Hablar de desarrollo de un país, hacemos referencia a diversos aspectos, tanto económicos, políticos, sociales, como culturales, que de alguna u otra forma siempre están vinculados y que permiten de esta manera fomentar la diversidad entre las sociedades, produciendo ingresos e implementando políticas para regular las actividades de las empresas, de las personas, así como entre otras áreas que correspondan.
Para el Dr. Moisés Montenegro López, especialista en las temáticas de Gobernabilidad y de Comercio Internacional, manifiesta que el desarrollo de un país está directamente vinculado al crecimiento del mismo, desde tres ejes temáticos: Infraestructura, Crecimiento y Desarrollo. En ese sentido señala:
Infraestructura
Se refiere a la competitividad que tiene un país con sus semejantes. Perú se ubica en el puesto 58 de 64 países con 45.4 puntos (en una escala de 0 a 100 puntos), descendiendo seis posiciones y alcanzando 9.5 puntos menos que el año pasado (Escuela de negocios de la Pontificia Universidad del Perú (PUCP) y el Institute of Management Development (IMD) de Suiza. 2021).
Dentro del marco de la Infraestructura Portuaria, la Autoridad Portuaria Nacional (APN) proyecta inversiones de más de $1.874 millones para el 2022, en la ejecución de importantes obras portuarias, destacando la construcción del Terminal Portuario Multipropósito de Chancay, con una inversión de más de $1.200 millones en su primera nueva etapa, así como la ampliación del Muelle Sur del puerto del Callao y la ejecución de las fases 1 y 2 del Terminal Portuario Multipropósito de Salaverry, con una inversión de $350 millones y $94.4 millones, respectivamente (Mundo Marítimo: Información Marítima de Latinoamérica).
De acuerdo a un reporte de la APN, el Puerto del Callao se encuentra encabezando el Ranking Top 20 del Sistema Portuario Nacional, ubicándose en el 1° lugar el Terminal Norte Multipropósito, operado por APM Terminals, registró un movimiento de carga de 17.8 millones de toneladas métricas; manteniendo su posición por quinto año consecutivo, con una participación del 18.5% a nivel nacional. Autoridad Portuaria Nacional. (2021). Boletín Portuario. Edición N° 129. Nueva y Moderna Infraestructura Portuaria para el País.
Crecimiento
Está relacionado al PBI nacional donde se toman en cuenta aspectos como: Gastos del Gobierno, Inversiones, Consumo Privado, Exportaciones e Importaciones. Según el Ranking de Competitividad Mundial edición 2021 alcanzado por la Escuela de negocios de la Pontificia Universidad del Perú (PUCP) y el Institute of Management Development (IMD) de Suiza. “El Desempeño Económico del Perú fue el resultado más bajo, retrocediendo nueve posiciones respecto al año pasado y cae 15.3 puntos. Este resultado, es producto de caídas significativas en posiciones en los factores de empleo, economía doméstica y comercio internacional”.
“El crecimiento económico de nuestro País está articulado al desarrollo socio-económico de sus regiones, por ello es de suma importancia que nuestras autoridades ejecuten obras de impacto regional, vinculantes con el Modelo de Desarrollo de Lambayeque, el mismo que descansa en 03 ejes principales: a) Comercio, sector de gran importancia, representa el 26 % del PIB regional debido a la diversidad de tiendas y supermercados; b) Agricultura, se subdivide en: Agricultura de Exportación y la Agricultura de subsistencia (agricultura pobre); c) Turismo, conocido como turismo receptivo o cultural, enfocado al rubro de histórico y gastronómico. Precisar que la Región Lambayeque no cuenta con Canon Minero y Pesquero”. Díaz, R. (Febrero 14, 2019). Lambayeque: Terminal Portuario o Puerto. Diario “La Industria”.
Desarrollo
Hace referencia al Índice del Desarrollo Humano, al Nivel Educativo y al Ingreso per Cápita que tiene cada país. Si hablamos del desarrollo de un país, tiene como objetivo el proceso de inversión y formación de los estados de forma individual y grupal. Permitiendo a las naciones generar riquezas propias y conseguir ritmos acelerados de producción.
Así mismo dentro del marco del desarrollo marítimo, en el año 2019 publiqué oportunamente un artículo de opinión, donde hice referencia a que “Hoy en día, Lambayeque, es una de pocas Regiones donde sus autoridades no están cumpliendo con los lineamientos establecidos en relación a la Políticas de Estado vigentes, seguimos siendo una Región estancada, sin visión de futuro, a la fecha, no existe ninguna obra de impacto regional relacionada al desarrollo de la industria naval; y, las instituciones relacionadas al sector marítimo, no cumplen un papel eficiente”. Díaz, R. (Septiembre 02, 2019). Políticas para el Desarrollo Marítimo. Diario “La Industria”.
