Dicen los que han vivido que antiguamente las Fiestas Patrias en el Perú se celebraban como si fueran Navidad. No se refieren al frenético movimiento comercial o a la posibilidad de brindar regalos, sino a la terrenal idea de celebrar la vida. Al fin y al cabo, la navidad suele ser una tregua. Un instante, al menos. El amor nos moviliza y en el camino encuentra a otros seres humanos con quienes compartimos el tiempo y el espacio. Hasta con esperanza viene el abrazo.
Que 28 de julio era como navidad, cuentan con nostalgia. No necesariamente la entiendo, pues no llegué a experimentar ese sentimiento, a pesar de estar ya en el umbral de las cuatro décadas. Pero les creo. Se celebraba el nacimiento de la Patria como esa posibilidad de ser, de existir. Un ideal que lograba la cohesión social, un horizonte en común que anhelaba el progreso, la justicia.
Generaciones más, generaciones menos, quizá a estas alturas del viaje quizá estemos de acuerdo que no ha quedado mucho por celebrar para nosotros. Que decir ahora Feliz 28 puede sonar a irónica perfidia. Que embanderar las casas e instituciones se convirtió, literalmente, en un saludo a la bandera. Que incluso cuando esta edición del semanario aparezca, 201 años de independencia nacional, nadie sabe realmente qué podría pasar.
Convicciones preliminares
A estas alturas del camino, sin embargo, tal vez queden algunas convicciones. Todas siempre son debatibles, pero la evidencia abunda, es constante. Son las siguientes:
La voluntad popular se expresa en elecciones democráticas. Con ellas expresamos nuestra posibilidad de decidir civilizadamente. Civilizados, es decir, ciudadanos. Elegir en elecciones transparentes es expresión de nuestra libertad. Para eso hay reglas, mecanismos de fiscalización, instituciones, plazos. Ninguna decisión se toma imponiendo criterios por encima de otros. Elegimos justamente luego de haber escuchado todos los argumentos posibles.
Hace exactamente un año, proclamamos al presidente de la República que elegimos respetando la lógica anterior. Hablo en plural, porque lo hicimos todos. No importa el símbolo que hayamos marcado en la cédula o si escribimos algún número para congresistas. Participar en una elección implica necesariamente aceptar los resultados, respetarlos y decidir en función de ellos. Quien no siga esta lógica tan solo demuestra que persigue fines totalmente diferentes a los que motivaron dicha elección.
Por supuesto que se puede y se debe cuestionar. Mucho mejor, fiscalizar. Observar críticamente es parte de las mismas lógicas que sostienen una elección. Denunciar con evidencias, reclamar que se cumplan los acuerdos. La ciudadanía puede, y debe, organizarse para exigir a sus representantes que actúen en función de los acuerdos. Votamos para buscar cambios concretos. Precisamente por eso cambiamos de representantes. Porque queremos cambios. Quien no siga esta lógica tan solo demuestra que la democracia es una puesta en escena que se realiza cada cinco años.
La dura realidad
Sucede en el Perú que nada de lo anterior sucede. Sucede que ya nos hemos acostumbrado que así sea (o que así no sea).
Elegimos un gobierno con promesas de cambio para un periodo de cinco años. Sin embargo, desde el primer día hemos visto a una maquinaria política y mediática promoviendo una vacancia por razones que han lindado con el absurdo. En su empeño han destruido su propia credibilidad. Han recurrido al racismo y al clasismo. Como las leyes subrepticias que aprueban de madrugada, parece que lo lograrán por insistencia.
Nos damos cuenta, entonces, que votamos por las puras. Que la voluntad popular que sostiene a un Estado es letra muerta para la clase política. Le dijimos No a la bicameralidad, y siguen buscando cómo imponerla. Le dijimos No a la relección de congresistas, pero ellos insisten en quedarse. Decimos pueblo y desde la pantalla replican con desprecio: “¡Defina pueblo!”.
En su obra póstuma, titulada “Retrotopías”, el sociológo Zygmunt Bauman plantea una de las paradojas que caracteriza a esta época. La incertidumbre por el futuro ha llegado a tal extremo que nadie puede visualizarse en él. Ante ello, el ser humano se siente más seguro identificándose con el pasado. Se idealiza una instancia del tiempo que resulta más estable ante una perspectiva de guerras y destrucción.
Entonces, antes pensábamos que era posible cambiar el mundo. Le llamábamos utopía, y aunque el camino era incierto, por lo menos podíamos seguirlo.
Hoy, sin embargo, nos convencimos (o nos convencieron) de que ese mundo no cambia. Por eso ubicarnos en el pasado es más certero. El nombre que propone es retrotopía.
En medio de esta incertidumbre, el pueblo peruano persiste en su lucha diaria a través del trabajo, la educación y la solidaridad. Evoca con amor esa retrotopía que no sé si fue mejor, pero por lo menos brindaba un horizonte de cambio. Esta inusual crisis política no nos encuentra divididos, como dicen. Al contrario, estamos firmes. Los estamos viendo. Estamos entendiendo los conceptos. Merecemos celebrar al Perú, como antes. Merecemos los cambios que hagan de él un lugar mejor, para siempre.
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(*) Sociólogo y docente universitario.
Nuestra Identidad Nacional se formó sobre la base de las sociedades que nos han precedido y nos han legado su cultura, lo cual se manifiesta, por ejemplo, en los templos, palacios, ciudades o fortalezas como Chan Chan, el oro de Chongoyape, la música, las danzas, la vestimenta, los restos arqueológicos y artísticos del Señor de Sipán, de Túcume, Batán Grande, Motupe, etc.
Los legados de nuestra cultura andina también se manifiestan en los mitos, leyendas, tradiciones, costumbres. Estos vendrían a ser los antecedentes de nuestra identidad nacional antes de la llegada de los españoles.
La leyenda de Naylamp, que está relacionada con la Cultura Lambayeque o Sicán y dentro de esta, está el origen de nuestra Identidad local o provincial.
Con la Llegada de los españoles en el siglo XVI, ¿cambia y se transforma nuestra Identidad nacional o indígena? Con la introducción de los elementos de la ciencia que se contaban en esos momentos, la aparición en América de la pólvora, la rueda, la imprenta, el papel, España y el mundo indígena intercambian y asimilan tecnología en el arte y la ciencia, por ejemplo la papa, es un legado universal de los peruanos al mundo.
España trasplanta su cultura a América y se produce la fundación de ciudades, la aparición de los escribanos y notarios, los cabildos, actuales municipalidades, creación de las imprentas, etc.
La Colonia
En el Perú colonial, ¿se dio el proceso de la transculturización o aculturación? Tampoco se puede negar el aspecto negativo de la conquista española, ¿Cómo es la disminución de la población indígena? ¿y la explotación en las minas?, etc.
Otro aspecto muy importante para el estudio de la formación de nuestra identidad regional y nacional, son las diversas migraciones que han existido a lo largo de la historia y se han dado estas migraciones, internas, las cuales se han realizado a través de las diferentes culturas prehispánicas que se desarrollaron en el Perú y las migraciones externas se inician en el siglo XVI.
Posteriormente tenemos la migración afro (africana), la migración asiática (China y Japón), la migración europea (Italia, Francia, Portugal, Alemania, etc.), la migración americana, que comprende a los migrantes de América del Norte, Sur y Centroamérica
Desde 1532 a 1820, ¿se formó una diversidad de identidades? ¿En la Colonia existió una identidad nacional o indígena?, ¿Una identidad regional?
Hay que tener presente en la formación de nuestra identidad en la Colonia, la estratificación de las clases sociales existentes, existían los esclavos (negros, mulatos), los mestizos, los españoles, los criollos, o sea los hijos de los españoles nacidos en el Perú y dentro de la estratificación indígena existían los curacas o caciques, los pachacas, los indios nobles; por ejemplo tenemos los indios nobles de Ferreñafe como son los Temoche, los Pisfil de Monsefu, los Minollulli en Lambayeque, etc., y los indígenas del pueblo del común.
