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Del mérito al desmérito

Escribe: Beder Bocanegra Vilcamango (*)
Edición N° 1414

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Una de las «cosas» que poco se entiende sobre el Congreso y su diversidad de sapiencia es que nos olvidamos de sus facultades para hacer de su reducto lo que quieran. Pero se necesita que ello esté allí porque somos parte de la democracia representativa, por lo tanto, ya no sirve quejarse por el mérito de Dayanita o el desmérito del otorgante.

El cultivo del humor siempre ha estado y está en relación con lo cotidiano y parte de ello es la caracterización femenina —para ser un poco prudente—, antes que decir caracterizar al homosexual, a ello no se han escapado actores como Adolfo Chuiman, Guillerno Rossini, Ricky Tosso, Miguel Barraza, Ernesto Pimentel, Edwin Sierra, Jorge Benavides, Carlos Álvarez, Fernando Armas. Cada quien con su estilo, cada quien hizo de su caracterización una «forma de actuar»; sin embargo, también resultaría válido decir: cada quien con su mariconada, aunque resulte grotesco y ligeramente discriminador. Aunque cuál sería el mérito, en realidad sería el saber actuar, el ser actor. En esta maraña de categorías, muchos actores siempre habrán deseado ser protagonista y no antagonista, por el mismo hecho de cultivar la actuación y, sin considerar su condición sexual, tendrían los méritos suficientes para tener un reconocimiento y no necesariamente del Congreso, que, por lo demás, no sabe lo que debe hacer y por qué debe hacerlo, puesto que se trata de una facultad, así que por otro asunto dejemos que reconozcan a quien se les antoje.

La cuestión del poder del improductivo Congreso se refleja en la proyección mediante la incesante búsqueda de espacios para ganar titulares como cualquier otro ciudadano que ya desea ser nuevamente parte del circo congresal. Sin embargo, el poder, como se evidencia, no tiene límites para transgredir la verdadera actuación y buscar lo sensacionalista. Más allá de lo que se pueda pensar en el papel de una forma de entender la «actuación cómica» o ser «actriz cómica» debería estar en primera línea si los merecimientos como tal son materia de reconocimiento. A la par de ello, muchos catedráticos que conozco y se me cruzan por los pasillos han comprado su ‘honoris causa’ y fueron premiados fuera del país.

El valor de los honores

Los honores ya no cuentan con el reconocimiento que se merecen, porque entre estos avatares las acciones políticas se han introducido de tal manera que ya no se sabe quién es quién. El mérito siempre ha sido la exaltación suprema al esfuerzo cuya trascendencia no deja dudas, por el contrario, se entiende que todo esfuerzo debe reconocerse. Entiéndase por esfuerzo todo lo que busca el ser humano en bien de los demás sin saber que se alimenta su prestigio y reputación. Al parecer, esta dicotomía no existe para el congreso, puesto que se ha desnaturalizado el concepto de reputación y honor para aprovecharse de ello.

El reconocimiento humano por lo que hizo y sin negar su trascendencia es un galardón biunívoco; es decir, del lado del receptor debe saber quién y cómo es que se origina el trascedente hecho, puesto que cualquier persona o institución no puede reconocer el mérito o reputación y por otro lado se debe ser consciente si se lo merece, bien podría negarse a recibirlo, porque entiende que no es «propio», ello supone que lo que hizo no es suficiente y por tanto no se lo merece. El reconocimiento, entonces, busca determinar el rol de la ética de quien lo otorga y de quien lo recibe. No obstante, cuando se trata del «reconocimiento popular», tal vez no importe que lo haga el congreso o a quien se le ocurra. Lo cierto es que Dayanita es más «reconocida» en los medios de comunicación más o mejor que la Uchulú que poco le haría falta un diploma congresal, aunque el concepto de actriz cómica no se haya desarrollado, puesto que ello no depende de su desarrollo profesional, sino depende de la sintonía y sus relaciones con el público.  Finalmente, el merecido reconocimiento resulta, muchas veces, el veneno totalizador antes que se haga por poco distingo de ciertas habilidades como actriz o actor cuya trayectoria es innegable y se corresponde con el mérito antes ser solo provocador del titular y la noticia.

