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MI LAMBAYEQUE: "POLO DE DESARROLLO DEL NORTE DEL PERÚ"

Escribe: Rosa Amelia Chambergo Montejo
Edición N° 990

Hace 14 años, para ser exacta, el 1 de diciembre, Lambayeque inició su desarrollo bajo el esquema de un gobierno regional. Durante las presidencias de Yehude Simon Munaro, Nery Saldarriaga de Kroll, Luis Becerra Arribasplata, y actualmente en la gestión de Humberto Acuña, se han elaborado planes de articulación, con objetivos estratégicos, teniendo como visión el desarrollo concertado.

 

La exigencia que se dio desde un primer momento a la frase región y desarrollo, que no es más que la de “regionalización”, fue bastante saludable porque representa un paso más hacia la institucionalización de nuestra amada y querida tierra en sus procesos de planeamiento, organización, dirección, ejecución y control, factores administrativos fundamentales que todo gobernante debe conocer y dominar.

 

Una muestra de ese dinamismo y visión de desarrollo es la concretización, en parte, del proyecto Olmos, obra de gran importancia para nuestra región; aunque en un principio de la historia se “luchaba” por un componente completo en un solo lugar, la de una obra  hidroenergética, no solo con capacidad de cubrir la demanda de agua y energía eléctrica para Lambayeque, sino que también se “marketeaba” el concepto de exportación; es decir, se tenía proyectado vender energía al vecino país del Ecuador.

 

Desde la escuela se nos inculca que Lambayeque se ubica en un punto muy estratégico y privilegiado de la parte norte del Perú, y no es falso. Contamos con dos grandes e importantes ejes centrales de desarrollo: uno de ellos es el turismo y el otro la agricultura; aunque tampoco podemos dejar de lado al comercio y la pesca.

 

Los ejes de desarrollo siempre han sido y son la preocupación de las autoridades de turno, pero cabe la interrogante: ¿Qué ocurre para que estos no crezcan con la potencialidad que se quiere? Un ejemplo claro y palpable de potencialidad es el turismo, donde tenemos importantes herencias de culturas pre incas, como la Tumba del Señor de Sipán, las Pirámides de Túcume; Sicán, en Ferreñafe; Chonarcap, en los límites de Lambayeque y San José, y más.

 

Además contamos con nutridos museos tanto en Lambayeque y Ferreñafe, así como museos de sitio en cada lugar donde se han hecho los descubrimientos. A ello se suma, la biodiversidad y áreas de bosques y reservas naturales que proveen de una riqueza cultural y natural indescriptible, que hace notable la sostenibilidad de la zona.

 

Sin embargo, el flujo turístico es preocupante, y me lleva a pensar que no existe la satisfacción en los visitantes, debido a la carencia de buenos servicios, así como promoción de circuitos turísticos que no solamente incluyan zonas arqueológicas, sino playas, áreas de cultivo y de desarrollo, zonas de esparcimiento y hasta de diversión nocturna.

 

Desde Mi Expresión me inclino que tanto el reservorio de Tinajones, así como Olmos ciudad, campo y proyecto, también formen parte del paquete turístico, claro, también Pimentel, Puerto Eten, San José y Santa Rosa, y otros lugares hermosos con los que cuenta nuestra región, como las islas que se ubican en nuestra costa.

 

Pero para que esto se desarrolle tal y como lo imaginamos, se hace necesario y de urgencia la articulación entre la autoridad regional y las locales para mantener ciudades limpias, seguras y ordenadas, que no solo sean del agrado de sus propios habitantes, sino que generen el comentario entre los que nos visitan, y se conviertan en referente para que más turistas pongan sus ojos en nuestra región.   

 

En cuanto a lo agrario, Lambayeque siempre ha sido una zona principal de desarrollo agrícola, o como dicen los economistas, somos una importante fuente de desarrollo geoeconómica, y ahora más que contamos con Olmos y la irrigación de miles de hectáreas convertidas en campos de cultivo para la agroexportación; es decir, estamos no solamente en los ojos del mundo, sino en el estómago y calidad de vida de muchas personas en el mundo.

 

Permítanme poner en claro y discrepar con la autoridad regional en turno; pues Olmos no es la única zona geoeconómica con que cuenta Lambayeque. Nuestra región es muy rica y cuenta con otras zonas geoeconómicas que a las autoridades no prestan la debida atención e importancia desde el punto de vista político, social y económico, que se refleje en adelanto y desarrollo.   

 

Una de estas zonas es el mismo Chiclayo, Lambayeque, Motupe, Olmos, Zaña Oyotún, Nueva Arica, Ferreñafe, Incahuasi y Cañaris, donde existen tierras de alto valor agrícola y en las que se pueden desarrollan cultivos permanentes, orgánicos y hasta crianza de animales que permitan la industrialización de productos de cada zona.

 

Pero, ¿qué pasa?, ¿qué ocurre? Las autoridades de turno siempre han sido conformistas, y una de esas “disculpas” que siempre dicen es que la falta de agua es uno de los principales problemas. Nuevamente me tomo a palabra y con conocimiento de hecho les aclaro. Lambayeque se ubica en un punto estratégico y privilegiado de la parte norte del Perú, y esa ventaja que tenemos frente a otras regiones nos la da en parte las cinco cuencas hidrográficas con las que contamos, las cuales gobierno tras gobierno no han tomado en cuenta para activar proyectos de desarrollo.

 

Como fuente hídrica principal está la cuenca del Chancay Lambayeque, que alimenta desde el punto de vista poblacional y agrícola a gran parte de la región. Esta cuenca le da vida al reservorio de Tinajones, taza hídrica que no es suficiente para almacenar toda el agua que viene de los andes cajamarquinos. Cada año, millones y millones de metros cúbicos de agua son arrojados al mar a través del río Reque. Si tuviéramos otro reservorio en la zona de Chongoyape se podría almacenar la suficiente cantidad de agua para la agricultura y desarrollar las tierras que aún se mantienen vírgenes. Es más, se podría hablar de hasta dos cosechas al año.

 

Otra cuenca de importancia para la región es la del río Zaña, cuyas aguas, al igual que las del Chancay, son arrojadas al mar. Aquí no existe ninguna zona de embalse. Lo mismo ocurre con las cuencas del río La Leche, Motupe, Olmos, y hasta me atrevería a decir que una sexta cuenca sería el río Cascajal, pero toda el agua siempre va al mar, especialmente en la temporada de lluvias.

 

A todo ello se suma que contamos con un hermoso y rico mar, pero carecemos de un puerto por donde saquemos nuestros productos al exterior. Todos los lambayecanos tenemos puestas las esperanzas en que el terminal marítimo de Puerto Eten se haga realidad.

Mi Lambayeque querido tiene una alta calidad de desarrollo, similar a cualquier importante y próspera ciudad del mundo, pero también hay que ser conscientes que nos faltan redes viales, elemento indispensable para el desarrollo socio económico, porque nos van a permitir la interconexión entre todos los pueblos de la región y el país, y poder activar así  el intercambio comercial y la articulación de los centros de producción.

 

Lambayeque es un gran polo de desarrollo, somos la envidia sana en el norte del país, ha llegado el momento de tomar conciencia para articular entre todas las autoridades y la sociedad civil organizada, y juntos apuntar a un solo objetivo: orden, limpieza y seguridad, aspectos que darán como resultado el desarrollo, un desarrollo sostenible.

 

El ejemplo de las ciudades vecinas como Trujillo y Piura debe hacernos despertar y activar el deseo de ser igual o mejores que ellos. Sí podemos.

 

Lambayeque tierra del king kong, del arroz con pato, del ceviche, de los museos, de la Cruz de Motupe, de la Ciudad de las Flores, de las playas de Pimentel y puerto Eten, de lo héroes José Abelardo Quiñones y José Leonardo Ortiz, de las florecientes pampas de Olmos hasta la serranía de Incahuasi y Cañaris, todo ello me hace decirte bendito seas, hoy y siempre mi Lambayeque querido. 

                                                                                                                              

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