Podría empezar lamentando la crisis que estamos atravesando a nivel político y judicial, la que se ha dado en todas las épocas y en todos los niveles desde que somos república, -la corrupción- sin embargo, hoy quiero empezar agradeciendo a Dios por la vida y la oportunidad de residir en un país del que festejamos su 197 aniversario de independencia nacional.
Expreso gratitud a toda la legión de peruanos y no peruanos que dieron su tiempo, esfuerzo, dinero y vida, para legarnos la patria que aun no siendo perfecta, es el territorio que nos ampara, en el que realizamos nuestros sueños, cristalizamos nuestros anhelos y construimos familia.
Somos más de 30 millones de peruanos, la mayoría deseamos vivir en un país soberano, capaz de recibir las oportunidades que todos merecemos. Es hora que todos los nacidos en este suelo de insignes compatriotas como Jorge Basadre Grohmann, Raúl Porras Barrenechea, Pablo Andrés Macera Dall”Orso, María Rostworowski Tovar de Diez Canseco, Ricardo Palma, Federico Kauffmann Doig, Julio César Tello Rojas, Ruth Martha Shady Solís, Natalia María Majluf Brahim y otros tantos personajes de los que nos sentimos orgullosos, honremos a nuestro suelo patrio. Llegó la hora que acentuemos la transparencia en cada uno de nuestros actos desde la casa, colegio, universidad, trabajo y en la actitud de cada hecho que tengamos que desarrollar a diario, no es difícil, es cuestión de decisión, cada uno elegimos cómo y qué hacer.
No podemos seguir solo admirando y deseando lo bueno de otros países. Somos nosotros los que tenemos que construir un país digno para nuestras familias, empezando por elegir a los mejores ciudadanos que nos deben representar en todos los niveles donde se toman importantes decisiones, como leyes y ejecución de presupuestos. Esa decisión debe ser sabia de parte de quienes tienen que cuidar los recursos estatales de manera honrada, para que esos dineros lleguen de manera oportuna y real para ejecutar infraestructura que coadyuve a la mejor calidad de vida de todos los peruanos.
No me queda duda y seguiré insistiendo que necesitamos invertir en más educación, no es concebible que a tres años del Bicentenario de la Independencia, no hayamos erradicado el analfabetismo, ese flagelo que tiene en la oscuridad a miles de peruanos que son fáciles de manipular para la toma de decisiones de todo aspecto, es inaceptable que miles de personas no cuenten con los servicios básicos de agua, alcantarillado, luz, parques, mercados, hospitales y mucho más.
No podemos seguir año a año lamentando la muerte de niños por el friaje, de seguir pidiendo la solidaridad de los peruanos para llevar abrigo, alimento y medicamentos a las personas de las zonas altoandinas. ¿Qué han hecho por ellos el estado, o los funcionarios que aplican metas para acabar con la pobreza y desnutrición?, no me queda duda que muchos burócratas no vieron más allá de sus narices, no se ha manejado los presupuestos anuales en función de las urgentes necesidades de los más pobres. ¿A nadie se le ocurrió pensar en estos peruanos de este y otros problemas que por largos años o períodos atraviesan donde de manera constante se pierden vidas humanas de manera irresponsable?.
Con todo lo que estamos viviendo, los peruanos de buena voluntad que somos la mayoría determinemos nuestro cambio, camino a la dignidad, para así acabar con la pobreza, desigualdad y asegurar que la salud y educación integral deben ser derechos fundamentales sin concesión. Es hora que nuestra lucha se dirija a fomentar el conocimiento, desarrollar una economía fuerte, y transformadora para lograr un país sostenible.
A tres años del Bicentenario de la Independencia Nacional, muestro mi orgullo por los logros de los peruanos y peruanas que no se amilanan ante la crisis judicial, económica y política, ellos siguen adelante dando lo mejor en el cuidado de nuestro medio ambiente, agricultura, agroindustria, pesquería, gastronomía, manufactura, pequeña y media empresa y tantas, tantas otras actividades que aportan al desarrollo socioeconómico del país.
Por lo que es importante destacar la labor de investigación de médicos, maestros, estudiantes como el ejemplo del COAR, de deportistas, ingenieros, economistas, periodistas, fotógrafos, enfermeras, arquitectos, administradores en negocios internacionales, con grandes logros en Lambayeque y diferentes lugares de nuestro país.
Hay mucho por reír, abrazarnos, felicitarnos, por contagiarnos de ejemplos, Perú es más grande que todos sus problemas. Tenemos en Lambayeque lugres hermosos por conocer, visitar y recomendar, mucho por aprender. En nuestros Museos por ejemplo, hay tanta lección ancestral del que tenemos que conocer como nuestro Museo Tumbas Reales de Sipán, con Walter Alva Alva, el Museo Bruning con Carlos Wester La Torre, el Museo de Sitio de Túcume con Bernarda Delgado Elías, Museo Sicán con Carlos Elera Arévalo, nuestros distritos pesqueros como Pimentel, Santa Rosa, San José, Puerto Eten, Ciudad Eten con el Divino Niño del Milagro, reconocida como la Tercera Ciudad Turística del Mundo, o Monsefú por la laboriosidad artesanal de las mujeres de la llamada “Ciudad de las Flores” y del Fexticum y también el distrito de Motupe, visitado por peruanos y extranjeros en la festividad católica de la Santísima Cruz de Chalpón, este año conmemora sus 150 años de descubrimiento.
En Lambayeque se encuentra la mejor gastronomía del país, aquí se degusta los lunes el espesado y ceviche de caballa, plato único lambayecano, alimento ancestral de los mochicas, las tortitas de choclo a base de maíz, parte del menú que consumieron los incas, se bebe la chicha de jora, de pata de toro y de todas las frutas y verduras capaz de hacer bailar la mejor marinera de los Mochicas, del recordado señor Nicolás Seclén.
En estos 197 años de Independencia Nacional, empino mi brazo para brindar con todos nuestros lectores de Lambayeque y sus distritos de San José, Mochumi, Túcume, Pacora, Illimo, Jayanca, Motupe y Olmos, con los habitantes de Ferreñafe y sus distritos de Pueblo Nuevo, Pitipo, Incahuasi y Cañaris, así como con los lugareños de Chiclayo y sus distritos de Pimentel, Santa Rosa, Etén, Puerto Etén, Monsefú, Zaña, Lagunas, Cayalti, Pomalca, Tumán, Pucalá, Nueva Arica, Chongoyape, José Leonardo Ortiz y La Victoria, deseando que cada uno de sus proyectos se hagan realidad, aspiro que estos lugares sean ejemplo de desarrollo, bienestar, practica de valores y que viven orgullosos de sus raíces y puedan promover con unión el turismo interno, exponiendo sus potencialidades turísticas, gastronómicas, de producción, como distritos y provincias que generen empleo, por ello es que el liderazgo de sus mejores hombres y mujeres debe ponerse en práctica sin plazo que se aplace, debe ser urgente.
En la persona de Walter Edgardo Pena Meza, estudiante del quinto año de educación secundaria del Colegio de Alto Rendimiento –COAR- Lambayeque, quien acaba de ganar el premio especial Henrique Nicolini al haber participado de la XVI° Edición del Concurso Gráfico internacional “Panathlon International – Fundación Chiesa”, quien viajará a Italia en Octubre próximo para recibir el galardón que enorgullece a los lambayecanos y creo a todos los peruanos, felicito también a los amigos y seguidores de las Redes Sociales, en esta fecha especial para los peruanos.
El ejemplo de Peña Meza es una muestra de cómo debemos jugarnos a nosotros mismos y al Perú, de manera limpia y lo lograremos si tenemos actitud de triunfadores, de honestos, de ciudadanos de bien y de mejores seres humanos.
¡Feliz 197 aniversario patrio!
El arte es un aspecto importante para un país, porque permite educar a las personas y la construcción de una sociedad de buena convivencia. Esa es precisamente la tarea que hace más de veinte años promueve PeñArt, espacio que congrega a los artistas y amantes de la cultura, quienes mantienen vivo el soplo creativo de la galería, única de su tipo en Lambayeque.
La iniciativa nació con una pequeña marquetería ubicada en una vieja casona en la cuadra seis de la calle Juan Cuglievan. Allí, entre cuadros, lienzos y maderas, Justino Peña Flores, empezó a idear el ambicioso proyecto de darle a la ciudad un espacio en el que no solo sea posible exhibir obras de arte, sino también reunir a los ejecutores de diversas técnicas y generar un espacio de formación para niños, jóvenes y adultos.
La familia paterna de Peña Flores le inculcó la pasión por la marquetería y el asesoramiento especializado para la decoración de ambientes, disciplina en la que poco a poco la galería ha empezado a incursionar, ofreciendo aún más ventajas y opciones a los amantes de la cultura y el arte.
Actualmente la galería cuenta con un equipo especializado para la decoración de interiores, que ayudan a los clientes a reconocer el carácter técnico de un marco importado o nacional, a fin de mantener la armonía con los colores y los muebles.
“PeñArt es una galería de arte que engloba aspectos muy importantes en lo que es la difusión de la cultura. Somos la única galería de arte contemporáneo en la región Lambayeque. Iniciamos este largo camino, este largo proceso, no solamente de ofrecerle al público lambayecano arte contemporáneo, sino también involucrarnos en el día a día y caminar junto a los artistas de esta parte del país, difundiendo más cultura a través de conversatorios y conferencias”, comenta Roger Cevallos Guerrero, representante y docente de la galería.
Fue con las ganas y el esfuerzo de Peña Flores que se sentaron las bases de un moderno y amplio local que se adecúa al objetivo que desde siempre persiguió el maestro ebanista.
“Este proyecto nació en un local pequeño, pero con muchas ganas de difundir y generar sensibilidad por el arte. Nació como una marquetería y con esfuerzo propio empezamos a hacer camino. Ahora, PeñaArt es un punto concéntrico el cual gira para que los artistas y personas interesadas puedan visitarnos incluso de diferentes ciudades. Estamos a la par con Trujillo y Piura y nos sentimos orgullosos de que nuestro público nos haya visto surgir desde un local pequeño en infraestructura pero siempre con nuestras ganas de salir adelante en la demostración del talento regional”, manifiesta.
LA MARQUETERÍA
En la parte técnica referida a los marcos, PeñArt ha evolucionado considerablemente. Además de los elaborados a mano, también trabaja con marcos nacionales e importados.
“Son marcos finos que adecuan a los diferentes tipos de trabajo y van de acuerdo a la visión que se debe tener en la decoración de los espacios. Es un trabajo muy minucioso y paciente, que desarrollamos paso a paso, puliéndonos bastantes, de tal manera que nuestro cliente quede satisfecho”, indica.
La marquetería trabaja con las técnicas paspartú, directo y de estilo colonial. La parte técnica de los marcos es en lo que más evolucionaron con el pasar de los años.
CUNA DE ARTISTAS
La enseñanza es una de las ramas de acción de la galería. Semana a semana niños, jóvenes e incluso adultos acuden al local para recibir clases y aprender el manejo de las diferentes técnicas de dibujo y pintura.
Lo interesante de este aporte es que permite a los participantes aproximarse a la valoración del entorno, sobre todo del paisaje y las estampas tradicionales de Lambayeque, formando en ellos rasgos de identidad y amor por lo propio.
“Los acercamos a las artes plásticas, enseñándoles diferentes técnicas, desde acrílicos, óleo pastel, témperas y óleos sobre lienzo, introduciéndolos al uso de materiales profesionales”, indica Cevallos Guerrero.
Los fines de semana acuden a la galería entre ocho y diez niños, así como 15 adultos interesados en aprender las técnicas de pintura.
“En el arte hay que ir al corazón de la naturaleza. La belleza paisajística, sobre todo en el norte y, en especial, en Lambayeque, es muy influyente para incentivar la valoración artística en los niños, porque estos están en la etapa más sensible para aprender y captar más las vibraciones del color, los espacios diversos que el entorno ofrece”, señala.
“El paisaje y el artista forman un binomio y esto inspira grandes pinturas. Esto buscamos constantemente transmitir en nuestros talleres para que los potenciales artistas sientan esa conexión con los panoramas norteños y así puedan ilustrarlos pictóricamente”, añade Cevallos Guerrero, quien junto al artista Manuel Litano Vásquez se encargan de dictar las clases en la galería.
El equipo técnico y profesional de PeñArt lo integran 13 personas.