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(*) Docente y investigador Renacyt. Palmas Magisteriales 2017.

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TENSIÓN EN EL CARIBE: La movilización militar de Venezuela ante la presión de Estados Unidos

Escribe: Roger Santa Cruz Carranza (*)
Edición N° 1414

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El Caribe ha vuelto a transformar en escenario de un conflicto que trasciende lo bilateral y amenaza el orden regional. De manera reciente, la tensión entre Estados Unidos y Venezuela ha alcanzado niveles inéditos, marcada por un despliegue militar estadounidense en aguas cercanas y una movilización masiva de milicianos en territorio venezolano. Esta fricción no solo enfrenta a dos gobiernos, sino que también pone a prueba los límites del derecho internacional y la estabilidad de América Latina.

En los últimos meses, la administración de Donald Trump intensificó su campaña contra Nicolás Maduro, al que acusa de liderar un “cartel del narcoterrorismo”. Según Washington, el mandatario venezolano estaría al frente del Cártel de los Soles, responsable de tráfico de cocaína, minería ilegal y lavado de dinero. Estas acusaciones, rechazadas por Caracas, estuvieron acompañadas por una operación militar de gran magnitud en el Caribe: tres destructores AEGIS con misiles guiados, submarinos de ataque, aviones de reconocimiento P-8 Poseidón y más de 4000 efectivos navales y de infantería.

La operación fue presentada como parte de la lucha contra “los carteles latinoamericanos de drogas” y se amparó en la designación del Cártel de los Soles como organización terrorista internacional. Esta clasificación, compartida con el Cártel de Sinaloa y el Tren de Aragua, sitúa a estos grupos al mismo nivel jurídico que Al Qaeda o el Estado Islámico, lo que habilita sanciones financieras inmediatas, congelamiento de activos, extradiciones expeditivas y operaciones militares directas.

Además, Washington duplicó a 50 millones de dólares la recompensa por información que conduzca a la captura de Maduro y confiscó más de 700 millones de dólares en activos supuestamente vinculados a su entorno. Se trata de una estrategia que combina presión judicial, económica y militar, constituyendo uno de los intentos más ambiciosos de aislamiento internacional contra un gobierno en el continente.

El trasfondo económico

Más allá del frente militar, la presión de Estados Unidos se ha hecho sentir con fuerza en el plano económico. Desde 2017, Washington cerró el acceso del gobierno venezolano a los mercados financieros internacionales, impidiéndole colocar deuda y congelando sus activos en el extranjero. Esto dejó al Estado prácticamente sin acceso a divisas, con recursos apenas suficientes para sostener la maquinaria política y militar del chavismo.

Aunque hubo un respiro con la autorización parcial para que Chevron operara en el país —inyectando hasta 200 000 barriles diarios en especie—, este alivio resultó insuficiente para compensar el colapso petrolero de la última década.

Las sanciones combinadas, junto con incautaciones, recompensas, aranceles y restricciones comerciales, redujeron drásticamente los ingresos petroleros. Incluso países como India y China, que representaban cerca del 50 % del mercado venezolano, disminuyeron sus compras. Si bien estas medidas no han logrado desalojar a Maduro del poder, sí han transformado la economía venezolana, forzando un éxodo masivo: millones de ciudadanos han abandonado el país y se proyecta que un millón adicional podría hacerlo en los próximos cinco años.

La respuesta de Caracas

Ante la presión de Estados Unidos, la reacción de Maduro fue inmediata:  la movilización de 4,5 millones de milicianos en todo el país. Aunque se trata de civiles armados y formados dentro de la Revolución Bolivariana, estos han sido presentados como pieza clave en la defensa integral del territorio. Más allá de su capacidad real para enfrentar un conflicto, su despliegue tiene un fuerte peso simbólico: mostrar unidad interna y dejar claro que están dispuestos a resistir cualquier intento de intervención.