Estamos próximos a cumplir 3 años de la publicación en mención y la realidad respecto al desarrollo del Terminal Portuario de Lambayeque no ha variado en absoluto a consecuencia de diversos problemas que ya conocemos, como: Terrenos no saneados respecto al área de influencia del TP de Lambayeque, desactivación de la Autoridad Portuaria Regional (APRL), exclusión del TPL de la cartera de proyectos de pro inversión, entre otros más.
Por otro lado, para conocer un poco más del por qué los Puertos son considerados de suma importancia para el desarrollo de un país, el día 29 del presente mes, se estará llevando cabo el XIX Foro Internacional de Puertos: Los puertos, elementos clave en el desarrollo de los países. “Evento contará con la participación de expositores internacionales y nacionales, quienes expondrán los planes y proyectos que se vienen implementando para dar soporte al crecimiento de los países.” (Cámara de Comercio de Lima, 2022). Por lo que se recomienda la participación de profesionales y autoridades involucradas en las temáticas relacionadas al sector marítimo, de la región como del país.
(*) Ingeniero Naval, magíster en Gestión Pública, egresado de la Maestría en Administración Marítima y Portuaria.
Desde las 6:30 p.m. de hoy, la Selección Peruana de Fútbol buscará concretar su gran posibilidad de clasificar a un nuevo Mundial. Usted quizá no lo recuerde, pero hubo tiempos en los que esta oración hubiera sonado a perfidia. Si es verdad que el fútbol es capaz de reflejarnos socialmente, ¿qué pondremos en la maleta cuando llegue la hora de volver?
¡Qué tiempos fueron! Y apenas han pasado cuatro años. Tarde, muy tarde seguramente, pero comprobamos por fin que esa leyenda del fútbol peruano con la que crecimos era cierta. No mentían los libros que hablaban de las hazañas que lográbamos a punta de garra y corazón. Sabíamos jugar al fútbol. Éramos un equipo. Tal vez, una nación.
Fuimos al Mundial, y aunque solo ganamos un partido, el verbo lo conjugamos en un perfecto presente. Y en plural. Desde entonces, aquel equipo regaló a la afición actuaciones dignas, posibilidades de competir, finales de América. Un día les cayó la saladera por apoyar alguna nefasta campaña política. ¡Y hasta de eso fueron capaces de sacudirse!
En el mítico Estadio Centenario iniciará este desafío final. Qué difícil concentrarse cuando la mente se ilusiona con un nuevo sorteo de grupos, cantar el himno, otro álbum Panini: el fútbol alegra, convoca, forja unidad. Es posibilidad de luchar y triunfar, así haya que intentarlo por 36 años. Alguien podrá decir que no, pero la vida misma ha demostrado que jugamos. Que también hemos sido mundialistas.
Lo que nos falta disputar
No se hablará de otra cosa en nuestro país, desde hoy. Los partidos ante Uruguay y Paraguay coparán nuestra atención por siete días. El martes a las 8:30 de la noche tendremos dos extremos como posibilidad: la euforia de un nuevo mundial en plena pandemia o la desolación de haberlo perdido todo teniéndolo tan cerca. La incertidumbre del repechaje aparece como una sólida tercera alternativa que extenderá la ansiedad hasta mediados de junio.
Jugadores agresores
¿Y será que durante ese tiempo realmente no hablaremos de otra cosa? Hablar, por ejemplo, de los clubes que contratan (¿o recogen?) jugadores denunciados por agresión física a sus parejas. Darse cuenta, levantando la voz si es necesario, que eso es injusto, que es vergonzoso. Que no se trata de una cuestión de camisetas, sino de poder unirnos en contra de la violencia de género por sobre todas las cosas.
Será que podremos hablar de cómo la industria futbolística ha hecho de la violencia un objeto de consumo. Que el ejemplo anterior no es un caso aislado, ya que muchos agresores siguen jugando como si nada. Que la violencia encuentra muchas formas de manifestarse. Económicamente por ejemplo, como vimos en el reciente caso de Mariza Gómez, jugadora que tuvo que organizar una rifa para juntar los 5 mil soles que su club le exigía para otorgarle su propio pase. Mientras algunos agresores obtienen generosos contratos, otras deportistas ni siquiera tienen sueldo como profesionales.
Ir al estadio
Y hablando de desigualdades económicas, ¿revisaron ya los precios de las entradas para los partidos? Tal vez usted sea muy joven, pero hubo un tiempo en que las tribunas se llamaban populares porque de verdad lo eran. Más allá de lo escandaloso de los precios (que no incluye el incremento por reventa), lo preocupante es cómo se ha naturalizado la asistencia al estadio como un privilegio económico. Una potestad más de la élite.