SATISFACCIONES
La renovación de la vieja casa que albergaba a la marquetería es uno de los mayores logros de la familia de PeñArt, pues de dos espacios que antes tenían para el desarrollo de sus actividades ahora cuentan con una sala de exposiciones, ambientes para las clases y otros para el funcionamiento de los talleres.
“La mayoría de artistas y clientes nos conocieron en un local pequeñito en cuanto a infraestructura, pero nuestro corazón y nuestras ganas de salir adelante con el arte siempre fueron grandes. Nos trazamos metas por cumplir y aún tenemos varias por realizar”, refiere Roger Cevallos.
La actividad central de la familia es la marquetería y en el tiempo se ha hecho más sólida su voluntad de promover las actividades artísticas en sus diferentes manifestaciones.
“Nos satisface y regocija mucho saber del aporte que podemos dar a la promoción cultural en el departamento. Somos una familia vinculada al arte y tenemos una vocación y sensibilidad especial para desarrollarnos en un ambiente en el que muchas veces hay piedras, pues hay quienes piensan que apostar por el arte es una locura. Nos hemos involucrado de lleno. Creo que toda la sociedad debe entender que el arte es un aspecto importante para todo pueblo, con este se puede llegar muy lejos y lograr una sociedad más justa y de convivencia”, refiere Roger Cevallos.
APORTE A LA SOCIEDAD
PeñArt realiza muestras colectivas y ha logrado que los artistas locales se concentren en su local para exhibir sus obras, participar de recitales de décimas o poesía y de conversatorios. Esto responde a su política permanente de convocar a más personas y cultores para que puedan demostrar sus talentos y ser parte del proyecto cultural que desarrollan.
Los responsables de la galería consideran que para fortalecer la corriente artística local, más gente debe involucrarse con el arte, debido a que no es suficiente lo que la población consume.
“Hemos realizado muestras colectivas y logrado que los artistas se concentren en torno a la galería. Seguimos convocando a gente joven que tiene inquietudes para que siga apersonándose y participando junto a nosotros. Como galería de arte contemporáneo somos un punto de encuentro y procuramos ir a la par de lo que se hace en Trujillo, Piura y Lima”, refiere.
“Pensamos que Chiclayo debe tener más espacios como este. Nosotros hemos puesto este grano de arena y esperamos que más personas que estén ligadas al mundo del arte se involucren, como también aquellas personas que deseen apostar por este rubro. Nuestra sociedad necesita que el arte del norte, que es que cuna de grandes exponentes desde tiempos inmemorables, sea más valorado por la población. Por eso es que nosotros invocamos a quienes deseen emprender en este mundo lo hagan, porque es muy rico conocer todo lo que puede ofrecer”, remarca Cevallos Guerrero.
Ernesto López Mindreau es, hasta hoy, el máximo exponente de la música académica en Lambayeque. Su formación y su producción artística lo ubicaron como uno de los más reconocidos concertistas del país, aunque su obra fue más conocida en el extranjero que en el Perú. Ahora, sus herederos son los alumnos y maestros de la Escuela Superior que lleva su nombre, quienes se han abocado al estudio de la música y a la recuperación de la identidad local a través de esta.
De López Mindreau, una de las piezas más conocidas en el país es “Marinera y tondero”, ejecutada por las principales orquestas sinfónicas de la república como parte del repertorio nacional. A la larga lista de sus creaciones se suman otras piezas como “Fantasía para piano y orquesta”, que fue estrenada precisamente a su regreso al Perú, luego de estudiar becado en Alemania.
El compositor chiclayano nació en 1892, siendo introducido en el mundo de la música por su padre, don Christian C. López. Posteriormente, a los 18 años de edad, se trasladó a Trujillo y luego a Lima, donde se preparó con los maestros Federico Gerdes y José María Valle Riestra.
Ya para 1919, López Mindreau se desempeñaba como profesor de piano en el Conservatorio de Panamá, país donde dio nacimiento a una academia de música. Llegó a los Estados Unidos para codearse con Sergei Rachamaninoff y Zygmunt Stojowski, hasta que el gobierno peruano lo envió a Alemania para estudiar en la Hochschule für Musik, donde siguió piano de la mano de Xavier Scharwenka y composición y orquestación con Hugo Leichtentritt. En 1921 ofreció su primer concierto de piano en la Blüthner Saal.
En su trayectoria se cuentan otros pasajes como su viaje a París para estudiar violín y canto, realizando presentaciones en la Sala Gaveau. Fue en Francia, en los ambientes de la Asociation París Amérique Latine donde presentó fragmentos de su ópera Nueva Castilla. En 1928 se asentó de manera definitiva en el Perú.
Ya en suelo patrio su producción fue igual de importante. En 1930 estrenó la obertura “Choquehuanca”, que resultó premiada, y en 1931 obtuvo una mención del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela. Recibió dos veces el Premio de Fomento a la Cultura “Luis Duncker Lavalle”, en 1951 y 1966, y en 1961 el Ministerio de Educación le concedió las Palmas Magisteriales en el grado de Comendador.
También ocupó la dirección de la Escuela Regional de Música de Piura y hasta los últimos días estuvo trabajando en la producción de música vinculada a los movimientos que caracterizaron su obra: el modernismo y el nacionalismo. Se influenció de la música andina y de los ritmos de la costa norte, dotándolos de un gran nivel académico.
LA ESCUELA SUPERIOR
La Escuela Superior de Música “Ernesto López Mindreau” tiene 55 años de vida institucional, siendo la primera y la única de su tipo en el departamento, teniendo como objetivo la revaloración de la música local.
“Empezó siendo una academia particular, constituida por personas que no imaginaron que en el tiempo esta se convertiría en una institución estatal. Primero se llamó Academia Alcedo, luego Escuela Regional de Música, después se anexó al Ministerio de Educación y desde el 2014 se incorporó a la nueva Ley Universitaria, contando con el permiso correspondiente de la SUNEDU para emitir títulos a nombre de Nación en el grado de Licenciado, tal como lo ofrece cualquier otra universidad”, comenta Eriberto Flores Ramos, director de la escuela.
La institución cuenta actualmente con 253 alumnos, distribuidos en dos turnos en las dos carreras formativas que ofrece la escuela: músico profesional y licenciado en Educación Artística, en la que se forman futuros docentes.
Flores Ramos refiere que uno de los principales escollos a los que debe hacer frente la escuela es la falta de promoción de las actividades artística y el reducido mercado que existe en la localidad para que los futuros artistas encuentren espacios de desarrollo profesional.
“El arte no es tanto distracción, es importante saber que a través de la música se logran beneficios cognitivos, afectivos y sensoriales, que ayudan al desarrollo del individuo”, menciona.
La música popular
Siendo Lambayeque cuna de destacados autores y compositores de música popular costeña, la orientación de la Escuela “Ernesto López Mindreau” es la de trabajar los aspectos culturales e identitarios como ejes trasversales de la formación de los estudiantes, dado que la formación que esta ofrece es académica y siguiendo los cánones profesionales.
“Los estudiantes llegan con su propia herencia musical y lo que nosotros procuramos es que la perfeccionen y esta sirva de complemento a la formación académica que aquí reciben. Estamos realizando proyecciones a la comunidad para mostrar el repertorio local. Por ejemplo, por primera vez el Ministerio de Educación nos ha apoyado para ofrecer un concierto de música lambayecana en un centro comercial de la ciudad y también estamos desarrollando un concurso interno de música local, a fin de revalorarla desde el punto de vista académico”, destaca.
Flores Ramos señala que una preocupación permanente de la escuela es el desplazamiento que los géneros locales sufren por ritmos foráneos y que desnaturalizan la identidad musical de Lambayeque.
“Lamentablemente no tenemos apoyo del Estado que nos permita tener un programa permanente para la difusión de la música lambayecana. La población consume más la música comercial, mientras que la música académica, que es la que nosotros promovemos, casi no tiene mercado. Por esta razón, como parte de las prácticas profesionales, nuestros estudiantes están llegando a los colegios con el propósito de sentar las bases para que los niños y jóvenes puedan aprender a escuchar música académica. Es una suerte de aprestamiento de percepción auditiva”, refiere.
PREPARACIÓN Y ESTUDIOS
El director comenta que con la incorporación de la Escuela Superior de Música al régimen de la Ley N° 30220, Ley Universitaria, empezó a generarse mayor expectativa entre los jóvenes para iniciar una carrera formativa vinculada al arte. Antes, el interés era mínimo.
“Se ha empezado a ver la música no como una carrera técnica, sino como una profesión. La oferta del rango universitario nos ha permitido mayor demanda en el proceso de admisión. Para ello, nosotros tenemos que preparar a los alumnos antes de su postulación de ingreso, debido a que en la educación básica no se brinda formación elemental musical. ¿Qué hacemos? Dictamos cursos de preparación en el verano para que los participantes puedan ingresar al nivel superior”, detalla.
Por estas consideraciones, Eriberto Flores sostiene que es necesario que tanto el Gobierno Regional de Lambayeque como la Gerencia Regional de Educación se interesen por el fomento de la cultura musical artística, a fin de promover en los escolares apego a la música tradicional y autóctona, como base para su posterior formación en la música académica.
Las Escuelas de Formación Artística, como la López Mindreau, se diferencian de los institutos y universidades por la metodología que aplican, currículo, plan de estudios e incluso organización interna. A nivel nacional hay 33. Esta particularidad las exceptúa del proceso de licenciamiento que actualmente desarrolla la SUNEDU, aun cuando se encuentran bajo el régimen de la Ley N° 30220.
Sin embargo, a través del Ministerio de Educación se ha iniciado un proceso de evaluación para elevar los estándares de calidad que estas ofrecen, piloto en el que ha sido seleccionada la Escuela Superior de Música de Chiclayo.
“Se nos ha hecho un diagnóstico de cómo estamos trabajando la parte metodológica y de planificación y estamos a la espera de los representantes del Ministerio de Educación que se encargarán de realizar el acompañamiento pedagógico, para luego iniciar la evaluación. Si nuestra institución cumple con los indicadores obtendrá el licenciamiento como escuela artística”, precisa el director.
La asistencia consiste en el apoyo a las actividades de difusión musical, el mejoramiento de instrumentos y la capacitación a un equipo de maestros, quienes viajarán a Arequipa para seguir talleres en la Escuela de Música “Luis Duncker Lavalle”.
“La música nacional se constituye en un elemento motivador, para que el estudiante la desarrolle a lo largo de sus diez ciclos académicos, aplicando la técnica específica de cualquier instrumento, de tal manera que este egresa ejecutando música académica y nacional con alto nivel de preparación”, remarca.
CARENCIAS Y LIMITACIONES
Particularidad de la Escuela de Música es que la totalidad de sus docentes fueron también alumnos, debido a que en el país no existe oferta académica para la especialización en disciplinas musicales o artísticas. Eso sí, la totalidad tiene grado de magíster en educación y uno ostenta el grado de doctor.
“Todos nuestros profesores tienen maestría en educación, pero el lado más débil es que no tenemos capacitación en música, porque ni en Lima existe. Recién en el Conservatorio de Música los profesores se están preocupando de estudiar maestrías. Esa es una debilidad de nuestra plana docente en cuanto a música, porque en el aspecto pedagógico sí estamos bien”, refiere Flores Ramos.
La otra gran deficiencia que tiene la institución es la falta de un local con las condiciones mínimas para el desarrollo de sus actividades académicas y culturales.
El Gobierno Regional de Lambayeque aprobó la asignación de una partida presupuestal de ocho millones 700 mil para la construcción del local de la Escuela Superior de Música en el terreno que desde noviembre del 2016 le pertenece a la institución, ubicado en la segunda etapa de la urbanización Miraflores.
“El problema está en que el proyecto se ha quedado estancado. Ojalá que las próximas autoridades regionales comprendan la importancia de nuestra institución que tiene carácter público y pueda agilizar la ejecución de la obra. Lo que deseamos es que darle a la ciudad un recinto donde puedan realizarse actividades culturales, con un gran auditorio y espacios adecuados para la formación de nuestros estudiantes”, enfatiza Eriberto Ramos.
“Desde el colegio nos enseñan que debemos estudiar para entrar a la universidad, terminar una carrera y conseguir trabajo para tener una vida digna, que no está del todo mal, pero ese modelo convierte a las personas en máquinas orientadas a un solo fin: el dinero. Para contrarrestar esto existen otros enfoques educativos con miras a ser mejores humanos, a pensar en los problemas, tomar acciones y resolverlos”, señala el doctor Julio César Fernández Alvarado, condecorado en el 2017 con las Palmas Magisteriales por contribuir con el desarrollo educativo del país.