El discurso oficial ha sido desafiante. Maduro aseguró que “ningún imperio tocará el suelo sagrado de Venezuela”, mientras su ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, afirmó que las bandas criminales ya estaban “desarticuladas”. A su vez, Diosdado Cabello acusó a la DEA de ser “el único cartel de drogas que opera a la vista del mundo”. Esta retórica, cargada de referencias al antiimperialismo, busca reforzar la legitimidad del gobierno ante su población y proyectar fortaleza hacia la comunidad internacional.

Un choque asimétrico

El enfrentamiento evidencia una desproporción evidente. Estados Unidos cuenta con la maquinaria militar más poderosa del planeta, mientras que Venezuela apuesta por una movilización numérica, pero con recursos limitados. En este contexto, la estrategia venezolana no busca derrotar a Washington, sino disuadirlo, incrementando los costos de una posible intervención.

El recuerdo de la captura de Manuel Antonio Noriega en Panamá en 1989 sigue presente. Es altamente probable que Maduro no descarte un desenlace similar siendo que la presión estadounidense podría apuntar a ese desenlace. Aunque Caracas cuenta con apoyos diplomáticos de Rusia, China e Irán, es poco probable que estas potencias se comprometan militarmente en su defensa. Incluso Cuba, debilitada por su propia crisis, apenas podría brindar cooperación en inteligencia.

El dilema del derecho internacional

Otro punto crucial es el marco legal de las acciones estadounidenses. Tanto el despliegue militar como la designación del Cártel de los Soles como organización terrorista internacional se realizan al margen de organismos multilaterales. De esta manera, Washington privilegia su seguridad nacional por encima de la legalidad internacional, estableciendo un precedente que recuerda la intervención en Panamá.

Esta relativización del derecho internacional erosiona los principios de soberanía y no intervención que sostienen el orden global, y abre la puerta a futuras acciones unilaterales bajo el argumento de la “seguridad nacional”. En un mundo cada vez más multipolar, el poder duro se impone sobre el debate jurídico.

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(*) Politólogo | santacruzcarranza@gmail.com

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TOPONIMIA LAMBAYECANA: ¿De dónde vienen los nombres de nuestros pueblos?

Escribe: Martín Cabrejos Fernández (*)
Edición N° 1414

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Para conocer más acerca de nuestras raíces y escarbar hacia las entrañas mismas de nuestro ancestro cultural les aproximaré al origen de los nombres de algunos de los pueblos más representativos de la región de Lambayeque en la actualidad. Fernando de la Carrera Daza, sacerdote peruano del siglo XVII y Vicario de Reque, en su obra “Gramática de la lengua Yunga”, nos dice que la palabra “Monsefú” se origina de “Omansefuac”, “Omensefee” u “Omolsoefoet”, que en lengua yunga significa "Dios castiga al que ofende la tierra". Los primeros monsefuanos eran considerados “Castigados”, pues vivieron inicialmente en “Chuspo” (Callanca) y debido a inundaciones y epidemias tuvieron que trasladarse a la zona en la cual están actualmente asentados.

En el siglo XVII, Reque o Requep formó parte del corregimiento de Saña. El término deriva de la palabra yunga "Recksi” o “Recka" y significa "Espuma de Chicha”.

Eten, “Santa María Magdalena de Eten” o “Magdalena de Eten” (Según don Ricardo Palma) “Tierra del sombrero”, del “Divino niño del Milagro” y de la Huaca “El Taco”, debe su nombre a la palabra yunga “Atín” que significa “Amaneció” o “Donde nace el sol”.

