Han pasado más de dos décadas y media y hasta ahora no se encuentra una solución al serio problema que representa el comercio ambulatorio para Chiclayo.
En poco más de una década, parte de las autoridades municipales se han dedicado únicamente a acatar el mandato judicial que ordena la liberación de las áreas de circulación y las plataformas que circundan al Mercado Modelo. Sin embargo, ni uno de los ocasionales ocupantes del sillón municipal ha sido capaz de proponer, diseñar, implementar y sostener una solución definitiva al problema. Todos han cumplido las órdenes judiciales solo para salvarse de la temida figura de desacato.
No se sabe exactamente cuántos trabajadores informarles hay en Chiclayo, se habla de diez mil, ocho mil y menos. Sin embargo, una cifra que se acercaría a la realidad es la de aproximadamente seis mil personas que hace años toman las calles y se apoderan de los espacios públicos para trabajar vendiendo diversos productos, lo que les permite el sostenimiento de sus hogares.
Claro está, este no sería el caso de todos, pues se sabe que hay grandes empresarios dedicados al plástico, telas, ropa, zapatos, zapatillas, artículos de limpieza y otros que buscan a personas desocupadas para darles mercadería y que ocupen las calles. Obvia-mente, en el fondo hay una sistemática práctica de evasión tributaria que afecta al país, genera caos, inseguridad y convierte al centro de la ciudad en una feria permanente, entre el desorden y la contaminación ambiental, visual y sonora.
Creo que mientras no haya una coordinación efectiva entre la SUNAT, la municipalidad, la Policía Nacional, el Ministerio Público y el Poder Judicial para resolver este problema, no se logrará ordenar y menos erradicar al comercio informal, que cada día aumenta sin mayor freno.
Es urgente la creación de mercados zonales en los puntos estratégicos de nuestra ciudad, por ejemplo, a los ingresos norte, sur, este y oeste.
Complementariamente, el municipio de Chiclayo deberá ejecutar una inversión sostenida y responsable en servicios básicos y pistas, el otorgamiento de nuevos desplazamientos del servicio interurbano y generar confianza en la inversión privada para atraer nuevos centros de abastos en los puntos en los que se concentra la mayor afluencia de público.
Es importante desarrollar una campaña sostenida de sensibilización con quienes ejercen actividades de comercio ambulatorio. Es responsabilidad de todos hacerles entender que siendo informales y pagando por espacios públicos que nunca serán suyos jamás romperán el círculo de la pobreza. Los comerciantes minoristas necesitan infraestructura y es obligación del gobierno municipal generar las condiciones para que accedan a ellas, sean sujetos de crédito y puedan desarrollarse y competir desde la formalidad.
Urge que la municipalidad de Chiclayo sostenga mesas de diálogo permanente con los dirigentes para hacerles entender que el problema del comercio ambulatorio debe ser solucionado.
Nadie desconoce que vivimos un problema social post pandemia, pero para ello existen los técnicos, planificadores y responsables que nos tienen que ayudar a ordenar esta provincia, que hace mucho perdió autoridad y que pareciera ser tierra de nadie. Respecto a la gestión municipal actual, hasta ahora no se oye padre.