Tal vez esta semana logremos la tan anhelada clasificación. Y seguramente será una fiesta incomparable. Nunca olvidemos, sin embargo, que al Mundial vuelven los países. No las empresas llamadas federación. Vuelven los países representados por sus equipos. Y podemos volver mejores.
Igualdad. Sueldos justos, espectáculos sin violencia. Competencia entre instituciones, valores asociados a la identidad de cada equipo, con su diversidad regional. Periodismo que no encubra ni sea lavandería de agresores. Hinchas que sean capaces de criticar y protestar sin ser amenazados por ejercer sus derechos. Que nunca más un niño o niña tenga que decir “Por favor, mamá, que no te pegue”.
Cuando vuelva a tu lado, Perú, seguramente gritaremos tus goles, pero por sobre todo alzaremos nuestra voz para que todos estos ideales valgan un Mundial.
(*) Sociólogo y docente universitario.
Vivimos en un mundo digital generado por la globalización, la cual abre puertas a los emprendedores para comprar insumos mucho más baratos, y vender productos o servicios a nivel local, nacional e internacional a escalas mayores, lo que permitirá alcanzar los objetos comerciales y que las empresas sigan creciendo.
Es por ello que, es importante adaptar las organizaciones a la digitalización, lo cual no es una tarea difícil, sino más bien de decisión e implementación. El gerente o administrador, primero deberá analizar el mercado, competencia y potenciales clientes, y determinar cuál es el camino a seguir y realizar los cambios.
Elegir las redes
Asimismo, como parte de las decisiones que debe tomar el gestor junto al equipo comercial, está elegir entre todas las redes sociales que existen, cuáles son las adecuadas para llegar a más personas. La elección depende principalmente del giro de negocio, teniendo claro que no es necesario tener presencia en todas, pues generaría mayor utilización de recursos económicos, por el pago de publicidad y la contratación de colaboradores para su manejo, lo cual tampoco daría excelentes resultados, debido a que el público objetivo utiliza solo algunas de ellas.
En nuestro país, la red social más utilizada es Facebook. Según datos de la propia institución, existen más de 29 millones de usuarios, incrementándose significativamente a raíz de la pandemia generada por el Covid-19, en la cual los ciudadanos pasaban más tiempos en sus hogares por encontrarse en cuarentena. Personalmente la considero como la base de todas las plataformas que existen, pues genera mayor interacción en el mundo y, en el ámbito empresarial, se adapta a todo tipo de negocios y rubros. Por lo tanto, les aconsejo a todos los líderes considerarla como uno de los principales canales de comercialización.
En Facebook, los mejores días para publicar son del miércoles al sábado, en los horarios de once de la mañana a tres de la tarde, pues las personas se conectan en mayor cantidad en ese rango, alcanzando picos a la hora del almuerzo (entre doce y una de la tarde). No aconsejo hacerlo los lunes y martes, pues usan en menor cantidad las aplicaciones debido a la carga laboral por inicio de semana.
Horarios y recursos
Del mismo modo, recomiendo el uso de Instagram a las compañías que venden artículos y servicios, pues les da mayor y mejor visibilidad por medio de las fotografías. Calzan dentro de este grupo quienes ofrecen vestimentas, accesorios, centro de belleza y salud, alimentos, hospedajes, centros de esparcimiento, entre otros. Si desean tener una cuenta profesional y valorada, recomiendo contratar a un fotógrafo que brinde el servicio de fotografía de productos, para posteriormente elaborar diseños gráficos. Al tratarse de un público más joven que utiliza esta red, sugiero hacer publicaciones del miércoles al sábado y en horario de diez de la mañana a tres de la tarde, y de siete a diez de la noche.
Igualmente, si brindamos servicios profesionales (consultoría, asesoría, estudios técnicos), recomiendo tener LinkedIn, la cual se enfoca al uso profesional. El pico de visitas son los días martes, miércoles y jueves en los horarios de 9 de la mañana hasta las tres de la tarde. En cuanto a WhatsApp, no hay distinción de empresas, y debe aplicarse en todas, para tener una comunicación activa con los potenciales compradores.
Amigos emprendedores, espero le saquen el máximo provecho a las redes sociales pues es uno de los canales más utilizados por parte de las personas.
(*) MBA, consultor, mentor y catedrático. Especialista en Gestión Empresarial e Innovación.
