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TIEMPOS DE PANDEMIA: Los amigos de Karolina

Escribe: Beder Bocanegra Vilcamango (*)
Edición N° 1244

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Después de la pandemia los resultados no son los mismos, tampoco tienen que serlo para cualquier persona; no obstante, la vida continúa con todos los miembros de la familia, o con la ausencia de algunos o la pérdida de la mayoría de ellos. Tanto la escuela, el hogar y la misma empresa o los “amigos que fueron” o “los que nunca serán” o “los  olvidados” o “los que pendían de un modesto celular” no son los mismos.

Sin embargo, esto puede ser más absoluto que  cualquier ley dentro de la filosofía, como que si fuera necesario preguntarnos ¿para qué sirven los amigos? Como si fueran objeto o una herramienta, válido o no podría ser esta una pregunta: ¿necesito tener amigos?, lo cual permitiría definir nuestras necesidades, a lo que Maslow ha definido como parte de nuestra realización.  A estas alturas, alguien podría preguntarse si existen los amigos de pandemia, algo así: ¿hiciste amigos durante la pandemia? Frente a ello, Karolina y su frialdad absoluta, mientras degustaba un rico cabrito por su cumpleaños, me dijo que no. Un contundente no. Cada cucharada de graneado arroz tendría otro significado al oír su respuesta.

De cierto modo, es razonable que muchas personas no tengan necesidad porque la incertidumbre detrás de la pantalla con un docente con ciertas exigencias y el apuro por las evidencias poco o nada le importó las emociones de Karolina; sin embargo, habrá quienes sí necesitan tener amigos y empiezan a descubrir que es obligatorio para ser parte de incierta circunstancia y una insensata convivencia mediante videollamadas, llamadas, chat, WhatsAppeos, Menssenger, o cualquier otra forma de existir frente al amigo o amiga.

La respuesta de Karolina es solo la demostración del poder de discernimiento apenas a los 14 años, el sustento no radica en la condición de ser un asocial, ensimismado, segregado, poco socializador dentro de sociedad violenta, donde no sabes quién es tu amigo o amiga del WhatsApp.

Quienes se apuraron por tener enemigos pandémicos tiene muchas razones para buscarlos y encontrar algunas sugerentes ideas, de pronto, a las propias limitaciones de vivir dentro la autonomía los convierte en fieles heterónomos, aún así cada quien elige o escoge o discrimina o segrega formas de vida y de pensamiento que luego se convierten en: los amigos incondicionales, amigos con derecho, amigos de los buenos, amigos inseparables, amigos en las buenas y en las malas, amigos puñaleros, amigos ocasionales, amigos interesados, los que te llaman solo cuando te necesitan. Esta configuración social de nuestra naturaleza humana puede verse desde la etología silvestre y hasta mal conducida como forma de aprendizaje que la escuela o el mismo hogar no advierte porque cuando las personas descubren que pueden decidir lo hacen por lo más común; es decir, tener: amigos, seguidores, cómplices, dependientes, compinches, aduladores, tóxicos, etc.

La decisión de Karolina es solo el resultado que puede ser enajenada a la teoría de la socialización, porque hemos creído, a ciegas, que somos seres sociales y por ello se entiende que tener amigos es eso. La teoría de la hominización algo debería decirnos también.

Ontológicamente hablando, diríase que tenemos formas y formas de vivir y no necesariamente lo que las teorías afirman. Quizá Durkheim tendría que pensarlo cuando converse con Karolina para explicarle que el tejido es social basado en las creencias. Karolina cree que no necesita amigos y eso es tan correcto como aquél que piensa que sin ellos se puede morir, pues que se muera, pero antes debe prepararse para ello, porque nadie sabe si la etología humana es razonable frente a una decisión del mismo color.

(*) Educador, ganador de las Palmas Magisteriales 2016.

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