Motupe o Motupi (Según el inca Garcilaso de la Vega” en el Capítulo 2do del libro 9 de los “Comentarios reales”), tierra de “Apurlec” y la “Santísima Cruz de Chalpón”, debe su nombre al término yunga “Motux”, que identificó también a un cacicazgo y significa “Sombra del indio”. Perteneció en tiempos coloniales al corregimiento de Piura.

Jayanca, Pacora y Túcume

Xayanca o Sayanca son las palabras que dieron origen al nombre Jayanca. La “Tierra del vino” y el “Jotoro” guarda relación con los términos “Chayay”, “Sayay”, “Chayanca”, que significan “Llamar” o “Permanecer de pie” y “Lamcarlech” (según “La visita de Jayanca y Pacora” realizada por Sebastián de Gama en 1540) o "Lampatef" (según José Maeda en los estudios de los títulos de la Hacienda Ja) y que significa “Cabeza de agua”.

Pacora, “La tierra de los Pablitos”, debe su nombre, según José Uchofen, al apellido de un sacerdote español que en tiempos de la colonia llegó con la misión de evangelizar y convertir a sus habitantes a la religión católica.

El visitador Gregorio Gonzáles de Cuenca hace referencia en sus documentos al nombre del pueblo de "Túcume" como “Túqueme” recogiendo la versión de Pedro Cieza de León en “Crónica del Perú” (1553 - Primera parte) con información obtenida en su recorrido por el Perú desde 1548. El término “Túqueme” es distinto del utilizado por el cronista Garcilaso de la Vega que, en “Comentarios reales”, menciona que Huayna Cápac “redujo diez valles de la costa que holgaban mucho ser vasallos del inca y obedecer sus leyes y guardar su religión”, de dichos valles merecen nuestra atención: Zaña, Collique, Cintu, Tucmi, Sayanca, Mutupi, Puchiu y Sullana.

El doctor Carlos Arrizabalaga, profesor de Lingüística de la Universidad de Piura e investigador de la toponimia norperuana, en su trabajo “El nombre de Sullana”, nos da algunos alcances sobre la denominación hecha por Garcilaso de los diez valles principales de la costa norte del Perú. Nos dice: La lista dada por Garcilaso es la misma que cincuenta años antes había dado Cieza de León (1553) de los valles por donde pasa el “Camino real de los incas”.

Garcilaso quechuiza sistemáticamente todos los topónimos consignados partiendo de la falsa presunción de que los españoles se equivocaban al escribir los nombres de las cosas del Perú, pues desconocían mayormente la lengua quechua, y los que la conocían la habían aprendido en la costa, donde no se hablaba el quechua cuzqueño. Fray Domingo de Santo Tomás (“Gramática o arte de la lengua general de los indios del Perú”- Valladolid, 1560) principal informante de Cieza de León, denomina a los dialectos costeños del quechua “corrupciones”.

Desconocía Garcilaso que los términos (topónimos) mencionados por Cieza de León no son quechuas en su mayoría, sino mochicas y tallanes.

Cuando Cieza escribe “Collique” (que significa en lengua yunga “pozo en la arena para almacenar comida”), Garcilaso cree que se trata de una deformación de “collque” (que significa en quechua “plata” o “moneda”). Cambia “Xayanca” por Sayanca. Sayay significa “permanecer en pie” en yunga, pero trata de explicarlo etimológicamente desde “jayay”, que significa “llamar” en quechua.

El investigador César Espinoza Galarza sostiene que el actual término Túcume, proviene del término yunga “tok”, que significa hogar; no del quechua “tuku”, que significa lechuza.

Garcilaso no registra el nombre real de esos valles, sino que busca la “verdadera forma” con que debían pronunciarse, es decir en quechua cuzqueño. En esta tarea Garcilaso no se libró de cometer algunas equivocaciones, como ha demostrado en reiteradas ocasiones el quechuista Rodolfo Cerrón Palomino.

La mayor parte de los términos entregados corresponden a la lengua Yunga o mochica, otros son términos provenientes de los apellidos de los españoles notables dispersos en algunas zonas de la región.

