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La nueva generación de ciudadanos

Escribe: Ana Lucía Palomino Pérez (*)
Edición N° 1274

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Quiero comenzar diciendo que en 2006, los escolares de Chile demostraron una de las mejores participaciones ciudadanas de Latinoamérica, cuando se alzaron en contra la subida de precios del transporte y por una mejor educación que brinda el estado a su favor, ¿y qué sucedió? Crearon todo un movimiento que les permitió no solo cumplir aquella meta, sino que también lograron mejorar el sistema educativo. Nadie los obligó a hacerlo, ni tampoco fueron en contra de la ley al protestar por lo que ellos afirmaban justo. Hoy en día Chile es de los mejores países, por no decir el mejor, en educación de todo Latinoamérica. ¿Es increíble, verdad? 

La participación no acaba en el voto, sino es ser un miembro activo que busca la mejoría del país.

¿Somos acaso conscientes del poder que poseemos para cambiar al país? ¿Quién es el culpable de que los mismos ciudadanos no conozcan sus propios derechos? Toda persona es llamada a participar en asuntos que se relacionen a su nación, pero qué pasa cuando tenemos una mentalidad individualista, como la peruana. ¿Hay alguna persona joven de esta sala que se ha sentido realmente consternado por la subida de precios de los artículos básicos del hogar o de la gasolina? Probablemente no. Y me refiero mucho más a los jóvenes de esta generación, quienes dedican la mayor parte de su tiempo en actividades recreativas, si bien esto no está mal, ¿dónde queda la preocupación por una sociedad mejor? Creo que más de una vez hemos escuchado la frase “pero a mí no me afecta”. Cuando el precio de la gasolina se elevó, millones de personas del Perú estuvieron en una situación económica precaria, puesto a que sus sueldos no se proporcionaban a la inflación, pero claro, existe ese grupo de gente que si se puede permitir pagarlo, como las autoridades de alto rango o las personas pertenecientes a familias de clase media, nosotros mismos, ¿entonces, a estas personas en qué les afecta esta problemática? Entonces ellos se dirán “Que me importa a mí, si yo sigo viviendo sin preocupaciones” o peor aún, ni siquiera lo pensarán, solo ignorarán el problema como muchos otros lo hacen. ¿Qué pasa con los ciudadanos? ¿Acaso ya pasó de moda el luchar por la mejoría del país? ¿O Es que somos tan egoístas que no buscamos el bien común, sino que nos conformamos con el “a mí no me afecta”? ¿Es esto al menos verdad? Dónde quedaron los ideales que nuestros antepasados cuando fundaron la democracia, buscaron principalmente, la igualdad, la libertad y la fraternidad por una sociedad mejor.

Si los peruanos, tuviésemos esa determinación de participación ciudadana, como lo tuvieron los alumnos por una mejor educación, quizás tuviésemos una mejor educación, un mejor servicio de salud, mejores carreteras y no permitir que nuestros gobernantes cometan actos delictivos y contrarios a lo que verdaderamente es en intereses de los ciudadanos.  Además en nuestro país, se enfocaría nuestro gobernantes en cumplir las peticiones que los pobladores realmente deseen, que los ingresos del estado sean mejor usados, que exista mejor fiscalización hacia los gobernantes y por ende mayor transparencia . Sin duda, uno de los valores que más nos falta al pueblo peruano es la solidaridad, respeto a los derechos y respetar el cumplimiento de la ley. 

No todos tienen la buena fortuna de tener lo necesario y por ende sentirse como vivir en una burbuja, donde para ellos la sociedad “no existe”, pero pienso que en algo todos podemos concordar, y es que queremos un mejor Perú. Así que por qué no usar ese poder que se nos concedió por ser ciudadanos de este país  y utilizarlo para el bien de todos. Al fin de cuentas, somos nosotros los únicos que podemos hacer un cambio.

Un presidente estadounidense, en su discurso a la nación, resumió la gran importancia de la participación ciudadana con esta frase:

“No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país”. —John F. Kennedy.

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Alumna del 4to. año - Ceibos.

 

 

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TIPS EMPRESARIALES: Para el Día de la Canción Criolla y Halloween

Escribe: Marco Alvitez Monteza (*)
Edición N° 1274

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Nos encontramos en el mes de octubre, en el cual se llevan a cabo dos acontecimientos importantes, y que las personas los toman en cuenta al momento de realizar sus compras y programar sus salidas de diversión. Me refiero al Día de la Canción Criolla y Halloween.

