El mensaje a la nación de la presidenta Dina Boluarte, a pocos meses de culminar la gestión, se desarrolló en un escenario de alta incertidumbre y expectativa, con una coyuntura marcada por un entorno global adverso, en el que las tensiones comerciales, la desaceleración del crecimiento mundial y la incertidumbre geopolítica representan factores de riesgo significativos, mientras en el ámbito nacional el Banco Central de Reserva advierte que el crecimiento global ha sido ajustado a la baja del 3,0 % al 2,7 % para el 2025, mientras que el Consejo Fiscal ha alertado que el país incumplirá por segundo año consecutivo sus reglas fiscales, evidenciando retos estructurales no resueltos.
De esta manera, la mandataria apostó por un relato de estabilidad, progreso y futuro, pero ¿cuánto de lo anunciado responde realmente a las demandas de la sociedad y la economía peruana?
Entre el optimismo oficial y los retos persistentes
Boluarte enfatizó logros macroeconómicos como el control de la inflación (2 % en 2024 y 1.8 % para 2025), incremento de reservas internacionales, récord en exportaciones y baja deuda pública (31,1 % del PBI). Sostuvo que “el Perú será líder de crecimiento en la región”, con un PBI proyectado entre 3,1 % y 3,5 %. Sin embargo, en un escenario complejo de la política comercial de Estados Unidos y la incertidumbre de la geopolítica mundial, demuestran resiliencia macroeconómica, y no abordan las causas profundas de la crisis social, la pérdida de confianza institucional ni la lentitud en la ejecución de gasto público.
La presidenta detalló una ejecución histórica de inversión pública y grandes proyectos con capital privado, desde el megaproyecto portuario de Chancay hasta nuevas obras en salud, educación y vivienda, mientras afirmaba la reducción del déficit fiscal y el fortalecimiento de la recaudación tributaria. Pero los desafíos estructurales, como la informalidad laboral, el deterioro de la seguridad ciudadana y la fragmentación del aparato estatal, apenas fueron reconocidos como obstáculos en el discurso, sin anunciar reformas de fondo que vayan más allá del “shock desregulatorio” y la digitalización declarativa.
A pesar del contexto global adverso, el Banco Central de Reserva (2025) destaca que el Perú será una de las economías con mayor crecimiento proyectado en Latinoamérica (3,1 % en 2025). Esta proyección se sustenta en la mejora de los términos de intercambio, especialmente por el alza del precio del cobre y la recuperación del sector agroexportador. Sin embargo, estas fortalezas podrían diluirse si no se resuelven los problemas estructurales vinculados a la debilidad institucional, la fragmentación del aparato estatal y la lentitud en la ejecución del gasto público, lo que requiere liderazgo, coherencia y legitimidad.
Uno de los temas críticos será cómo el gobierno piensa contener el gasto sin frenar la recuperación, donde la consolidación fiscal deberá ser compatible con el crecimiento inclusivo y para lograrlo, se requiere un enfoque estratégico que combine inversión pública eficiente con incentivos a la inversión privada, poniendo especial énfasis en sectores como agroindustria, minería sostenible, manufactura y tecnología.
La brecha entre narrativa y realidad
El discurso de forma extensa y cargado de diversas apelaciones, buscó cohesionar a la sociedad con referencias a la resistencia peruana y al papel de la democracia. No obstante, persiste la percepción de que el gobierno se refugia en cifras macro y grandes anuncios, relegando la atención a problemas que afectan el día a día de los peruanos: inseguridad, acceso desigual a servicios y estancamiento en la productividad regional.
Sin embargo, a pesar de los logros por el incremento de la inversión pública y los récords exportadores, el mensaje no consideró aquellos detalles sobre combatir la inseguridad ciudadana o la informalidad, donde el 70 % supera la fuerza laboral y la forma cómo se implementarán las políticas para la descentralización efectiva y la mejora en infraestructura, salud y educación en las regiones históricamente postergadas.
Por ello, se esperaba que el mensaje presidencial contemple un plan de reactivación regional articulado con gobiernos subnacionales y no menos importante es el tema laboral. Se necesitan políticas que estimulen la formalización y mejoren la productividad del país que consoliden a la competitividad, consolidando el cumplimiento de las reglas fiscales, que debe dejar de ser un compromiso meramente normativo para el próximo gobierno, y convertirse en un imperativo político, enrumbar hacia la senda del crecimiento sostenible peruano
Modernización, inteligencia artificial y agenda OCDE
Un eje relevante del discurso fue la promesa de modernizar el Estado, en sintonía con la agenda de ingreso a la OCDE. Sin embargo, el mensaje careció de medidas concretas para aprovechar la inteligencia artificial en gestión tributaria, control del gasto o reducción de la corrupción.