De acuerdo con Julio Fernández, vivimos en un momento en el que urge reconocer que las personas tienen mucho que ofrecer. Desde el más pequeño hasta el adulto mayor, por ello se debe animar a los centros educativos a trabajar con un enfoque más participativo, inclusivo y humanitario, que no solo prepare a las personas para superar los retos del presente, sino que contribuya con su crecimiento moral y espiritual.
“Los seres humanos tienen su propia pasión que debe motivarlos a crear un futuro justo y sostenible. Cada vez hay más personas trabajando en proyectos sociales cuyo fin es generar recursos para las futuras generaciones y eso está muy bien. Cada problema es una oportunidad para involucrarse y una manera de encontrar un propósito en el mundo. Esas muestras de humanidad son las que enriquecen no solo a la persona como individuo, sino también a la sociedad”, dice.
LA LABOR DEL DOCENTE
“Un docente tiene una misión especial, pues es él quien debe propagar la idea que las personas no son robots programados para realizar acciones mecánicas. Nosotros somos grandes seres humanos con mucho que ofrecer y hacia ello se debe orientar el trabajo de un educador”, sostiene.
Todo ser humano es creativo, capaz de hacer y participar en la construcción del futuro en el que quiere vivir, anota Julio Fernández, quien agrega que la cualidad de un educador es la honestidad.
“En estos tiempos ser docente no es muy rentable, pero lo bonito de esta profesión es la vocación y la idea de formar a personas que en algún punto mejorarán las cosas para el otro. Entonces, a fin de cumplir con ello, un educador debe ser honesto y su palabra debe tener valor. Nosotros no podemos pedir puntualidad si no somos puntuales. No podemos pedir combatir la corrupción si estamos inmersos en ella”, manifiesta.
Según Julio Fernández, la educación vuelve a las personas más humanas, pues una persona sin educación no entiende muchas cosas, es insensible, totalmente ajena y frívola frente lo que pasa en su país.
MEJORAR
“Dicen que hay que cambiar las cosas. Yo creo que no se trata de cambiar, sino de mejorar. La sociedad no va a cambiar si nosotros no mejoramos primero, mucho menos la sociedad peruana donde prima el egoísmo”, expresa.
Aquí la labor del alumno cobra un rol importante, pues en él debe despertar esa conciencia desde pequeño. Conciencia que debe ir desde arrojar un papel en el tacho de basura, hasta ayudar a un anciano a cruzar una pista, por ejemplo.
“Esas pequeñas acciones generan grandes cambios no solo en el niño que las realiza, sino en las demás personas que lo observan. Aunque no parezca, genera un impacto muy fuerte en los demás. Entonces, si de las 10 personas que lo observan, solo una replica su acto, ya es un gran avance”, señala.
PROBLEMAS
“Mucho podemos hablar de la educación con un enfoque participativo y de la apertura hacia los demás, pero poco se hace y ese es el problema. A nivel de educación, el Perú tiene ciertas falencias y aunque existen mejores condiciones que hace unos años atrás, las medidas adoptadas no son suficientes”, manifiesta.
En cuanto a la educación básica regular existen deficiencias a nivel de contenidos, pues cada vez hay menos temas relacionados con la historia o el turismo. Refiere que en el nuevo Plan Curricular Nacional se debe incluir a la interculturalidad y la identidad como cursos, no como temas tratados de manera ligera, pues se debe buscar que el ciudadano tenga una base sólida de sus raíces y su cultura.
“Otro aspecto es que los docentes que laboran en escuelas altoandinas, por ejemplo, no tienen las condiciones o los permisos para capacitarse. Entonces, al no hacerlo no tienen la capacidad necesaria para brindar una buena educación a un niño. Ahora, tanto en la sierra como en el oriente no todos son profesores titulados, sino que se han hecho ahí. En los lugares alejados ser policía, ser profesor, hasta gobernador de la comunidad edil da un ingreso mensual y mayormente en esos lugares se escoge al que, por lo menos, tiene secundaria completa”, explica.
En cuanto a las políticas educativas con enfoque de género, el catedrático sostiene que ciertos países desarrollados siguen esta línea. Sin embargo, el Perú no está preparado para esta tendencia.
“Recordemos que el Ministerio de Educación suspendió la implementación de este aspecto en el Currículo Nacional de Educación Básica. Yo no estoy de acuerdo con que se implemente, pero reconozco su importancia, contribuye a que los niños reconozcan sus derechos, a prevenir la violencia y a relacionarse de manera respetuosa”, indica.
ENSEÑAR A TRAVÉS DE LA CULTURA
Entre las dificultades tanto visibles como invisibles con las que se enfrenta un docente al momento de enseñar destacan la cantidad de saberes, valores, formas de hacer y vivir que el alumno debe aprender.
“Estas son cuestiones que poco se abordan como tales en los espacios educativos y, lo que es peor, no se les otorga la importancia que merecen. También sucede que en muchos casos la actitud del alumno, ante una cultura ajena a la suya, es indiferente”, indica.
Agrega que como peruano todos los días escucha críticas, comentarios negativos y que todo anda mal en el país, por ello vía redes sociales tiene dos espacios: uno titulado ‘Recordemos esta fecha’, en el que cada semana realiza un resumen de una fecha emblemática de la macroregión norte del Perú.
El otro espacio se llama ‘Un chiclayano sabe’, en el que lanza post para que las personas conozcan acerca de su historia de manera positiva y constructiva.
“La educación y la cultura son herramientas poderosas, por ello se debe enseñar desde esa perspectiva. Si el Perú es amplio y megadiverso se deben fortalecer los lazos entre la educación y la diversidad cultural. Ello incluye planes de estudio y de capacitación a los docentes, la participación y comprensión de la cultura local, así como de la ajena y el respeto hacia las diferencias”, dice.
EDUCACIÓN DEMOCRÁTICA E INCLUSIVA
“Es imperativo reflexionar si en el Perú la naturaleza de la pedagogía es democrática. Una educación democrática forja virtudes morales y políticas expresadas en el accionar del ciudadano y su aporte en la sociedad. Pero, ¿realmente tenemos eso?”, anota.
La educación democrática es aquella que brinda a los estudiantes elementos para formar en ellos un sentido de comunidad que no solo se basa en coexistir en el mismo territorio, sino en la conciencia de compartir una historia común.
“Es algo complejo porque no solo es cuestión de líneas políticas. Si comparamos nuestra educación con la de Argentina, Chile o Ecuador existe un abismo terrible. La inversión que hace el Perú en educación es poca. Hay necesidad de invertir no solo dinero, sino también tiempo; es decir, más horas de estudio”, sugiere.
De acuerdo con Julio Fernández, en el país se habla de innovación y emprendedorismo, pero estos aspectos no se desarrollarán al punto de generar grandes impactos si no se trabaja en una educación más tecnológica, que es el complemento necesario.
El docente menciona que urgen más laboratorios, pues no se puede propiciar el emprendedorismo o la innovación si no se dan las condiciones mínimas en las instituciones educativas. Las comunidades altoandinas, por ejemplo, carecen de una buena educación, carecen de infraestructura y tecnología, pero no es imposible mejorar su panorama.
“Es necesario realizar una educación tecnológica en la zona rural. Si las actividades económicas que ahí se realizan son la agricultura, la ganadería o la apicultura, entonces lo que necesitan son cocinas técnicas, por ejemplo. Creo que esto no solo es cuestión del Estado, cualquier persona puede proponer un proyecto y con ayuda de instituciones generar oportunidades en estas zonas del Perú”, expone.
Añade que también se debe trabajar en base a la interdisciplinariedad, la cual acerca la complejidad de las matemáticas y de las otras ramas a la vida cotidiana para hacerlas más comprensible y amigable.
“Mientras existan situaciones de desigualdad, falta de oportunidades y acceso a la educación habrá terrorismo, narcoterrorismo y otros problemas que enfrenta el país en los que niños están inmiscuidos. Eso sucede porque no hay posibilidades de desarrollo y lo único que les queda es estar dentro de la droga o realizar trabajos forzados o en su defecto entrar a la subversión, porque ello les da lo que el Estado no”, finaliza.
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Cuando llegaron las poblaciones africanas a la costa del Perú, en la época colonial, también lo hicieron sus tradiciones musicales. Bailes como la marinera, el festejo, el landó y el tondero constituyen las manifestaciones de identidad del país y son el resultado del mestizaje entre los descendientes negros con la población criolla a través del tiempo. Esta cultura rica en tradiciones, bailes y rituales aún se conserva por el trabajo de las agrupaciones artísticas que expresan el folclor afroperuano.
Ejemplo de ello es el Grupo de Arte Herencias, que hace 23 años es embajador de la música negra, las danzas y las décimas. Herencias fue fundado el 13 de febrero de 1995 por Iván Santa María Saavedra, profesor de música y danzas folclóricas afroperuanas.
Él inició como bailarín y percusionista afro desde 1989, al concluir la etapa escolar. Desde entonces integró el Taller de Estudios Artísticos - TEA, una agrupación conformada por un elenco de música, danzas y poesía.
“Posteriormente, en 1995, algunos amigos y yo formamos Herencias. Al inicio solo lo integramos seis personas: cuatro danzantes, yo en el cajón y un ejecutor de bongó. Ahora somos cerca de 25 artistas, entre niños, jóvenes y adultos", cuenta Iván Santa María.
EVOLUCIÓN
El artista menciona que como toda agrupación joven tenían dificultades porque no contaban con el vestuario necesario y eran pocos integrantes para gestionar ingresos económicos.
"De a pocos aprendí a dirigir al grupo y conforme avanzamos adquirimos la experiencia necesaria para hoy presentar números artísticos de calidad. Esa labor requiere entrega, disciplina y constancia. Actualmente interpretamos danzas afroperuanas, música criolla y poesía, haciendo hincapié en la décima. Las danzas que más desarrollamos son el festejo, la zamacueca, el landó, el alcatraz y en cuanto a percusión tenemos dos secuencias de cajones”, detalla.
Iván Santa María señala que una de las secuencias se llama ‘Fantasía criolla’, donde el patrón rítmico es el festejo. En esta destacan el cajón, la cajita, la quijada y el checo.
La segunda secuencia tiene por nombre ‘Terror’ y surge ante la disyuntiva entre el halloween y la canción criolla. Esta secuencia es exclusivamente de cajones con un pequeño fragmento de hip hop. Aquí los músicos inician tocando el cajón cubiertos con una mascarilla, posteriormente se incorpora el hip hop con una coreografía, mientras otro grupo sigue el ritmo con ligeros golpes de cajón.
EL APORTE AFRO A LA CULTURA
“Hablar de afroperuanidad es remitirnos a la llegada de los primeros africanos traídos por los conquistadores españoles a la zona costera del Perú y aunque su historia esté marcada por la esclavitud, lograron atravesar las adversidades con sus manifestaciones culturales que actualmente corren por las venas de la propia identidad nacional”, dice Iván Santa María.
Dentro de Lambayeque destaca Zaña, lugar donde se encuentran comunidades afrodescendientes que realizaron, dice el artista, grandes aportes a la cultura en la cocina, la música, la religiosidad y la literatura.
“Antiguamente los esclavos negros preparaban comidas a base de menudencias y entre los platos tradicionales encontramos los anticuchos, la sangrecita, y la chanfainita. Asimismo, en la zona de Chincha un plato bandera es la carapulcra. En Lima el plato típico que destaca es el tacu tacu, esa riquísima tortilla gruesa de frijoles y arroz frito en la sartén que cautiva todos los paladares”, menciona.
Iván Santa María agrega que la población afrodescendiente estuvo ligada a la elaboración dulcera y muchos de los postres que hoy poseemos provienen de Chincha y Zaña.
“Hasta la fecha destaca el frejol colado, postre de manos afroperuanas originario de Chincha y Cañete. También está el turrón de Doña Pepa, dulce tradicional que acompaña la festividad de El Señor de los Milagros que data desde el año 1800”, informa.
En cuanto a la música, una de las características principales de la danza afroperuana es el lenguaje rítmico. Géneros musicales como amor fino, el canto de jarana, la copla, incluso las décimas son parte del folclor negro típico que llena de orgullo a la nación.
“La música afroperuana es un arte popular. Por ello, los instrumentos que le dan ‘ritmo, color y sabor’ merecen reconocimiento. En primer lugar tenemos al cajón peruano que fue prohibido en la época de la esclavitud por considerarlo como pagano. En el 2007 fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación y desde esa fecha se lleva a cabo el Festival Internacional del Cajón. También está el checo, un instrumento a base de calabaza que se toca para acompañar el baile tierra en Zaña, de igual manera para el landó y el festejo”, expresa.