Este 31 de octubre, día en que se celebran ambas festividades, los ciudadanos tienen la costumbre de reunirse con familiares o amigos para celebrar. Si hablamos del Día de la Canción Criolla, valoramos nuestras costumbres yendo -con nuestros seres queridos y más cercanos- a almorzar a restaurantes, o buscamos las peñas y centros recreativos, donde además de alimentarse pueden bailar este género musical.

Por otra parte, en nuestro país también tenemos la costumbre de conmemorar Halloween, a través de fiestas que tienen como principal lugar de encuentro las discotecas, las cuales se preparan para recibir a sus visitantes decorando sus locales con la temática del evento. Esta festividad está más enfocada a jóvenes.

Crece el consumo

En ambos casos encontramos un mayor consumo por parte de los clientes, lo cual representa una gran oportunidad para los emprendedores de poder comercializar sus productos o servicios, pero, para lograrlo, deben preparase y demostrar que están listos para recibir a los consumidores. En este sentido, voy a compartir algunos consejos empresariales que pueden ser útiles para alcanzar los mejores resultados en beneficio de la organización.

Como primera medida es necesario planificar su campaña. El líder debe reunir a su equipo de colaboradores de las diferentes áreas, y mostrarles cuáles son los objetivos a alcanzar. A continuación, tiene que explicar las estrategias elegidas para conseguir los resultados, y asegurarse que todos hayan comprendido.

El segundo punto -que se puede trabajar a la par del primero-, es identificar todos los recursos con los que se cuenta. El personal debe conocer sus funciones y responsabilidades para el evento. Sugiero aplicar incentivos por el logro de los indicadores, así estarán motivados y desempeñarán eficientemente cada una de sus actividades.

Logística

Asimismo, el gestor debe tener bien identificados los recursos materiales tales como equipos y maquinas, y que estén en perfecto funcionamiento para la correcta ejecución de las tareas. Por último, hay que saber con cuánto dinero se cuenta para el desarrollo de esta campaña. Por ello, se debe trabajar un presupuesto detallado, indicando la inversión necesaria en materias primas e insumos, mano de obra, publicidad, acondicionamiento del local, lo cual incluye la decoración y vestimenta de los trabajadores según la temática del día a celebrar. De acuerdo a los recursos económicos, se diseñará el evento, pues no se puede gastar más de lo que se puede obtener según las proyecciones de ventas.

Para finalizar, le sugiero a los emprendedores implementar un plan de marketing con promociones, con la finalidad de informar y persuadir a las personas que visiten y consuman en su establecimiento.

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(*) MBA, consultor, mentor y catedrático. Especialista en Gestión Empresarial e Innovación.

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PRIMERA PARTE: El recorrido de la Universidad

Escribe: Eloy Seclén Neyra (*)
Edición N° 1274

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El fin de semana pasado, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos tomó su tradicional examen de admisión. Adolescentes de todos los lugares del Perú buscando que sus preciados anhelos de crecimiento inicien bajo la forma de una vacante. Miles de postulantes por un puñado de plazas que luego se convierten en una nueva lucha por egresar, titularse. ¿Y qué viene después? ¿Y dónde comenzó?

Existió alguna vez y creció por toda América Latina un ideal que fue capaz de forjar unidad: la justicia social era posible a través de la educación. Una convicción así de fuerte se construye desde el sentido crítico de quienes reconocen la urgencia de cambiar. El sentido crítico, es importante recordarlo, siempre se fundamenta desde la creatividad. Quien busca el cambio no solo percibe el hartazgo de lo caduco, sino tiene la lucidez necesaria para proponer, para crear.

Eran tiempos donde la universidad se regía bajo un modelo catequizador, casi colonial. Hasta el día de hoy perduran los nombres de santos para denominarlas. Persistimos en llamar claustros a sus salones, cátedra a las lecciones, y muchos detalles que revelan el predominio de aquella función evangelizadora, escolástica. Una lógica esencialmente occidentalizadora.

Convencidos de que ese modelo legitimaba la desigualdad y los privaba de voz y voto, fueron los mismos estudiantes quienes impulsaron la Reforma Universitaria de Córdoba en 1918. No solo buscaban romper con los mecanismos elitistas de acceso diferenciado a la educación, sino plantear nuevas formas de participación. El movimiento reformista de Córdoba la entendía como una comunidad de conocimiento. Como señala el historiador Manuel Burga, “una comunidad en la que se vive en, por y para el conocimiento”.

