Lo más saltante de esta semana es, sin duda, la presentación del equipo técnico de Pedro Castillo Terrones, candidato a la presidencia de Perú Libre, y los refuerzos convocados por Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular.
En ambos grupos hay rostros por destacar y otros sobre los que es necesario tener reparos, esto por su comportamiento político e incluso nivel de tolerancia para con las opiniones discrepantes.
En el equipo anaranjado, por ejemplo, se ha sumado un personaje que en Twitter suelta ajos, mieles, cebollas y hasta se acuerda de la madre de quien no comulga con sus ideas. Del lado de Perú Libre, hay peligrosos lazos con procesados y sentenciados por terrorismo, que deben motivar la atención de todos.
Pero bien, lo importante es que a medida que se acerca el 6 de junio, día de las votaciones en esta segunda vuelta, los candidatos empiezan a mostrar sus cartas más fuertes y eso permitirá a los electores tener una noción clara para definir su apoyo en las urnas.
A propósito de equipos técnicos, existen muchos ejemplos de lo importantes que estos resultan para el éxito de cualquier gestión, ya sea en el ámbito público como en el privado.
Si una empresa no tiene un adecuado grupo de profesionales y técnicos capaz de generar valor, es poco lo que se puede proyectar respecto a crecimiento, mientras que si un gobierno o una entidad estatal carece de cuadros con un adecuado perfil es poco lo que se puede alcanzar respecto a eficiencia y transparencia.
Lo que pasa con los equipos técnicos en la contienda presidencial trae a mi memoria los correteos que los medios de comunicación hicimos al actual alcalde de Chiclayo, Marcos Gasco Arrobas, tan pronto ganó las elecciones municipales del 2018.
Las votaciones se realizaron los primeros días de octubre de ese año y Gasco Arrobas no pudo (o no quiso) revelar quiénes lo acompañarían a asumir la gestión municipal que empezaba el 1 de enero del 2019.
Siempre dio evasivas, ofrecía hacerlo en determinado momento e incluso llegó a declarar que los medios ya se enterarían, y así pasaron las semanas y nada. Nada hasta el día de su bochornosa juramentación como alcalde.
Bochornosa no solo porque tuvo el frívolo acto de caminar por una alfombra roja cual monarca de una ciudad sumida en el caos y la suciedad, sino porque ese mismo día la Policía Nacional trató de ubicar, sin éxito, a Walter Martín Pérez Carranza, a quien Gasco Arrobas había designado como jefe del Centro de Gestión Ambiental de Chiclayo y tenía una orden de captura en su contra, por mandato de prisión preventiva. ¿La razón? Una investigación por actos de corrupción de cuando fue funcionario en la municipalidad de Lambayeque.
Pero ese no fue el único caso. El subgerente de Imagen Institucional que Gasco Arrobas designó no cumplía el perfil del puesto, la gerente de Asesoría Jurídica tenía una sentencia por participar de un matrimonio ficticio y el gerente general, Cristian Rosenthal Ninapaytan, tenía una sentencia en primera instancia por el caso del incendio de la Galería Nicolini, en Lima, donde murieron dos jóvenes esclavizados.
Al cumplir los primeros 70 días de su gobierno, Gasco había cambiado a 23 de los 30 funcionarios de confianza que tiene el municipio. Un verdadero récord.
Pero lo sucedido en la Municipalidad Provincial de Chiclayo no es asunto aislado. Lo mismo pasó en el Gobierno Regional de Lambayeque, cuando Anselmo Lozano Centurión asumió la gobernación.
En su caso, hizo una mudanza completa de funcionarios de la municipalidad de La Victoria al gobierno regional y hoy se sabe, a la luz de las investigaciones fiscales, que varios de los que lo acompañaron habrían participado en los presuntos actos de corrupción registrados en el período 2015-2018, cuando fue por última vez alcalde distrital.
Ambos ejemplos sirven para ilustrar perfectamente la importancia de que un gobernante cuente con equipos técnicos solventes, con alto conocimiento del funcionamiento de la cosa pública y, sobre todo, con una trayectoria limpia, que aporten y no perjudiquen el funcionamiento de cualquier entidad de gobierno. Mirémonos en el espejo de lo más inmediato (lo local), para saber qué es lo que debe ocurrir en el escenario nacional.
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Directora - Fundadora.