que, históricamente sabemos, sólo Lima, Arequipa y Moquegua, podrían financiar sus presupuestos con base en su recaudación tributaria, el resto de regiones no. Dicha medida perjudicaría enormemente a las regiones con menor producción y recaudación, por lo que, en mi opinión, el Ministerio de Economía y Finanzas debe seguir asignando los recursos, no solo en función del tamaño poblacional, sino en base a los índices de pobreza de cada región.
Ingreso proveniente del trabajo
Cuando analizamos el ingreso promedio proveniente del trabajo que recibe cada lambayecano, la situación tampoco es muy favorable, ubicándonos sólo por delante de Piura, si consideramos los departamentos de la costa de nuestro país.
A soles corrientes de 2019, el ingreso promedio en el departamento de Lambayeque fue de S/ 1,203.60, mucho menor de lo que perciben los habitantes de Lima (S/ 1,885.93), Moquegua (S/ 1,801.47) y Arequipa (S/ 1,703.06).
En el 2020, el ingreso promedio ha caído considerablemente, producto del confinamiento estricto decretado por el gobierno de Martín Vizcarra para evitar la propagación del Covid-19, lo que trajo como consecuencia, la paralización de casi el 60% de la producción nacional, el incremento del desempleo y que casi tres millones de peruanos pasen a la condición de pobreza monetaria.
Igualdad de oportunidades
En lo que, nuestro departamento, ha mejorado considerablemente, es en el Índice de Desigualdad de Género. Debiendo aclarar que este coeficiente, es un indicador de la igualdad de oportunidades, de tal manera que, mientras más se acerque al uno (1), mayor será la desigualdad; en cambio, mientras más cerca este del cero (0), menor será la desigualdad.
En el año 2006, Lambayeque ocupaba la posición veinte entre veinticinco regiones (incluida la Provincia Constitucional del Callao), con un coeficiente de desigualdad de 0.713, muy por encima de la media nacional de 0.434.
En el año 2020, nuestra región, se ubicó en el puesto tres, con un coeficiente de desigualdad de 0.360, por debajo del promedio nacional de 0.390. La región con menor índice de desigualdad es Lima con un coeficiente de 0.255, mientras que Amazonas se ubica en el último lugar, con 0.749.
No cabe duda que el Perú es un país de contradicciones, con una región Lambayeque que alberga a una de las ciudades más importantes del país, pero que sin embargo, y a pesar de su posición estratégica, tiene el PBI per-cápita más bajo de la costa peruana y el segundo ingreso promedio proveniente del trabajo también más bajo de la misma región natural, y seríamos una de la regiones que más se vería afectada con la llamada “descentralización fiscal”, que como hemos señalado beneficiaría a unos cuantos, pero perjudicaría a la gran mayoría en nuestro país.
(*) Economista y Magister en Educación