Nuestra Identidad regional colonial se forjó sobre la base de elementos europeos e indígenas.
Los españoles en América, en plena Colonia y transcurridos 500 años, es difícil de definir el término netamente español en las diversas manifestaciones culturales, porque casi siempre existen e intervienen elementos indígenas. Por ejemplo, en los templos coloniales, en las instituciones que se crearon como los cabildos, que se formaron en el siglo XVI con la fundación de las ciudades.
Tenemos los cabildos de indios o de naturales y el “Cabildo de Españoles”. En el caso de cabildo de españoles del pueblo de Lambayeque en el siglo XVIII, muchos de sus miembros habían nacido en Lambayeque, por lo tanto ya no son españoles, tenemos, alcaldes, el alferes real Juan Romualdo Vidaurre y de la Parra, fue corregidor, de igual manera el escribano Tomás de Rivera, era natural de Saña, el escribano Lino Herrera, natural de Lambayeque. Estos dos escribanos existieron en el siglo XVIII.
La república
La Republica heredó el legado cultural de la Colonia y empezó a forjarse el Perú como nación y estado independiente y ser dueño de su destino histórico. Transcurrida nuestra vida independiente, nuestra identidad se forjó sobre la base de nuestras culturas indígenas y la herencia colonial europea.
En resumen, el Perú es un estado en formación, en la actualidad todavía no existe una identidad nacional, regional o provincial autentica, no hay una conciencia nacional o regional, ante esto cual o cuales son las medidas que se deben tomar.
El problema es muy complejo, y comprende muchos factores internos y externos, como por ejemplo la pobreza, la desocupación, la falta de capacitación de los profesores en temas de identidad (historia regional).
Entre las soluciones parciales está la implementación de un curso de Historia Regional, en los diversos niveles y modalidades de la educación, para que así sentemos la base de nuestra identidad local, regional y nacional. Otra medida importante es impulsar el turismo regional y local.
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(*) Historiador.
Los últimos gobernantes que antecederieron a la actual gestión del presidente Pedro Castillo han enfrentado diversos contextos económicos y políticos para llegar al Bicentenario. Sin embargo, pocos han tenido un clima interno político tan desalentador con una corriente de izquierda en América del Sur, que junto al contexto global de recesión mundial, crisis de abastecimiento de los alimentos, inflación creciente, rebrote de la pandemia y una posible pérdida de calificación crediticia, producto de la desconfianza ciudadana, se traduce en que siete de cada diez peruanos consideran que el país retrocede con un pesimismo empresarial y del consumidor equivalente a lo de los años 80.
El riesgo inflacionario y de volatilidad del tipo de cambio se encuentra latente a nivel mundial originando desconfianza en los inversionistas nacionales y extranjeros, que junto al factor interno político origina expectativas de incertidumbre de los decisores políticos, que tienen la responsabilidad de brindar señales claras, racionales y precisas, para que vuelva la confianza y culmine las especulaciones.
La bonanza que acabó
La bonanza de la economía peruana durante la última década se ha caracterizado por su solidez macroeconómica y significativo crecimiento del Producto Bruto Interno per cápita, que se ha duplicado entre los años 2000 y 2019. Sin embargo, sostener dicho crecimiento económico requería avizorar reformas estructurales de largo plazo que conlleve a un utópico escenario de mejora de la calidad de vida, quedando postergado en los actuales indicadores económicos por encontrarse sometidos a la incertidumbre política de un gobernante que no tiene en claro la planificación de direccionar los escasos recursos públicos hacia políticas públicas que conlleven a revertir dichos indicadores económicos negativos, sumado a un contexto internacional de presión inflacionaria, crisis energética y el menor crecimiento económico mundial por la crisis bélica entre Rusia y Ucrania.
La confianza empresarial de la economía peruana se encuentra en un escenario adverso y en los mercados internacionales con las medidas planteadas por el Legislativo y el Ejecutivo impacta en la calificación crediticia y reduce el grado de inversión, afectando de esta forma a los bonos peruanos como lo refleja la última caída de la bolsa de valores tras la medida aprobada como el sexto retiro de los ahorros previsionales de las AFP que ocasiona un impacto negativo en la economía peruana.
Gobierno sin rumbo
Nuestra situación en los 201 años del Perú se vuelve compleja con un presidente muy cuestionado y sin rumbo en sus políticas públicas que viene generando impactos negativos en diversos sectores económicos y una vulnerable economía a choques externos e internos que conlleva a una situación que pone en riesgo al crecimiento económico proyectado en 3.1 % según el Banco Central de Reserva del Perú, con un crecimiento de la inversión privada en 0 % y una inversión pública que crecería en 2.1 %, retrocediendo en los indicadores sociales y las brechas estructurales que presenta el país en términos de pérdida de empleo y destrucción de la capacidad adquisitiva.
Un Perú sin mover la inversión privada como instrumento para salir de la crisis de recesión o estanflación; así como una inversión pública con poca capacidad de gasto por parte del gobierno nacional y los salientes gobernantes de los subnacionales ha originado que no se recupere la economía a nivel de pre pandemia y la incertidumbre política con un aislado y arrinconado poder Ejecutivo y un Legislativo fraccionado en la toma de los decisores políticos, que conlleva a la pérdida de institucionalidad y un horizonte de incertidumbre sin planificación del rumbo que debe tomar el país para volver a la senda del crecimiento.
Visión de futuro
El país necesita de una visión de futuro con un sentido prospectivo de lograr el bienestar colectivo, pero requiere de tomar acciones ciudadanas y del colectivo para lograr un país con ambición nacional, un gobierno activo, con instituciones socialmente eficaces y eficientes, identidad nacional bajo el bienestar común, contraloría social y un énfasis a migrar hacia un país que aprenda y adapte las innovaciones tecnológicas, sumando valor agregado a su economía, que le permita sobresalir en el corto y largo plazo.
El ciclo político en estas Fiestas Patrias del Perú será la herencia más letal de un gobierno que error tras error ha ocasionado una decepción en el rumbo que tomarán las decisiones de largo plazo del tejido empresarial de las familias y las empresas en un país con gran riqueza de recursos naturales y cultural, que habría logrado abrirse paso en la mayor crisis sanitaria mundial con reformas estructurales claras, que permitan alcanzar su potencial con mejor calidad de vida para sus ciudadanos.
En el mensaje presidencial del 28 de julio no solo se requiere llamar a la concertación o trabajo en conjunto de los poderes del Estado; sino también una autocrítica del gobierno, que Castillo ponga en la balanza lo actuado en el año de gestión y comprender las frustradas expectativas de la población; así como la menor bonanza de los precios internacionales de los minerales y un gobierno de confrontación que ocasiona la inestabilidad económica, conllevando que sus tropiezos, escándalos y desatinos políticos, que avizoran un futuro nebuloso para la economía peruana.
Siendo necesario y urgente pensar la forma de llevar a cabo las políticas públicas o dar un paso al costado para que se empiece a ejecutar reformas estructurales claves tanto para aumentar la productividad, reducir la informalidad y cerrar las brechas marcadas de infraestructura, lo que es prioritario para impulsar el sector productivo del país, reducir los costos logísticos e impulsar los índices de producción; así como tener gestores públicos que conlleven a una verdadera reactivación económica con una mejora en la productividad, que se traduzca en bienestar de los ciudadanos.
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(*) Economista, con Maestría en Ciencias con Mención en Proyectos de Inversión de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo.
El gobierno de Balta había iniciado en medio de calamidades como la epidemia de fiebre amarilla y el terremoto del sur. Había saneado la economía con el contrato Dreyfus, pero, obnubilado por la fiebre de las obras públicas, comprometió las rentas nacionales con dos empréstitos sucesivos, primero por 59 millones de soles, y luego por 75 millones de soles. Al apostar por el francés Dreyfus, había roto con los consignatarios nacionales, y la consecuente tensión política llevaría al trágico final de su gobierno en julio de 1872.