Asimismo, destaca la cajita afroperuana, declarada Patrimonio Cultural el 28 de diciembre del 2007. La quijada de burro constituye otro elemento de percusión.
EL BAILE TIERRA
El baile tierra es considerado como antecesor del tondero y la marinera y tiene como su principal elemento al checo. Este género musical apareció en Zaña y su principal característica es el frenetismo y la velocidad.
“Zaña es un importante espacio afrodescendiente reconocido como ‘Sitio de la Memoria y Herencia Cultural Africana’. Además, en el 2015 el Ministerio de Cultura reconoció al lugar como Repositorio Vivo de la Memoria Colectiva por albergar el recuerdo vivo de la esclavitud”, informa.
El baile tierra es un patrimonio cultural que hace poco se ha incorporado al reportorio artístico de Herencias. Esta manifestación artística estuvo vigente hasta finales de los años 70, pero por falta de documentación no se supo nada de él.
“Existe una referencia del baile tierra anterior a la marinera y al tondero. En los videos realizados por el Museo Afroperuano de Zaña con los pobladores más viejos de la localidad se observa que la danza tiene alguna similitud a la marinera y al tondero en ciertos pasos”, detalla.
El artista cuenta que el baile tierra tiene una estructura similar a la del tondero, pero solo en algunas partes. El tondero está estructurado por la glosa, el dulce y la fuga. En la primera parte se da el galanteo de la pareja, en la segunda es el acercamiento y en la tercera el zapateo, la parte más alegre y vivaz. En cambio, el baile tierra pasa automáticamente de la primera parte a la tercera.
EL CAJÓN PERUANO
“El cajón nació como una necesidad expresiva. Los esclavos al ser traídos de África fueron vendidos en Perú y tenían la prohibición expresa de tocar tambores. Esta restricción obligó a los afrodescendientes a buscar maneras de expresarse y animarse: las cajas rústicas de madera, los trozos huecos de calabazones o cuanto artefacto que pudiera percutirse fue una buena opción, forjándose así dicho instrumento”, cuenta.
El cajón nace para la música negra. A principios de la década del 50 se incorpora a la marinera, tondero, el golpe áureo y de manera incipientemente al vals en la década de los 60.
En la década de los 70 el cajón se difunde ampliamente entre grupos de folclor negro de la época y más tarde el cajón brilla como un instrumento necesario en toda manifestación criolla, alcanza su apogeo en las épocas de ‘Arturo Zambo Cavero’ y aún no pierde vigencia.
“El ritmo negro tiene sabor, tiene esa energía que hace vibrar a todas las personas no solo por sus movimientos, sino también por el golpe del cajón y las voces vivaces que lo acompañan”, señala.
El arte en todo lugar
La agrupación ha participado en diversas actividades y encuentros culturales a nivel regional y nacional.
"Hemos viajado a Cajamarca, Rioja, Moyobamba, Talara, Huancayo y tuvimos dos salidas al extranjero en las que participamos en dos festivales internacionales realizados en la ciudad de Guayaquil - Ecuador, en el 2004 y en el 2006", comenta.
Santa María Saavedra cuenta que muchas han sido las anécdotas que ha vivido Herencias en todas sus presentaciones.
"Una vez fuimos a un festival de danzas en Guayaquil y por el apuro y los nervios olvidamos nuestra bandera. Cuando llegó el momento del desfile todas las delegaciones de los países que participaron tenían la suya, pero Perú no. Ahí los organizadores optaron porque la primera noche ninguna de las delegaciones presentes desfilara con su emblema nacional”, relata.
Agrega que ese día Gonzalo Freire, un amigo que dirige la Compañía de Danzas Freire de Guayaquil le dijo que el Perú es su segunda patria y que le confeccionaría una bandera.
“En la siguiente noche desfilamos con nuestra bandera. Eso fue para mí muy bonito, incluso estuve a punto de llorar. Todos estos años inmerso en el arte me dejan recuerdos muy bonitos. No hay nada mejor que representar al país, el arte es algo sublime que dignifica al hombre”, anota.
Peruanidad
“La danza es importante en la formación del ser humano porque lo sensibiliza, lo hace tolerante. Cuando yo conocí el folclor quería ser negro. Cuando entendí la marinera, la zamacueca y los otros ritmos tradicionales de Lambayeque, la transmisión oral y muchos otros aspectos me sentí orgulloso de tener sangre chola, negra, y serrana”, dice.
Sostiene que ese sentimiento intenta transmitirle a sus alumnos. “Perú posee una identidad riquísima, pero siempre esperamos que un extranjero la cultive para darle el valor que merece, tal como sucedió con el cajón”, reflexiona.
“Lambayeque tiene mucha historia y muchos aspectos por los que sentirse orgulloso. El ritmo negro expresado en su música, en sus danzas y en sus comidas son una parte de un todo, una parte de ese sentimiento llamado peruanidad”, finaliza.
En nuestro país se tropieza de escándalo en escándalo por los actos de corrupción de los distintos sectores, pero principalmente de la clase política y jurídica: Presidentes, congresistas junto a magistrados, jueces y fiscales, sin dejar de lado a empresarios y militares, han hecho del latrocinio su modo de vivir, su modus operandi delincuencial.
Muchas veces los términos principios, valores y virtudes suelen ser usados cotidianamente como sinónimos, no lo son aunque tengan alguna relación: la vivencia ética.
En el ámbito de las acciones humanas, los principios son normas orientadoras del vivir, cuando, por ejemplo, alguien afirma: “Debo de ser justo” denotando más una intención que una acción. Por su parte, los valores son cualidades que dan sentido a los principios “vale ser justo” o “la justicia es valiosa”. Tanto los principios como los valores quedan en el plano del conocer, en cambio, las virtudes necesitan realizarse, pues es la puesta en práctica de los principios y valores.
Un mal juez o magistrado sabe en principio que debe ser justo. Sin embargo, por coima, decide sentenciar injustamente. De igual manera ‘sabe’ que la justicia es un valor que le compete directamente, pero hace caso omiso de sus exigencias. Tanto la mala autoridad como cualquier delincuente conocen de qué manera actuar el bien, saben de principios y de valores, pero no los tienen porque no los viven, es decir les falta ponerlos en práctica, les falta ser virtuosos.
De nuestro país puede decirse que se encuentra en crisis política e institucional de corrupción no por falta de principios y valores, sino de virtudes, de poner en práctica tanto las personales como la honestidad, la veracidad, la lealtad, y las sociales como la justicia y la solidaridad, por poner algunos ejemplos.
PRINCIPIOS, VALORES Y VIRTUDES DEL PERUANO
Escribí en el libro “Prolegómenos para una nueva peruanidad” (2015) que cuando los españoles vinieron al nuevo mundo escuchaban de los indígenas que más al sur había un territorio con abundancia de riqueza y bienestar, narraciones que los deslumbraban y llenaba de codicia y audacia, confirmándose con la escena de la Isla del Gallo: ‘… por acá se va hacia el sur a ser ricos’.
Tanto los propios habitantes de otras zonas de nuestra América como los europeos admiraban ancestralmente este territorio, y no carecían de razón, pues los descubrimientos arqueológicos de nuestras culturas pre incásicas, diseminadas por todo nuestro país, revelan sus expresiones de riqueza material y cultural que siguen deslumbrando a propios y extraños. Todas demuestran asombrosas habilidades cognoscitivas aplicadas.
De acá se infiere que desde nuestros antepasados pre incásicos y pre hispánicos, la riqueza de nuestra creatividad es una constante. Un valor del peruano es ser creativo, pero una creatividad sin educación integral puede desviarse hacia la ‘viveza criolla’, de la que tanto se hace gala perniciosamente en el diario vivir.
Un valor muy nuestro es la solidaria laboriosidad. El peruano es solidario, el mancomunado trabajo ancestral de la mita, la minka y el ayni nos lo demuestran antaño, como hoy cotidianamente ‘las polladas’ o ‘las juntas’. Pero la solidaria laboriosidad sin educación puede trastocarse en ‘argollas’, ‘coimas’ y ‘diezmos’, generadoras de corrupción institucionalizada por doquier.
Quedan otros muchos valores, pero quiero mencionar acá nuestra fe y esperanza. El peruano cree, confía y espera en Dios, sintetizando aún en la desacralización de hoy, lo más íntimo de la humanidad, aunque no lo acepte y reconozca muchas veces: la aspiración de trascendencia. El papa Francisco nos pidió en su visita a nuestro país que no permitamos que nos roben la esperanza, reconociendo nuestra identidad comunitaria y espiritual como país, pues “el alma de una comunidad se mide en cómo logra unirse para enfrentar los momentos difíciles, de adversidad, para mantener viva la esperanza”.
¿CRISIS DE VALORES EN EL PERÚ?
Cuando recorro nuestra ciudad y las diferentes regiones a las que visito por trabajo o distracción siempre se filtran las nocivas expresiones: “Hay crisis de valores en el Perú”, “No hay nada más qué hacer”, “La política es cochina”, “Todo está perdido”, que traen a colación la consabida pregunta de nuestro nobel “¿en qué momento se jodió el Perú?”. Sin embargo, veo mucha gente, niños, jóvenes, adultos y adultos mayores responsables, solidarios, creativos, esforzados y amables, resistiéndose a la impasividad, lejos, muy lejos de una vida sin esperanza.
Es entonces cuando pienso y reafirmo que las crisis son sinónimo de oportunidad de cambio planificado para bien, que hay mucho por hacer y es por eso que desde ya se debe comenzar, que es posible limpiar el rostro y el cuerpo de la política con un ejercicio auténtico de la misma… que no todo está perdido, y que el Perú se jode cada vez que alguien quiere joderlo con su desánimo y desatinado actuar delincuencial. Peor aún, del que lo hace desde la “encubierta elegancia” de un puesto de poder público o privado… Se daña nuestro país cuando aquél que ha jurado velar por el bien público o trabajar con autenticidad, perjura con sus acciones delictivas.
No hay crisis de valores en el Perú, hay crisis de algunas personas que viven sin valores, que a veces, muy a nuestro pesar, son quienes ejercen algún tipo de poder sin autoridad moral que los respalde. En el Perú no todo está perdido, están perdidos los deshonestos, los que roban y defraudan a sí mismos, a su familia y al país. Están perdidos los políticos y jueces y cualquier persona que actúa con coima y argolla, al margen de la ley o coludida con ella por una interpretación malsana.
COMBATIR LA CORRUPCIÓN CON FORMACIÓN CIUDADANA
Un país que actúa habituado a un sistema dinamizado por la corrupción en función del engorde del propio bolsillo en desmedro de los que menos tienen, vive en la fragilidad de una falsa democracia, habita en la tiranía del dinero mal habido que compra conciencias y violenta dignidades. Por ejemplo, en vano se ambienta con rosas oficinas congresales, cuando el friaje del clima y de la indiferencia política asesina a niños y ancianos de nuestras periferias urbanas y campesinas…
¡Señores la solución va más allá de la entrega de frazadas! Va por el lado del diseño y ejecución de leyes y políticas trasparentes, y esto se logra con la elección de ciudadanos probos en su actuar, creativos en su pensar y con un demostrado profundo amor por nuestro Perú; que, con conciencia ciudadana, enfatice en políticas educativas integralmente formativas, pues no se logran profesionales idóneos en la ciencia, la tecnología, la empresa y la jurisprudencia sin la formación del pensamiento ni lejos de las virtudes humanas y sociales.
La corrupción y el abuso del poder tienen asidero en personalidades poco formadas en la fortaleza de su interior, de hecho el político sin virtudes es fácil presa de la soberbia, y altamente propenso al actuar maquiavélico. Lo mismo en cualquier persona.
OPORTUNIDAD DE CAMBIO Y ACCIONES
Invoco a todos los ciudadanos que en su integridad iniciemos no una revolución, sino una renovación ciudadana auténtica, de hacer una política y una jurídica con ética, sin ambages, de personas con moral definida. Este es el momento de un nuevo liderazgo, no de un líder caudillista o jefe de clanes, mesiánico y mediático… de esos ya hemos tenido muchos con los pésimos resultados que ya conocemos.
Es el momento de nuevos líderes, de empoderamiento ciudadano, que con su pensamiento y acción trasciendan las estrecheces de derechas e izquierdas, de sistemas e intereses personales, que su máxima preocupación sea el bien común de la persona, buscando la calidad de vida de todos y cada uno de los ciudadanos, con prioridad de los que menos tienen.