Ferreñafe y otros pueblos

Según estudios de don José Sebastián Barranca Lovera y el clérigo Fernando de la Carrera Daza, el término Ferreñafe proviene de alguna de las siguientes fuentes: Del nombre de un indio llamado Ferriñafi Sinopullaqui, elegido por el encomendero español don Juan de Osorno para administrar el valle de Túcume (Tok) o de la palabra yunga Firruñap que significa “Entre cerros” o “En medio de caminos”. La palabra yunga se usó hasta el siglo XVIII en que se reemplaza por la actual denominación.

Mocupe, tierra de las playas “Cañaloche” y “Cabeza de toro”, del mural de Úcupe y de las Huacas “Teodora” y “Chaquiras” es un distrito cuyo nombre corresponde a la lengua yunga o mochica y significa “Lugar en la profundidad” o “Pueblo en hoyada”.

Chongoyape, la tierra de “Santa Catalina de Alejandría”, el “Cerro Mulato” + y cuna de la orfebrería lambayecana al haberse descubierto en sus entrañas valiosas joyas de la tradición Chavín, tiene un nombre que proviene de la lengua quechua y significa “Corazón triste” o “Corazón que llora”.

Otros pueblos con nombre quechua son Incahuas,i o Incawuasi, cuyo significado es “Casa del inca” y Cañaris o Kañaris (Kañari) que significa “Sí hay” aunque otra versión indica que el término Kan significa también en quechua culebra; por lo cual podría el nombre significar “Hay culebras”. La palabra Uyurpampa identifica a un centro poblado del distrito de Incahuasi en la provincia de Ferreñafe, y significa “llanura de vientos fuertes”.

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(*) Historiador y docente.

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EXTRACCIÓN DE MOLUSCO BIVALVO: “Palabritas” para consumo humano y la sanidad pública

Escribe: César Mogollón Rojas (*)
Edición N° 1414

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Uno de los recursos hidrobiológicos de importancia económica y de consumo humano directo es el molusco bivalvo ‘Donax obesulus’, denominado “palabritas” o “marucha”, extraído por pescadores artesanales, en el caso de Lambayeque, mayormente de las zonas de Mórrope y Puerto Eten.

Según lo establecido en la Lay General de Pesca, aprobada por Decreto Ley N° 25977, los recursos hidrobiológicos contenidos en las aguas jurisdiccionales del Perú son patrimonio de la nación, correspondiendo al Estado regular el manejo integral y la explotación racional de dichos recursos.

Es en base a este marco legal, que el Ministerio de la Producción (antes Ministerio de Pesquería), ha dispuesto medidas para su ordenamiento pesquero, como es la Resolución Ministerial N.° 209-2001-PE, y Resolución Ministerial N° 298-2006-PRODUCE, que establece la talla mínima de captura del recurso “marucha” o “palabritas” ‘Donax sp’ en veintidós milímetros (22 mm) de longitud valvar, medida como la distancia máxima comprendida desde el borde anterior al borde posterior de la valva. Asimismo, se prohíbe en el ámbito nacional la extracción, recepción, transporte, procesamiento y comercialización del citado recurso en tallas inferiores a la establecida.

Mediante Decreto Supremo N.° 018-2021-PRODUCE, modificado mediante Decreto Supremo N.° 008-2025-PROCUE, se aprueba el Reglamento de Ordenamiento Pesquero de los Recursos Invertebrados Marinos Bentónicos, el cual tienen entre sus objetivos lograr el desarrollo sostenible de su actividad extractiva, entre los cuales se encuentra el molusco ‘Donax obesuslus’.

También mediante Resolución Ministerial N.° 350-2023-PRODUCE, establece veda reproductiva del recurso ‘Donax obesulus’ “marucha” o “palabritas” en el litoral adyacente de los departamentos de Lambayeque y Ancash, durante el periodo comprendido entre el 1 de agosto y el 30 de setiembre de cada año. 