Lejos de mostrar tendencias ideológicas definidas, Balta se enfocó en temas económicos y de obras públicas más que en asuntos políticos. Si bien, al inicio de su gestión no había encontrado mayor oposición, a medida que avanzaba en su mandato, el mismo Balta se suscitó enemigos cuando dejó entrever la intención de imponer su sucesor. Primero se rumoreó que quería apoyar a su hermano Juan Francisco; luego apoyó al expresidente general José Rufino Echenique, pero al no generar apoyos su candidatura, intentó proponer al jurista Antonio Arenas como candidato de compromiso. Y es que la candidatura más fuerte en las elecciones era la del dinámico intelectual y empresario Manuel Pardo y Lavalle, líder de la Sociedad Independencia Electoral (el futuro Partido Civil), que aglutinaba a los antiguos consignatarios, a importantes sectores en la academia, entre los artesanos, comerciantes y sectores de clase media tanto limeños como provincianos, y hasta en altos militares y marinos.
Era vox populi que el presidente Balta no estaba dispuesto a entregar el poder a Pardo, y sus colaboradores en esa tarea eran los hermanos Gutiérrez, que habían reforzado al ejército, hasta contar con siete mil hombres en constantes ejercicios públicos. Sin embargo, a último momento, el presidente, aconsejado por varios amigos, entre ellos Enrique Meiggs, cambió de opinión: en la mañana del 22 de julio de 1872, en una borrascosa entrevista con Tomás Gutiérrez, se negó a emprender acciones subversivas.
Los hermanos Gutiérrez
Comprender y analizar lo más imparcialmente posible los hechos de julio de 1872, requiere prestar atención a las demonizadas figuras de los hermanos Gutiérrez.
Tomás Gutiérrez, oriundo de la sierra arequipeña, tenía algo más de cincuenta años cuando en diciembre de 1871 asumió el cargo de ministro de Guerra y Marina. Modesto arriero, hizo carrera militar ascendiendo a coronel en 1858 por su conducta en el asalto de Arequipa. Tres veces fue ascendido a general de brigada (Pezet en 1865, Castilla en 1867 y Diez-Canseco en 1868), y tres veces quedó sin efecto el nombramiento por razones políticas. Con fama ganada de hombre capaz y prudente, Balta confió a Gutiérrez la Inspectoría General del Ejército, pero el ascenso a generalato quedó pospuesto.
Silvestre, Marceliano y Marcelino, no tenían el prestigio de Tomás, pero a su sombra habían hecho carrera. Silvestre y Marceliano tenían reputación de oficiales valientes y enérgicos, aunque violentos e irritables; Marcelino pasaba incoloro frente a la personalidad de sus tres mayores. “Eran en fin militares y sostenedores de un gobierno que se enajenó la opinion con su proceder tortuoso é incierto, ¿qué porvenir se les esperaba, pues, con el triunfo de la candidatura civil, mucho mas cuando entre todos sus defectos brillaba al parecer la honradez, virtud harto rara en nuestros hombres públicos?”, recordaba un contemporáneo.
El golpe
La noche del mismo 22 de julio se tenía previsto el matrimonio de una hija del presidente, y se ultimaban los preparativos, cuando a eso de las dos de la tarde, Silvestre Gutiérrez, al frente de dos compañías de su batallón, se dirigió hacia las habitaciones del presidente, lo apresó y lo envió al cuartel San Francisco en un coche de plaza. Luego proclamó solemnemente a su hermano, el “general” Tomás Gutiérrez, Jefe Supremo de la República, en medio de los vivas entusiastas de la tropa.
Mientras tanto, en el Congreso de la República seguían sesionando las Juntas Preparatorias, cuando llegó la noticia del cuartelazo. Ante ello, la Cámara de Diputados solicitó la formación de Congreso Pleno, procediendo a redactar una protesta, la cual fue aprobada por unanimidad, declarando a los golpistas fuera de la ley, contradiciendo lo establecido en el vigente Código Penal de 1863. Al establecer que los Gutiérrez estaban fuera de la ley, implícitamente se dejaba su sanción a la ley del más fuerte; sin duda, en el apasionamiento del momento, los parlamentarios que rubricaron la protesta del Congreso no se apercibieron de tal cuestión. Cuando los congresistas se encontraban en la firma de la protesta, ochenta celadores ingresaron a la sala de sesiones y desalojaron a culatazos a los representantes.
La situación en las provincias
El 23 de julio, se emitió la usual serie de proclamas y decretos, con el aval del nuevo secretario general, el abogado y orador liberal Fernando Casós, quien justificó su actitud en la necesidad de evitar una dictadura castrense y ultramontana. Ese mismo día, la Marina de Guerra rehusó acatar a Tomás Gutiérrez, ofreciendo sus elementos a la Nación para hacer frente al gobierno de facto. Manuel Pardo, que había logrado escapar de Lima, logró unirse a la escuadra que lo trasladó a Pisco.
En las ediciones del diario oficial El Peruano del 24 de julio de 1872, junto con los decretos del nuevo Jefe Supremo, se publicaron los telegramas y notas de apoyo en provincias, o al menos en un sector del aparato estatal, opuesto al ascenso del civilismo. Figuras como Nicolás Rebaza en Trujillo, Ladislao Espinar en Ica, o Gregorio Relayze en Chincha, telegrafiaron su aceptación al nuevo gobierno.
En Lambayeque, el coronel Agustín Bedoya informó telegráficamente el 23 de julio la adhesión al régimen de Gutiérrez, pero al pedir más datos para disipar la alarma local, se produjo una interrupción en la línea; cabe la posibilidad de algún sabotaje por parte de los opuestos al pronunciamiento. Por eso, al día siguiente, reparada la avería, Bedoya reiteró su apoyo al gobierno de facto.
Es curiosa la reiterada mención a la existencia de un acta de adhesión al régimen gutierrista, la cual, evidentemente y a la luz de los hechos de los siguientes dos caóticos días, fue destruida para evitar incomodidades políticas en las provincias lambayecanas. Otro sería el tenor de El Peruano el 25 de julio, dictando medidas para afianzar el régimen de facto con el manejo de las rentas aduaneras y el enjuiciamiento de quienes intentasen trastocar la lealtad de las tropas. Aún más distinto, sería el tenor de El Peruano del 27 de julio, después de la dantesca víspera.
El dantesco 26 de julio
Amaneció el viernes 26 de julio de 1872. Silvestre Gutiérrez condujo tropas al Callao, regresó a Lima para dar su informe, y volvió a salir hacia la estación del ferrocarril de San Juan de Dios. Allí, tras enfrentar a una poblada hostil, Silvestre recibió un balazo en la cabeza, y su cadáver fue despojado de cuanto llevaba. Era cerca del mediodía.
Mientras tanto, Tomás Gutiérrez almorzaba en Palacio con el coronel Rosa Gil, abriendo la posibilidad de someterse al segundo vicepresidente, general Francisco Diez-Canseco, a cambio de quedar en libertad para retirarse del país con sus hermanos. Pero al enterarse de la muerte de Silvestre, la serenidad abandonó al dictador que informó del hecho a Marceliano, que estaba al mando de su batallón en el cuartel San Francisco, custodiando al presidente Balta.
Marceliano formó a su batallón, y marchó a Palacio para reunirse con Tomás. No estuvo presente cuando el mayor Nájar, el teniente Patiño y el capitán Espinoza ingresaron a la habitación en la que el depuesto presidente Balta dormía después de almorzar y lo acribillaron. Producto de los impactos, el cadáver cayó del catre. Según la autopsia practicada, el cadáver del presidente exhibía once heridas, diez de armas de fuego disparadas a bocajarro y un bayonetazo en el cuello; la muerte debió ser instantánea sin dar tiempo a los auxilios médicos o religiosos que algunos testigos afirmaron luego.
