Queda exactamente un mes para que los peruanos acudamos a las urnas, en una situación extraordinaria y de mucho cuidado, para elegir a quienes disputarán la presidencia del país en segunda vuelta y a los 130 representantes en el Congreso de la República para los próximos cinco años, esto si es que todos llegan al final del mandato. Ya saben que entre nuestra clase política siempre está abierta la posibilidad del desafuero y la vacancia.
La responsabilidad que nos toca a los peruanos es muy grande. Nos jugamos la entrada a la nueva centuria de la República, pero además la estabilidad nacional en un escenario golpeado por la crisis sanitaria y económica.
De nuestra decisión dependerá lo que sucederá con el país, de ahí que es sumamente importante que como electores dediquemos estos últimos días de la campaña electoral para hurgar en toda forma y sentido no solo las hojas de vida de los aspirantes al poder político, sino también sus planes de gobierno.
Como en cada elección, el abanico de postulaciones nos ofrece de todo. Hay candidaturas que lindan con lo extremo y también las del centro. ¿Qué le conviene al país? La respuesta está en nuestra conciencia y resulta personalísima.
Sin embargo, considero que todos tenemos algunas ideas comunes de qué es lo que definitivamente no nos conviene.
No le conviene al Perú los planteamientos tibios respecto a la lucha contra la corrupción, tampoco los ofrecimientos carnavalescos que promueven festines con la caja pública o aquellas promesas que solo son realizables en la cabeza errática o aventura de quienes las exponen.
No es mi deber como periodista decirles por quién votar el próximo 11 de abril, pero sí creo válido invocar a una reflexión profunda a quienes leerán esta columna, porque el país no está (nunca lo ha estado en realidad), para ensayos que lejos de ayudarnos a revertir los momentos difíciles que atravesamos, nos estanquen más.
Respecto a los aspirantes al Congreso, la tarea es, en la misma medida, muy importante.
Lambayeque ha caído en el amargo error de elegir como sus representantes a personajes que lejos de otorgarnos satisfacciones por su desempeño legislativo y fiscalizador, han puesto la vergüenza sobre nuestras espaldas, al caer en cuanta inconducta e ilicitud les ha sido posible.
Es suficiente mencionar que de los cinco congresistas que tuvo Lambayeque hasta septiembre del 2019, cuatro tienen hoy acusaciones constitucionales por incurrir en presuntos actos de corrupción. Mayor desprestigio no puede tener la clase representante del departamento ante el Parlamento.
En consecuencia, corresponde elegir bien, con seriedad, con responsabilidad, poniendo de verdad a Lambayeque por encima de cualquier otro interés y convencidos con certeza de la necesidad de ser nosotros, como electores, los promotores de una mejor representación.
Entre los candidatos al Congreso hay personas de reconocida trayectoria profesional y empresarial, ciudadanos activos en el quehacer de nuestras comunidades, mujeres y hombres de probada honestidad y solvencia ética, consecuentes y con capacidad de escucha. Démosle la oportunidad y que sean ellos quienes hagan sentir nuestra voz ante el gobierno nacional. Equivocarse, ya no tiene justificación.