Una batalla campal se desató el miércoles 15 d.c en las inmediaciones del Mercado Modelo de Chiclayo, luego que comerciantes ambulantes pretendieran posicionarse en las calles adyacentes al principal centro de abastos de la ciudad.
Provistos de palos y otros objetos, los informales atacaron a los agentes de la Policía Nacional, el Serenazgo y personal de fiscalización de la Municipalidad Provincial de Chiclayo.
Desde el 2012 existe un mandato judicial que ordena al municipio la liberación del perímetro del mercado, por representar peligro para la seguridad pública.
Ante la proximidad de las fiestas de Navidad y fin de año, los comerciantes pugnan por volver a ocupar las avenidas Balta y Arica, así como las calles Cuglievan y Pardo.
El saldo fue de cuatro agentes del serenazgo heridos y cinco detenidos.
En Expresión condenamos todo acto que genera violencia y desde aquí nuestro respaldo a las autoridades municipales, que no solo cumplen con el ansiado ordenamiento del comercio ambulatorio de nuestra ciudad, sino que cumplen con un mandato judicial.
Es hora que se siente un precedente de autoridad y no permitan ser desafiados por quienes viven al margen de ley y pretexto de querer tener ingresos hacen uso de la vía pública para comercializar diversos productos.
Hace unos días, una funcionaria de la Municipalidad Provincial de Chiclayo refirió que la comuna había ubicado estratégicamente lugares en los que serían instalado a los comerciantes ambulantes de la ciudad, obviamente tendrían que pagar una merced conductiva por espacios que son privados y que están disponibles de uso para quienes de manera correcta quieren trabajar en los lugares señalados por la comuna chiclayana.
El problema es que ni la comuna ni la Policía Nacional tienen capacidad para mantener personal permanente en los exteriores del Mercado Modelo.
La presencia del personal del orden no puede ser indefinida, máxime si existen otros puntos de la ciudad en los que urge atender el problema de la inseguridad ciudadana, por lo que alguna estrategia coordinada, que involucre que no solo a ambas instituciones: municipalidad y Policía, se debe diseñar e implementar para atender el problema.
Lo que preocupa como aspecto de fondo es el daño que se genera al resto de comercios que siendo formales se ven obligados a cerrar sus puertas por los constantes enfrentamientos.
También el daño a la propiedad pública, a la tranquilidad de los transeúntes y compradores que concurren al centro de abastos y, desde luego, la aparente contratación de personajes, que como supuestos comerciantes atacan sin ningún reparo al personal municipal y policial.
Sabido es, desde hace mucho, que no todos los ambulantes que se ubicaban de forma permanente en los exteriores del mercado son trabajadores independientes, sino que entre ellos hay un importante número de vendedores que se encarcagan de poner en la vía pública las mercaderías de grandes empresarios y almaceneros que tienen tiendas "formales" en las calles contiguas.
Esa vieja práctica de vender en el local y también en la pista, ha generado un círculo vicioso que impide el ordenamiento del comercio y le da al asunto una apariencia de complejidad social, bajo el argumento de que se trata de más familias que merecen ganarse el sustento diario.
El menester de las autoridades identificar quiénes son esos comerciales aprovechados que gustan de usufructar la vía pública y alentar el caos.
Pero además, es obligación de la Municipalidad Provincial de Chiclayo elaborar un plan integral y definitivo que responda a la interrogante de fondo: ¿Qué hacer con el Mercado Modelo?
No es justificable que cada cierto tiempo, con el mandato judicial sobre la cabeza, cual espada de Damocles, la autoridad municipal tenga acción reactiva y no preventiva.
En la reacción se gastan millones de soles que bien podrían invertirse en otras necesidades que tiene Chiclayo.
No hay, desde 1970, una propuesta municipal respecto a la construcción de un nuevo mercado de abastos de gran capacidad para Chiclayo y eso no pasa por quién ocupa ocasionalmente el sillón edil cada cuatro años, sino por la falta de planificación y continuidad en el sistema municipal provincial.
Ojalá que a partir de estas experiencias infelices, que no son nuevas, por cierto, de ver actos vandálicos en el centro de la ciudad, las autoridades locales reflexionen y sienten las bases para proyectar la construcción de un nuevo mercado.
Espacio hay, recursos son fáciles de conseguir, lo único que se necesita es decisión política, capacidad de gestión, liderazgo y, desde luego, transparencia.
Insistir en los paliativos temporales al problema del comercio ambulatorio es como darle una aspirina a un cuerpo que necesita urgentemente intervención quirúrgica.
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Directora / Fundadora