Lo que sí sabemos es lo que ocurrió luego. Marceliano y Tomás Gutiérrez se dirigieron al fuerte de Santa Catalina, donde estaba Marcelino. Marceliano marchó con su batallón al Callao, donde moriría combatiendo. Tomás y Marcelino lograron abrirse paso fuera de Santa Catalina, vestidos de paisano. Marcelino logró asilarse en una casa amiga, mientras que Tomás tomó otra ruta que le fue fatal: fue apresado y se le intentó llevar a la casa del segundo vicepresidente Diez-Canseco, pero en la plazuela de la Merced, se concentró una caldeada multitud dispuesta a no dejarlo pasar. Un boticario intentó socorrer al fallido dictador haciéndole entrar en su establecimiento a fin que pudiera salvarse por la puerta falsa. Fue en vano: la turba se abrió paso, encontró a Tomás Gutiérrez y le dispararon. El cadáver fue arrastrado a la calle, baleado y acuchillado. Eran algo más de las diez de la noche.
Un grupo de exaltados se dirigió a la iglesia de los Huérfanos por el cadáver insepulto de Silvestre para unirlo con el de Tomás; ambos fueron arrastrados hacia la Plaza Mayor, donde fueron colgados en dos farolas. Al día siguiente, ambos cadáveres fueron colgados en las torres de la Catedral, y tras ser arrojados, se les quemó delante del atrio de dicho templo. La hoguera fue avivada para echar en ella al cadáver de Marceliano, exhumado en el Callao.
Fue en tal espiral de violencia que el primer vicepresidente, coronel Mariano Herencia Zevallos, asumió el mando para completar los días que faltaban al gobierno de Balta. Dio medidas para avanzar el proceso contra los asesinos de Balta y contra los funcionarios que se unieron al golpe, y acató la decisión del Congreso que el 1° de agosto de 1872, proclamó presidente electo a Manuel Pardo, quien asumiría su expectante gobierno al día siguiente.
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(*) Abogado, docente universitario e investigador.
A propósito de los acontecimientos patrios, es de civiles ciudadanos y respetuosos hombres y mujeres que observan cómo se iza la bandera cada lunes de formación en la escuela, la Marcha de Banderas se antecede al Himno Nacional con las manos erguidas apuntando al suelo como demostración de haber aprendido algunos valores como el respeto a tan significativa fecha de aquel julio de 1821; mientras, en el sur, el espíritu tenía otro aroma independentista, porque en 1824 aún se libraba el derecho a ser libre e independiente; sin embargo, los entretelones de cada 28 de julio están urdidos de mitos y verdades que hemos aprendido, con obediencia ciega, en la escuela como que la escarapela debemos llevarla en el pecho, aquella que se compra en la esquina.
De la historia contada por el profesor aprendimos que Alfonso Ugarte se lanzó desde el morro de Arica, cuando en realidad es contradictorio porque los caballos, ―si es que fue caballo― por naturaleza, nunca se lanzan al vacío, pero eso aprendimos. Nunca nos dijeron que Alfonso fue potentado adinerado y no fue soldado. Tampoco cayó al mar, porque los arenales lo esperaron después de escabroso paraje rocoso. Aquellos mitos de la escuela, aquellas leyendas de abuelos para que los escolares nos oigan espantados son parte de la escuela, porque ella es así, un poco mítica y fiel a la escarapela sin significado.
Los símbolos
Lo mismo sucede con los símbolos patrios, porque algunos siguen pensando que a San Martín se le ocurrió soñar “algo” de dos colores y con ello surgió nuestra bandera definiendo el contraste entre el rojo y blanco muy lejos del simbolismo, que tanto se ha pegado al consciente.
Es de sana costumbre portar pequeña escarapela en el pecho asumiendo que uno de los valores cívicos se cumple con suficiencia y que bien se puede identificar cómo las personas son patriotas, porque nos debemos a la nación o a un pedacito de tierra. Llevando la escarapela en el pecho demostramos nuestra querencia, nuestra territorialidad, nuestro sentido de pertenencia, nuestro sentido de identidad. Aunque, la escarapela no sea el símbolo, tampoco viene sola; se acompaña de la buena comida y del buen trago, porque si se trata de un buen pisco también es motivo de conversación, porque los chilenos también arguyen lo mismo, a tal punto que el suspiro a la limeña corre peligro. Ojalá que digan que la escarapela es suya, porque aquí no representa nada, excepto el negocio del mes.
Representación falsa
La escarapela de la escuela o de la esquina o aquella que se adhiere con dorado imperdible en el pecho para lucir que estamos de fiesta no representa nada, no representa nada cuando se compara con el escudo nacional o la misma bandera que flamea libre a ritmo del viento que la siluetea.
El simbolismo de los tres reinos de la naturaleza se puede sentir en el escudo, aunque el yacimiento de oro no sea nuestro, pero debemos, al menos dibujarlo, por una cuestión de respeto al mismo.
De igual manera sucede con la bandera, cuyas franjas nos definen en dos cuestionamientos que la historia siempre nos ha dicho: la sangre de algunos peruanos y la pureza del blanco para comprender que es parte de nuestra identidad y con énfasis cada 28 de julio. Sin embargo, la escarapela merodea silenciosamente en el consciente que automáticamente la llevamos en el pecho y con ello los símbolos ya serían cuatro, pero se sabe que por mandato de ley son solo tres: el Himno Nacional, la Bandera y el Escudo, entonces, ¿por qué lucimos la escarapela en el pecho? ¿No sería mejor lucir el escudo? ¿No sería más propio exhibir la misma bandera?
Atuendo
La idea de sentirnos patriotas o personas civilmente peruanas reposa en la costumbre que empezó con tela para llevarla en el pecho como cualquier atuendo, la costumbre nos hizo de este modo, la tradición nos ha hecho peruanos portando una escarapela. Sin embargo, no es el símbolo creado para los fines de reverencia y respeto por la significación del 28 de julio.
Así como se valora la llegada de Naylamp o se describe el origen del Lago Titicaca y las historias escritas alrededor, se ha escrito en el colectivo peruano la idea de que el patriotismo se refleja en la escarapela, con ello el sentido identitario colisiona con la creencia sobre nuestro patriótico mes, porque hemos adoptado un símbolo más por costumbre que por el mismo razonamiento o en su defecto, como toda fecha festiva es el negocio enajenado que no salpica nada de identidad, porque cada peruano debería entender que el patriotismo no solo es la recordación de tiempos funestos, sino que es tan propio reflexionar sobre las formas de ser y existir llevando el verdadero símbolo que aviva nuestro espíritu patrio.
Uso por costumbre
El mito de los símbolos, sin son tres o son cuatro y la misma representación icónica ha sido acogido por la escuela que nada advierte cuando se habla de identidad muy cerca del ruego o la misma súplica para ser ciudadanos que vivimos cada 28 de julio con escarapela antes que un pequeño escudo. Cuando se juzga que los sistemas educativos no funcionan y que la escuela no cumple el rol es porque existen controversias que permiten cuestionar las razones que nos inducen a costumbres antes que a la misma verdad. Las explicaciones sobre los tres símbolos de la patria quedan para el lirismo urbano, sirve para el desarrollo de la clase, cada explicación nos contagia de la costumbre y nos aleja del sentido de identidad que tanta falta nos hace.
No se trata del mismo sistema fallido en el que la escuela pervive, porque nadie nos dijo que son cuatro símbolos. Hemos aprendido, por imitación, que son tres, pero un cuarto trapito bicolor se pega sobre nuestro pecho, sin representar nada. El sistema o la estructura social no falla, es la persona que representa a la escuela, somos nosotros quien asumimos que la costumbre es el reflejo de nuestra identidad, en realidad nada más falso que el falsacionismo recurrente para hacernos sentir civilmente patriotas portando la escarapela que no tiene mayor significado excepto los colores cuyo arraigo es la contraposición o el mismo idealismo de la cornucopia derramando corrupción antes que condiciones de vida, puesto que de oro sabemos bastante.
