Escribe: Límberg Chero Senmache (*)
La ciudad de Monsefú ha logrado darle un horizonte de largo plazo a sus tradiciones y cultura viva. Ha logrado que la exposición de lo suyo se vuelva una fuente de ingresos importante, es decir, ha logrado sostenibilidad para su herencia. Para lograrlo, la ciudad entera se autoconvoca cada año para compartir lo tradicionalmente monsefuano de formas nuevas y curiosas, que llaman la mirada del departamento de Lambayeque sobre lo que significa vivir lo nuestro. Monsefú cada año vive su tradición y a la vez innova. Lo hace permanentemente a través del FEXTICUM.
Hace casi cincuenta años que Monsefú expone lo típico-cultural de su cotidianidad en una feria que transforma a la ciudad de Monsefú en el centro de la cultura postmoderna lambayecana. Nos referimos al FEXTICUM.
FEXTICUM son las siglas de Feria de Exposiciones Típico-Culturales de Monsefú, una creación del profesor Limberg Chero Ballena. El evento FEXTICUM se celebra todo el año. Sus fechas centrales son alrededor del 29 de julio, día en que se celebró la primera edición central de la feria, en 1973.
A lo largo de las 49 ediciones centrales de la feria se ha logrado afiatar el concepto de monsefuanidad. Don Limberg Chero Ballena explicaba que Monsefú hilvanaba su FEXTICUM cada año, descubriendo y redescubriendo su papel como “cuna del sabor”, “centro del costumbrismo” y “capital del ritmo”, tres frases que intentan capturar el “ADN cultural” de Monsefú.
Cuna del sabor, porque reconocía su capacidad para darle a los platos lambayecanos ese toque especial y además mostrar sus platillos ancestrales como la panquita de lifes, la poda, o el pepián de pavo. Monsefú, en sus casas y en sus cocineros conserva los saberes de los sabores, el cofre de tradiciones gastronómicas que lo convierten en una referencia obligada de los epicúreos expertos del tema.
Centro del costumbrismo, porque viene haciendo lo mismo hace buen rato y se ha perfeccionado como un estilo que a punta de versos mágicos, celebran sus trajes, su artesanía, sus colores florales, su fe. Esta forma de vivir lo suyo se traslada también a la música, y sin dejar de ser lo que conocemos en todo el Perú como marinera, golpe tierra, o cumbia, adquiere un toque especial que le da ese ‘ritmo de epicentro’, de ‘capital’.
La sostenibilidad
Se dice que la sostenibilidad de una iniciativa requiere condiciones que permitan que el impulso inicial se mantenga por las consecuencias de ese primer impulso sobre el segundo, y del segundo sobre el siguiente y así sucesivamente. Implica también que la esencia de la iniciativa se mantenga a pesar de los cambios en el ambiente o se sepa amoldar a los mismos, aprovechándolos a su favor. En ese sentido, Monsefú ha sabido vivir su tradición y conservarla no solo por amor a lo suyo, sino porque significa el sustento de numerosas familias. Cada año, la edición central del FEXTICUM convoca a no menos de 60 mil personas por día, con tickets de consumo de 20 soles en promedio por persona, conservadoramente hablando. Eso significa 1.2 millones de soles por día. En promedio, con cifras pre pandemia, se calcula que entre 1 a 1.3 millones de dólares se movieron solamente en la edición central de la Feria 2019 y 2018, gracias a las personas que llegan de visita y consumen al menos un souvenir o un platillo de comida.
Extrapolando estas cifras pre pandemia a las visitas que realizan turistas durante todo el año a Monsefú, estamos hablando de una industria que mueve más de tres millones de dólares por año. Esta industria mueve al departamento de Lambayeque, vitaliza cadenas de productores agropecuarios y pesqueros del Circuito Mochica hasta los dulces de Zaña, pasando incluso por los productos de Cajamarca y Piura. El mercado da espacio para todo. Vivir la monsefuanidad entonces, resulta además de un deber y un orgullo, una actividad que brinda réditos y genera empleo. Este modelo de exposición de cultura ha permitido entonces revalorar lo tradicional y ponerlo en la vitrina como la joya a preservar, no solo por los interesados en la cultura viva, o el gobierno del territorio (Municipalidad), sino también por el sector privado local.