En un escenario internacional de incertidumbre por las tensiones ante el conflicto bélico de Guerra y Ucrania, así como el alza de los precios internacionales de los alimentos y combustibles generando una presión inflacionaria conllevando a que Estados Unidos llegue a una inflación del 7.9% tocando su máximo histórico desde 1982 y la revisión a la baja del crecimiento mundial a 3.8% para el año 2022. En dicho contexto se viene retirando los estímulos monetarios de los bancos centrales generando una política monetaria contractiva incrementado de esta forma la reserva federal de Estados Unidos la tasa de referencia a 0.5% y existiría un alza de los términos de intercambio.
En el escenario nacional el Perú viene enfrentando una crisis de inestabilidad política con una continua ruptura del ejecutivo y legislativo, así como el nombramiento de altos funcionarios públicos no idóneos con un pasado nebuloso que conlleva a una casi nula credibilidad de la implementación de las diez políticas generales de gobierno 2021-2026 planteadas que no guardan relación con los hechos planteados por el gobierno del pueblo para el pueblo.
Crisis en el Perú
Con un pasado marcado por la incertidumbre de cuatro presidentes de la república, disolución del congreso y con resultados electorales polarizados que junto a los impactos en términos de indicadores socioeconómicos como pobreza, desempleo, crecimiento y endeudamiento de los hogares peruanos y cierre de micro y pequeñas empresas, se considera que somos un país muy frágil con graves crisis de gobernabilidad, sin consensos democráticos que conlleven a una verdadera reactivación económica con una mejora en la productividad que se traduzca en bienestar de los ciudadanos.
El Banco Central de Reserva del Perú a marzo del 2022 proyecta que los indicadores económicos muestran resultados mixtos en su recuperación manteniendo el crecimiento de 3.4% de la economía peruana principalmente por la recuperación del sector minero que tras la crisis internacional se torna al alza los precios de los minerales, impactando positivamente en los términos de intercambio, un menor déficit fiscal y en la balanza comercial superavitaria; así como la recuperación del consumo privado, el empleo y una proyección más adversa del crecimiento de la inversión pública a 4%, dado las elecciones de los gobiernos subnacionales que conllevaría a una curva de aprendizaje de los nuevos gobernantes electos.
Poder adquisitivo
Sin embargo, el poder adquisitivo de los peruanos se viene deteriorando dado el crecimiento de la inflación a 6% en febrero del 2022 principalmente por los productos importados y los combustibles que han generado una depreciación del sol peruano. Ello origina una presión sobre el costo de la canasta básica de alimentos dado el choque de oferta internacional que se observa por el alza de precio de los comodities (soya, maíz, trigo y combustibles) así como el alza de los precios de los fertilizantes que conlleva a un mayor costos de los productos agrícolas y por ende una menor rentabilidad y una impacto negativo en la línea de abastecimiento de alimentos; de ahí la reciente declaratoria de emergencia del sector agraria que viene a colación con el incremento de la desnutrición crónica que alcanzó para el año 2020 un valor de 34% que abarca un total de 11,178,127 peruanos que se encontraron en situación de desnutrición como efecto de la crisis sanitaria de la COVID-19.
De esta forma la política monetaria fue contractiva tras el incremento de la tasa de interés de referencia a 4%, con una acumulación de ocho meses de alza de la tasa de interés, retirando el estímulo monetario tras la recuperación del motor de la economía peruana por la reducción de los contagios de la crisis sanitaria y la recuperación de las actividades económica y uno de los mecanismos para combatir la inflación por parte del choque de oferta y también el impacto en la apreción del dólar.
El comportamiento del consumidor peruano sería más cauteloso teniendo como prioridad el consumo de alimentos dado el alza de los precios y apostando por el ahorro dado el estado estacionario de los recursos retirados en el año 2021 de los fondos de AFP y CTS.
Nuestra álgida institucionalidad ha conllevado a una nueva rebaja en la calificación de riesgo de BBB+ a BBB, ello se traduce como la segunda calificación más baja en grado de inversión que origina un incremento de las tasas de interés en el acceso al financiamiento por parte del Perú; sin embargo, aún somos la segunda economía con mejor calificación en Latinoamérica.
Ello debido a que la incertidumbre ocasiona un impacto negativo en el crecimiento económico por el retraso en la toma de decisiones de inversión por la negativa de confianza, volatilidad y toma de decisiones irracional, por el condicional a las decisiones de inversiones de las personas, las empresas, los gobiernos y las instituciones públicas; sin embargo, es el costo de oportunidad ante el punto de quiebre de la realidad problemática de la institucionalidad.
Dicho de otra forma, voltear la página significaría no solo instaurar políticas públicas efectivos con funcionarios idóneos para su aplicación, sino también comprender que el desvío de recursos que tienen como efectos de largo plazo un impacto corrosivo en los más pobres y deteriora la confianza de los ciudadanos en los gobiernos. Siendo la lucha eficaz contra la corrupción la que genera coalición con los líderes del gobierno y fuera del gobierno. Así como empezar a ejecutar reformas estructurales claves tanto para aumentar la productividad, reducir la informalidad y cerrar las brechas marcadas de infraestructura, siendo necesarias para impulsar el sector productivo del país, reducir los costos logísticos e impulsar los índices de producción.