Hacer historias sobre otras historias puede ser divertido, pero no lo sería si es que se trata del sentido de identidad a la cual nos debemos sin distingo alguno, porque la identidad es pura y se corresponde con el sentido de pertenencia, porque se trata de la dialéctica del sentimiento por aquello que nos pertenece a todos, a unos más y a otros menos y la escarapela no puede ni debe ser la típica condición humana que nos defina, no se trata de portar pequeño trapito para manifestar que somos tan peruanos como los colores cuando no tiene significado más que la costumbre. Crear el sentido de la identidad desde un buen plato criollo de cada lunes o cada martes no es lo mismo que sentirse peruano con escarapela en el pecho sin responder por su propio mensaje que solo regala atrevidas costumbres sin significado y apócrifos mensajes para deconstruir la misma identidad peruana.
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(*) Docente, ganador de las Palmas Magisteriales 2016.
Mi vida al generalísimo don José de San Martín y Matorras está ligada desde muy temprana edad. Recuerdo vívidamente que fui elegido por mi profesora de inicial para representarlo en una ceremonia de Fiestas Patrias por mis dotes histriónicas que conservo intactas hasta hoy. Recuerdo también haber ensayado una y otra vez aquel discurso corto que proclamara en Lima, subido en un improvisado tabladillo para decirle a los peruanos ahí reunidos que, por fin, luego de más de 3 siglos eran «libres e independientes por la voluntad general de los pueblos y la justicia de su causa que Dios defiende».
Esas palabras quedaron grabadas a fuego en mi memoria y las cargo conmigo desde entonces, porque son el testimonio vivo del ideal que tuvo don José para con nuestra patria y Latinoamérica en su conjunto. Con los años decidí investigar cada vez más en la vida de mi héroe patrio favorito y no he dejado de sorprenderme ni un minuto con cada uno de los hallazgos que he hecho con respecto a su gesta y sobre todo a su persona.
San Martín, el héroe que no buscaba el reconocimiento
A raíz de nuestro encierro tuve la oportunidad de leer «El santo de la espada» (Universo, 1978) del escritor e historiador argentino Ricardo Rojas, un libro precioso que recomiendo mucho para todos los que quieran saber más sobre don José de San Martín, pues es una biografía que va más allá de simplemente recoger datos históricos del héroe y se adentra en los pormenores y dificultades que tuvo que atravesar a lo largo de su vida enfocada en la libertad de América.
Es curioso conocer que él, habiendo nacido en el virreinato del Río de La Plata (no Argentina como la conocemos hoy) tuvo que emigrar con su familia a España y criarse allá, por lo que cuando regresó pasados 20 años era considerado un español más, que un compatriota entre sus vecinos y es que, habiendo vivido tantos años al otro lado del mundo, era más probable que tuviera interiorizado el acento de los godos (como llamaba a los españoles) que el característico dejo porteño de los habitantes del Río de La Plata.
Un paria en su terruño y un extranjero traidor para España, fue un hombre que tuvo que demostrar su lealtad a América de la única forma que sabía, mediante su capacidad de negociación política y experticia en el campo de batalla. A pesar de todo lo que logró fue desconocido por sus compatriotas que lo tildaron de «traidor» por no regresar a la recién emancipada Argentina para acabar con las rencillas internas por el poder, situación que advirtió en su momento antes de dejarla, pues sabía que, como nueva nación, la falta de una cultura vivida en libertad haría que cualquiera se sintiera con el derecho de gobernarla. Fue tajante al respecto, no regresaría a Argentina a matar a sus compatriotas, pues el verdadero enemigo de América eran los godos y la libertad del continente no estaría sellada si no se completaba la misión de liberar al virreinato del Perú.
Es así que decidió cruzar Los Andes y unirse a las campañas del sur para liberar a lo que ahora conocemos como Chile, pues le permitiría tener acceso al mar y una ruta más rápida hacia la capital del corazón del dominio godo en América. Lo que vino después es conocido por todos nosotros, en mayor o menor medida, mas no lo que les contaré a continuación.
San Martín era consciente de que no podría lograr independizar a América sino contaba con el apoyo de su homólogo venezolano conocido como «El Libertador». Es así que, tras destacar un buen número de tropas para afianzar la liberación del norte del virreinato del Perú, lo que conocemos como Ecuador, decidió reunirse con Bolívar para planificar la expulsión total de los godos fuera del continente.
La cita se dio en Guayaquil, mucho después de haber pronunciado el discurso libertario en Lima. El encuentro era la reunión más esperada por toda América, porque tendría dentro de una misma sala a los dos más grandes artífices de la libertad del continente: uno forjado en las armas y en el afán de erigirse como el caudillo del nuevo continente libre y unificado bajo una sola bandera; el otro, la personificación genuina del genio civil de la revolución americana.
Lo que ocurrió en aquella reunión es hasta el día de hoy un misterio para todos, pero el resultado es por todos conocidos, por lo que podemos suponer que San Martín, reconociendo el poderío y experticia militar de su homólogo se ofreció a luchar bajo su mando en pos de la libertad de América, recibiendo una negativa tajante por parte de «El Libertador», pues como se dice «Dos soles no pueden brillar en el mismo cielo» (todavía faltarían 2 siglos para verlos en una película de Star Wars) motivo por el cual, San Martín dejó en manos de Bolívar los destinos de América y abandonó la reunión y el continente para nunca más volver.
Tras la cita de Guayaquil, San Martín obsequió a Bolívar sus pistolas y su caballo, gesto que reafirmaba que su tarea en América había terminado, mientras que «El Libertador» no tuvo más grande gesto que obsequiarle un retrato suyo de cuerpo entero que adornaría las estancias de San Martín en Francia. Con lo que podemos notar, mediante estos pequeños gestos, de qué esencia estaban hechos el uno y el otro.
El estandarte de Pizarro
San Martín regresó a Lima y recuperó todos sus enseres para partir hacia Francia, donde murió en soledad y olvidado por el continente al que le dio los mejores años de su vida. Antes de dejar a la recién emancipada República del Perú solo pidió una cosa en concreto: El estandarte del conquistador Pizarro, objeto que reclamó para sí como trofeo por todo lo que había hecho por América, era la prueba fehaciente de que se había acabado con el yugo godo que nos dio los peores años de nuestra historia. Tuvo dicho trofeo hasta su muerte, momento en el cual fue devuelto al gobierno del Perú que no tuvo mejor gesto que perderlo, por lo que el que ahora tenemos es solo una réplica de aquel estandarte que significaba el triunfo de la Tiranía sobre la Libertad.
Don José de San Martín y Matorras murió en el olvido, mendigando una pensión vitalicia que le ofreció el Perú y que dejó de llegarle por parte de nuestro gobierno aduciendo la falta de recursos del erario. Era un paria en Europa y más aún un paria en América, que olvidó toda su hazaña por encontrarla cosa juzgada y pasada. Años después de su muerte, su cuerpo fue reclamado por Argentina para ser repatriado y enterrado en su suelo, se erigieron estatuas aquí y allá, tanto en Argentina como a lo largo del continente, pero como se dice «Los homenajes deben darse en vida» y nosotros nunca pudimos darle el merecido por todo lo que significó para América y para que hoy podamos cantar a todo pulmón «Somos libres, seámoslo siempre».
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(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación.
En un proceso que evidenció las disputas y fracturas en la interna de las bancadas opositoras al gobierno, los congresistas eligieron a Lady Camones (Alianza para el Progreso) como la presidenta del Parlamento para el periodo 2022-2023. Los integrantes de la mesa directiva han señalado que si Pedro Castillo es vacado y la vicepresidenta Dina Boluarte es inhabilitada, renunciarán a sus cargos y convocarán a una nueva elección de la mesa directiva.
Entre disputas y rupturas partidarias, un fragmentado Congreso de la República eligió hoy a su nueva Mesa Directiva. En una elección en la que inicialmente se presentaron cuatro listas congresales, la liderada por Lady Camones, de la bancada Alianza para el Progreso, fue elegida con 73 votos para el periodo 2022-2023.
La lista ganadora obtuvo principalmente los votos de las bancadas Fuerza Popular, Renovación Popular, Podemos Perú, Somos Perú y Avanza País. Mientras que la lista encabezada por Esdras Medina (Renovación Popular) contó principalmente con el respaldo de Perú Libre, Bloque Magisterial y una facción de Acción Popular.
La elección tuvo que definirse en segunda vuelta, luego de que ninguna de las cuatro listas obtuvo la mayoría simple de los votos en la primera instancia.
Así, tras una elección en la que hubo renuncias y disputas internas en los partidos, e incluso un acercamiento de las bancadas de Renovación Popular y Perú Libre, la nueva mesa directiva quedó conformada por Lady Camones Soriano (Alianza para el Progreso) en la presidencia, Martha Moyano (Fuerza Popular) en la primera vicepresidencia, Digna Calle (Podemos Perú) en la segunda vicepresidencia y Wilmar Elera (Somos Perú) en la tercera vicepresidencia.
La nueva mesa directiva del Parlamento se produce en un contexto político crítico en el que algunos congresistas han manifestado iniciar nuevamente un proceso de vacancia contra el presidente Pedro Castillo, quien afronta cinco investigaciones penales en su contra: cuatro por presuntos actos de corrupción y uno adicional por el supuesto plagio en su tesis de maestría.
Además, en la antesala, la fiscal de la Nación Liz Benavides confirmó que el exsecretario general presidencial Bruno Pacheco se entregó a la justicia. Pacheco declaró –según difundió El Comercio– que Beder Camacho, actual subsecretario general del despacho presidencial, lo ayudó a fugarse por orden del mandatario Pedro Castillo. Unos minutos después, Camacho negó esta versión a una emisora local.
Lady Camones: del fujimorismo a APP
La lista presidida por Lady Camones contó con el respaldo de Fuerza Popular. En un comunicado público, el mismo partido mencionó que sus congresistas han suscrito un compromiso de honor: si vacan a Pedro Castillo e inhabilitan a Dina Boluarte, los integrantes de la Mesa Directiva renunciarán a sus cargos y convocarán a una nueva elección de sus integrantes.
La parlamentaria Lady Camones Soriano (47 años, Áncash) fue la vicepresidenta de la mesa directiva saliente. Obtuvo una curul en las elecciones generales del año pasado a través de Alianza para el Progreso, partido al que está afiliada desde el 24 de septiembre de 2020.
Es abogada por la Universidad Privada Antenor Orrego. Ha declarado contar con estudios incompletos (solo hasta el tercer ciclo) de la Maestría de Gestión Pública en la Universidad César Vallejo. En 2018 postuló sin éxito al cargo de gobernadora regional de Áncash, pero aquella vez, como invitada de Fuerza Popular.
Camones Soriano ha señalado públicamente que el presidente Pedro Castillo debe renunciar a la presidencia de la República y se ha mostrado a favor del indulto a Alberto Fujimori. En su trabajo legislativo de este año impulsó junto a otros congresistas el proyecto de ley que plantea el retorno de la bicameralidad y la modificación de más de 50 artículos de la Constitución, aunque la propuesta no obtuvo el número de votos necesarios.
Y, como integrante de la Comisión de Energía y Minas, también promovió una nueva y polémica ampliación del proceso de formalización minera a pesar de que la extracción ilegal de metales continúa extendiéndose en ecosistemas frágiles, como la Amazonía. La norma fue publicada en El Peruano, el 31 de diciembre de 2021.
Los otros integrantes de la Mesa Directiva
A Lady Camones la acompaña Martha Moyano (Fuerza Popular) como primera vicepresidenta.
Martha Moyano (57 años, Callao) incursionó en la política en 1995, cuando intentó ser regidora provincial de Lima Metropolitana con la alianza electoral Cambio 90-Nueva Mayoría. Posteriormente, ha sido congresista de la República durante tres periodos parlamentarios. Milita oficialmente en Fuerza Popular desde setiembre de 2020.
Moyano fue segunda vicepresidenta del Congreso de la República en el periodo 2007-2008, cuando Luis Gonzales Posada presidía el Parlamento, durante el gobierno de Alan García.
También ha sido vicepresidenta de la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales y miembro titular de la Comisión Permanente del Congreso de la República en el actual periodo. En ambas instancias, votó a favor del informe elaborado por el parlamentario Alejandro Cavero, el cual recomendaba archivar la denuncia constitucional contra Manuel Merino de Lama, Ántero Flores-Áraoz y Gastón Rodríguez.
En la Comisión Permanente, Martha Moyano también votó a favor de archivar las denuncias constitucionales contra los exfiscales supremos Tomás Gálvez Villegas y Pedro Chávarry; los excongresistas Javier Velásquez Quesquén, José Palma Mendoza y Héctor Becerril; y el excontralor Édgar Alarcón.
En paralelo, Digna Calle Lobatón (46 años, Ayacucho) asume como segunda vicepresidenta del Parlamento. En 2021, postuló al Congreso de la República como candidata invitada de Podemos Perú.
El año pasado, presentó un proyecto de ley para formalizar las posesiones informales asentadas en zonas arqueológicas. El proyecto fue retirado por Podemos Perú, luego de numerosas críticas hacia el mismo.
En tanto, Wilmar Elera (69 años, Piura) es el nuevo tercer vicepresidente. Como miembro de la Comisión Permanente del Congreso, Wilmar Elera se abstuvo en la votación del informe Cavero, que archivó la denuncia contra Manuel Merino de Lama.
Sin embargo, al igual que Moyano, votó a favor de archivar las denuncias constitucionales contra los exfiscales supremos Tomás Gálvez Villegas y Pedro Chávarry; los excongresistas Javier Velásquez Quesquén, José Palma Mendoza y Héctor Becerril; y el excontralor Édgar Alarcón.
La elección de la nueva mesa directiva del Congreso ha puesto en evidencia que los partidos políticos prefirieron anteponer sus intereses personales a los de todo un pueblo, que les exige responsabilidad y seriedad. Las bancadas y los líderes políticos actuaron con torpeza, producto de su codicia por el poder, al disgregarse y perder la perspectiva de unidad y cohesión. Con este panorama la vacancia de Pedro Castillo podría frustrarse una y otra vez, porque los parlamentarios de la oposición no son capaces si quiera de ponerse de acuerdo en este objetivo común, y se siguen disparando a los pies. La clase política se tiene que adecentar con ciudadanos probos que miren a la política como un servicio a los demás y no para servirse de ella, como ocurre hoy en día.
Los entretelones para conformar las listas para la elección de la mesa directiva del Congreso de la República, periodo 2022-2023, no ha hecho más que testimoniar, una vez más, la pobreza moral y ética de la clase política. Pero no solo ello, también ha dejado en evidencia las ambiciones desmedidas de los partidos por mantener cuotas de poder y su incapacidad para ponerse de acuerdo en lo programático, y en las prioridades que la población demanda. El solo hecho de que se hayan inscrito cuatro listas, donde poco importaron las posiciones ideológicas y partidarias, demostró que prácticas cuestionadas como la repartija y los acuerdos bajo la mesa estuvieron a la orden del día. Pues los grupos de la derecha conservadora no tuvieron empacho en unirse con los extremos de la izquierda (todo fue un sancochado) para lograr sus soterrados propósitos. Se pensó que ante la difícil coyuntura política y judicial que atraviesa el presidente Pedro Castillo (acusado de graves hechos de corrupción), al igual que su vicepresidenta Dina Boluarte (podría ser inhabilitada para ejercer cargos públicos por supuesta infracción constitucional), se produciría un acuerdo multipartidario de las agrupaciones de oposición para impulsar decididamente la vacancia del mandatario; pero no, más pudieron los apetitos personales e intereses mezquinos de los legisladores que buscar una salida democrática a esta traumática circunstancia.
Pero todo este circo mediático armado en el Parlamento tiene un trasfondo de mucha relevancia para el futuro del país, porque si Castillo es vacado y Boluarte es inhabilitada, quien asumiría las funciones de presidente de la República será el nuevo mandamás del Legislativo. Todo ha estado fríamente calculado, aunque hay que admitir que las bancadas han procedido con torpeza, producto de su codicia por el poder, al disgregarse y perder la perspectiva de unidad y cohesión.
La gran pregunta que cae de madura es saber si este Congreso, divido y fraccionado en su esencia, podrá reunir los 87 votos que se requieren para aprobar la vacancia. Si sus miembros persisten en actuar con cálculo político, anteponiendo proyectos personalísimos y se empeñan en favorecer a grupos de poder económico, con leyes con nombre propio, será difícil que la censura contra el dignatario tenga éxito, pese a su innegable falta de capacidad, liderazgo e inteligencia para gobernar nuestra nación. Solo si se llegara a demostrar, con pruebas fehacientes y no solo dichos, de que el presidente lideraría una organización criminal en el aparato estatal (Ministerio de Transportes y Comunicaciones) para enriquecerse ilícitamente, su suerte estaría echada. Ahora, con la entrega del exsecretario de palacio, Bruno Pacheco, el futuro de Castillo es bastante incierto, de mucha tensión, porque si el exfuncionario aporta pruebas contundentes e irrefutables que ratifiquen la tesis de la Fiscalía, creo que los días del gobernante en palacio están contados.
Oposición agrietada
Lo concreto es que la oposición se sigue disparando a los pies y no tiene la voluntad política si quiera de ponerse de acuerdo en el tema de la vacancia, por eso es que el mediocre de Castillo ni se inmuta ante esta posibilidad, porque sabe que los grupos políticos están resquebrajados y los congresistas están más interesados en no perder su escaño y las gollerías que el sistema les provee. La clase política que nos gobierna actualmente está seriamente desprestigiada (tanto del Ejecutivo como del Legislativo), carente de toda credibilidad ante la ciudadanía, por graves errores en que han incurrido los líderes de las principales agrupaciones políticas, por estar involucrados en hechos deplorables de corrupción o por sus vínculos con presuntas organizaciones mafiosas.
El estado de putrefacción de estas instituciones no es de ahora; pero se ha acrecentado en los últimos cuarenta años debido a que los dirigentes encargados de su conducción cedieron a las oscuras tentaciones del poder, y en otros casos quebraron sus principios e ideales sin importar su honor y dignidad con tal de satisfacer apetitos oscuros. No es necesario ser un politólogo para reconocer que el sistema de partidos en el Perú atraviesa una fuerte crisis en todo orden de cosas, y que los caudillos no han estado a la altura de las circunstancias ni han sido capaces de cambiar esta mala percepción en el electorado. Esto se expresa en el alto porcentaje de desaprobación que tienen los “líderes políticos”, según todas las encuestas más del 70% de la ciudadanía tiene una imagen negativa de los jefes de los partidos.
Estas jugadas políticas en el Congreso, los contubernios y acuerdos entre gallos y media noche de los líderes políticos ha sido una vieja costumbre, así ha sucedido en los últimos 40 años, con hechos que trastocaban la moral pública. Lamentablemente hoy los partidos tienen una imagen ligada a los grandes hechos de corrupción en el país, con expresidentes de la República investigados por la justicia por estar involucrados en redes mafiosas que han desfalcado los recursos públicos mediante actos ilícitos. Con caudillos con liderazgos magullados y desprestigiados por sus propias torpezas, que no saben interpretar el sentir del pueblo y solo gobiernan para satisfacer intereses de grupos de poder.
Esta es la clase política que hoy pretende vacar al presidente Pedro Castillo, que además de no reunir los votos necesarios para conseguir este objetivo, tampoco tienen la autoridad moral para ello, porque legislan de espaldas a ese pueblo que dicen representar, aprobando normas que solo generan el rechazo ciudadano. Los partidos políticos son esenciales para la vida en democracia, ambos coexisten y son necesarios para garantizar derechos fundamentales; sin embargo, una crisis del sistema puede conllevar a que se afecte gravemente la institucionalidad democrática, la independencia de poderes y se da paso a la impunidad, como lo que ocurrió en la década del 90 durante la dictadura de Fujimori y Montesinos. Por ello, hay que ser férreos defensores de la democracia, porque pese a sus defectos es el mejor sistema para vivir en libertad, permite el respeto irrestricto de los derechos y libertades individuales, y que los pueblos decidan sus propios sistemas políticos, económicos, sociales y culturales.
Adecentar la clase política
Es irrefutable que nuestra clase política no ha madurado lo suficiente como para enfrentar los grandes retos que nos depara un presente marcado por la incertidumbre y la intranquilidad, un futuro poco alentador para generar más confianza a nivel interno y externo, y esperanza en un país golpeado por las incapacidades y la incompetencia de quienes nos gobiernan. Con parlamentarios de la derecha ultraconservadora que todo este tiempo han estado empecinados en demostrar que hubo fraude en las elecciones del 6 de junio de 2021, incluso hasta se formó una comisión investigadora que gastó más de 200 mil soles y no aportó una sola prueba que aclaren las dudas.
Está bien que el Congreso haga el control político al Ejecutivo, pero tampoco puede ser un ente obstruccionista e intolerante que solo busque desestabilizar a un gobierno, como ocurrió el 2016 con Pedro Pablo Kuzcynski y las huestes fujimoristas. No todo político tiene las manos manchadas con dinero mal habido o está vinculado a hechos de corrupción, todavía hay gente cuyo camino de vida es la rectitud, la honradez, la integridad. La clase política se tiene que adecentar con ciudadanos probos que miren a la política como un servicio a los demás y no para servirse de ella, se tiene que involucrar a más jóvenes que vean a la política como un medio para construir y consolidar la democracia, para fortalecer la institucionalidad y trabajar partidariamente en proyectos integradores e inclusivos. Ese deberá ser el derrotero del nuevo titular del Congreso y del presidente Pedro Castillo, si queremos salir del empantanamiento político al que nos han llevado estos dos poderes del Estado por irresponsabilidades, incapacidades e intransigencias demostradas.
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(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y primer vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.
A propósito de la coyuntura política actual que afrontamos, es oportuno se delinee lo que se comenta a diario no solo en los medios sino también en la vida corriente de la sociedad civil. Próximos al discurso presidencial de este nuevo 28 de julio, casi todo el país se preguntará desconcertadamente ¿qué país es este donde nos sentimos cada día más infelices? Siendo sinceros es oportuno preguntarse en este contexto por la esencia de la felicidad.
Aunque se presuma cierta contradicción, sintiéndonos quizá no tan felices en este momento, la pregunta anterior configura ser no solo una oportuna cuestión, sino una bella pregunta. Y quizá lo sea por el suspenso de la radicalidad de la respuesta: ¿somos o no felices en este momento? De seguro la política peruana actual a más de uno lo está terminando de decepcionar, y he ahí una buena razón para responder sin titubeo alguno. Y, más aún, la decepción crece cuando las innumerables preguntas -que surgen en este presente- no tienen aún, lamentablemente, una convincente respuesta.
Esta pregunta radical, sugiero, se desglosaría en: ¿somos felices forjando patria aquí en este país?, ¿es suficiente el logro de contadas medallas en algún torneo panamericano o en un medallero atlético mundial para que así lo sintamos?, ¿la atrevida propuesta del cierre del Congreso, o la insistencia de unas nuevas elecciones, o la renuncia (o vacancia) del Sr. Castillo, envalentonaría acaso a los peruanos en gritos de felicidad? Es probable que ante la sequedad de preguntas sin respuesta nos motive a todos a realizar una nueva reflexión crítica al respecto.
Ante este panorama, que enmarca nuestra reflexión, delineo dos personajes de la historia del pensamiento de la filosofía griega para aproximarnos ojalá no a una respuesta certera sino a otra pregunta aún más radical: ¿por qué se será de seguro más que infeliz este 28 de julio?, y, ante toda evidencia, ¿cómo sentirse contrariamente no infeliz?
Sócrates y Platón
El discurso ético de Sócrates y Platón, filósofos griegos, es un lúcido aporte que, aunque siendo tan antiguo, su re-lectura hoy, salvando lo anacrónico del tiempo, se tornaría muy actual. Su filosofía se encarna, creo yo, dentro de aquel proceso de conversión política que cualquier ciudadano de a pie podría, si así lo desea, pensar y activar a diario.
El legado de Sócrates ha sido la ‘mayéutica’ y el de Platón la ‘reminiscencia’; quizá su lectura resulte un tanto extraño, poco habitual, pero, si tomamos la decisión de pensarlas, comprenderemos lo apasionante que encierra el pensamiento de la filosofía griega. Un pensar no etéreo, sino una idea clara con una acción concreta en pro del bien civil.
La ‘mayéutica’
¿En qué consiste la mayéutica? Es un método socrático que no es un modelo de abstracción sino un modo de vida cuya vocación civil es ayudar al otro a “parir”. Este metódico modo de vida es un proceso que denota un camino que, como todo proceso de preñez, requiere de su tiempo preciso, pausado, de agudeza, de finura en el razonar, de diálogo alturado que vence los entrampamientos, que gesta acuerdos, bien común, consensos justos. De seguro, tal cual como lo intuyera en aquel entonces Sócrates, cuántos discursos también hoy se dicen o se escriben con suma violencia, son mal intencionados, ingobernables, y en su esencia reina el sofismo.
Ser sofista es evadir la verdad, es quien apela al relativismo que, como en nuestro país, gracias al soporte del chisme se gobierna, se decide y lidera atropelladamente. De estos casos existen a montones y son los que hoy hay que re-educar. Cuidado ante las propuestas permisivas, los que engatusan con sediciosas propuestas pecuniarias, o resuelven leguleyas, y los que, bajo engaños no construyen, sino que abortan sin desmedro una ciudad mejor.
La ‘mayéutica’ socrática desenmascara a los que venden públicamente su dignidad, o venden a cualquier precio apariencias de un método de vida social feliz. Un modo ético que cuestiona aquella extendida vida social inmoral, que pone en evidencia a los destructores de la moral pública que no “paren el bien”, sino que les incomoda la verdad de atreverse a construir una sociedad justa y digna.
La ”reminiscencia”
De Sócrates, pasamos a la “reminiscencia” de Platón, su discípulo. De él usamos a diario su famosa frase: ¡amor platónico!, frase ciertamente de su autoría, pero por el uso doméstico que se le da es diametralmente lejana de lo que él quiso afirmar. El peso del amor que el filósofo propuso se aleja de aquel sentir sentimentaloide. Es más bien un amor que busca darse. Donarse. Es un don no irracional, vale decir, que, al pensar su amor, advierte cuál es el mejor modo de accionar más obras que trasciendan más allá del mal modo de vivir.
Es un amor que busca trascender, que no se deja anestesiar ante la desapasionada existencia. Es un amor que desea el bien del otro. No solo lo desea, sino que lo busca, y lo activa en obras. Olvidar buscar este bien anhelado es deambular desmemoriado, sin norte, sin amor. Vive solo para sí mismo. El universo es su ego. Sin embargo, en el texto “La República”, el amor propuesto por el filósofo es aquel que huye de las sombras del sinsentido del egoísmo. Su fin no es uno mismo, sino forjar el estado ideal soñado para todos. El ciudadano sabe que en su corazón habita el sueño de un estado justo, solidario, sin mentiras, ni apariencias de bien; y si sabe lo que anhela, entonces es su deber recordarlo.
Con Platón se cuestiona la no construcción de una sociedad donde no habita el bien de la justicia. Su amor platónico propuesto invita a rebelarse contra el cliché del “siempre fue así” o del “si hace obra que robe”. Aceptar convivir dentro de lo inmoral es vivir desmemoriado, porque no se hace memoria del peor pasado que ya pasó (y que podría repetirse) ni del bien futuro que aún no está pero que es un devenir (que aún no se construye).
La “reminiscencia” es no quedarnos acolchados dentro de la caverna del pesimismo de no hacer nada, sino salir de ella, para encontrar la luz del bien social. Solo el aprender a amar éticamente ayudará a distinguir entre las cadenas del sin sentido del mal político y el deseo de forjar el bien para construir un estado digno, justo, dentro del marco de la ley y donde reine el bien común para todos. Centrados en la reflexión de este proceso de conversión ciudadana queda entender que no somos islas sino ciudadanos que deseamos en el corazón que esta tierra llamada Perú sea de verdad muy feliz; entonces, ¿qué nos hará conscientes que como ciudadanos deseemos no vivir en una ciudad infeliz? ¡Feliz 28!
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(*) Ingeniero de Sistemas.
No podía ser menos. Los triunfos consecutivos de la atleta Gabriela Kimberly García León, por momentos nos dejan abrumados por tanta dedicación y sacrificio, pero satisfechos de ver a una empoderada mujer que lucha por sus sueños y los alcanza cada vez más, para satisfacción de todos los peruanos, que hoy más que nunca, buscamos vivir bien gozando de los triunfos de esta incomparable atleta, quien viene poniendo en alto el nombre del Perú en tierras muy lejanas.
La segunda medalla de oro
Tal como lo habíamos reseñado, la primera presea dorada lograda por Kimberly nos cayó de sorpresa y nos llenó de alegría. No era para menos. Pero ya una segunda medalla de oro, en una competencia difícil y de mayor magnitud, desbordó nuestra felicidad al enterarnos que nuestra ya consagrada compatriota, con paso firme y a pecho abierto, había logrado el máximo galardón en un mismo torneo, como es el Campeonato Mundial de Atletismo, llevado a cabo en el estado de Oregón, en los Estados Unidos de Norteamérica, donde todo hace indicar que ya es idolatrada a carta cabal y en gran medida por ser la lideresa de una disciplina como es la marcha atlética.
Ejemplo digno de emular
No hay duda, Kimberly es una leyenda viva. Sus ímpetus, su fortaleza mental y sus éxitos así lo determinan, por lo tanto resulta digno emular estas aptitudes en el ámbito donde debemos actuar. No podemos ni debemos mirar de costado esta noble y efectiva actitud de nuestra compatriota que, a pulso y a puro pulmón, viene logrando lo que se propone sin esperar nada a cambio. Ser hoy en día lo que es y por siempre lo será, la dignifica como una mujer con un poder de decisión absoluto y un patriotismo sano y sincero. Eso es lo que es Kimberly, luchadora empedernida y tenaz mujer, acartonada en sus principios morales que la enaltecen. ¡No hay más!
Para la reflexión
No hay nada más concreto que tras un logro positivo la reflexión humana es imperativa, no solo para disfrutar y dar rienda suelta a nuestras emociones de alegría, sino para saber que todo es posible y nada es imposible cuando se quiere alcanzar el propósito pensado.
Por tal razón, sobre todo los jóvenes pensantes y los humanos comunes y corrientes debemos asentir que todo cambio y predisposición debe y tiene que estar orientado en la dirección correcta. Es el único camino para lograr el objetivo de triunfar con dignidad y suprema moralidad. Para ello es oportuno citar al ilustre maestro estadounidense del nuevo pensamiento Christian D. Larson, quien a modo de inducción escribió la frase célebre: “Cree en ti mismo y en lo que eres”, verdad absoluta que hoy más que nunca debemos aceptar.
Sensato reconocimiento reflexivo
Kimberly se merece ser admirada e imitada por su humildad y sencillez, pero por sobre todo por su perseverancia y su noble actitud de alcanzar el propósito soñado, que por cierto no fue uno, sino fueron dos, por cuanto la actitud que ella sostiene no es una casualidad sino una condición real, efectiva y absolutamente digna que hay que reconocer en su gran dimensión.
En ese sentido, es imperativo considerar que el cambio generacional e ideológico, debe jugar un papel preponderante en las relaciones humanas y la forma de vivir con moralidad y sinceridad, razones que hoy día, la nación en la que vivimos, requiere de un cambio radical, donde los jóvenes y los ciudadanos de buena voluntad y probada moralidad, asuman el rol que corresponde para cambiar el alicaído modus vivendis y la forma de conducir un país que cada vez más se sostiene sobre la base de hechos interesados y discursos polarizantes que no suman a su favor. