Cinco años han pasado ya desde que la Empresa Prestadora de Servicios de Saneamiento de Lambayeque - EPSEL, fue intervenida con el Régimen de Apoyo Transitorio - RAT. Cinco años, y los resultados son prácticamente nulos.
Cuando a la sociedad civil se le dijo que la propuesta de intervención dirigida desde el Organismo Técnico de Administración de los Servicios de Saneamiento - OTASS, era la salida a la crisis de la entidad, nadie dudó en apoyar la medida.
EPSEL era hace años la agencia de empleos de los alcaldes que conformaban la Junta de Accionistas y elegían, según sus intereses, varias veces económicos, a los integrantes del Directorio y las gerencias de línea.
Sin embargo, lo que se esperó con tantas expectativas ha terminando siendo más de lo mismo y esta afirmación no implica defender en absoluto el manejo corrupto que tuvieron los alcaldes cuando hacían y deshacían a su antojo en EPSEL.
Recursos no han faltado. OTASS ha entregado dinero suficiente para que los indicadores de la empresa de saneamiento mejoren, tanto en la parte operativa como comercial.
Se han pagado sueldos onerosos a funcionarios designados desde el OTASS y el Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento, y todos, salvo algunas honrosas excepciones como la ex gerente general Gisela Zelada Cortez, han resultado inútiles para la empresa.
EPSEL no ha sido capaz de revertir el indicador negativo de agua no facturada; tampoco ha sincerado su catastro comercial para romper con los cobros comodísimos que algunos residentes comerciales e industriales siguen pagando como si fueran domiciliarios.
Tampoco se ha recuperado la capacidad operativa de la empresa, ni incrementado el suministro de horas de agua potable. No se ha resuelto la continuidad de las obras de los colectores, paralizadas desde noviembre del 2016 y hubo total lentitud para solucionar la paralización de las obras de los 12 pueblos jóvenes carretera a Pomalca.
EPSEL se demoró nueve meses en resolver la ruptura del colector Bolognesi y recién hace unos días se han iniciado los trabajos en la Avenida Víctor Raúl Haya de la Torre, donde se ha esperado un año para licitar la obra. No está demás decir que hubo postergaciones en el proceso bajo justificaciones absurdas como el fin de la jornada laboral, argumentadas por los integrantes del comité de selección.
La empresa no ha sido capaz de buscar una solución definitiva al problema del abastecimiento de agua en la ciudad de Lambayeque, a la colmatación y mantenimiento de las lagunas de oxidación de San José y tampoco a la propuesta alzada desde la aplicación del RAT para tener nuevas plantas de tratamiento de agua potable para Chiclayo.
Del Plan Maestro Optimizado, ni qué decir.
Sin embargo, lo más cuestionable es que EPSEL vuelva a contratar con una empresa que antes la perjudicó.
En nuestra edición anterior, 1264, hemos evidenciado cómo EPSEL ha suscrito un millonario contrato con Industrias Triveca, cuyo presidente del directorio se encuentra procesado en el marco del caso “Limpios de la corrupción”, al reconocer haber pagado coimas para contratar con la entidad en los tiempos del corrupto alcalde Roberto Torres Gonzales, cuando era el mandamás de la empresa del agua.
No existe razón que permita justificar hechos como el mencionado. La única explicación posible es que en EPSEL todo vuelve a colarse, como antes, enturbiando una gestión que debería ser de recuperación institucional y administrativa. Los hechos demuestran que nada se aprendió.
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Directora / Fundadora.