(*) Economista, con Maestría en Ciencias con Mención en Proyectos de Inversión.
Ad portas de que la gestión edil del actual burgomaestre Marcos Gasco Arrobas llegue a su final, todo indica que esta será una de las más ineficientes y presuntamente más impresentables que la ciudadanía chiclayana haya tenido que sostener, sin duda alguna.
Recordemos que desde el primer día que asumió el mando, Gasco Arrobas hizo gala de un glamur refinado, cual personaje de alta alcurnia y de estirpe de un monárquico al transitar por una alfombra roja, acompañado y avivado por sus adeptos de ocasión, para luego de su paseo alegórico dirigirse al Palacio Municipal, donde haciendo gala de su enredado e incipiente expertis discursivo, ofrecer el cambio, la mejora de las condiciones deplorables de la ciudad que no lo vio nacer pero sí crecer, ofreciendo sobre todo transparencia y honestidad en todos sus actos gestores en bien de la comunidad, lo cual, a la luz de las evidencias, no sería realidad.
La realidad
El devenir de los días y los años transcurridos hasta hoy, muestran – con pruebas al canto – que lo ofrecido por Gasco Arrobas no fue real, y que todo lo que dijo y prometió fue demagogia pura y un surrealismo evidente en su concepto discrecional, lo que en buena cuenta nos muestra que su discurso sostenido por un sensacionalismo puro, supera la degradante situación en lo que hasta hoy Chiclayo mantiene y sostiene, todo ello no solo producto de gestiones anteriores deshonestas, que si no son parecidas a la actual, son iguales en su concepción y sus resultantes gestoras invadidas de ineficiencia pura y no ajustadas a la verdad.
En este contexto, cuando el burgomaestre de ocasión pregona su efectiva gestión en todos sus ámbitos, los hechos y sus desaciertos lo traicionan, convirtiendo sus pregones descontextualizados en disparos al aire, cuando vemos a la ciudad - otrora “Capital de la Amistad”- en un desorden y caos total recurrente.
Aunado a ello, los presuntos actos deshonestos, cuando se trata de adquirir bienes o contratar la ejecución de obras que, en la mayoría de los casos, son cuestionados y sometidos al escrutinio de la sociedad civil en su conjunto.
Discurso vacío
La ironía discursiva de Gasco Arrobas es su mejor arma, su sarcasmo preponderante en su actuar lo pintan como un personaje intolerante, pedante e inconsecuente con la realidad situacional en la que hoy en día Chiclayo se encuentra. Por lo tanto, nada de lo dicho u ofrecido es efectivo y real, muy por el contrario pone en realce la precariedad de su gestión, siendo ineficiente e insostenible en su tiempo natural.
Resulta diametralmente opuesto a la verdad y se confirma ineficiente en el manejo de la cosa pública y el fin que debió perseguir con su ejecución.
La arremetida de los munícipes, quienes poco a poco van colocándose al lado de las demandas de la población, paulatinamente van poniendo en vilo la gestión de la hoy ausente autoridad municipal.
Los regidores vienen denunciando hechos irregulares, presuntamente criminales en los que estarían inmersos tanto el burgomaestre como sus funcionarios de turno, quienes haciendo uso y abuso de las facultades otorgadas, compran y contratan bienes y servicios haciendo tabla rasa de las leyes imperantes para su realización.
Así estamos llegando al final de una deplorable gestión municipal más, donde la improvisación y las malas formas de gobernar se han hecho una costumbre y un desandar recurrente que nos permite asentir que lo que mal empieza, mal acaba.
(*) Consultor en Contrataciones del Estado.
Demuestra poca empatía y se corre el riesgo de no dimensionar correctamente, si se pretende elaborar un análisis político de la puesta en libertad de Alberto Fujimori, sin tener en cuenta una serie de factores históricos y sociales de relevancia. Debemos admitir que no es posible entender al Perú actual, sin echar una mirada al gobierno fujimorista. Al hacerlo, corresponde reconocer que el régimen cometió graves violaciones a los derechos humanos.
Hay un factor humano en esa libertad, más allá de la sentencia, los votos y la jurisprudencia. La humanidad con la que ahora se pretende mirar al condenado es aquella que se le negó a las víctimas de las ejecuciones extrajudiciales y de las desapariciones forzadas. Por ello, empezando esta columna, debo expresar no solo solidaridad, sino también respeto y reconocimiento a las víctimas y a sus familias, por la batalla sin tregua que han dado en tribunales dentro y fuera del país.