Normas sanitarias

Cabe resaltar que reviste de importancia para la salud pública, la disposición para la extracción y consumo de las “palabritas” establecida según el Decreto Supremo N.° 007-2004-PRODUCE que aprueba la Norma Sanitaria de Moluscos bivalvos, la cual ha sido modificada mediante Decreto Supremo N.° 005-2024-PRODUCE, norma que establece que las áreas de producción de bancos naturales o de acuicultura deben ser delimitadas, evaluadas y, sujetas a una evaluación que consiste en el diseño y realización de un estudio de evaluación sanitaria, con la finalidad de determinar su clasificación sanitaria, basada en evaluación de presencia de coliformes fecales, patógenos como Salmonella y otros que la autoridad sanitaria considere pertinente, así como metales pesados, compuestos organohalogenados y pesticidas.

Las áreas de producción de moluscos bivalvos como es el caso de “palabritas” pueden ser clasificadas de Tipo A, las que no exceden de 230 NMP ‘Escherichia coli’ por cada 100 g. de carne y líquido intravalvar (Aprobada), Tipo B las que no tienen más de 4600 NMP E. coli por cada 100 g. de carne y líquido intravalvar (condicionalmente aprobada, para el consumo humano los moluscos deben ser tratados en un centro de depuración hasta alcanzar los criterios sanitarios del tipo A ) y Tipo C las que no exceden de 46000 NMP (condicionalmente aprobada, para el consumo humano los moluscos deben ser tratados en un centro de depuración hasta alcanzar los criterios sanitarios del tipo A). Y las áreas de producción de moluscos, que sobrepasan los criterios sanitarios del Tipo C, son declaradas como prohibidas por SANIPES, por ser un riesgo inaceptable para la salud pública.

Situación en Lambayeque

Es preocupación que, en el litoral de Lambayeque, a la fecha solamente se encuentra clasificada como área Tipo A, la zona denominada “El Negro” ubicada frente a Mórrope y en límite con litoral de Piura, según Resolución Directoral N.° 009-2023-SANIPES/DFS; donde pueden ser extraídos los moluscos bivalvos, para consumo humano directo sin ningún tipo de riesgo sanitario. 

Las causas por las que no existen otras zonas aprobadas sanitariamente en Mórrope para extracción de moluscos bivalvos “palabritas”, podría ser por el vertimiento de afluentes provenientes de drenes, como el Dren 4000 que forma parte del sistema de drenaje del proyecto especial Olmos Tinajones que desemboca frente al litoral en distrito de Santa Rosa, el cual durante su trayecto recibe la descarga de actividades industriales, aguas contaminadas, residuos sólidos y otros desechos, de manera indebida contra toda normativa ambiental, toda vez que los drenes han sido construidos para evitar inundaciones y salinización de los terrenos agrícolas y no como colector de aguas servidas. Y otra de las causas, sería por malas prácticas sanitarias de algunos usuarios de las playas donde existen bancos de moluscos de bivalvos.

Es oportuno mencionar que Mórrope fue exportador de “palabritas” a España, siendo cerrado el mercado, por problemas de contaminación con virus de hepatitis A, detectado en uno de los lotes de este molusco.

Frente a esta realidad, se recomienda instalar una Comisión intersectorial y multidisciplinaria, que permita formular un Plan de remediación de los Drenes, especialmente en el Dren 4000 el cual considere entre otros aspectos. el aprovechamiento de las aguas de drenes para habilitación de áreas verdes; lo cual permitirá mitigar el impacto negativo sobre el ecosistema marino, realización campañas de sensibilización, fortalecimiento de fiscalización, control ambiental y vigilancia epidemiológica. Asimismo, evaluar otras zonas como es Puerto Eten para la extracción de “palabritas” previa clasificación sanitaria.

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(*) Biólogo pesquero y consultor del Gobierno Regional de Lambayeque.

