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¡Habla, Mochica! LA RADIO ES DE LA GENTE: Elogio del dial

Escribe: Eloy Seclén Neyra (*)
Edición N° 1254

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Son nuestros propios años veinte y la radio sigue ahí. Como a inicios del siglo pasado, su omnipresencia sigue estimulando la imaginación, acompañando el camino. Y aunque la actual programación en FM no destaque por su versatilidad, y aunque muchos jóvenes (y no tan jóvenes) solo usen el AM para escribir la hora por las mañanas, la radio se acerca al centenario cada mes de junio.

Desde tiempos en que la inteligencia era humana y no artificial, la radio cumplía la noble función de acompañarnos. Si existe alguna condición que debe cumplir el amor es la de acompañar. La radio lograba con ello sin someternos. No requería nuestros datos personales, menos nuestras cuentas bancarias. No nos exigía suscripciones o adecuarnos a tarifas premium, golden o lo que a ello continúe. Hasta sus tandas comerciales resultaban persuasivas de lo entrañables que podían ser. Se emitían en vivo y en directo en auditorios por donde pasaron miles de estrellas. Algunas fugaces; otras, imperecederas.

La historia de la radio en el Perú comenzó en junio de 1925. Tiempos donde se instalaban receptores y parlantes en plazas públicas para que nadie se quedara sin escuchar la transmisión. Lo que decía la radio tenía que ser para todos o no sería. Quizá esa impronta democrática fue la causa de su popularidad. Pronto la radio creció difundiendo géneros musicales que expresaban la diversidad que caracteriza toda identidad. La fama de los locutores cruzaba fronteras aunque pocos los conocieran de vista. Nadie podía saber que en realidad se encargaban de todo: eran operadores musicales, narradores de noticias y hasta actores improvisados en radioteatros. Te hablo de la época en que las radionovelas cumplían con su misión fundacional: contarte varias historias a la vez y no contarte la misma historia de siempre. Efectivamente, la radio era la gente. Sin pantallas, reflejaba su imagen.

Hasta en tiempos de desolación, la radio informaba, orientaba, realmente ayudaba. Surgieron radioaficionados que ejercieron el noble rol de difundir información en tiempos donde esta era un bien supremo. No buscaban seguidores, likes, menos podían monetizar sus transmisiones. Tan solo querían compartir la información. Que sirva. Que sea pública. Realmente pública.

La radio en Chiclayo

“Queremos que nuestra radio llegue donde nadie ha podido llegar”, pudo haber dicho Julio Carlos Montjoy D’izalla, aquellos días de 1936 en que se propuso crear una radio en Chiclayo. Deseaba lanzar anuncios comerciales tan lejos, pero tan lejos, que su primera intención fue llamarla Radio Del Carajo. Entre la moderación y la temeridad, al final decidieron usar solo las primeras letras de la frase. Y así nació la primera radio en todo Chiclayo: Radio Délcar.

La aparición de Radio Chiclayo, un 30 de abril de 1955, representaría una dura prueba para Délcar. Su llegada al dial fue hasta desafiante: se instalaron nada menos que en los techos del edificio del Banco Popular. Exactamente dos pisos más arriba que los chicos de Montjoy. El incansable trajín de ambos auditorios hizo latir el corazón de nuestra ciudad: el Parque Principal tenía las dos radios más populares junto al cine-teatro Tropical, que a su vez tenía al frente al recordado cine Colonial. Con música de iglesia, la Catedral de Chiclayo yacía al medio de todo el circuito cultural de mediados de siglo.

La popularidad de sus concursos musicales, los premios que locutores como Claudio Baquedano y José Ruiz entregaban a los oyentes en el 1041 de Juan Cuglievan, fomentaron la leyenda radial en nuestra ciudad. Pronto comenzamos a escuchar música regional que construyó lo que hoy conocemos como nuestra identidad. Marineras, tonderos, valses y golpe tierra fueron difundidos hasta la campiña más alejada. Como usted podrá comprobar, ahí se quedaron para siempre.

El hoy de la radio

Tal vez el conservadurismo que impregna nuestra idiosincrasia se exprese en la monotonía musical que observamos en las radios actualmente. Programas criollos que parecieran hasta repetir el mismo orden de sus valses. Boleros y baladitas en la misma salsa y más de un locutor que confunde la frescura con la chabacanería.

Ante la monotonía, queda el empeño de cada radio local. Voces críticas que, de verdad, no se venden. Música regional y espacio para nuevos valores. Noticias en lenguas originarias, con denuncias y oportunidad para fomentar emprendimientos. Contemplar el desarrollo de las radios regionales es un respiro para el espíritu de un medio de comunicación que siempre parece mejor que la última novedad de la inteligencia artificial.