Son cerca de 15,000 personas desaparecidas y alrededor de 70,000 muertas las que dejaron los años de violencia y terror. Algunas de ellas fueron atribuidas al Estado, la mayoría a la política antiterrorista liderada por Fujimori. Somos un país de post conflicto que no ha terminado de cerrar sus heridas y por eso se entiende la rabia y el resentimiento que mantiene determinado sector de la población en el Perú.
Sin embargo, lejos del apasionamiento, hay argumentos para sostener la decisión del Tribunal Constitucional, que dispone la restitución el indulto humanitario otorgado a Fujimori por el ex presidente Pedro Pablo Kuczynski. Se ha dicho mucho respecto a la gracia presidencial y a las limitaciones que encuentra frente a los delitos de lesa humanidad. Según la regulación internacional, el indulto presidencial no tendría cabida en este tipo de delitos.
Pese a ello, la referencia es falaz, porque el propio juez San Martín, responsable de la condena contra Fujimori en los casos de Barrios Altos y La Cantuta, ha reconocido que el ex presidente no fue condenado por delitos de lesa humanidad. No podría ser de otra manera, ya que los hechos ocurrieron entre 1991 y 1992, cuando la categoría aún no era reconocida a nivel internacional y mucho menos aceptada en el Perú. El Estatuto de Roma, que incorpora esta innovación, recién fue ratificado por nuestro país en 2001, una década después de perpetradas las vulneraciones.
Desmentido el principal mito sobre los crímenes del sentenciado Fujimori, corresponde aclarar que, incluso habiendo consenso en que se tratasen de crímenes graves contra la humanidad, existe una excepción a la regla de la prohibición del indulto, siempre que se trate de razones humanitarias, ya que se considera que nadie debería morir en prisión, más si se trata de una persona vulnerable en consideración de su avanzada edad y a causa de una enfermedad probada y crónica que, en efecto, pone en riesgo la vida del interno. Lo contrario, podría significar una pena inhumana, cruel o degradante proscrita por el derecho internacional.
Luego, para hacer razonable y útil el castigo en una sociedad democrática y respetuosa de los derechos humanos, habría que preguntarse, más allá de la frustración y el enojo, ¿para qué sirve mantener preso a Fujimori? La pena privativa de la libertad tiene, básicamente, una función preventiva, para mantener a salvo a la sociedad del riesgo de que los delitos por los que se condena vuelvan a ocurrir, y otra resocializadora, enfocada en devolver a una persona rehabilita y útil a la sociedad.
A los 84 años y después de casi 20 años en prisión, Alberto Fujimori no tiene ninguna posibilidad de regresar al poder. El fujimorismo ha perdido las elecciones en los últimos 20 años. El odio y la polarización que produce en el país han bloqueado su acceso a la presidencia de la República. La posibilidad de encumbrarse en libertad, con toda la maquinaria de resentimiento antifujimorista en marcha, es realmente nula. Respecto a la resocialización, si en casi dos décadas de pena privativa de libertad no se lograron cambios sustanciales en el interno, ya es poco probable que se consigan en los próximos años.
Las esperanzas de la fuerza antifujimorista están puestas en las cortes internacionales que, en efecto, podrían revertir el fallo del Tribunal Constitucional (TC), máximo intérprete de la Constitución y último garante de los derechos humanos en el país. Indefectiblemente, el caso retornará a la sede de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que ya ha mostrado su preocupación por la decisión del TC y que, ahora mismo, se acompaña el cumplimiento de la sentencia contra el Estado peruano por el caso de Barrios Altos y La Cantuta.
El escenario, sin embargo, ha cambiado y ya no se trata de un indulto que pretendió maquillarse como humanitario, a cambio de bloquear la vacancia contra el ex presidente Kuczynski. Las enfermedades de Fujimori han empeorado y la revisión del caso en sede internacional probablemente dará pie a un pronunciamiento generalista que terminará validando la decisión del Tribunal Constitucional.
Más allá de los tecnicismos de los procesos, la política en el Perú necesita dejar de depender del Fujimorismo. La necesidad de evitar que otro Fujimori llegue al poder le ha generado mucho daño al país. Ahora mismo sufrimos las consecuencias de las últimas elecciones. No debe ser fácil optar por la resignación, pero el triunfo de los derechos humanos no está en dejar morir a un hombre anciano y gravemente enfermo en prisión.
No hay gloria en esa venganza y el indulto, bajo ningún motivo significa, ya a estas alturas, impunidad o un atentado contra el acceso a la justicia de las víctimas. El encono y el ensañamiento ubica al Perú al mismo nivel que los perpetradores. Si el indulto ha sido restituido por las consideraciones correctas, corresponde aceptarlo y dar un paso hacia adelante en el proceso de reconciliación en el país. Necesitamos perdonar para seguir avanzando y no olvidar para evitar repetir.