Como toda revolución, las ideas reformistas lograron burlar la censura y cruzar las fronteras. Pronto llegaron a nuestro país. Eran los primeros años del gobierno de la Patria Nueva, aquel que dirigió el único lambayecano que alcanzó la presidencia de la república por elección, Augusto Bernardino Leguía. Entonces, aquellos jóvenes precursores no se enfrentaron a una fuerza menor. Todo lo contrario. El monstruo era grande, pisaba fuerte.

La universidad y el ideal de las clases medias

La historia sostiene que el movimiento por la reforma universitaria implicó una toma de conciencia por parte de una clase media emergente. Esta actitud se reflejó en el surgimiento de partidos políticos radicales, propuestas que amenazaron la hegemonía de los viejos partidos liberales y conservadores, que expresaban con fuerza el continuismo patriarcal latinoamericano. No eran pocos. No eran débiles. De hecho, su fuerte oposición a las ideas reformistas fue la que generó que la reforma demore muchos años en instalarse por completo en nuestro país. Es apenas entre 1946 y 1960 que recién podemos hablar de un influjo reformista en nuestro país. Un factor que influyó sobremanera en este proceso fue la llegada a Lima de clases medias provincianas, deseosas de acceder a la educación superior.

Muchas de las prerrogativas de la universidad son herencia de aquella reforma de Córdoba: la autonomía universitaria, el cogobierno estudiantil, la libertad de asociación, la cátedra libre. Ellas son apenas algunos aspectos que marcaron el nuevo modelo de universidad que se logró instaurar en el Perú, a pesar de la represión de dictaduras, sean estas civiles o militares. A partir de ellos es que hablamos de una nueva identidad, una que ponía la fe en el estudiante por ser el elemento renovador por excelencia de la universidad. Los especialistas llaman a ello el nuevo ethos universitario: la consciencia crítica que permite identificar desigualdades y combatirlas desde el ejercicio profesional. Con ello se fomenta un progreso no solo científico sino social.

Los nuevos tiempos

Es probable que aquella identidad del estudiante universitario crítico, sensible a su entorno, capaz de organizarse, contestario incluso, se haya transformado con el tiempo.

Los procesos de modernización, desarrollados bajo el contexto del modelo de industrialización por sustitución de importaciones, representan la principal característica de las décadas de mitad del siglo XX. La universidad asumiría un rol de agencia formadora de los recursos humanos para responder a las demandas del aparato reproductivo. De esta manera, los procesos de aprendizaje viran hacia una modalidad que enfatiza lo técnico por encima de lo científico. Es probable que esta orientación haya sido una respuesta a la radicalización estudiantil que convertía a las universidades en agentes políticos contestarios. Era mucho más conveniente formar tecnócratas para despolitizar la universidad.

Esta corriente se expresó en nuestro país alrededor de la década de los 60, con la primera generación de universidades privadas. Muchas de ellas han alcanzado hoy una importante institucionalidad. No es sencillo mantenerse y consolidarse por más de seis décadas en medio de nuevos paradigmas.

Paradigmas, por ejemplo, como los actuales, cuando la lógica neoliberal logra que el sentido de lucro prime por encima del derecho a la educación. No es novedad plantear que estudiante hoy ha sido convertido en cliente y el docente en colaborador; que la universidad dejó de asumirse como una institución y se reconoce sobre todo como una empresa privada.

Tiempos son donde ya nadie quiere cambiar el mundo. O creer que es posible. Tiempos donde hasta la palabra cachimbo parece arcaísmo, porque el ingreso más anhelado es al mercado laboral. Ser parte de esos 9 de cada 10 alumnos que trabajan. ¿Para servir a qué o a quién estamos yendo realmente a la universidad?

Hay preguntas, como vemos, que no tendrían lugar en un examen de admisión.

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(*) Sociólogo y catedrático universitario.

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EN EL 2021: Los corruptos se llevaron 24 mil millones de soles del erario nacional

Escribe: Jorge Chávez Pita (*)
Edición N° 1274

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  • De cada 100 soles del presupuesto público, 13 fueron a parar al bolsillo de autoridades y funcionarios que viven del Estado.

Según la Contraloría General de la República, en el pasado año 2021, el Estado Peruano perdió 24 mil millones de soles, es decir, cuatro mil millones más respecto al año 2020, lo que en buena cuenta permite establecer el crecimiento exponencial de este mal endémico que, hoy más que nunca, le hace daño especialmente a los más pobres, que se ven privados de acceder a los servicios básicos de calidad.

