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LA NUEVA OBRA DE MARTÍN CABREJOS: “LAMBAYEQUE: HISTORIA DE LA COTIDIANIDAD”

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1184

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Tras un paciente trabajo de investigación, el historiador Martín Cabrejos Fernández pone a disposición de la comunidad su nueva producción bibliográfica, bajo el título: “Lambayeque, historias de la cotidianidad”.

 

“El libro desarrolla aspectos apasionantes de la historia de Lambayeque, entrañables pasajes que ponen de manifiesto lo grande que es nuestro pasado y cuan necesario es conocerlo, para identificarnos y quererlo aún más”, señala en la presentación el también historiador Augusto Miñán Meléndez.

Este destaca que Cabrejos Fernández presenta los temas con una profundidad digna de un académico, que busca que su lector disfrute de una nutrida y completa gama de datos históricos, salpicados de anécdotas y descripciones, que convierten a la obra en una incansable lectura.

Primeros temas

Sobre el contenido, Augusto Miñán menciona que el libro abre el primer tema con un detallado listado de migrantes japoneses llegados a estas tierras al terminar la Segunda Guerra Mundial.

“Sorprende la familiaridad con los apellidos nipones que conocemos hoy en día, deduciendo con facilidad su conexión con estos primeros pobladores asiáticos en tierras chiclayanas”, refiere.

Posteriormente se desarrolla el importante proceso de independencia de la ciudad de Lambayeque y un detallado orden de las ciudades que antes y después proclamaron su libertad. Destaca la labor de Juan Manuel Iturregui Aguilarte en el proceso emancipador de la ciudad de Lambayeque.

“Cabrejos aclara también algunos puntos que el historiador Nicolás Rebaza anota en su obra ‘Anales del departamento de La Libertad en la Guerra de la Independencia’”, precisa el presentador de la obra.

El tercer acápite documenta lo acontecido en el departamento de Lambayeque durante la invasión chilena al final de la Guerra del Pacífico, época en la que el cholo lambayecano es menospreciado racialmente por el invasor del sur.

Los pueblos y más

El cuarto tema desarrolla el significado de la toponimia del departamento, en el que detalla el significado de las palabras Monsefú, Reque, Eten, Motupe, Jayanca, Pacora, Túcume, etc.

En el quinto apartado, detalla la historia del distrito de Santa Rosa y la importancia de su actividad pesquera, así como su vinculación con la caleta San José y los puertos de Pimentel y Eten.

En la sexta parte se desarrolla la historia de los inicios del Mercado Modelo de Chiclayo como solución al estrecho Mercado Central, abarrotado de comerciantes y compradores.  Llama la atención que el diseño incluía una Cuna Maternal, lugar en el que las madres podían dejar a sus pequeños mientras desarrollaban sus actividades comerciales en este moderno y recientemente inaugurado local.

Cabrejos, en el siguiente segmento se ocupa de dos imágenes de la Virgen María bajo el nombre de “La chiquita” y “La grande” y la historia que enlaza a los pueblos de Ferreñafe y Túcume. Aborda la historia con la que nace la tradición de los “diablicos”, entrañable figura tradicional tucumana.

En el tema nueve, el autor desarrolla la actividad pesquera del departamento, trabaja cuadros estadísticos sobre número de pescadores, mencionando los nombres de los encargados adicionales, mismos que cumplen una labor complementaria, sin la cual no podría desarrollarse esta importante actividad comercial.

Personajes

En el siguiente acápite se explica la labor de tres hispanos radicados en estas tierras del norte: Juan Bonifacio de Seña y Hedilla, Luis de Bustíos y Muga y Domingo Fernández de la Cotera y Somera, cántabros reconocidos por su vocación al trabajo, el ahorro y el orgullo familiar.

El tema once está reservado para la historia de los restos mortales de José Eufemio Lora y Lora, reconocido poeta chiclayano, mientras que el tema siguiente presenta a un reconocido pintor costumbrista nacido en Monsefú: José Effio, junto con sus obras más notables y su trascendencia en la historia de la pintura en el Perú.