Este es el momento para el surgir de nuevos partidos políticos que más que etiquetarse en estrecheces ideológicas, su idea sea solo una: la dignificación de la persona; que en términos prácticos se traduce en propuestas para la mejora en la calidad de vida, promoción de la vida y la familia; educación integral, cultura, formación de ciudadanía y salud. Es el momento de la renovación integral ciudadana, de ciudadanos libres, no que obren así por miedo al castigo, sino que así actúen por amor a la justicia.
No más transfuguismo, no más vende patrias, no más enriquecimiento ilícito. Más lealtad, más amor al Perú, mayor honradez. Que los políticos, magistrados y empresarios que han delinquido sean sancionados con severidad, sanción que debe incluir la devolución íntegra de lo robado además de la muerte civil. En otras palabras debemos promover mayor virtud en los gobernantes y en los ciudadanos.
Es momento de poner en práctica nuestros principios y valores de creatividad, solidaria laboriosidad, la fe y la esperanza… hagámosla virtudes poniéndolas en práctica diariamente, donde estemos y en la función que nos desempeñemos.
Hay que agudizar nuestra memoria selectiva para recordar lo bueno y también para aprender de aquello que fue negativo; además, ejercitar nuestra prudencia lógica para no arruinar el presente y planificar razonablemente el futuro de nosotros mismos y de nuestras instituciones; finalmente, hay que promover entre las próximas generaciones un optimismo desafiante para encarar el futuro con responsabilidad y amor a la trascendencia, a uno mismo, a la familia y al país.
(*) Filósofo y docente universitario.
El mundo artístico es para muchos un pasatiempo y el escape perfecto para las actividades académicas y laborales. Para Javier Morales Sánchez, un joven de 30 años que baila marinera, la danza significa un reto personal y un estilo de vida que desafía a sus limitaciones físicas.
Javier Morales es el mayor entre sus hermanos Marina y Jesús. Sus padres son Julio Enrique Morales Saldaña y Liliana Sánchez Terán, quienes en todo momento son motor y razón principal para salir adelante.
“Mi familia está compuesta por las personas más maravillosas que Dios me dio. Tengo unos padres ejemplares y unos hermanos que son también mis mejores amigos, ellos han estado conmigo en todo momento. Todo se los debo a ellos”, cuenta.
EMBAJADOR DEL PERÚ
Javier Morales Sánchez, licenciado en Administración de Empresas, aficionado al gimnasio, al canto y la lectura, ha participado en Trujillo del Récord Guinness de Marinera en dos oportunidades. Sus capacidades y sus logros a lo largo de su vida lo convierten en una persona excepcional, ejemplo para la sociedad.
También participó en la segunda temporada del programa ‘Perú tiene Talento’, donde llegó a la semifinal, además de otros concursos de marinera a nivel nacional. El 3 de diciembre del año pasado se coronó campeón del Concurso de Marinera Alma Peruana en Ferreñafe.
“La marinera norteña es, sin lugar a dudas, una de las manifestaciones culturales más ricas del Perú. Esta danza expresa identidad nacional con ritmo, elegancia y picardía que cautiva a propios y extraños por su peculiar andar y yo estoy orgulloso de dedicarme a ella y de representar a Chiclayo y al Perú”, sostiene.
El bailarín relata con entusiasmo el orgullo de representar al país mediante este baile que derrocha coqueteo y galantería entre el hombre y la mujer, en donde el varón corteja a la dama con pañuelo y sombrero en mano y ella responde con una sonrisa coqueta.
“Una de las experiencias más hermosas fue viajar el año pasado a Tokio – Japón, para representar al Perú y al Club Libertad de Trujillo en el VI Concurso Selectivo Mundial de Marinera. El hecho de sacar cara por el país con mi pasión más grande, que es la marinera, para mí fue genial. Estar en la pista de baile hondeando mi pañuelo y escuchar el redoble de los tambores me llena de orgullo”, cuenta.
“Uno de los momentos más maravillosos del 2017 fue viajar hasta el otro lado del mundo para disfrutar de la danza más hermosa del mundo: nuestra marinera norteña y ver cómo personas de otro país que no hablan el idioma, bailan nuestra danza”, narra.
Javier Morales desde niño vio bailar marinera a sus abuelos, a sus padres, a sus tíos y a sus primos. Gino Morales Padilla, su primo, Campeón Laureado del Club Libertad de Trujillo fue su mentor en la danza, quien lo impulsó a bailar marinera e inculcó en él el amor por esta manifestación artística.
ORGULLO LAMBAYECANO
“Debemos sentirnos muy orgullosos del país que tenemos. El Perú posee amplia cultura y riqueza y creo firmemente que los lambayecanos debemos identificarnos más con nuestras costumbres y amar cada pequeño detalle. Amar nuestras danzas, nuestras comidas y nuestras raíces”, dice.
La marinera, expresa, es la danza más maravillosa del universo, es mi felicidad y el motivo para sentirme más peruano.
“Al momento de bailarla son tantos sentimientos juntos que logran que mi corazón se acelere. Por ahora, sé que bailaré marinera hasta que Dios me lleve junto a él. La marinera es una bella danza nacional propia de nuestra cultura, que expresa nuestra identidad a través de una sonrisa y el compás de la música”, cuenta.
Agrega que la belleza paisajística de Lambayeque es impresionante y esta se convierte en una amalgama perfecta con la danza, cobrando principal protagonismo playas como Pimentel, Santa Rosa y Puerto que contribuyen a la presencia turística.
“Chiclayo como provincia ha sido escenario de un gran legado cultural producto del desarrollo social a lo largo de nuestra historia. Nuestra identidad se ha configurado con el aporte de mochicas, sicanes y chimúes, pueblos originarios de nuestra tierra. Por ello, la diversidad étnica y cultural está presente en cada uno de nosotros como un factor que enriquece nuestro ser”, afirma.
De acuerdo con Javier Morales, la música tiene muchas utilidades en la sociedad. A ella se le emplea para acompañar celebraciones, para crear ambientes, para las sanas distracciones y para despertar emociones.
“Las personas con alguna discapacidad también la escuchamos, la sentimos, la bailamos. Perú, dentro de todas sus manifestaciones artísticas, tiene el festejo, la zamacueca, los huaynos y la marinera, que para mí es lo mejor que puede existir”, refiere.
ROMPER PREJUICIOS
"No podrás lograrlo es una frase común entre las personas. Sucede que muchas veces no creemos en las capacidades de los demás, pero para mí ello no existe. La sociedad es cruel y cree que una persona con discapacidad tiene muchas limitantes y no puede valerse por sí mismo y eso es falso”, anota.
El bailarín confiesa que en oportunidades sufrió discriminación y muchas veces le dijeron que “no podría hacerlo”, pero en ese momento daba lo mejor de sí, no por el hecho de demostrárselo a los demás, sino porque tenía la suficiente confianza en él.
Para remediar un poco esta situación y mejorar el panorama para las personas con discapacidad, Javier Morales cree que es necesario sensibilizar a las personas y hacerles entender que no se debe juzgar por la raza, el color de piel o por tener una discapacidad, pues lo que debe primar son los valores.
“Definitivamente lo que me hizo fuerte son todas las pruebas que me puso la vida en el día a día en todos los aspectos. Siempre hay momentos para reír de alegría y otros para aprender. Las únicas limitaciones son las mentales, pues uno no puede detener sus sueños porque los demás digan: ‘No puedes’. El problema de la discapacidad en realidad radica en la actitud de la sociedad’”, indica.
Agrega que es importante que a pesar de los tiempos y situaciones difíciles, se sepa reconocer la valía de las personas y la solidaridad de la gente que se toma de las manos y apoya a los demás para salir juntos adelante, pues esa es una labor loable.
“La sociedad percibe a una persona con discapacidad como alguien que no puede trabajar, recibir educación ni participar en actividades sociales como el resto. Ello es prejuicioso y de alguna manera indispone a que una persona haga algo”, asegura.
FUTUROS PROYECTOS
“Tengo en mente infinidad de cosas por hacer, pero definitivamente mucho tienen que ver con aportar valor en las personas y ser el coach con habilidades diferentes más influyente de Latinoamérica”, relata.
Javier Morales Sánchez sostiene que para empoderar a más personas con habilidades diferentes es necesario conocer qué les apasiona y de acuerdo a ello orientarlas a fin que desarrollen lo que les motiva y así ser plenamente felices.
“Creo que uno no debe perder esa capacidad de soñar como si fuera un niño. Mis sueños se basan en ayudar a más personas, en sumar y aportar mucho en la sociedad, además de recorrer el mundo con la marinera, dejar en alto a mi país”, manifiesta.
Según Javier Morales, ser usuario de silla de ruedas y tener movilidad reducida no es impedimento para bailar. La danza en silla de ruedas sirve como profesión, como herramienta para fines solidarios o como terapia rehabilitadora.
“La danza puede cambiarle la vida a una persona, tal como lo hizo conmigo. Sin duda, todos los días se aprende algo y yo me descubro día a día”, finaliza.
Más que un artículo, las siguientes líneas son un grupo de textos en relación con la figura compleja de Manuel González Prada (1844-1918). Las circunstancias de su muerte, su obra y la actualidad de sus acerbas críticas a la realidad del Perú de su época, son los ejes de cada uno de estos escritos.
Como de costumbre, el Director de la Biblioteca Nacional saldría al mediodía hacia su oficina. Era un hombre alto pues medía algo más de metro ochenta, lo que resaltaba aún más con el caminar muy erguido; de cabellos blancos y piel sonrosada, sus ojos azules miraban fijamente al interlocutor para disimular la miopía. Desde hacía siete años que sufría ahogos y mareos; arterioesclerosis le diagnosticó el médico. Pero esa mañana, don Manuel se sentía de buen ánimo. “Todavía puedo vivir unos tres años” le dijo a doña Adriana, su esposa, al notar que no estaban hinchadas sus piernas como otras veces.
El señor González Prada pasó luego a la sala a seguir leyendo los diarios y calculando el tiempo para llegar a la Biblioteca. En verdad, luego de la tremenda polémica por su nombramiento en 1912 en reemplazo de don Ricardo Palma, don Manuel había encontrado cierta paz entre los estantes del viejo local. Cumplido, laborioso y tranquilo director de la primera biblioteca del país, González Prada había remozado las colecciones, mostró comprensión con sus trabajadores, y lejos de su fama, se reveló como un anfitrión cortés para todos los usuarios, con la única excepción de los lectores mutiladores de volúmenes a los que perseguía sin descanso. Voces de las nuevas generaciones solían visitarlo en la Biblioteca: el ensimismado José María Eguren, el vehemente Víctor Raúl Haya de la Torre, el enfermizo José Carlos Mariátegui, el incomprendido César Vallejo; este último le dedicaría el poema “Los dados eternos”.
Como parte de su régimen de dieta, don Manuel bebió un vaso de leche esperando la hora de partir. Comentó brevemente con su esposa los detalles de la última carta de Alfredo, su hijo, entonces secretario de la Legación peruana en Buenos Aires. Para cambiar de tema, doña Adriana le mostró un candelabro de bronce dorado que pensaba limpiar ella misma. “Haces bien, lo mismo hacía mi mamá…” dijo González Prada antes de cerrar los ojos y desplomarse con un gran suspiro. Doña Adriana lo sujetó, llamó a las sirvientas, pidió llamasen a un médico. El doctor Flores acudió y le aplicó una inyección intentando reanimarlo, pero fue en vano. Manuel González Prada había muerto de un síncope cardiaco fulminante. Era el lunes 22 de julio de 1918.
ESCRITOR Y HOMBRE PÚBLICO
La primera vez que leí a González Prada fue a través del célebre discurso del Politeama, discurso emotivo y vibrante para la conciencia nacional herida tras el desastre de 1879. La imagen mental que surgió del autor fue la de un hombre violento y amargado, de una voz tonante para semejantes textos oratorios. Pero la realidad histórica difería mucho: don Manuel era una persona tranquila y pacífica, devoto hombre de familia, y con voz de tiple que habría restado fuerza y contundencia a sus filípicas.