La innovación
Innovar significa brindar algo nuevo. Menudo reto significa brindar algo nuevo cuando se quiere conservar la tradición. ¿Es compatible buscar innovación cuando la sostenibilidad se basa en conservar la tradición? La respuesta es sí, y Monsefú lo ha logrado.
Cada año, la edición central de la feria muestra nuevas y vistosas expresiones de su monsefuanidad. Es decir, la creatividad innovadora se abre paso sobre la base, y en el marco, de lo típico-cultural. Desde 1973 se han presentado nuevas formas de vivir y conmemorar la tradición. Así, por ejemplo, en 1974 nació la elección de la Señorita FEXTICUM, quien representa hasta ahora “el ADN cultural” de Monsefú pues es la poseedora del saber del sabor, del ritmo y nuestras costumbres. En esa línea, cada año se muestran nuevos sabores de Chicha (ya llevamos 92), o se recuerdan jornadas memorables como, por ejemplo, cuando en los noventa se realizó la tortilla de raya más grande del mundo, en una sartén de 5 metros de diámetro construida para la ocasión. Además, destacan otras innovaciones como la presentación en vivo de las costumbres de los antepasados monsefuanos en las jornadas del Señor del Chuspo, que vuelven las miradas a Callanca y a los otros centros poblados y caseríos.
En el marco de la pandemia, la innovación dio paso al nacimiento del Fexticum 2.0 en 2020, en coordinación con las 46 Señoritas FEXTICUM, el Colegio Pestalozzi y un entusiasta equipo de centennials monsefuanos. Ese año se lanzó la Chicha AntiCOVID, el pan antiCOVID y se empezó a aprender de eventos virtuales y concursos en línea, los cuales permitieron conectar a los monsefuanos -y sus invitados virtuales- en todo el mundo. Los monsefuanos conmemoraron juntos su Monsefuanidad en medio de un momento muy duro y que había golpeado a muchas familias. Las compañías de Negritos y Panchitos de Monsefú y Santa Rosa hicieron su aparición virtual en el primer concurso que se llevaba a cabo de manera no presencial. El FEXTICUM fue la primera feria del mundo en hacerse virtual, luego de que se conocía la suspensión de otras ferias en otras partes del país y el extranjero.
Este 2021 no se quedó atrás, y además del inicio de la confección del mantel más grande bordado y panes gigantes con la forma del Libertador San Martín y el Tumi, en honor a nuestro Bicentenario, destacaron los concursos virtuales que enlazaron a los monsefuanos en los cinco continentes en los concursos para elegir al Joque más pintoresco y las mejores oarejas de abuelos y nietos bailando marinera tradicional. Las redes registraron más de un millón de visitas durante la jornada de la edición central del 49° FEXTICUM. Este año, además, consolidó la evolución digital de los restaurantes y picanterías de comida monsefuana en todo el país, quienes reportaron haber cerrado el 28 y 29 con todos sus productos vendidos.
Futuribles del territorio
Tenemos entonces una manifestación cultural que ha sabido insertarse en los circuitos económicos, revitalizándolos. Esta manifestación es un buen ejemplo de cómo crear empleo a partir de la cultura, haciéndola sostenible a partir de su conservación en espacios de innovación permanente.
El FEXTICUM tiene aún muchos desafíos, los cuales significan esfuerzos para poner en orden muchos temas relacionados con la provisión de servicios públicos y el fortalecimiento de sus cadenas productivas y estandarización de servicios, pero esos desafíos claros para todos los monsefuanos son en sí también un capital, porque si bien quedan claros los medios vasos vacíos, quedan en ese momento claro los objetivos comunes por los que deben trabajar todos los monsefuanos y personas que quieran apoyar a Monsefú: El FEXTICUM genera agenda común independientemente de la mirada política, y complementa miradas de distintas disciplinas profesionales, y sobre todo, genera esperanza en que lo nuestro existe y pervivirá, con muchos futuros posibles, con muchos futuribles.
(*) Economista y docente universitario.
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