El tema trece toca el desafío y duelo entre Pedro Ruiz Bravo y José de la Riva Agüero y Osma, explicándose cómo esta honorable actividad está reservaba para la élite social de la época, no representando un delito entre los caballeros que lo practicaran, sin considerar el peligro que pueda conferirse el uno al otro.

El tema siguiente aborda la primera aparición del Divino Niño del Milagro en Eten el 2 de junio de 1649. Explica en qué consistió este primer Milagro Eucarístico de América y cómo fue el interrogatorio que dio como resultado la aceptación de todos los testimonios recogidos sobre el evento sobrenatural.

Como tema quince, desarrolla la historia del Club “Unión y Patriotismo”, sus fundadores, primeros presidentes y primeros miembros honorarios. Describe la casona que vio nacer al héroe de Angamos, Elías Aguirre. Menciona a la Sociedad “Obreros 1° de Mayo” y la Sociedad “Amantes de las Artes”, cuyo local en pie hasta el día de hoy, guarda tesoros de incalculable valor.

“Luego de esto, como capítulo dieciséis, leemos una síntesis de la educación lambayecana a fines del siglo XIX e inicios del XX. Describe cómo a los indígenas, negros, chinos y mestizos se les consideraba inferiores frente a los blancos y criollos. Cabrejos desarrolla una minuciosa estadística entre escuelas y alumnos matriculados”, explica Miñán Meléndez.

El siervo de Dios Nicolás Ayllón García es el objeto de estudio del capítulo diecisiete. Se hace una breve biografía del siervo de Dios y el problema surgido en torno al freno de su proceso de beatificación.

Otros temas desarrollados son, los tres personajes de inicios del siglo XX: “Torito”, “Yúrulo y “Chisco”, los faros del litoral lambayecano, los Pardo de Tumán y los compositores e intérpretes de temas criollos y folklóricos del departamento de Lambayeque.

Finalmente se desarrollan costumbres y tradiciones de Lambayeque, coloniales y republicanas, así como sus tradiciones en la gastronomía.

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A 200 AÑOS DE LA GESTA: JUAN MANUEL ITURREGUI Y LA INDEPENDENCIA DE LAMBAYEQUE

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1184

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La independencia de Lambayeque fue el resultado de una serie de acciones, en su mayoría clandestinas, impulsadas por convencidos patriotas entre los que destacó Juan Manuel Iturregui Aguilarte. Al conmemorarse el bicentenario de la ruptura con el poder español, rememoramos los acontecimientos previos a tan importante hecho.

 

Acaudalado hijo de una de las familias más notables del partido de Lambayeque, Juan Manuel Iturregui Aguilarte fue coronel de las Reales Milicias de Ferreñafe. Sus padres fueron Juan Manuel y Catalina. Realizó estudios en el Real Convictorio de San Carlos y fue discípulo del precursor de la independencia José Faustino Sánchez Carrión.

Estudió artes, latín, filosofía, matemáticas y jurisprudencia con estudios en derecho natural y de gentes. Enfermo de asma, regresó a Lambayeque.

Su madre, ya viuda, inculcó en Iturregui la dedicación a las actividades comerciales y organizó su primer viaje a Jamaica para la compra de mercaderías para el negocio familiar. En Panamá y Jamaica, el año de 1818, se puso en contacto con patriotas colombianos (puede inferirse su relación con las logias masónicas), y “en vez de emplear el dinero en mercancías, compró un considerable número de armas y municiones, y para no despertar sospechas compró algunos efectos”.

Por ese tiempo, la casa de Iturregui era el centro de reunión de muchos jóvenes de familias notables que de manera secreta leían impresos llegados desde Colombia y Buenos Aires. Se comprometieron desde entonces con la causa antimonárquica y pro republicana.