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Abogado y analista político
La decisión del TC de restablecer el indulto humanitario a favor de Fujimori, ha enervado los ánimos de aquellos que defienden al exmandatario y quienes consideran que con ello se genera impunidad. El apellido Fujimori mantiene al Perú fracturado entre quienes ensalzan la figura del expresidente, al destacar que salvó al país del terrorismo y del colapso económico; y quienes aducen que fue un tirano que incurrió en graves violaciones a los derechos humanos. El antifujimorismo se sostiene en el tiempo porque desde Fuerza Popular no han dado pasos importantes para transparentar y generar credibilidad ante la ciudadanía.
El cuestionado fallo del Tribunal Constitucional (TC) que declaró fundado un habeas corpus a favor del expresidente Alberto Fujimori, restableciendo los efectos del indulto humanitario otorgado por el exmandatario Pedro Pablo Kuczynski en 2017, ha encendido una vez más el debate entre las huestes defensoras del fujimorismo y los antifujimoristas. Entre aquellos que piensan que el anciano exdictador debe pasar sus últimos días en su casa, por “padecer de enfermedades terminales” y porque las condiciones carcelarias son un grave riesgo para su vida. Y otros que se muestran indignados porque el indulto es una forma de impunidad, considerando que Fujimori está involucrado en graves violaciones a los derechos humanos: la masacre de quince personas en Barrios Altos (1991) y la desaparición forzada y ejecución de nueve estudiantes y un profesor de la Universidad La Cantuta (1992). Este es un tema muy delicado que toca las fibras más sensibles de la sociedad, porque se reabren heridas aún no sanadas por el tiempo y deviene en una enorme polarización, porque viene a la memoria las tropelías, los abusos, las injusticias que se cometieron en ese régimen dictatorial. Después del autogolpe del 5 de abril de 1992, Fujimori en contubernio con su asesor Vladimiro Montesinos sometieron a las instituciones democráticas del país para conservar y extender su poder, la corrupción se infiltró a pasos agigantados en el aparato estatal, con la venia del exgobernante y su siniestro asesor. Y elaboraron una Constitución a su medida con el propósito de perpetuarse en el gobierno.
Según el politólogo y jurista, Francisco Miro Quesada, “el fujimorismo vigente es la continuación del fujimorismo original. Tiene a sus defensores que pretenden borrar con una mano lo que se hizo con la otra, intentando tergiversar la realidad”. Añade que el fujimorismo no es una ideología explícita, porque no la tiene; es más bien una forma de hacer política en que se mezclan caudillismo, populismo, clientelismo y abuso del poder. Wikipedia precisa que “el fujimorismo es una corriente política personalista en torno a la figura del expresidente Alberto Fujimori, su sucesora política Keiko Fujimori, orientada hacia el caudillismo, el conservadurismo, el populismo de derecha, el neoliberalismo, la democracia liberal, el culto a la personalidad y el autoritarismo”. El fujimorismo desde su nacimiento ha estado integrado por varios partidos y alianzas, entre ellos: Cambio 90-Nueva Mayoría, Sí Cumple (antes Vamos Vecino), Perú 2000, Siempre Unidos (antes Juntos Sí Podemos), Alianza por el Futuro, Fuerza 2011, y el actual Fuerza Popular. Es indudable que esta agrupación camaleónica en su objetivo de mantener cuotas de poder o de tener el poder absoluto, no ha dudado en cambiar de denominación las veces que sea necesario, ya sea para las elecciones presidenciales, regionales o municipales. Como decía el filósofo italiano, Nicolás Maquiavelo: “el fin justifica los medios”; es decir, cuando el objetivo final es importante, cualquier medio para lograrlo es válido. Esta ha sido una vieja práctica del fujimorismo en aras de copar los distintos niveles de gobierno. Unas veces ha tenido éxito, otras no.