Su nombre completo era José Manuel de los Reyes González de Prada y Álvarez de Ulloa, pero optó por simplificarlo a González Prada; incluso firmaba “Manuel G. Prada”. ¿Cómo explicar que un hijo de familia aristocrática y, por ende, conservadora, terminase siendo un radical considerado casi como el Anticristo por las viejas beatas? La prematura muerte de su padre lo había hecho dejar los estudios en el Convictorio de San Carlos y dedicarse a la agricultura. De esta época datan sus primeros poemas. En sus “Baladas peruanas” (publicadas póstumamente) evidenció un afán por introducir argumentos de la historia peruana (como lo muestran títulos como “Origen de los Incas”, “La cena de Atahualpa”, “Presagio de Carbajal”, o “Túpac Amaru”) dentro de aquel género caprichoso y romántico. Ya maduro, fue un precursor de la poesía modernista con sus “Exóticas” (1911).
Estallada la Guerra de 1879, González Prada se enroló en la Reserva para la defensa de Lima. Desde su posición en las baterías del Pino vio con impotencia el desastre nacional en las líneas de San Juan y Miraflores. Se encerró en su casa hasta la retirada del ejército invasor. La derrota fue para González Prada una vergüenza que se negaba a tolerar, un fantasma del que no pudo liberarse. Usó el desastre como espejo para mirar y explicar los problemas del Perú de su tiempo: las miserias del país, la corrupción en sus autoridades, los problemas del clero, la ambición de los militares, la inacción de la ciudadanía, la postergación del indígena. Su visión se hizo pública en el célebre discurso del 29 de julio de 1888 en un evento en el Teatro Politeama para reunir fondos para el rescate de Tacna y Arica.
González Prada siempre fue un libre pensador y esas ideas le habían generado roces con su católica familia. Su matrimonio en 1887 con doña Adriana de Verneuil y las prematuras muertes de sus hijos, llevaron a reforzar su anticlericalismo, impregnado de la doctrina positivista. Creía que la marginación del indígena y el espíritu de servidumbre del peruano habían sido cruciales en la derrota y, buscando sus raíces, atribuyó tal espíritu al pasado hispánico y al atraso e ignorancia de la aristocracia terrateniente, junto con sus corruptos colaboradores (jueces, gobernadores y sacerdotes locales, a los que llamó “trinidad embrutecedora del indio”).
González Prada abogó por la educación y la ciencia para erradicar la ignorancia, que permitía la difusión del clericalismo, mejorando así la situación del indígena. Pero progresivamente su rebeldía intelectual y su integridad, enfrentadas a una realidad que veía intolerable, llevaron a la transformación de su optimismo en pesimismo. Ni siquiera la evidente recuperación económica a partir de la década de 1890 disuadió de su lúgubre perspectiva, pues el progreso económico significaba para él solo el enriquecimiento de la élite en medio de una extensa pobreza.
Analizando sus hirientes frases pesimistas, muchos afirmaron que era un antipatriota. Todo lo contrario. González Prada, más que destilar odio en sus acerbas críticas, recogidas principalmente en “Pájinas libres” (1894), “Horas de lucha” (1908) y la póstuma “Bajo el oprobio” (1933), mostraba el anhelo de un patriota que urgía a la necesaria regeneración del Perú, el anhelo de un hombre intransigente y honesto. Prácticamente todo el espectro político de su tiempo sufrió su afilada crítica. Nicolás de Piérola fue uno de sus blancos predilectos, hasta el punto de que González Prada parecía arrebatado por la antipatía. Respetó al Cáceres de la Breña, pero criticaba al Cáceres político. Llegó a afirmar: “Pierolismo y Cacerismo patentizan una sola cosa: la miseria intelectual y moral del Perú”.
Al empezar a profesar ideas anarquistas, reforzadas durante su estadía en Europa entre 1891 y 1898, González Prada aspiró a una revolución que trajese libertad y justicia a todos los hombres de todas las razas. Junto a su preocupación por el indio, el ensayista mostraba cariño y fe en el obrero. Pero lejos de ser un teórico o un terrorista (aunque avalaba el tiranicidio, para prevenir mayores derramamientos de sangre), González Prada fue un divulgador del anarquismo. No supo, o no pudo forjar un programa político. Sin embargo, sus ideas influyeron, a través de Haya de la Torre y de Mariátegui, a los futuros movimientos de izquierda en el Perú y quiérase o no, son ineludibles para comprender la evolución del pensamiento peruano en el siglo XX.
El destino nacional de la enemistad entre nuestros grandes hombres no fue ajeno a González Prada. Su disputa con don Ricardo Palma fue célebre. Cuando en 1912, el autor de “Tradiciones peruanas” renunció a la dirección de la Biblioteca Nacional por unos choques con el gobierno de Leguía, el entonces ministro Germán Leguía y Martínez logró que su reemplazo fuese el autor de “Pájinas libres”. La polémica fue tremenda: al pasar el escritor anarquista a ser funcionario público lo llegaron a llamar “Catón de alquiler”. Al renunciar al cargo ante el golpe de Benavides en 1914, demostró que no era tal, e incluso publicó un fugaz periódico contra el régimen dictatorial, siendo reincorporado al restaurarse la constitucionalidad en 1916.
VIGENCIA DE SU OBRA
Decía González Prada: “Al atravesar la plazuela de Bolívar (operación que rara vez efectuamos por miedo a los núcleos infecciosos) nos asalta el deseo de coger una brocha, saturarla de alquitrán y escribir en los muros de las dos Cámaras: AQUÍ SE NECESITA UN ARGUEDAS”, haciendo referencia al coronel Pablo Arguedas, quien en 1857, motu proprio, entró a la Convención Nacional y la disolvió, para luego cerrar el Palacio Legislativo con un simple candado. Y continuaba: “¿Qué es un Congreso peruano? La cloaca máxima de Tarquino, el gran colector donde vienen a reunirse los albañales de toda la República. Hombre entrado ahí, hombre perdido. Antes de mucho, adquiere los estigmas profesionales: de hombre social degenera en gorila politicante. Raros, rarísimos, permanecen sanos e incólumes; seres anacrónicos o inadaptables al medio, actúan en el vacío, y lejos de infundir estima y consideración, sirven de mofa a los histriones de la mayoría palaciega. Las gentes acabarán por reconocer que la techumbre de un parlamento viene demasiado baja para la estatura de un hombre honrado. Hasta el caballo de Calígula rabiaría de ser enrolado en semejante corporación”. Dudo mucho que algún lector de la actualidad no se identifique con el gran radical decimonónico.
¿Por qué leer a González Prada en la actualidad? ¿Han perdido vigencia sus acerbas críticas a la realidad del Perú de fines del siglo XIX? ¿Hasta qué punto podemos considerar justas sus críticas? Personalmente, creo que muchas de las críticas que escribió en su época pecaron de injustas en algunos momentos, arrebatándose por la pasión del momento y por su espíritu intransigente y purista. Pero al analizarlo desde el prisma doloroso de nuestra (por desgracia) pútrida actualidad, pareciera que don Manuel escribía hacia el futuro, con una íntima desazón por el porvenir del Perú.
Quiero cerrar estas líneas, citando aquella formidable pieza oratoria que fue el discurso del Politeama: “Los viejos deben temblar ante los niños, porque la jeneración que se levanta es siempre acusadora i juez de la jeneración que desciende… En esta obra de reconstitución i venganza no contemos con los hombres del pasado: los troncos añosos i carcomidos produjeron ya sus flores de aroma deletéreo i sus frutas de sabor amargo. ¡Que vengan árboles nuevos a dar flores nuevas i frutas nuevas! ¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!” (**). ¿Hasta cuándo seguiremos siendo aquel país donde al presionar sale pus? Es un reto, un desafío a las nuevas generaciones que el viejo ácrata hizo hace más de un siglo, y que aún es una asignatura pendiente.
(*) Freddy R. Centurión González, abogado y docente universitario.
(**) Redacción de origen.
Las cumbres de Huancabamba vieron a nacer, hace 16 años, en el seno de una humilde familia, al primer peruano y el único latinoamericano que, siendo aún estudiante de secundaria, sintetizó con magistral genialidad el concepto del juego limpio, ese que – asegura – muchos se han olvidado de llevar a la práctica en favor del país.
Walter Peña Meza logró hace tres años ingresar al Colegio de Alto Rendimiento – COAR Lambayeque, aventurándose a dejar a su familia y su entorno para involucrarse en un proceso de aprendizaje y convivencia sustentado en la interculturalidad. En las aulas descubrió que entre sus talentos está el dibujo y la pintura.
El año pasado llegó a la etapa nacional de los Juegos Florales Escolares con un mural en el que destacó la identidad cultural del norte, ubicándose en el segundo puesto del concurso. Ahora, se prepara para viajar a Italia y recibir el Premio Especial “Henrique Nicolini”, al que se ha hecho merecedor por su participación en la XVI Edición del Concurso Gráfico sobre el “Juego Limpio”, organizado por Panathlon International y la Fundación Chiesa.
“Cuando llegué al COAR Lambayeque empecé a conocer gente nueva y distintas perspectivas del mundo y la realidad. Me siento satisfecho de estar a punto de concluir tres años en el colegio y ver en mí el principal cambio. Recuerdo que antes de ingresar al COAR pensaba absolutamente distinto y pues ahora he aprendido que el cambio empieza en uno mismo y que no existen imposibles ni barreras”, reflexiona.
Recuerda que sus primeros años en la escuela pública, en su natal Huancabamba, transcurrieron con varias limitaciones tanto por la infraestructura del local como por la falta de preparación de sus docentes. Sin embargo, de esa experiencia obtuvo grandes enseñanzas, sobre todo para invertir de manera responsable su tiempo y tomar decisiones acertadas.
“Al ingresar al COAR me propuse a no hacer más de lo mismo y desde ese momento empezó el cambio. Aproveché todas las oportunidades posibles, como participar en los Juegos Florales Nacionales quedando en segundo lugar. Eso despertó en mí el espíritu ganador, porque es gratificante que alguien o alguna entidad valore lo que uno hace”, menciona.
EL CONCURSO DE PANATHLON
Panathlon International nació en 1951 y desde hace 18 años está presente en Lambayeque, promoviendo el juego limpio en las diferentes disciplinas deportivas. Actualmente, la directiva en la representación peruana está presidida por Luis Moreno, en tanto en la sede departamental la presidencia está a cargo de Juan Raunelli.
“Lanzado el concurso a nivel internacional, los integrantes de la asociación nos pusimos a trabajar para buscar dónde podíamos hacer realidad esta edición. Tomamos contacto con la dirección del COAR y se implementó la convocatoria”, comenta Enrique Masías Cruzado, directivo de Panathlon Lambayeque.
Fueron aproximadamente 30 estudiantes del Colegio de Alto Rendimiento los que presentaron sus trabajos al concurso, siendo estos enviados a Italia para su evaluación. “Nos quedamos verdaderamente impresionados por las obras presentadas y por la responsabilidad de los alumnos en asumir el reto. Fue una experiencia magnífica”, señala Mesías Cruzado.
Tras la evaluación, en la que se revisaron más de 322 cuadros enviados desde diversas partes del mundo, la organización internacional comunicó que la obra de Walter Peña se hacía acreedora a un reconocimiento por el concepto expresado y la manera en la que resume la importancia del juego limpio.
“Es un regalo maravilloso el que Walter Peña y el COAR le dan a Lambayeque en el marco del aniversario patrio, sobre todo en momentos que el país atraviesa una situación tan difícil y que amerita de la reflexión de todos los peruanos”, destaca el directivo de la asociación.
OBRA GANADORA
“El juego limpio se relaciona no solamente con los deportes, sino también con nuestra sociedad actual, porque vemos que está cargada de corruptos, de personas que solamente buscan lucrar y beneficiarse de los logros de los demás. El juego limpio es algo que se debe promover en todos los aspectos. La importancia que le da Panathlon a este tipo de concursos es realmente gratificante”, menciona Peña Meza, quien dentro del modelo educativo del COAR cursa actualmente el segundo año del Programa de Bachillerato Internacional, cuyo plan de estudios incluye el aprendizaje de las artes visuales.
“Este curso enfatiza en la importancia de conocer y de expresar lo que uno piensa. Fue así como aprendí sobre técnica, figura, color y de artistas de diferentes corrientes. Al convocarse el concurso me focalicé en el juego limpio. No fue difícil, pinté lo que pensaba y quería decir teniendo como base ese concepto”, explica.
Peña Meza pintó la imagen de Muhammad Ali, “porque tenía una alto grado de humildad y superación”, acompañado de un juego de ajedrez, cuyas coloridas piezas reposan sobre una superficie en desnivel.
“Las piezas son de colores porque en el mundo tenemos distintas culturas, distintas formas de pensar, distintas manera de sentir”, detalla el estudiante, quien además representó a las piezas del ajedrez con guantes de box y con pequeñas nubes sobre sus cabezas, representando los ideales de una sana competencia.
