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PENALES PRODUCTIVOS

Escribe: Rosa Amelia Chambergo Montejo
Edición N° 1015

La actual gestión del Instituto Nacional Penitenciario – INPE, de la Región Norte, que tiene que ver con Lambayeque, La Libertad, Cajamarca, Piura y Tumbes, tiene el propósito de convertir a los establecimientos penitenciarios de estas jurisdicciones en talleres productivos para lograr que sus internos cumplan a cabalidad con el tratamiento penitenciario, que no es otra cosa que el  proceso de reinserción para que abandone la actividad delictiva y pueda dedicarse a labores fructíferas.

 

Hace unos días, a invitación del director regional Juan Herrera Chávez, visité el Establecimiento Penitenciario de Chiclayo, ubicado en Picsi, y pude comprobar una situación muy lamentable de hacinamiento y de falta de recursos económicos y humanos para hacer frente  a la realidad carcelaria que se vive aquí y seguramente en el resto de penales no solo del norte, sino del país.

 

Sin embargo, y pese a tanta carencia, quienes trabajan en el Establecimiento Penitenciario de Chiclayo bajo el liderazgo del director Emigdio Cutimbo Estrada hacen denodados esfuerzos para que los talleres de zapatería, carpintería, corte y confección, y manualidades funcionen, a fin de tener trabajando a los internos de Chiclayo.

 

El Establecimiento Penitenciario de Chiclayo alberga a tres mil 500 presos aproximadamente, siendo su capacidad solo para acoger a mil 143 personas. El resultado es hacinamiento extremo, donde la alimentación no alcanza, donde los servicios higiénicos además de estar deteriorados no son los suficientes para atender las necesidades de los internos; los espacio cada vez más reducidos para albergarlos. Hoy en día duermen unos sobre otro, por increíble que parece este testimonio.

 

El buen propósito de las autoridades penitenciarias de mejorar la infraestructura no solo debe quedar en el anhelo. El hacinamiento y la falta de dinero no deben ser obstáculo para cumplir con el mejoramiento de las instalaciones y con la implementación de talleres de formación y capacitación, cuya producción debe estar adecuada a las necesidades del mercado.

 

El objetivo primordial de los Talleres Productivos es lograr que los internos participen en algún eslabón de la cadena productiva y con ello aprendan oficios que los saquen de la vida delictiva.

No me equivoco al señalar que casi todo está por hacer en los penales del país, de ahí que la visión de las nuevas autoridades del INPE en la Región Norte, quienes tienen apenas un año de labores,  enciende una la luz de esperanza para emprender un verdadero trabajo de resocialización, para lo que tienen que hacer alianzas estratégicas con autoridades regionales, municipales y con el sector privado, generando un marco legal que beneficie a todos.

 

Se pretende que las cárceles sean productivas con el objeto de preparar a los internos en el trabajo, que ellos generen sus propios ingresos y dejen el ocio.

 

Si ellos logran tener el apoyo de empresarios con visión de negocio, que capten su mano de obra, podrán, con los ingresos que perciban, pagar su reparación civil, ayudar a sus familiar y empezar a juntar un fondo económico que los ampare al dejar los establecimientos penitenciarios cuando cumplan sus sentencias o sean favorecidos con su libertad por el buen comportamiento o por los beneficios que suelen darse en épocas de Navidad y Fiestas Patrias.

 

Por ahora, el Establecimiento Penitenciario de Chiclayo no se puede ampliar debido a la negativa del distrito de otorgar la licencia social. Sin embargo, es necesario poner en operatividad nuevas ubicaciones dentro del reclusorio, es decir reubicar los talleres que cuentan con maquinaria y operadores de las mismas, para darle un mejor tratamiento a los internos afectados por el hacinamiento.

 

Sabemos que el 75 % de la población penal en Chiclayo es excedente, que la edad del 55 % de los internos oscila entre los 18 y 35 años, lo que nos debe llamar la atención a todos por lo que está pasando en nuestra sociedad, por lo que estamos haciendo de nuestros hogares y familias para formar a nuestros hijos y no siga en aumento la delincuencia, la criminalidad y la corrupción, males que llevan a más personas a las cárceles de nuestro país.

 

Estamos a tiempo de mirar a estas personas con ojos de amor y ayudarlos a que cumplan sus penas por los errores cometidos aprendiendo un oficio que servirá para que paguen al Estado por el daño que causaron, para que ayuden a sus familias y, sobre todo, para que dejen un mensaje claro a la sociedad: “Delinquir los priva de libertad, pero no de la dignidad que el ser humano necesita para estar en pie”. 

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