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BICENTENARIO DE LA BATALLA DE PICHINCHA – 1822: Donde se unieron las fuerzas sanmartinianas y bolivarianas

Escribe: Freddy R. Centurión (*)
Edición N° 1253

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A finales de 1821, el general Bolívar había asegurado la independencia en el virreinato de Nueva Granada, en tanto que el general San Martín había proclamado la independencia del norte del virreinato del Perú. Entre ambas zonas, se hallaba la Audiencia de Quito y la Provincia de Guayaquil, demarcaciones que a lo largo del siglo XVIII, oscilaron entre ambos virreinatos hasta que en 1803 se estableció que Guayaquil formaría parte del virreinato peruano (aunque sujeta al ámbito judicial de la audiencia quiteña), mientras que Quito integraría el virreinato granadino. Interés tanto de San Martín como de Bolívar, fue asegurar el dominio del estratégico puerto de Guayaquil.

Inicialmente Guayaquil proclamó su independencia (octubre de 1820) como una Provincia Libre, pero ante los fallidos intentos de quebrar el poder hispano en Quito, debió pedir el apoyo del Perú sanmartiniano y de la Gran Colombia bolivariana. Mientras San Martín se preparaba para tomar Lima, Bolívar, incluso antes de la decisiva batalla de Carabobo, envió por mar al general Sucre con dos batallones y un escuadrón (abril de 1821). Tras un éxito parcial en Yaguachi (agosto), las fuerzas de Sucre fueron derrotadas en Guachi (septiembre). Lejos de aprovechar el momento para dar el golpe de gracia a los independentistas replegados en Guayaquil, el mariscal realista Melchor de Aymerich se replegó a Quito, donde recibió el refuerzo de las únicas fuerzas enviada por España desde 1818; con ellos, arribó el competente general Cruz Mourgeon, como nuevo virrey de Nueva Granada y presidente de Quito, pero al morir de enfermedad, el anciano Aymerich continuó al mando.

Sucre aprovechó el tiempo para reorganizar sus fuerzas, y juzgándolas insuficientes, pidió apoyo al Protector San Martín, solicitándole el célebre batallón Numancia, compuesto por colombianos. El Numancia no sería enviado, sin embargo, ya libre del sitio del Callao, San Martín pudo atender al pedido de Sucre y envió las fuerzas reclutadas por el general Álvarez de Arenales, presidente del departamento de Trujillo. Esta división, al mando del coronel Andrés de Santa Cruz, constaban de los batallones Trujillo (formado por trujillanos y lambayecanos) y Piura (formado por los hijos de esa provincia), y de tres escuadrones de caballería (Cazadores de Trujillo, Cazadores de Paita y los célebres Granaderos de los Andes).

A fines de enero de 1822, Sucre trasladó sus fuerzas por mar, desde Guayaquil a Machala, marchando al pueblo de Saraguro, donde el 9 de febrero, se reunió con la división peruana que marchó desde Trujillo. Entre vivas estruendosos al Perú y a Colombia, Santa Cruz se colocó a órdenes de Sucre; la división auxiliar peruana se ocuparía de la vanguardia en el avance hacia el norte. “Las tropas del Perú y Colombia se conducen con una unión íntima y estrecha. Hermanos y amigos, se lisonjean con orgullo de haber unido sus estandartes.” escribió entonces Sucre, sin imaginarse que siete años, ambos ejércitos se verían enfrentados en esos mismos campos.

Mientras tanto Bolívar, ansioso de llegar a Quito y Guayaquil, avanzó desde Bogotá contra las fuerzas realistas en la provincia de Pasto, paso obligado para llegar a Quito. La noticia de su llegada a Popayán (enero) alarmó sobremanera al gobierno de Lima, que llegó a ordenar, el 2 de marzo, la retirada de la división de Santa Cruz hasta Piura. Santa Cruz y sus jefes resolvieron seguir adelante, en “espera de órdenes más precisas”, sin saber que San Martín había revocado la orden anterior (12 de abril). Para entonces, Bolívar había sido frenado en la batalla de Bomboná (7 de abril) por los pastusos a órdenes del coronel realista Basilio García.

El avance del ejército perú-colombiano se vio reforzado desde Panamá por las tropas de Córdova, y el 21 de abril, en Riobamba, se produjo un enfrentamiento entre la caballería realista con la caballería independista, destacando los célebres Granaderos a Caballo; como dos años después en Junín, sólo se utilizó el arma blanca, imponiéndose la caballería independentista. Las fuerzas realistas retrocedieron hasta Machachi, y luego de ser flanqueados, hasta Quito, donde el mariscal Aymerich, al mando de 3 mil hombres, mayormente americanos, preparó fortificaciones cubriendo los pasos montañosos que dirigían a la ciudad.

Buscando esquivar las posiciones realistas, en la lluviosa noche del 23 de mayo de 1822, los 2971 soldados del ejército perú-colombiano empezaron a ascender por las laderas del volcán Pichincha. No obstante, el avance fue lento ante la torrencial lluvia, pese a lo cual, al amanecer del 24 de mayo, la vanguardia independentista coronó el Pichincha. Tres batallones realistas acudieron a desalojarlos; su arremetida fue recibida por los cazadores del batallón colombiano Payá y por el batallón peruano Trujillo, al mando del coronel argentino Félix Olázabal. Más batallones se incorporaron a la acción, fusilándose ambos bandos casi a quemarropa. Los realistas intentaron flanquear a los independentistas, extendiendo el frente de batalla. Entonces, el mejor de los cuerpos veteranos realistas, el Aragón, intentó una carga para hundir el frente independentista, siendo frenados por los batallones que recién entraban en acción, que a su vez, se lanzaron a la carga, mientras el resto del ejército, reabastecido de munición, hacía fuego nutrido a los realistas, cuyo frente terminó por ceder. Unos fugaron a la ciudad, otros hacia Pasto. El mariscal Aymerich se refugió en el fuerte del Panecillo, y al día siguiente, firmó la capitulación: en ella, se reconocía la bizarría de los defensores del Rey, autorizándose su salida con los honores de la guerra y permitiéndose el viaje a España, tanto de americanos como de peninsulares.

Así se consumó la acción de Pichincha, donde se encontraron las fuerzas del sur y del norte, sellando el final del casi tricentenario reino de Quito. Sin embargo, la unión pronto cedería ante las suspicacias por la actitud bolivariana. Primero Sucre el mismo 25 de mayo, al enviar un comunicado al gobierno peruano, informando de que Quito sería incorporado “a la gran familia colombiana”. Luego Bolívar, al entrar en Guayaquil en julio, forzando su unión a la Gran Colombia. Allí, el 26 de julio, se entrevistaría con San Martín. No es el momento para comentar aquel encuentro a puertas cerradas. Basta con decir que tras ese hecho, el Protector pondría fin a su papel en la emancipación americana.

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(*) Abogado, investigador y docente universitario. 

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