Las conspiraciones

Según Jorge Izquierdo Castañeda, cuando en 1818 Iturregui viaja a Jamaica, obtiene autorización para fundar logias lautarinas, con la única finalidad de apoyar a la guerra de la emancipación sudamericana. José de San Martín, Carlos de Alvear y José Matías Zapiola habían establecido la Logia Lautaro en Buenos Aires, en 1812.

A su retorno a Lambayeque, Iturregui, conjuntamente con sus amigos, los jóvenes de la nueva generación, funda en 1819 una especie de club o sociedad secreta de separatistas denominada ‘White Star’ (Estrella Blanca), sus ritos eran análogos a los masónicos, pero, en esencia no era una logia masónica.

Algunos de sus principales miembros lo eran su hermano José Ignacio Iturregui, Antonio Guerra (capitán del Ejército Realista), los hermanos Santiago, Romualdo y José Leguía Meléndez, Pedro Haro, los hermanos Pascual, Rafael y José del Carmen Saco Oliveros, los limeños y hermanos Juan del Carmen y Francisco Casós Barrionuevo, Melchor Sevilla, Mariano Quesada y Valiente y el marino norteamericano Juan José Fanning.

También, Pedro Antonio López de Vidaurre, los hermanos Vicente y José María Castañeda, Valentín Mondragón, José María Lastres, los hermanos Manuel y José María Muga, el ferreñafano Manuel Navarrete Echevarría, José Otiniano y tantos más.

Voluntad independentista

Enterados por el aviso de un amigo de la familia y miembro de la Real Audiencia de Buenos Aires, de que las autoridades españolas habían sido notificadas de las reuniones en casa de los Iturregui y el peligro para su vida y economía que ello implicaba, Juan Manuel Iturregui decide tomar precauciones y esconde lo comprado en Jamaica.

Según el historiador Jorge Izquierdo, “en Lambayeque ya se conspiraba de manera soterrada y decididamente, desde mucho antes que la expedición libertadora del sur arribara a la bahía de Paracas (septiembre de 1820)”.

Al respecto, el historiador escribe: “Los entretelones y el desarrollo mismo de los acontecimientos acaecidos en el pueblo de Lambayeque, la memorable noche del 27 de diciembre de 1820, son bastantes conocidos por los lambayecanos.  La reunión extraordinaria del cabildo, convocado por el alcalde don Pedro Antonio López de Vidaurre, en casa del alcalde de segunda nominación don Melchor Sevilla, para tratar específicamente sobre la jura de la independencia. La unánime decisión de los miembros del cabido lambayecano por la libertad”.

El 27 de diciembre

Siguiendo con su relato, Izquierdo Castañeda refiere que la multitud que rodeaba la casa de Melchor Sevilla, mostrando su adhesión a la causa, avanzó amenazante a intimar rendición a la oficialidad y escuadrón realista acuartelado en la Casa de la Aduana, sede hoy del Colegio “27 de Diciembre”.

Entre los protagonistas de la gesta independentista de Lambayeque aparece Juan del Carmen Casós Barrionuevo, quien – conforme a las investigaciones realizadas por Izquierdo Castañeda - fue Sargento Mayor del Regimiento de Infantería de Milicias Disciplinadas de Lambayeque y Chiclayo, grado que ostentaba al momento de la insurrección, además del cargo de regidor perpetuo del ilustre cabildo de Saña en el partido de Lambayeque.

“A su mando y órdenes se encontraban los reconocidos próceres lambayecanos don Juan Manuel Aniceto Iturregui Aguilarte, capitán de milicias de caballería de Ferreñafe, y el capitán don Juan Pascual Saco Oliveros, capitán de milicias de infantería del pueblo de Lambayeque, ambos de notable actuación la noche en que Lambayeque juró de facto ser libre de toda opresión, rompiendo con este sublime acto las ligaduras que la ataban al régimen peninsular”, cuenta el historiador.