“Cuando uno compite siempre apunta a ganador, pero se debe tener en cuenta que también debemos saber perder. Algunas personas se obsesionan tanto en ganar y no reconocen que la derrota también es parte del proceso”, indica.
La composición presenta además siluetas de las principales actividades deportivas y un mundo representado por un balón de fútbol.
“Se dice que somos el futuro del país, pero los jóvenes no ganamos nada si no empezamos a cambiar. Muchas veces nosotros nos preguntamos por qué no imitar lo que los adultos o los políticos hacen para tener dinero o fama. No podemos actuar como el resto de la sociedad lo hace, debemos actuar teniendo en cuenta la importancia de los valores, de la ética, que cada ser es importante para el mundo, valorando nuestra cultura y nuestros orígenes”, afirma Walter Peña.
JUGAR LIMPIO
El estudiante, quien cursa el quinto año de secundaria, refiere que en cierta medida los peruanos le juegan sucio al país, sobre todo al no ser conscientes de la enorme responsabilidad que recae en sus decisiones personales.
“Tenemos una enorme responsabilidad como ciudadanos. Son los ciudadanos quienes eligen a los políticos y entonces debemos generar consciencia, primero, en la importancia del voto. Todos debemos jugarle limpio al Perú”, remarca.
Walter Peña viajará a Italia no solo como representante y ganador de Lambayeque y el Perú, sino también de América Latina, debido a que es el único participante del concurso que se ha hecho merecedor de un premio en la competencia internacional.
“Me siento muy emocionado. Lo único que podría decirle a mis compatriotas y, en especial, a los jóvenes de mi edad, es que nunca dejan de hacer lo que les gusta. La educación es integral, no solamente se rige en la parte académica. Cada uno de nosotros lleva algo especial y si se es bueno en algo, entonces procuremos ser los mejores. Tampoco podemos dejarnos llevar por la soberbia, debemos ser humildes y tratar de ayudar a las personas”, indica Peña Meza.
ÉXITOS DEL COAR
El Colegio de Alto Rendimiento de Lambayeque, en tres años de funcionamiento, ha cosechado importantes lauros para el departamento, tanto en lo académico como en lo cultural. Al éxito alcanzado por Walter Peña en el concurso internacional de Panathlon se suman otros premios y competencias en los que los escolares del COAR están destacando.
“El modelo educativo de la red COAR es espectacular, en sí todos los modelos que se diseñan a nivel del Ministerio de Educación son muy buenos, lo importante es que las personas que los implementen deben llevarlos a la práctica en realidad. Nuestra visión y misión manifiestan formar líderes de cambio social, fortalecer las competencias personales y académicas, artísticas y deportivas. Nos abocamos a eso, porque es lo que el país necesita”, manifiesta la directora general del colegio Mery Mocarro Aguilar.
Tres estudiantes del COAR Lambayeque viajarán a Corea del Sur al haber sido seleccionados en la convocatoria realizada por el Instituto Nacional de la Calidad para que los escolares elaboren sus normas técnicas. En total se presentaron 107 trabajos.
“Nuestros estudiantes obtuvieron el primer puesto en la etapa nacional y representarán al Perú entre el 8 y el 10 de agosto en Corea del Sur. Estamos esforzándonos para traer la medalla de oro a nuestro país”, sostiene la educadora.
Sobre la participación de Walter Peña, Mery Mocarro menciona que es admirable el logro alcanzado debido a que los otros ganadores del concurso son estudiantes universitarios, siendo él el único de educación básica que ha conseguido un premio.
Desde el siglo XVIII diversos levantamientos y conspiraciones se registraron en el Perú con el afán de lograr la independencia de la corona ibérica. Con antecedentes muy remotos como el del levantamiento de Juan Santos Atahualpa hasta momentos cumbres como la rebelión de Tupac Amaru, los actos emancipadores sentaron entre los criollos y naturales peruanos las bases de lo que a partir de la segunda década del siglo XIX serían los años culminantes de esta lucha.
Innegablemente la llegada del general José de San Martín, luego de su campaña libertadora en Chile, fue el detonante de la lucha que en diversos pueblos ya se había iniciado de manera silenciosa. En aquel momento, varias eran las posturas en relación al dominio español, sobre todo en la población criolla. Algunos preferían seguir leales al rey y otros ansiaban la libertad.
San Martín comprendió que la libertad de los pueblos argentinos, chilenos y de toda la Sudamérica colonial dependían del éxito de una campaña emancipadora en el Perú, constituido en el más poderoso bastión realista en la costa del Pacífico. De allí que hacia 1814 empezó a trabajar en lo que más tarde se conocería como la Corriente Libertadora del Sur, adoptando el arriesgado plan de cruzar los andes, liberar Chile y luego arribar por mar a las costas peruanas.
EL DESEMBARCO EN PARACAS
Seis años después de iniciar los preparativos para cruzar los andes, San Martín desembarcó con el Ejército Libertador en la bahía de Paracas, en Pisco, el 8 de septiembre de 1820. Aquel momento se convertiría en uno de los más significativos de la historia emancipadora peruana, no solo porque – según cuenta la tradición – durante un sueño a la sombra de una palmera el general argentino tomó el vuelo de las parihuanas como inspiración para la primera bandera nacional, sino que además este hecho desencadenó que los planes libertarios en las provincias se acrecienten.
La expedición partió de Valparaíso el 20 de agosto y fue posible gracias a los esfuerzos realizados por el general Bernardo O’Higgins, elegido por el pueblo chileno como su jefe supremo tras el triunfo de Maipú, batalla con la que se selló su independencia.
La flota compuesta por 11 naves de guerra de alto bordo y 15 transportes, donde se trasladaron casi cuatro mil soldados naturales de Argentina, Chile y el Perú, fue conducida por el vicealmirante inglés Thomas Cochrane y navegó bajo bandera chilena.
La finalidad de la expedición era desembarcar cerca de Lima, establecer una cabeza de playa segura y realizar una rápida incursión militar que aislara a la capital y permitiera enfrentar de manera disgregada al ejército realista. Un hito clave de la estrategia era tomar Lima, hasta entonces llamada Ciudad de los Reyes, y proclamar la independencia, nombrándose San Martín Protector del Perú, para desde esta posición llamar a sumarse a la causa patriota al resto del Perú.
Tomando control sobre la ciudad de Pisco, de donde las guarniciones realistas habían escapado ante la presencia de los libertadores, San Martín instaló su estado mayor cerca a la Plaza de Armas desde donde empezó a diseñar la estrategia para la toma de Lima y se aceptó a los primeros voluntarios peruanos. Ese mismo día, gracias a una imprenta portátil, el libertador lanzó su primera proclama:
“Compatriotas: […]. El último virrey del Perú hace esfuerzos para prolongar su decrépita autoridad […]. El tiempo de la impostura y del engaño, de la opresión y de la fuerza está ya lejos de nosotros, y solo existe la historia de las calamidades pasadas. Yo vengo a acabar de poner término a esa época de dolor y humillación. Este es el voto del Ejército Libertador”.
LAS CAMPAÑAS DE ÁLVAREZ DE ARENALES
El general argentino – español Juan Antonio Álvarez de Arenales se incorporó en 1819 al Ejército de los Andes en Chile, siendo designado por San Martín para estar al mando de una división de la expedición libertadora del Perú.
Tras su arribo en Paracas se hizo cargo de las dos importantes campañas a la sierra para obtener el control sobre esa área antes que los realistas pudieran utilizarlas como base de operaciones.
Durante la primera campaña logró cuatro victorias en Palpa, Nasca, la Cuesta de Tarma y, la más importante, la batalla de Cerro de Pasco. Logró tomar varias provincias para los patriotas: Ica, Huamanga, Huánuco, Huancavelica y Pasco.
Los realistas temieron perder contacto con el interior, de modo que evacuaron Lima, y aunque San Martín lo envió a una segunda campaña a la sierra, no pudo impedir la retirada del virrey José de la Serna y su ocupación de todo el interior del país. La última resistencia en esa zona fue la de algunas guerrillas dirigidas por el futuro caudillo mendocino José Félix Aldao, pero finalmente tuvo también que retirarse.
La segunda campaña de Arenales en la sierra del Perú son las acciones militares emprendidas entre abril y julio de 1821.
El general Arenales al tener conocimiento de la reunión de fuerzas realistas se retiró a Jauja, y bajo instrucciones de José de San Martín de evitar un revés, y en la creencia de que se trataba de fuerzas superiores en número, abandonó la sierra para entrar en Lima el 26 de julio de 1821 que ya había sido ocupada por José de San Martín.
SAN MARTÍN EN HUAURA
Al poco tiempo de permanecer en Pisco, el 10 de noviembre de 1820, San Martín y sus tropas desembarcaron en Huacho, para luego instalar su nuevo cuartel general en Huaura. Es aquí que el líder patriota promulga un reglamento provisional creando los primeros departamentos del Perú: Lima, Trujillo, Tarma y Huaylas.
Venturosas noticias llegaron a San Martín entre diciembre de 1820 y enero de 1821. El ejército de Arenales derrotó al realista O’Reilly en la batalla de Cerro de Pasco, el almirante Cochrane capturó el buque realista ‘La Esmeralda’, el batallón ‘Numancia’ desertó y se unió a los patriotas, el intendente Torre Tagle y el cabildo de Trujillo proclamaron la independencia del norte del país y la desmoralización cundía en el bando realista.
San Martín hace su entrada triunfal en Huaura el 13 de noviembre. Dos semanas después (el 27) proclama allí por la Independencia del Perú. Antes de ello, declara a Francisco Vidal, quien había combatido con éxito en Valdivia, Chile (donde hasta hoy hay un fuerte que lleva su nombre), “Primer Soldado Peruano de la Independencia”, otorgándole el grado de Capitán. Con ese rango Vidal organiza en Oyón, Cajatambo, Huarochirí y Canta, así como en las alturas de Barranca, Sayán y Chancay un batallón de guerrilleros que sumaron más de mil.
Con ellos, al mando de los Caciques Ninavilca y Huavique, así como otros grupos sitiaron Lima y contribuyeron a la fuga del virrey La Serna en los primeros días de julio de 1821, el ingreso de San Martín a Lima y la Proclamación de la Independencia del Perú el 28 de julio de ese año.
EL INGRESO EN LIMA
José de San Martín ingresó a Lima el 10 de julio de 1821, a las 7:30 de la noche, luego de lograr la adhesión de diferentes sectores de la población. Al respecto, Jorge Corbacho, en su obra “El 28 de julio de 1911”, presenta la versión del viajero inglés Basil Hall, testigo presencial de la primera entrada del Libertador. En ese entonces, el marino se encontraba al mando de un buque de su país de estación en el Pacífico. El texto es el siguiente:
“San Martín no hizo uso de los derechos que tenía ganados, desdeñó el acompañamiento de un numeroso cortejo y no entró sino de noche, acompañado de un solo ayudante. No era, sin embargo, su intención entrar aquel día, se hallaba fatigado y deseaba reposar en una posada, a medio vestir. Había descendido del caballo, y colocándose desapercibido en un rincón bendiciendo a su estrella y a la providencia por haber salido con bien de esta gran operación”.
Hall continúa: “Dos sacerdotes descubrieron su escondite; era necesario darles audiencia. Cada uno de ellos pronunció un discurso, que él escuchó con su acostumbrada bondad; uno lo comparó a César, el otro a Lúculo. Santo Dios esclamó (sic) el general una vez que los padres se retiraron, ¿dónde hemos venido a caer? - Oh mi general, respondió el ayudante, hay más de dos mil del mismo temple.- Lo creo contestó él. Y bien, haga Ud. ensillar los caballos y partamos”.
Según el inglés Hall, San Martín se dirigió luego a la casa del Marqués de Montemira. A pocos segundos de esparcida la noticia de su llegada, los patios, jardines y sala de la residencia se llenó de curiosos, muchos de los cuales se mostraban impacientes por descubrir al general, quien en todo momento demostró ser un hombre modesto y enemigo de la ostentación.
Es difícil ya concebir la independencia como producida específicamente el 28 de julio de 1821. Cuando se plantea como un hecho iniciado en 1820 y concluido en los campos de Ayacucho en 1824 o con la capitulación del Callao (1826), se sigue sin posibilidades de encuadrar el proceso en su totalidad.