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El no leer

Escribe: Luis Rolando Alarcón Llontop (*)
Edición N° 1414

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El artículo, a medio camino entre análisis documental y ensayo, entre reportaje y opinión, ha aparecido en el diario español La Vanguardia, el 16 de agosto reciente, firmado por Joan-Carles Mèlich. Devela lo que fue históricamente un paradigma, y que Educación, Cultura, Ciencia y Sociedad, han preferido olvidar: leer no fue siempre una práctica humana bien vista, sino todo lo contrario. Asómbrese, usted, sino lo ha hecho todavía.

En efecto, el texto “La Educación, contra la lectura” recorre lo que hoy resulta inconcebible pero que en su momento dominó el pensamiento filosófico de una larga época. Leer y desprendidos no solo fueron quehaceres fustigados, censurados y perseguidos incluso como actividades cotidianas o especializadas. Sino que todo un marco axiológico respaldaba una posición que hoy nos luce insensata.

El texto de Mèlich recoge una serie de citas y anécdotas atribuidas a algunos filósofos clásicos ya de la Antigüedad, como Platón y Aristóteles, yag de la época Moderna, como Rosseau y hasta Descartes (aunque parcialmente).  ¿Qué puede haber motivado una postura hacia la lectura como nociva? “En la historia de Occidente hay un privilegio de la vista y de lo teórico (teoría, idea, teatro tienen la misma raíz) ­sobre el oído y la escritura”, responde el articulista.

Pero con la emergencia del mundo judeocristiano las cosas cambiarían… inicialmente. La tradición del monoteísmo que propugnan estas religiones se sostiene en la palabra escrita, cuyo soporte más visible y recurrente es la Biblia. Sin embargo, eso no fue suficiente para remontar el no a la lectura. El mismo cristianismo se nutrirá de las bases filosóficas de la Antigüedad y pronto la Iglesia dominante cuestionaría también la lectura… y colateralmente la escritura.

No olvidemos que la invención de la imprenta, entre 1440 y 1457, se materializa para la difusión de un libro en específico: sí, la Biblia. La literatura restante tuvo que bregar contra la censura de cara a obtener el visto bueno de convertirse en impreso bajo una técnica tan maravillosa por masiva, que impulsó la lectoría en un mundo en el que sólo el 0.5 % de la población sabía leer y escribir.

Los pro lectura

Los escritores, pensadores, científicos, inventores, y demás relacionados con la erudición, diseminarían indirectamente las bondades de la lectura con sus propias obras puestas en circulación. La aparición del periodismo le daría un valor de necesidad social. La ficción de la literatura, le insuflaría de estimulación romántica y nostálgica. Leer ya no podía ser algo superfluo, no había marcha atrás.

No en pocas ocasiones, desde los eruditos se han planteado calurosas defensas a la lectura. Famosas son las apologías de Ítalo Calvino, Umberto Eco y Mario Vargas Llosa al respecto. Están llenas de pasión y subjetividades, pero no por ello exentas de sabiduría. Organizaciones supragubernamentales, como la UNESCO, han expuesto argumentos racionalísimos a favor de la lectura ligándola a la educación, pero también a la equidad social y al desarrollo sostenible.

Hoy vivimos en una Era en la que la lectura es un presupuesto individual y social, aunque la historia real haya sido otra. Según la UNESCO, casi el 87 % de la población mundial mayor de 15 años sabe leer y escribir. Empero, 754 millones de adultos carecen de conocimientos básicos de lectura y escritura y dos tercios son mujeres.

Hay, con todo, mucho que leer. Aproximadamente 2,2 millones de libros se publican cada año en el planeta. Y un informe de Statista revela que el mercado editorial mundial vive y colea, con un valor de 140 850 millones de dólares a cierre de 2022, y que se espera crezca en casi 33 000 millones en los próximos diez años.

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(*) Colaborador y articulista.

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Hoy vivimos en un mundo donde la lectura es un presupuesto individual y social, aunque la historia real haya sido otra.

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