La noche del 27 de diciembre se suscribió el Acta de la Independencia de Lambayeque, el 31 de diciembre se realizó el paseo del estandarte bicolor por las calles del pueblo y el 14 de enero de 1821 tuvo lugar el acto público de proclamación de independencia en la sala consistorial.

“La independencia, no cabe duda, era desde ese momento una realidad, un hecho consumado en nuestra región”, remata Jorge Izquierdo.

Textos de los historiadores Martín Cabrejos Fernández y Jorge Izquierdo Castañeda.

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POR EL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA DE LAMBAYEQUE: EXPRESIÓN PUBLICA LIBRO SOBRE LA VIDA DE AUGUSTO B. LEGUÍA ANTE

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1184

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  • Autoría del abogado e investigador Freddy Centurión González.

 

El libro “Leguía antes de la vida política: 1863 – 1903”, escrito por el abogado e investigador Freddy Centurión González, será presentado este viernes 18 d.c. por Expresión, como parte de las actividades oficiales por la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de Lambayeque.

 

Sobre la obra, el magistrado Carlos Ramos Núñez, integrante del Tribunal Constitucional y autor del Prólogo, señala:

“Pocas son las etapas de la historia del Perú, como la conocida como el ‘Oncenio de Leguía’, tan pródigas en cambios, tan colmadas de hechos que, a la luz de su significado ulterior, han transformado el país, han sido determinantes para su derrotero político e institucional. El régimen que lideró Augusto B. Leguía, y él mismo, en su trayectoria política y vital, siguen siendo objeto de sostenido estudio y fuente de apasionado debate que, más allá de posiciones refractarias o de acríticos elogios, tienen ya un conjunto de investigaciones de lectura imprescindible, cuya virtud es la ponderación; entre estas, que hacen del juicio sobrio una virtud, debe contarse, qué duda cabe, la que hoy con mucho agrado prólogo, Leguía antes de la vida política 1863-1903, de Freddy Ronald Centurión González, joven y acucioso historiador del derecho, profesor de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo de Chiclayo”.

Hombre de negocios

Ramos Núñez reconoce que existen varias publicaciones que centran su estudio en la presidencia de Augusto B. Leguía, pero pocas han ahondado en la vida del próspero empresario antes de su ingreso a la política nacional.

“Existen, ciertamente, varias publicaciones dedicadas a explorar la controversial figura de Leguía; una parte de ellas privilegia algunas facetas o momentos de su vida; otra se aboca al tratamiento de su relieve y trascendencia, saga que va desde lo encomiástico hasta el vituperio, desde el ensalzamiento hasta el enjuiciamiento severo, pasando por las que propenden al equilibrio y el examen mesurado y sereno; e incluso existe un texto cuya autoría se atribuyó falsamente al político lambayecano, y en el que se expone una más que dudosa confesión y aceptación de hechos delictivos. Todos estos libros, no obstante, tienen un factor que los enlaza y empareja: el hecho de fijar como su temática u objeto la vida de Leguía en tanto actor político. Y es aquí, a diferencia de este ya profuso catastro bibliográfico, donde radica una de las primeras virtudes del libro de Centurión: el de haberse centrado no en ese territorio ya trajinado con abundancia, sino en el trayecto vital previo al desempeño político, delimitado, además, con una precisión que valoramos: 1863-1903, los años de formación de Leguía”, escribe.

En complemento, el presentador de la obra, empresario Julio Manuel García Peña, resalta que la vida de Leguía era admirable antes de su ascensión al poder, primero como ministro de Estado y luego como presidente de la república.

“La vida de este insigne lambayecano fue admirable antes de su ingreso a la política. De ahí la valía del presente libro, obra del investigador Freddy Centurión González, porque nos da alcances minuciosos de lo que fue el próspero transcurrir del protagonista como agricultor y empresario, aspectos poco difundidos en los trabajos que sobre él se han hecho hasta ahora. La abundancia de la información permite conocer las habilidades que Leguía tuvo para las finanzas y la planificación, instrumentos que posteriormente le sirvieron de base para su ascenso en la administración estatal y que fueron, además, parte del legado que como gobernante dejó”, señala.

