Llegó el día, los plazos se cumplen y, a pesar de la grave crisis sanitaria y económica que vive nuestro país, 25 millones 287 mil 954 electores acudirán este domingo 11 a las urnas para elegir al presidente o presidenta y sus respectivos vicepresidentes de la misma agrupación política, a 130 congresistas para el Legislativo y a cinco parlamentarios andinos, quienes conducirán nuestro país para el próximo quinquenio 2021-2026.
Quien salga elegido o elegida debe comprometerse y poner su máximo esfuerzo por ayudar a paliar de manera efectiva la crisis sanitaria que estamos pasando, producto de la pandemia por la COVID-19, donde 53 mil 725 peruanos han perdido la vida por muchos factores, entre ellos: la falta de oxígeno, de camas UCI, de especialistas y medicamentos, lo que indudablemente nos puso hace más de un año en evidencia del precario sistema sanitario que tiene nuestro país.
El presidente que quiero para mí país debe estar comprometido en la lucha contra la corrupción, al punto que, si tiene que castigar a su propia familia por estar inmiscuida en temas de esta índole, deberá asumir con firmeza que les caiga todo el rigor de la ley, pues no se debe permitir que se siga robando a nuestro país. Si da muestras de este compromiso, podrá recobrar la confianza del pueblo peruano. No olvidemos que para el combate contra todas aquellas acciones que estén reñidas con la ley, vengan de donde vengan y cueste lo que cueste, no le debe temblar la mano a quien se ciña la más alta magistratura de nuestra patria. La transparencia debe ser un pilar fundamental del próximo mandato presidencial. Quien salga elegido debe estar dispuesto a desmontar y denunciar todo esquema corrupto que funcione en cualquier área del Estado.
Es urgente que al cumplir 200 años de independencia – el BICENTENARIO- se logre la estabilidad institucional, como base para poder enfrentar de manera eficiente los grandes desafíos y necesidades que tiene nuestro país. Ha quedado demostrado durante el último quinquenio que el avasallamiento de un poder es capaz de destruir la democracia, alterar el desarrollo de un país y colocarlo en riesgo permanente, lo que ahuyenta la inversión y desdibuja nuestra imagen en el exterior. Quien salga elegido deberá liderar con valores como el respeto, la tolerancia y el amor a la patria para que sean estímulo permanente de todos los peruanos y así iniciemos la dinámica de una nueva etapa democrática, histórica y constitucional de nuestro amado país.
El presidente que yo quiero para mi país debe lograr que esta nación sea estable, política, económica y jurídicamente, con crecimiento ordenado y equitativo, y de esa manera avance rápido en este camino que exige no perder tiempo ante las circunstancias que estamos viviendo.
Hoy, frente a la grave crisis sanitaria que padecemos y que ha repercutido en el aspecto económico, el presidente que salga elegido deberá estructurar junto a su equipo de trabajo un amplio programa de rescate económico que nos devuelva estabilidad, recuperación de empleo e inversión, de tal manera que podamos reducir la la brecha de extrema pobreza y pobreza al término del próximo quinquenio.
El próximo presidente o presidenta que yo quiero para mi país debe estar convencido de que, para crecer, nuestro país debe ser cada vez más competitivo y generador de trabajo de calidad para todos los peruanos, sin distinción de edades y género, sobre todo si se tiene en cuenta que más de ocho millones de connacionales perdieron su empleo a causa de la pandemia. Por ello, es fundamental que desde el primer día de gobierno hable con reglas claras para fomentar la inversión privada, pues la iniciativa de los emprendedores hoy cuenta más que nunca; y las pequeñas y medianas empresas esperan el mejor de los gestos del próximo gobierno para una reactivación económica firme y sostenida.
El presidente que yo quiero para mi país debe apuntar a la construcción de infraestructura sostenible, pues esta será un pilar esencial, ya que hay mucho por hacer en nuestro país, con el fin de hacerlo más competitivo económicamente y más justo en su distribución regional, en Costa, Sierra y Selva. Más aún cuando hasta hoy la llamada Reconstrucción con Cambios sigue pendiente y en deuda, en particular con Lambayeque. Es urgente emprender esa reconstrucción y cumplir con quienes son llamados damnificados y esperan la mano gubernamental para salir de la situación que atraviesan.
El presidente que yo quiero para mi país debe saber con certeza que el desarrollo del Perú no es otra cosa que la mejora de la calidad de vida de cada uno de los peruanos, para que tengamos un futuro mejor como nación, y que nuestros hijos puedan desarrollarse y tener oportunidades. La salud, la generación de empleo y la seguridad ciudadana deben ser ejes centrales de su trabajo de los próximos cinco años. Es obvio que la educación debe ser el pilar central de la gestión que emprenda el próximo 28 de Julio.
Como sabemos, la educación no puede esperar, la salud no puede esperar, las regiones de nuestro país no pueden esperar y, sobre todo, cada uno de los 32 millones de peruanos no pueden esperar más, pues a lo largo de nuestra historia, en 200 años de independencia, no se han podido superar las grandes brechas de desigualdad de nuestro Perú profundo.
No debemos tener duda ni olvidar que nuestro máximo anhelo como peruanos es que quienes nos representen cumplan con la meta de que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos vivan en un país mejor. Este es un país que lo tiene todo y que, pese al constante robo, a la corrupción y otros flagelos que nos azotan, producto de los malos gobiernos de turno, aún está de pie.
El presidente que yo quiero para mi país debe lograr que lleguemos a un acuerdo que ponga fin al odio y a la confrontación política, que nos perjudica. Es hora que la clase política y, sobre todo, quienes desempeñan cargos públicos, tengan la obligación de dar respuestas a las muchas necesidades, demandas y aspiraciones de cada uno de nosotros, y no se enreden en discusiones y pleitos estériles, que les bajan la moral a los peruanos y terminan haciendo un gran daño a nuestra patria.
Deseo que este proceso se desarrolle lo mejor posible, que nos dé luz, esperanza y estímulo para seguir adelante. Dios los bendiga y nos guíe este 11 de abril, día en el que se empezará a escribir una nueva historia del Perú.