Así las cosas puede darse el caso de minimizar o, inclusive, negar la participación peruana en la gesta. Consideramos que, para enfocar más cabalmente el problema, debe entenderse la independencia a partir de la crisis del imperio español en el Perú (siglo XVIII).
Aquí se ha ubicado antes la rebelión tupacamarista porque, siendo esencialmente separatista, tuvo también otros elementos sociales que la hicieron un hito temprano y crucial para la independencia como realmente se dio en el Perú.
Los resultados de esa rebelión ensombrecieron la situación social y política a tal punto que en la América española no se presentaría otra coyuntura rebelde de esa magnitud como producto de fuerzas endógenas. Las producidas hacia fines de las dos décadas iniciales del siglo XIX tuvieron ventaja de ser generadas por las condiciones que se presentaron en la metrópoli (1808-1814 y 1820).
Aun así, no se produjo un movimiento generalizado y sincronizado y más bien los levantamientos fueron “regionales”. La iniciativa fue ganada por las zonas “marginales”. En el Alto y Bajo Perú, Chile y la zona del Plata, la constante fue una contraposición a la capital virreinal peruana identificada desde tiempo antiguo como la metrópoli visible.
Esa fase regionalista fue doblemente separatista. La idea emancipadora con respecto a la metrópoli ultramarina iba unida a la de creación de un régimen separado del resto de los dominios españoles.
A partir de 1816, en una segunda fase, surgió la posibilidad real de crear un macro régimen compuesto por los dominios españoles en América.
Ambas fases constituyen grandes alternativas, pero al mismo tiempo tuvieron poderosas limitaciones. La falta de unidad de criterios en los planteamientos y de consenso en los programas de acción al interior de los distintos segmentos americanos condujo al fracaso a los levantamientos separatistas. En unos casos (el peruano, por ejemplo), incluso impidió la formación de un movimiento que salvase las barreras estrictamente locales, salvo en 1814, año que marca el final de los intentos internos peruanos por lograr la independencia con fuerzas propias. En adelante, hubo que esperar la intervención solidaria de los recientemente formados países vecinos.
La misma falta de unidad y consenso, pero a nivel continental, hizo imposibles los esfuerzos bolivarianos por crear una patria grande americana.
No fue el Perú precisamente un observador pasivo al momento de la independencia. Más bien los hechos confirman manifestaciones decididas a lo largo de décadas anteriores a la gesta. Desde la primera parte del XVIII, en el Alto y Bajo Perú se dieron los primeros programas políticos anticoloniales, siendo el Alto Perú (1809) el primero que se manifestó por la autonomía. Empero, el hecho de haber permanecido relativamente inactivo al momento de la separación política efectiva, ha dado pie a interpretaciones que aseveran la falta de decisión peruana para emanciparse. Sin embargo, este fenómeno se produjo en condiciones específicas.
LOS CRIOLLOS, LOS INDIOS Y LA INDEPENDENCIA
La lección más importante sacada por los sectores criollos luego de la coyuntura rebelde de 1770-1780 se relacionaba con los participantes en las acciones venideras. Si bien es cierto que se presentaba la oportunidad de adaptarse a las nuevas condiciones impuestas por los borbones, en última instancia se tenía como ineludible un rompimiento político con España.
Durante el siglo XVIII sectores propietarios rurales y urbanos habían pretendido una separación utilizando para ello a la población indígena como fuerza principal y a curacas en la dirección y conducción del levantamiento. La rebelión tupacamarista mostró diáfanamente los peligros que traería consigo estos compromisos. En la realización de la rebelión aparecían curacas como los principales responsables, en tanto los criollos se mantuvieron a la espera de los resultados y luego de la masacre de Sangarará se retiraron oportunamente.
Convencidos de la necesidad de separarse de España, los criollos pensarían ahora más de una vez antes de convocar a la población indígena. Temerosos de un desborde social de la magnitud que alcanzó en 1780 (en especial en el Alto Perú), los criollos buscaban nuevas fórmulas para lograr su objetivo. En el Perú no tuvieron gran repercusión los sucesos haitianos de 1791 por la solo relativa presencia de la población negra.
En ese contexto cambió la actitud de los criollos para con la población indígena. A fin de mantener el control del movimiento y evitar el desborde popular, los criollos se convencieron de la necesidad de ponerse al frente del movimiento ocupando abiertamente la dirección. Mientras en las rebeliones del siglo XVIII se trató de contar desde un principio con la presencia de elementos indígenas, en las del siglo XIX los dirigentes criollos buscaron incorporar representantes indígenas a las juntas solo en un segundo momento.
Debe diferenciarse la actitud de los criollos en especial entre limeños y provincianos. Mientras los primeros se hallaban más propensos a un entendimiento con la corona, los segundos estuvieron más decididos a separarse de España. A partir de 1814, sin embargo, los criollos de las provincias sur andinas imitaron a los capitalinos. En el centro y el norte se mantuvo la separación como una alternativa. Por regla general, ya en la fase final (desde 1814), los criollos se manifestaron leales o rebeldes en función de las fuerzas predominantes en un lugar.
LOS EJÉRCITOS
En el siglo anterior se quiso reeditar la acción de los tiempos de la conquista del Tahuantinsuyo y guerras civiles entre los conquistadores. En esa oportunidad (y en muchas otras) los ejércitos de los conquistadores iban escoltados por otros de indios “amigos” o “aliados”. Esos destacamentos de nativos fueron, probablemente, los principales combatientes en los encuentros.
Era evidente que para enfrentar a un poder como el español, se necesitaría un ejército – sobre todo en el Perú – que debía componerse de indígenas de la misma manera que el ejército colonial. Las fuerzas con que José Manuel de Goyeneche aplastó a la junta de La Paz contaron con el apoyo de los curacas realistas Mateo Pumacahua y Manuel Choquehuanca. Pese a sus reticencias, los criollos tuvieron que aceptar la idea de “aliarse” con curacas. En un principio la junta de La Paz de 1809 no había considerado incorporar a la elite indígena en calidad de aliada. Sin embargo, al quedar claro que los criollos carecían de fuerzas propias, tuvieron que convocar a representantes indios de Yungas, Omasuyos y Larecaja.
En la forma en la que realmente se dieron las luchas, la población indígena fue imprescindible. Ya como soldado de línea, ya como guerrillero, el indígena peruano integró los ejércitos de los insurgentes y del rey. Luego de la independencia siguió participando en las numerosas y enredadas luchas intestinas y externas.
En la práctica, el acercamiento de los insurgentes y realistas a la población indígena fue muy medido. Las “alianzas” se dieron solo a nivel de determinados curacas y por el tiempo preciso para los fines de movilización de tropas y la labor de secundar a los líderes insurgentes o realistas en un levantamiento dado.
PROYECTOS INDÍGENAS
La población indígena tenía sus propias reivindicaciones, mas no las posibilidades de lograr sus cometidos. Los motivos de sus quejas eran evidentes y venían arrastrándose a lo largo del régimen colonial. Su oposición a dicho régimen incluía la defensa de sus tierras, la lucha contra el trabajo forzado en unidades productivas y las cargas fiscales. Lo que produjo una contradicción social fundamental entre el campesinado indígena y los sectores dominantes. Fuesen españoles o criollos. Al carecer de sustento político, sus proyectos sociales pretendían destruir el orden existente pero sin proporcionar una perspectiva viable. El referente más conocido era el orden prehispánico y, por ello, no debe extrañar que sirviese de guía en numerosas ocasiones.
En la práctica, todos los proyectos de ese momento tuvieron, en mayor o menor grado, un carácter anticolonial. No podía ser de otra manera desde fines del siglo XVIII. Ya habían quedado atrás las luchas por alguna reivindicación específica, en especial las revueltas llamadas antifiscales. Hubo numerosas manifestaciones, aunque muchas de ellas quedaron en la fase conspiratoria.
No obstante tener definida la dirección anticolonial (aun con disidencias), los movimientos no son muy claros en cuanto al régimen a implementar luego de alcanzada la victoria.
LOS PROGRAMAS DE LUCHA
Un aspecto claro era que debía permanecer el mismo orden de jerarquías. Al margen de los resultados militares, la nueva sociedad reproduciría la misma escala de subordinaciones que la colonia. El móvil inmediato era revertir la situación anterior y asumir la “herencia” plasmada en las estructuras de poder que dejaban las autoridades virreinales. Es decir, se planteaba una transferencia del poder sin modificar las estructuras coloniales vigentes en el interior.
Scarlett O’Phelan encuentra determinadas constantes en los programas políticos de los movimientos en el sur andino. Para los movimientos del siglo XIX ya ha dejado de tener peso la idea de coronar un inca. Eso se debe a la circunstancia anteriormente indicada: la dirigencia no debía ser indígena. La excepción la constituye el levantamiento cuzqueño de 1805 – temprano con relación a la etapa final de las luchas – que pretendió poner a Manuel Valverde y Ampuero a la cabeza del movimiento por ser descendiente de los incas.
En este período se mantiene vigente la necesidad de una alianza con la elite indígena, pero sin otorgarle un papel protagónico. Resalta también la actitud de las partes insurgentes para con la iglesia. Por lo general, la iglesia y el clero debían conservar sus posiciones privilegiadas en un eventual nuevo régimen. Por el papel que jugaba la iglesia en la vida cotidiana, no se concebía una sociedad sin su participación activa. Prácticamente todos los proyectos incluyeron, implícita o explícitamente, a la iglesia como uno de los pilares para la construcción de la nueva sociedad.
De ahí que los levantamientos incluyeran a curas doctrineros en sus mandos o, al menos, en comisiones de confianza (redacción y difusión de proclamas). Máxime cuando el bajo clero cooperó abierta y frecuentemente con la lucha anticolonial. Clérigos criollos y mestizos tuvieron una gran capacidad de convocatoria (inclusive, sin los riesgos que traían consigo los curacas) y su dominio de las lenguas nativas los hacían doblemente valiosos. Algunos de ellos tuvieron mando de tropas, como por ejemplo el cura agrarista Idelfonso Muñecas y Aluralde en el Alto Perú.
De otro lado, un elemento constitutivo esencial en los programas fue el rechazo a los peninsulares. La oposición a los “godos” o “chapetones” sirvió para aglutinar a los criollos y mestizos, sobre todo durante el virreinato de Fernando de Abascal, quien fuera especialmente adverso a los criollos en las colocaciones burocráticas. Precisamente, la separación venía a ser una inmejorable oportunidad para realizar su anhelo de acceder a los cargos políticos más prominentes.
Pese a lo dicho, los criollos no vieron siempre a los peninsulares como adversarios. La colaboración fue más frecuente que el enfrentamiento, y demostraron solidaridad aun cuando los peninsulares fueron perseguidos y sus bienes confiscados por el ministro Bernardo Monteagudo en 1821.
La población indígena tampoco era precisamente muy afecta a los peninsulares, pero no diferencia bien entre españoles peninsulares y americanos. Tal vez porque ellos mismos no se diferencian en sus tratos al común de los indios.
Estas antipatías sociales y étnicas impidieron la celebración de alianzas sociales (y no solamente políticas entre dirigentes) en la gesta emancipadora.
Las estructuras coloniales político – administrativas serían mantenidas intactas en el nuevo régimen. Cambiarían las autoridades y alguna que otra denominación de los cargos. Los movimientos procedían inmediatamente al reemplazo de autoridades. Con esa medida se iniciaron los levantamientos de La Paz (1809) y el Cuzco (1814). Los subdelegados que apoyaban la causa insurgente podían mantenerse en sus puestos. Así sucedió en el Cercado del Cuzco, Urubamba, Abancay y Quipiscanchis. En La Paz se marginó a todos los no criollos (inclusive el mestizo Pedro Domingo Murillo fue separado de la conducción). El cargo político otorgado a Pumacahua en 1814 fue solo nominal y obedecía al amplio apoyo que brindaba al movimiento.
En cuanto a las bases económicas, los programas contemplaban tan solo ciertas modificaciones; más vinculadas con las cargas fiscales que con las mismas actividades productivas o comerciales. Estos cambios eran muy selectivos y estaban en función de los intereses de los criollos. Se privilegiaron las transformaciones concernientes a las aduanas, alcabalas, tráfico comercial, monopolios estatales, etc. En cambio, no hubo interés en resolver los problemas que aquejaban a la población indígena. Entre sus demandas no se encontraban, por ejemplo, la eliminación de la mita, del tributo, de las relaciones serviles, ni mucho menos, abandonar la dependencia de las exportaciones de materias primas mineras y agrícolas.
(*) Magíster en Historia Económica, Premio Nacional “Alma Mater” a la investigación científica.