La formación

Ramos Núñez afirma que es acierto del libro poner de relieve este proceso de formación, sin duda. Y proponer con ello un nuevo factor a tomar en cuenta en el debate del significado y sentido del sujeto político Leguía, que frecuentemente prescindía de su proceso formativo, “como si se pudiese emitir juicio sobre las personas y hechos desde una perspectiva estática y atemporal, con la obvia contravención de la propia historicidad, que supone transitividad, inestabilidad y complejidad”.

“Es también un mérito de esta investigación su inteligente registro heurístico y su estructura, que, con vocación exhaustiva e integradora, expone el decurso vital del político a través de los hechos más significativos que lo fueron configurando. Se hace visible, así, cómo se fue construyendo una personalidad compleja, rica en matices, siempre consecuente en sus virtudes y prejuicios, en su cotidianeidad y sucesos determinantes, en sus decisiones inteligentes y también erráticas y cuestionables. Y la exposición de este dinamismo vital, como correlato de la seriedad en el objeto y fin de la investigación, rehúye los esquematismos escolásticos y, desde luego, los juicios intemperantes y maniqueos”, relieva el prologuista.

El libro será presentado el viernes 18 de diciembre, a las 7:00 de la noche, a través de las plataformas digitales de Expresión, vía Facebook, Youtube y Twitter. 

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GERMÁN LEGUÍA Y MARTÍNEZ: EL HISTORIADOR DE LA INDEPENDENCIA LAMBAYECANA

Escribe: Freddy R. Centurión González
Edición N° 1184

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Una de las principales fuentes para el estudio de la independencia del partido de Lambayeque en diciembre de 1820, con sus méritos y defectos, es la obra de Germán Leguía y Martínez, multifacético intelectual lambayecano, cuya faceta literaria e histórica quedó opacada por su polémica actuación política.

 

Bisnieto de un burócrata virreinal, nieto de un prócer de la independencia, hijo de un magistrado, Germán Leguía y Martínez nació en Lambayeque en abril de 1861. Huérfano de madre a tierna edad, acompañó a su padre en sus cargos judiciales en Lambayeque y Cajamarca. Pese a ello, su afecto por Lambayeque fue intenso, como lo expresaría en uno de sus poemas: “¡Oh Lambayeque, Lambayeque amado, que guardas de mi madre los despojos; [...] áureo sol, aire puro, suelo amigo, yo os amo, yo os venero, yo os bendigo!”.

El literato.

Germán estudió Derecho en San Marcos, pero por motivos de salud, volvió a Cajamarca, donde desde la tribuna periodística, con apenas 16 años, se opuso al caciquismo de Miguel Iglesias, sufriendo una agresión tras la que se vio forzado a dejar Cajamarca. De regreso a Lima, el joven se hizo conocido con su “Canto a mi Patria”, declamado a inicios de la guerra con Chile. Nombrado secretario adscrito a la legación peruana en Quito, retornó al Perú, desarrollando una activa labor en Lambayeque entre 1883 y 1887: fundó un colegio, editó un periódico y escribió el drama “La Calumnia”, además de corregir su “leyenda dramática” “El Manchay-Puito”.

La obra literaria inicial de Leguía y Martínez fue poética, género romántico por excelencia. Cantó al sentimiento patrio, a la naturaleza del terruño, al afecto familiar, al amor. Paulatinamente transitó a un cierto realismo, evidenciado en la prosa vívida de sus textos históricos. En sus inicios literarios, Leguía y Martínez tuvo como ejemplo a seguir al tradicionalista Ricardo Palma, cuyos consejos fueron claves en la depuración de su estilo. Pero progresivamente, don Germán se acercó a la prédica de Manuel González Prada, siendo quien lo propuso en 1912 para ejercer la dirección de la Biblioteca Nacional ante la renuncia del “Bibliotecario Mendigo”.