Porque YouTube te obligará a escuchar lo mismo o lo más parecido. Si quieres escuchar algo nuevo en Spotify tal vez tengas que pagar por ese derecho. Y si eres músico, podrás llegar con mucha facilidad, te emocionará ver tu canción en los celulares de mucha gente. Pero para cobrar tus derechos de autor tendrás que acumular millones de clics para recién ganar porcentajes de dos dígitos. Le llaman libre mercado, por si lo hemos olvidado.

Que la libertad de la radio nos alegre y acompañe siempre. Y que su campechana presencia nos permita ver las cadenas tecnológicas a las que parecemos aferrados.

(*) Sociólogo y docente universitario.

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HISTORIA DE CHICLAYO: El empedrado de las calles

Escribe: Martín Cabrejos Fernández (*)
Edición N° 1254

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Desde la segunda mitad del siglo XIX, por lo menos, se inicia el empedrado de las calles en algunas ciudades del departamento de Lambayeque. Unas antes que otras, encontraron en esta acción una forma de ordenar, brindar seguridad y fomentar el ornato. En la actualidad algunas de estas calles subsisten y forman parte del paisaje citadino como un sello de su historia y de la acción humana por mejorar la calidad de sus vidas.

Existe una versión sobre la llegada de bloques de piedra (como los que existen en las calles céntricas de Chiclayo) a bordo de las embarcaciones que, desde Europa, llegaban al Puerto de Eten. Eran el contrapeso en las bodegas vacías que más tarde partirían repletas de azúcar de regreso al viejo continente. Los empedrados se hicieron con bloques cúbicos y piedras redondas. En Chiclayo, observamos en la actualidad bloques cúbicos en las calles Colón, Manuel María Ízaga, Francisco Cabrera, las primeras cuadras de Alfredo Lapoint y Juan Cuglievan, entre otras. Entre las calles con piedras circulares están Tacna, un sector de Francisco Cabrera, entre otras.

A continuación, algunos registros de estas acciones en periódicos de la época.

¿Cómo se informó?

El periódico “El Fénix” de Lambayeque, del 8 de abril de 1888, informa la culminación del empedrado de la Plaza de Armas de dicha ciudad y da a entender que antes se ha producido el empedrado de otras calles: “próximamente estará terminando el (empedrado) de la plaza de armas y, por lo mismo, esperamos que nuestras autoridades tomarán empeño en que las fachadas de los fundos adyacentes estén para entonces concluidas”.

Las calles de Chiclayo comenzaron a empedrarse en enero de 1891. Sin embargo, a raíz de las fuertes lluvias entre los meses de marzo y abril debido al fenómeno “El Niño”, se suspendieron las obras. Según el periódico “El Republicano” de Chiclayo, del 5 de mayo de 1891, “el señor alcalde está tomando todas las medidas necesarias para que principie lo más pronto posible el trabajo de los empedrados. Nos alegramos de que así sea, porque muchas calles están en estado deplorable”.

La gestión de Cabrera

Lo anterior no quita valor al trabajo realizado por el Sr. José Francisco Cabrera, quien fue el propulsor de un empedrado general de las calles de Chiclayo. El historiador Freddy Centurión, afirma: “Según los registros municipales de Chiclayo, don José Francisco Cabrera ocupó la alcaldía de Chiclayo en cinco ocasiones: del 3 de enero al 18 de abril de 1917, del 24 de mayo al 20 de noviembre de 1917, del 19 de diciembre de 1917 al 31 de diciembre de 1918, del 3 de mayo al 28 de junio de 1922, y del 20 de diciembre de 1922 al 17 de enero de 1923…El mejoramiento del Parque Principal de la ciudad fue uno de los tantos objetivos de Cabrera, emprendiendo el empedrado de calles emblemáticas y la construcción de veredas y parques, además de promover las viviendas para obreros y personas de la clase media”.

El semanario "Carteles" de Chiclayo, dirigido por Nicanor de la Fuente (NIXA) del 5 de enero de 1946, informa que en Monsefú (por el advenimiento del nuevo año) se organizó una serie de obras progresistas en la ciudad: la inauguración de un nuevo puente sobre la avenida “Cherres”, acciones de higiene y salud pública y el empedrado de las calles colindantes con la estación del ferrocarril de Eten. Por alguna razón inexplicable las autoridades locales suspendieron la obra del “empiedro” (empedrado) de las calles colindantes a la estación con el consiguiente reclamo por parte de la población.

Las calles con el ancho de una carreta, empedradas y zigzagueantes; configuradas de manera natural por el paso de las “bestias” y de un solo sentido, son parte de una historia que se resiste a desaparecer. ¡Bien por eso! Que todos puedan tener el privilegio de atesorar las imágenes sobre nuestro origen.

(*) Historiador y docente.

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