La pregunta certera que el lunes se le hizo al gobernador regional, Huberto Acuña Peralta, sobre si participaría o no de la marcha convocada por el Comité Cívico de Lambayeque para el próximo 13 de noviembre, terminó comprometiéndolo con zapatos y todo. ¿Va a marchar? “Claro que sí”, respondió la autoridad.
En los últimos días Acuña Peralta ha asumido un liderazgo importante entre los gobernadores de la macroregión nororiental del país, al presidir la mancomunidad conformada y sin tapujos ni miramientos pedir al mandatario de la República, Pedro Pablo Kuczynski, que evalúe la permanencia de Pablo de la Flor Belaunde como director ejecutivo de la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios – ARCC.
Las razones son bastante conocidas. Para nadie es un secreto que Pablo de la Flor no solo ha tenido una resistencia injustificada para abrir las puertas del proceso de reconstrucción a la participación directa de las organizaciones de la sociedad civil, sobre todo de los colegios profesionales y gremios técnicos, que exigen trámites transparentes, eficientes y responsables en cada una de las licitaciones para la recuperación de los departamentos afectados por El Niño Costero.
En Lambayeque, ya hay precedentes de una posición firme, aquella que sentó el Comité Cívico en la marcha del 15 de marzo, que buscó poner en vitrina en malestar general de los habitantes del departamento por la incompetencia mostrada hasta ese momento por las autoridades locales, regionales y nacionales para la atención de la emergencia. Medida que se realizó pese a la opinión contraria de algunos seudo analistas políticos y falsos líderes de opinión.
Mientras nuestras ciudades se hundían en el lodo de las lluvias o se ahogaban en las aguas servidas que emanaban de los desagües colapsados, aquellos afirmaban que protestar no era oportuno, que había que esperar a que el gobierno nacional actúe.
Han pasado siete meses desde el inicio de la emergencia y la actuación del gobierno nacional, a través de la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios ha sido a medias, como bien afirman los gobernadores del nororiente en el comunicado que hicieron público hace unos días.
Las familias damnificadas siguen viviendo en condiciones deplorables, las obras más importantes de rehabilitación de servicios no tienen cuando empezar y, lo que es peor, las iniciativas que tanto el gobierno regional como la sociedad civil organizada han alcanzado como prioridad para que sean incluidas en el Plan de Reconstrucción simplemente fueron dejadas de lado. El Plan Hidráulico de Lambayeque está en esa lista de postergación.
La cereza del pastel es sin, lugar a dudas, el cúmulo de declaraciones desatinadas y carentes de verdad del director ejecutivo de la reconstrucción. Responsabilizar a los gobiernos regionales y locales de los retrasos del proceso que él lidera no es poca cosa, es una afrenta mayúscula, máxime porque conforme los informes de ejecución presupuestal, las regiones del norte tienen ahora más avance que los ministerios que administran recursos del ambicioso plan que, en lo ideal, debería devolvernos ciudades con cambio, donde vivir no solo sea digno, sino también seguro.
Pero claro, como el oportunismo nunca falta, salieron algunos alcaldes, liderados por el burgomaestre de Chiclayo, David Cornejo Chinguel, a dar su respaldo incondicional a Pablo de la Flor. Esos mismos alcaldes que hace unas semanas en la mesa de trabajo convocada por congresistas del departamento denunciaron indiferencia, falta de atención y postergación de sus proyectos, son los que aparecieron esta semana embelesados por las repetitivas promesas del funcionario.
De la Flor les ha ofrecido el oro y el moro, como la asignación de recursos para pistas, veredas y obras de saneamiento, y desde luego los alcaldes, viejos zorros de la política algunos, han visto en las palabras del director de la ARCC la oportunidad perfecta para fortalecer su presencia, promover sus nombres y, quién sabe, ganar réditos de cara a las elecciones del próximo año.
Lo que ha generado De la Flor es una polarización de las autoridades. Mientras los gobernadores del norte y la sociedad civil piden que sea separado del cargo, los alcaldes lo apoyan y al mismo tiempo se frotan las manos por el dinero que llegará para sus municipios.
Bien lo ha dicho el gobernador de Lambayeque: no importa quien ejecuta las obras ni quien maneja los presupuestos, importa que las obras necesarias y trascendentales se hagan y esas obras son las que no están garantizadas por la reconstrucción. Creer que con mil millones de soles se ejecutará el proyecto de La Calzada en el valle La Leche y el drenaje pluvial de Chiclayo metropolitano, es absurdo.
Por esta consideración, como lo fue en la Marcha del 15 de marzo, participar en la protesta convocada por el Comité Cívico de Lambayeque para el 13 de noviembre es un compromiso moral que todos debemos asumir. De la Flor y su invisible equipo técnico no solo se han negado a atender la importancia de incluir al Plan Hidráulico en la reconstrucción, sino también al Plan de Desarrollo Vial y las 15 recomendaciones que los colegios profesionales han alcanzado por escrito desde agosto pasado.
Si De la Flor busca apoyarse en alcaldes que por su conveniencia le ofrecen su respaldo, que sea el pueblo de Lambayeque el que le demuestre que no va a tolerar una vez más su soberbia y desprecio, pero sobre todo, que sea el gobernador Humberto Acuña y sus pares del norte quienes mantengan firmeza en su planteamiento hecho al presidente de la República: El funcionario debe irse y junto a él todos los que siguen poniéndole trabas a un proceso que debió empezar con eficiencia hace mucho.
Señor gobernador Humberto Acuña Peralta, marche usted y el pueblo irá a su lado. Sin fanatismos, sin protagonismos, pensando únicamente en que Lambayeque no puede seguir esperando.