El magistrado y político.

A partir de 1887, Leguía y Martínez se instaló en Lima, culminando sus estudios en San Marcos y trabajando en la Cancillería. A la par, entró en el Círculo Literario fundado por González Prada. No es de sorprender que al ser electo diputado en 1895, Germán Leguía y Martínez fuese un combativo opositor a Piérola, defendiendo la reforma electoral, y apoyando la fundación del Partido Liberal en 1902.

Dedicado al foro y a la docencia, fue nombrado prefecto de Piura en 1905, impulsando iniciativas patrióticas como el reconocimiento de la casa natal del almirante Miguel Grau. De allí, pasó a la magistratura, como su padre: vocal superior en Arequipa en 1908 y vocal superior en Lima en 1909. Luego don Germán desempeñó cargos diplomáticos durante el primer gobierno de su primo hermano Augusto: ministro en Ecuador en la crisis de 1910, y ministro de Relaciones Exteriores en 1911, tras lo cual fue designado vocal de la Corte Suprema en 1912.

Su momento de mayor figuración (y mayor polémica) fue durante el “Oncenio” de su primo Augusto B. Leguía, siendo ministro de Gobierno y presidente del Consejo de Ministros entre 1919 y 1922. Ambos primos tenían carreras y visiones distintas del mundo: don Augusto fue un financista intuitivo y dúctil que creía en reformas paulatinas, don Germán un letrado académico e intransigente que apostaba por una política quirúrgica e inmediata (al fin y al cabo, discípulo de González Prada). Y así, bajo su ministerio, se deportó a numerosos opositores, se vulneró la libertad de prensa, y encarceló a numerosos opositores en la isla San Lorenzo. Sin embargo, su oposición principista a la reelección y sus propias ambiciones presidenciales lo llevaron a ser víctima del equipo represor que había establecido y utilizado. Detenido y desterrado a Panamá, don Germán regresó al Perú enfermo, falleciendo en noviembre de 1928.

El historiador.

Trabajador infatigable, Germán Leguía y Martínez aprovechó cada uno de sus diversos destinos para entregarse a la labor investigadora. Cuando dejó la prefectura de Piura, llevaba los primeros apuntes de su “Diccionario geográfico, histórico, estadístico del departamento de Piura”, editado en 1914, del que solo apareció el primer volumen. Cuando terminó su magistratura en Arequipa, había iniciado la redacción de su ambiciosa “Historia de Arequipa”, de la que solo se editaron los dos primeros volúmenes en 1912 y 1914. Desde la vocalía suprema, intentó actualizar el monumental diccionario de García Calderón con su inconcluso “Nuevo diccionario de la legislación peruana”, de la que se publicaron solo dos volúmenes en 1914 y 1921; con el detallismo que empleó, quizá la obra completa habría requerido más de cincuenta volúmenes. Durante su destierro, don Germán logró concluir su “Diccionario de legislación criminal del Perú”, publicado póstumamente en 1931.

Pero la principal obra de don Germán fue la “Historia de la emancipación del Perú, el protectorado”, publicada póstumamente en siete volúmenes por la Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia en 1971. Su intención era analizar el paso de San Martín por el Perú, rescatando del olvido el esfuerzo peruano en la lucha por la Independencia, como un paso inicial de una historia integral de la República. Es de destacar el estilo vigoroso de la prosa de Leguía y Martínez, su utilización de fuentes directas (es por ejemplo, la fuente que dio a conocer el acta del pueblo llano y bajo de Lambayeque del 31 de diciembre de 1820) y de la tradición oral que aún se conservaba. Su visión patriótica hacía que por momentos no fuese secamente objetivo, justificando el calificativo de “historiador romántico” dado por Raúl Porras.

 

(*) Abogado, docente universitario e historiador.

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