El efecto devastador

Según el ente contralor, con los recursos perdidos se estima que se hubieran podido construir 50 hospitales o más de mil 600 colegios, lo que habría servido para financiar cerca de dos tercios de la brecha de inversión para el sector Educación. Asimismo, en el sector de seguridad se hubiera podido cubrir el 68 % de la brecha del flagelo delincuencial cada vez más empoderado por la corrupción, incrementando los porcentajes de su accionar criminal, para generar cada vez más pobreza y el decrecimiento devastador de la calidad de vida de los ciudadanos a todo nivel.

¿Qué dicen los especialistas?

El economista del Instituto Peruano de Economía - IPE, Víctor Fuentes, precisa cómo es que la corrupción impide el cierre de las brechas sociales, afectando en mayor medida a los más vulnerables. En este contexto, el economista sostiene que: “Una carretera que está mal construida por fondos malversados también significan mayores costos en la reparación de los vehículos. Además, un hospital público que no cuenta con los equipos en óptimas condiciones producto de los contratos fraudulentos, obliga a pagar a los pacientes exámenes en instituciones privadas, que de otra manera deberían ser gratuitos en los hospitales públicos”.

¿Cuánto afecta la corrupción a los más pobres?

Edmundo Lizarzaburu, docente de Administración y Finanzas de la Universidad Esan, comentó que el impacto de la corrupción en la pobreza podría rondar entre el 5 % o 6 % del Producto Bruto Interno, haciendo hincapié que: “Al tener sobrecostos que son parte de la corrupción, lamentablemente lo que se va a generar es que la posibilidad de reducir la pobreza se empiece a retrasar porque de alguna manera al encarecerse los productos lo que va a ocurrir es que el gasto de la persona con menores ingresos va a tener que direccionarse, es decir, van a dejar de consumir, van a dejar de estudiar, e eso los va a mantener en una zona de pobreza”, agregó.

¿Qué otros daños causa la corrupción según los entendidos?

El reciente análisis de Comex, sostiene que en promedio un ciudadano pierde 720 soles al año debido al retraso que genera la corrupción. Asimismo, el IPE, con datos de la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos - NBER, indica que si en el Perú existiese menos corrupción los peruanos podrían ganar más. En esa misma línea el investigador asociado en la NBER, Roberto Chang, indica que, si el Perú escalara niveles socioeconómicos en el ranking entre los países de Latinoamérica, el ingreso por habitante de cada peruano sería hasta 27 % superior de lo que se registra en la actualidad, lo que equivale a un aumento de alrededor de US$1,800 por año. Esto coincide con la percepción de 9 de cada 10 peruanos, que consideran que la corrupción afecta su vida cotidiana, especialmente su economía familiar.

Los daños causados por la corrupción a nivel país

Mónica Muñoz Najar, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo, explicó que la corrupción genera menos crecimiento económico y más desigualdad, y agrega que, “Este tipo de cosas no ayudan a salir de esa trampa de bajo crecimiento, de hecho, una de las cosas que mueven a la economía es la confianza, y si no hay confianza en las instituciones, no hay confianza en que el país va seguir mejorando entonces no quieren invertir, y eso limita el crecimiento, no contratas a nadie más, entonces se limita el empleo”, precisó.

Un reciente reporte de Blomberg señala que los inversionistas ya asumen al Perú como un país inestable debido a las constantes crisis políticas y los casos de corrupción, tal es así que, el Foro Económico Mundial indica que la corrupción encarece en 10 % el costo de hacer empresa y eleva hasta el 25 % de realizar contratos en los países en desarrollo.

No es posible abstraerse de comentar sobre la corrupción

Lo primero, consiste en que no podemos eximirnos de la responsabilidad ciudadana que nos toca asumir para luchar contra este flagelo maligno llamado corrupción, que siendo tal cual, se sintetiza en el gran robo que le hacen al país en casi todos los estamento públicos gubernamentales y entidades subnacionales regionales y municipales, donde hay una normalización del hurto sistemático de los dineros estatales de las autoridades y funcionarios públicos, muchos de ellos cleptómanos, y otros, por naturaleza propia, ladrones de alto vuelo a quienes la codicia los somete y la avaricia los induce a obtener el dinero ajeno sin resquemor alguno con total impunidad.    

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(*) Especialista en contrataciones del Estado.

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