El presente fujimorista
El fujimorismo moderno lo encarna hoy Keiko, quien en su hoja de vida ya tiene tres derrotas electorales consecutivas en segunda vuelta, en su intento de llegar a la Presidencia de la República. Tras la huida de su padre al Japón y su renuncia por fax desde el país asiático, el 2001, la hija mayor de Fujimori tuvo las agallas para formar su propio partido Fuerza 2011, que luego se convertiría en Fuerza Popular, pese al profundo desprestigio político, moral y ético que le había provocado su padre con su tercera ilegal reelección. La casta Fujimori desapareció por completo de Perú después de la recuperación de la democracia, unos se fueron a Japón y otros a Estados Unidos, como fue el caso de Keiko. A su regreso, postuló en las elecciones de 2006 por un escaño en el Congreso, convirtiéndose en la candidata más votada. Durante su periodo mantuvo un perfil bastante discreto, se le objetó por sus prolongadas ausencias a las sesiones y su carencia de iniciativas legislativas. Desde ese momento, la Fujimori comenzó a estructurar lo que sería su partido político, hizo un trabajo silencioso con miras a los comicios del 2011. Se presentó ese año y en una reñida segunda vuelta perdió con Ollanta Humala, luego pasaría lo mismo con Kuzcynski, y el año pasado con el actual presidente, Pedro Castillo. ¿Tendrá una cuarta oportunidad? Ya veremos. En política todo puede ocurrir, sobre todo en la peruana.
El haber disputado tres segundas vueltas demuestra que el fujimorismo tiene una fuerza impredecible, con una militancia fiel pero oculta para la opinión pública, tal vez tienen temor de ser sindicados de pertenecer a un partido ligado a la corrupción y a la dictadura de los ‘90. Como dicen algunos opinólogos, si Keiko Fujimori y su agrupación no han sido capaces de ganarle a Castillo, un candidato con muchas debilidades por donde se le mire, no serán capaces de ganarle a nadie nunca, porque el antifujimorismo cada vez se hace más fuerte. El apellido Fujimori mantiene al Perú fracturado entre quienes ensalzan la figura del expresidente, al destacar que salvó al país del terrorismo y del colapso económico; y quienes aducen que fue un tirano que incurrió en graves violaciones a los derechos humanos y tomó el control absoluto de instituciones claves del Estado, incluyendo las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. El movimiento antifujimorista es muy fuerte en la actualidad y surgió como respuesta al autogolpe del 5 de abril de 1992, se ha mantenido a lo largo de 30 años y ha tenido un peso relevante en las derrotas consecutivas de Keiko Fujimori. Como era de esperarse, hoy hacen oposición al indulto de Alberto Fujimori en calles y plazas.
El antifujimorismo se consolida
Los adherentes al antifujimorismo “velan por defender la democracia y la dignidad nacional, por el cumplimiento de las leyes y la Constitución; y acusan al fujimorismo de buscar ejercer un poder sin control, sin fiscalización y evadir a la justicia”. La politóloga Eliana Carlín, sostiene que “la particularidad del movimiento radica en la perdurabilidad, con diversas transformaciones durante su trayectoria y en el desarrollo de un nivel mínimo de institucionalidad con el que ha venido operando. Es necesario resaltar la importancia que reviste un movimiento de esta naturaleza ante la crisis de representación y ante la crisis que atraviesa el fujimorismo”. El sociólogo Sinesio López señala que “el fujimorismo tiene un pensamiento reaccionario en la forma de hacer política, utiliza la guerra de baja intensidad. El fujimorismo ha encontrado en esa manera de hacer política un negocio, es la forma de sobrevivir, le rinde dividendos y de esa manera tienen a la izquierda a la defensiva. Esa es la manera que están sobreviviendo en los medios de ultraderecha y en la política, porque en esa guerra de baja intensidad ellos son los salvadores y los otros son los que hay que aplastar”.
El antifujimorismo se ha sostenido en el tiempo porque desde Fuerza Popular no han dado pasos importantes para transparentar y generar credibilidad ante la ciudadanía, ante los reiterados casos de corrupción en que se han visto involucrados altos dirigentes del partido, así como la propia Keiko, quien es investigada por el Equipo Especial Lava Jato, junto a otras 40 personas, acusados de lavado de activos procedentes, entre otros, de la constructora brasileña Odebrecht, para financiar las campañas políticas de Fuerza Popular. La Fiscalía ha pedido 30 años de prisión para la excandidata. Pero no solo es Keiko, la justicia también indaga al excongresista Kenji Fujimori, para quien han pedido 12 años de prisión por los delitos cohecho activo genérico propio y por tráfico de influencias agravado. Él junto a otros exlegisladores buscaron convencer al fallecido Moisés Mamani de no respaldar la vacancia de Kuczynski, a cambio obras públicas. Pero la cosa no queda allí. El esposo de Keiko, Mark Vito Villanella, es investigado por el Equipo Especial de la Fiscalía Supraprovincial Corporativa en Delitos de Corrupción de Funcionarios, por la presunta comisión del delito de lavado de activos. Estas son razones más que suficientes para que el antifujimorismo se mantengan en la palestra, mientras un Fujimori intente llegar al poder mediante elecciones, con el apoyo de la derecha conservadora y los grandes medios de comunicación, el movimiento crecerá más y se fortalecerá para evitar que se consumen esas ambiciones.
(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Primer Vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.