La pregunta certera que el lunes se le hizo al gobernador regional, Huberto Acuña Peralta, sobre si participaría o no de la marcha convocada por el Comité Cívico de Lambayeque para el próximo 13 de noviembre, terminó comprometiéndolo con zapatos y todo. ¿Va a marchar? “Claro que sí”, respondió la autoridad.
En los últimos días Acuña Peralta ha asumido un liderazgo importante entre los gobernadores de la macroregión nororiental del país, al presidir la mancomunidad conformada y sin tapujos ni miramientos pedir al mandatario de la República, Pedro Pablo Kuczynski, que evalúe la permanencia de Pablo de la Flor Belaunde como director ejecutivo de la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios – ARCC.
Las razones son bastante conocidas. Para nadie es un secreto que Pablo de la Flor no solo ha tenido una resistencia injustificada para abrir las puertas del proceso de reconstrucción a la participación directa de las organizaciones de la sociedad civil, sobre todo de los colegios profesionales y gremios técnicos, que exigen trámites transparentes, eficientes y responsables en cada una de las licitaciones para la recuperación de los departamentos afectados por El Niño Costero.
En Lambayeque, ya hay precedentes de una posición firme, aquella que sentó el Comité Cívico en la marcha del 15 de marzo, que buscó poner en vitrina en malestar general de los habitantes del departamento por la incompetencia mostrada hasta ese momento por las autoridades locales, regionales y nacionales para la atención de la emergencia. Medida que se realizó pese a la opinión contraria de algunos seudo analistas políticos y falsos líderes de opinión.
Mientras nuestras ciudades se hundían en el lodo de las lluvias o se ahogaban en las aguas servidas que emanaban de los desagües colapsados, aquellos afirmaban que protestar no era oportuno, que había que esperar a que el gobierno nacional actúe.
Han pasado siete meses desde el inicio de la emergencia y la actuación del gobierno nacional, a través de la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios ha sido a medias, como bien afirman los gobernadores del nororiente en el comunicado que hicieron público hace unos días.
Las familias damnificadas siguen viviendo en condiciones deplorables, las obras más importantes de rehabilitación de servicios no tienen cuando empezar y, lo que es peor, las iniciativas que tanto el gobierno regional como la sociedad civil organizada han alcanzado como prioridad para que sean incluidas en el Plan de Reconstrucción simplemente fueron dejadas de lado. El Plan Hidráulico de Lambayeque está en esa lista de postergación.
La cereza del pastel es sin, lugar a dudas, el cúmulo de declaraciones desatinadas y carentes de verdad del director ejecutivo de la reconstrucción. Responsabilizar a los gobiernos regionales y locales de los retrasos del proceso que él lidera no es poca cosa, es una afrenta mayúscula, máxime porque conforme los informes de ejecución presupuestal, las regiones del norte tienen ahora más avance que los ministerios que administran recursos del ambicioso plan que, en lo ideal, debería devolvernos ciudades con cambio, donde vivir no solo sea digno, sino también seguro.
Pero claro, como el oportunismo nunca falta, salieron algunos alcaldes, liderados por el burgomaestre de Chiclayo, David Cornejo Chinguel, a dar su respaldo incondicional a Pablo de la Flor. Esos mismos alcaldes que hace unas semanas en la mesa de trabajo convocada por congresistas del departamento denunciaron indiferencia, falta de atención y postergación de sus proyectos, son los que aparecieron esta semana embelesados por las repetitivas promesas del funcionario.
De la Flor les ha ofrecido el oro y el moro, como la asignación de recursos para pistas, veredas y obras de saneamiento, y desde luego los alcaldes, viejos zorros de la política algunos, han visto en las palabras del director de la ARCC la oportunidad perfecta para fortalecer su presencia, promover sus nombres y, quién sabe, ganar réditos de cara a las elecciones del próximo año.
Lo que ha generado De la Flor es una polarización de las autoridades. Mientras los gobernadores del norte y la sociedad civil piden que sea separado del cargo, los alcaldes lo apoyan y al mismo tiempo se frotan las manos por el dinero que llegará para sus municipios.
Bien lo ha dicho el gobernador de Lambayeque: no importa quien ejecuta las obras ni quien maneja los presupuestos, importa que las obras necesarias y trascendentales se hagan y esas obras son las que no están garantizadas por la reconstrucción. Creer que con mil millones de soles se ejecutará el proyecto de La Calzada en el valle La Leche y el drenaje pluvial de Chiclayo metropolitano, es absurdo.
Por esta consideración, como lo fue en la Marcha del 15 de marzo, participar en la protesta convocada por el Comité Cívico de Lambayeque para el 13 de noviembre es un compromiso moral que todos debemos asumir. De la Flor y su invisible equipo técnico no solo se han negado a atender la importancia de incluir al Plan Hidráulico en la reconstrucción, sino también al Plan de Desarrollo Vial y las 15 recomendaciones que los colegios profesionales han alcanzado por escrito desde agosto pasado.
Si De la Flor busca apoyarse en alcaldes que por su conveniencia le ofrecen su respaldo, que sea el pueblo de Lambayeque el que le demuestre que no va a tolerar una vez más su soberbia y desprecio, pero sobre todo, que sea el gobernador Humberto Acuña y sus pares del norte quienes mantengan firmeza en su planteamiento hecho al presidente de la República: El funcionario debe irse y junto a él todos los que siguen poniéndole trabas a un proceso que debió empezar con eficiencia hace mucho.
Señor gobernador Humberto Acuña Peralta, marche usted y el pueblo irá a su lado. Sin fanatismos, sin protagonismos, pensando únicamente en que Lambayeque no puede seguir esperando.