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MEDIOCRIDAD RADICAL DE LA: La política actual en el Perú

Escribe: Jorge Chávez Pita (*)
Edición N° 1243

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En los últimos días, el pueblo peruano viene siendo testigo de un aluvión de escándalos y desencuentros políticos entre dos poderes del Estado: Ejecutivo y Legislativo. Por un lado, con un presidente – hoy sin sombrero – cometiendo errores garrafales en su gestión por la carencia de cuadros técnicos eficientes, la presunta comisión de actos deshonestos y, por el otro lado, un parlamento de mala calidad, en algunos casos con integrantes prontuariados que al fin y al cabo demuestran que ambos son poderes profundamente mediocres.

La clase política en su conjunto, hoy en día actúa con mucha complicidad y decidía perniciosa en contra del interés público y a favor del copamiento masivo de las instituciones públicas, producto del nombramiento en los cargos estratégicos de personajes cuya única carta de presentación es ser familiar directo o indirecto del presidente, de algunos parlamentarios y ministros de Estado, como si no fuera poco, paisano, amigo de los mismos o partidario y, en el peor de los casos, cómplice de sus fechorías que dañan y contaminan la eficiencia del Estado, hoy tan venida a menos en todos los niveles político y gubernamental.    

Políticos… los de antes

Si retrocedemos en el tiempo, nos encontraremos con momentos aciagos donde la mayoría de los políticos de ese entonces, eran personalidades que gozaban de una credibilidad real y efectiva, un expertis democrático irrebatible y una reputación moral que nadie podía cuestionar ni ponerla en tela de juicio por la falta de posturas definidas, ideales partidarios que pudieran haber denigrado su quehacer político, valores que desde hace unas décadas, han sido tirados por la borda por aquellos que dicen representarnos producto del voto popular. En este sentido, calza perfectamente un dicho tradicional: “cualquier tiempo pasado fue mejor”, por qué no recordado con nostalgia y frustración plena.

Hoy tenemos a un presidente de la república elegido por el pueblo, rebajado en su popularidad a pesar del corto tiempo de su gestión, gobernando y sobreviviendo para seguir sosteniéndose en el poder, producto de sus omisivas u desacertadas conductas que dañan la gobernabilidad del país, en tanto y en cuanto Pedro Castillo Terrones se va y viene y no se detiene en sus desatinos y la maraña de decisiones que en la mayoría de los casos resultan ser improvisadas y mal pensadas.          

El negocio

La política en el Perú, hoy más que nunca se ha convertido en un negocio lucrativo económico y de poder que sus actores nunca hubieran podido obtener sino es haciendo política barata, perniciosa, con escases de ideas y falta de espíritu patriótico para hacer el bien y no grotescamente hacer lo contrario, donde los escenarios en el que operan y se mueven solo sirven para cometer sus tropelías para gobernar y legislar a su favor, más no buscan el bien del pueblo a quien sistemáticamente lo traicionan utilizando argumentos infantiles para defender y justificar sus fechorías.

En ese mismo sentido, es necesario traer a colación una acepción escrita y acertada que en pocas palabras refuerza la percepción que hoy se tiene de la forma y la manera de hacer política en el Perú, cuando un opinologo suscribe lo siguiente: “La economía trabaja cuando la política duerme”, cruda y triste realidad que hoy vive el país, por cuanto si los precios de la canasta básica y sus agentes colaterales se incrementan día a día, es porque el sistema político, si bien no está durmiendo, está trasnochando para elaborar estrategias insanas plagadas de intereses y hechos corruptos, que cada vez se hacen más evidententes y difíciles de justificar.

El dogmatismo político, se ha empoderado y juega un rol preponderante en la gobernanza y el quehacer parlamentario reflejados tanto en el Poder Ejecutivo y el Legislativo, quienes como tal, a diario, colisionan frontalmente con la obsesión compulsiva de destruirse entre sí, sin importarles por cierto los estropicios que le causan al país mientras puedan seguir flotando en el poder, sobreviviendo a los embates desnaturalizados recargados de insania pura, como si todo fuera una guerra en la cual sino ganan, igual pierden, es decir, “se van todos”, mientras la sociedad se degrada y se desangra en la maraña de sus dificultades y necesidades.

El enanismo mental que hoy en día se hace más preponderante en la clase política peruana, es imperativo, por lo tanto, es mediocre en su quehacer natural y proclive a su debilitamiento democrático que lo hace cada vez más vulnerable y propenso a su quebrantamiento institucional producto del actuar intolerante y controversial por parte de aquellos que pregonando el apoyo popular, recurren al enfrentamiento innecesario, poniendo en vilo la estabilidad gubernamental y la falta del desarrollo económico prevalente que nos permita salir del hoyo en el que nos encontramos, mientras los actores políticos, mostrando su mediocridad evidente, suman multiplicando argumentos polarizantes que, al fin al cabo, son nefastos para lograr el crecimiento sostenido como país.        

(*) Consultor en Contrataciones del Estado.

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