Aproximadamente entre 10 y 20 personas son recluidas a diario en el Establecimiento Penitenciario de Chiclayo, situación que hace complejo el proceso de resocialización a cargo del Instituto Nacional Penitenciario – INPE. Sin embargo, sorteando las limitaciones de espacio y equipamiento, los internos buscan acceder a los beneficios para la reducción de su pena o aprender oficios que les permitan desarrollar una vida lejos de la ilegalidad.
El director del recinto carcelario, Javier Andonayre Arévalo, señala que son muchos los internos que participan de los talleres de resocialización y acceden a las terapias que les imparten el personal de tratamiento, seguridad y administración.
HACINAMIENTO
Actualmente, en el expenal de Picsi existen tres mil 453 reclusos, 168 de los cuales forman parte del programa multidisciplinario, estando próximos a acceder al beneficio penitenciario.
“Se presume que el número de internos se eleve a cuatro mil y la preocupación es que se agudice el problema del hacinamiento que ya tenemos. Es posible que se eleve el número de internos en diciembre”, señala Andonayre Arévalo.
Según indica, constantemente se invoca al gobierno central a fin que se adopten las medidas correspondientes para que no colapse el penal.
AMPLIACIÓN
Anota que si bien existe zona arqueológica en el área proyectada para la ampliación del establecimiento penitenciario, se ha realizado coordinaciones para que el Ministerio de Cultura extienda las autorizaciones correspondientes.
“Hemos recibido la visita de miembros de la Dirección Desconcentrada de Cultura con la finalidad de medir la parte posterior del penal para ver la ampliación teniendo resultados favorables. Esos informes los van a mandar a Dirección Nacional de Infraestructura del INPE para que envíen el presupuesto y lo puedan ampliar”, menciona.
Javier Andonayre señala que para la construcción de la nueva infraestructura del penal no es necesaria la licencia social que otorga la municipalidad.
“Definitivamente, el penal de Chiclayo ya colapsó. Hay internos que antes dormían sentados, ahora ya duermen parados y eso es algo inhumano. Siempre estoy invocando a las autoridades, jueces y fiscales, que al momento de dictar el mandato de detención a un interno, primero verifiquen la gravedad del delito a fin que ellos no queden estigmatizados acá. Espero que las autoridades me escuchen y puedan abstenerse y darle otros tratamientos a los delitos menores como arrestos domiciliarios o servicio comunitario verificado por el INPE”, expresa con preocupación el director.
ENFERMEDADES
Agrega que producto del hacinamiento se generan mayores condiciones de vulnerabilidad para que los internos adquieran enfermedades múltiples.
Actualmente en el establecimiento hay 130 internos que padecen tuberculosis, algunos de ellos hospitalizados o bajo tratamiento coordinado con el Ministerio de Salud.
“También por el hacinamiento están las enfermedades veneras por la promiscuidad de los varones, lo que ha originado que cinco internos estén ahora infectados con VIH, aunque ya están con el debido tratamiento”, refiere.
TRASLADOS
Andonayre Arévalo precisa que se evaluaría el traslado de internos a otros establecimientos penitenciario considerando a aquellos que no se logran adaptar a las normas de convivencia establecidas por el INPE.
“Se trataría de los que no pueden convivir de manera pacífica con sus compañeros, aquellos que participan en desórdenes colectivos. Estamos evaluando a los internos que están involucrados en inconductas, estos ya vienen siendo identificados y serían trasladados a otro penal”, informa.
El personal del INPE ha identificado tres bandas organizadas al interior del penal de Chiclayo, por lo que se han iniciado las coordinaciones con el Ministerio Público y la División de Investigación Criminal – DIVINCRI, así como inteligencia del Instituto Nacional Penitenciario y de la Policía Nacional para su desarticulación.
El trabajo reservado que se realiza al respecto daría como resultado la reubicación de reclusos, medida que puede adoptarse en cualquier momento.
“Hay reclusos que están aparentemente tranquilos, pero utilizan a otras personas para generar revueltas en el penal. Ellos son las cabezas, los que mueven, y eso hay que enfrentarlo. Buscan aprovechar la congestión de internos para generar problemas”, advierte.