Estas tecnologías, más allá de mencionarse como aspiración, siguen sin ser parte de una hoja de ruta clara y ejecutable, a pesar de los diversos esfuerzos realizados el factor institucional mermaría los esfuerzos que se vienen ejecutando.
¿Cohesión nacional o discurso de ocasión?
El aporte de fondo del mensaje presidencia de Boluarte enfatizó diversos compromisos a nivel de lograr una estabilidad democrática hasta la ejecución de las próximas elecciones 2026, llamando a una unidad nacional, pero dejó vacíos respecto a los mecanismos concretos para reactivar la economía con inclusión social, ampliar la base tributaria o garantizar una descentralización que cierre realmente las brechas territoriales.
Es por ello que la necesidad de un liderazgo efectivo que revierta el avance de las brechas sociales y mejore las políticas de impacto en el corto y mediano plazo, es necesario ir de la mano con equidad y fortalecimiento institucional, en un clima donde la desconfianza empresarial y el descontento social aún marcan la agenda nacional.
El Perú necesita más que anuncios
En suma, el Perú necesita más que un mensaje: requiere una hoja de ruta ambiciosa y ejecutable, que reactive la economía sin descuidar la inclusión social, lo que dejo el sin sabor de un extenso discurso presidencial, que no ha logrado calar en el ultimo año y que combine la estabilidad macroeconómica, políticas de inclusión y reformas estructurales que atiendan los problemas cotidianos de la ciudadanía.
(*) Magíster en Ciencias con Mención en Proyectos de Inversión Pública, economista e iInvestigador Renacyt y especialista en Inversión Pública del Centro Nacional de Planeamiento Estratégica.
(**) Economista de Esan, egresada de la Maestría en Inteligencia Estratégica.
En nuestro país se crean más de ochocientos negocios cada día, según cifras obtenidas del boletín denominado Demografía Empresarial en el Perú, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística e Informática - INEI. Este indicador demuestra el alto nivel de espíritu emprendedor que tenemos los peruanos.
Cuando se crea una empresa, automáticamente inicia uno de los retos más difíciles para todo emprendedor que es mantenerse en el mercado. Este proceso es conocido como “valle de la muerte”, en el cual las ventas están por debajo del punto de equilibrio, debido a que la marca no es conocida, y les llevará tiempo posicionarla en la mente de los consumidores.
Para lograr superar el “valle de la muerte”, se debe consolidar la organización con políticas y planes de gestión. Asimismo, elaborar las diferentes acciones que ayudarán a lograr los objetivos establecidos en el plan estratégico. Del mismo modo, como parte de su trabajo, el líder también debe definir estrategias de precios para captar a los potenciales clientes.
Existen diferentes estrategias de precios que se pueden implementar. Para elegir alguna de ellas, lo esencial es tener claro el público objetivo que han elegido, la calidad y reconocimiento del producto o servicio, el entorno (espacio físico y virtual) en el que comercializan, y la etapa en la cual se encuentra la organización (introducción, crecimiento, madurez o declive).
Fijar tarifa
Una de las principales estrategias que utilizan los emprendimientos al momento de fijar la tarifa, es utilizar la fórmula del costo más margen de beneficio. Para hallar el valor, previamente se debe calcular el costo de producción del producto, el cual está compuesto de la materia prima, mano de obra directa y costos indirectos de fabricación. Posteriormente, agregar un porcentaje de ganancia que se desea obtener. La fórmula es: Precio de Venta = Costo Total / (1 - % Margen de Ganancia deseado).
Otra forma es tomar en cuenta la competencia. Recomiendo hacer una evaluación previa de los productos similares que ofrezcan en el mercado. Asimismo, los factores ligados al servicio como son: tiempo de entrega, condiciones del bien, garantía, entre otras condiciones. Sin embargo, esta estrategia no la recomiendo, pues el único que gana es el cliente, dado que continuamente van a tener que ofrecerle más beneficios para ser la primera opción al momento de decidir donde comprar.
El valor
La tercera estrategia es basada en el valor. Se determina que tan valioso es el bien para el usuario y por lo cual está dispuesto a pagar, dejando de lado los costos de elaboración. Es muy habitual emplear esta técnica para productos de lujo o con un reconocimiento alto en el mercado.
Por otra parte, existe la estrategia de penetración en el mercado. La cual consiste en iniciar vendiendo a un precio barato e ir subiendo el valor con el transcurso del tiempo, cuando la empresa vaya ganando posicionamiento y tenga una base de datos de clientes. Sin embargo, este tipo de táctica no es muy útil, debido principalmente a que el usuario es muy cambiante, y en cuanto perciba un cambio en el importe, migrará con la competencia.
Por último, tener presente que para definir el precio de un producto, es necesario hacer una investigación del mercado, para conocer el valor que están dispuestos a pagar los potenciales clientes.
(*) MBA, asesor, mentor y catedrático. Especialista en Gestión Empresarial e Innovación.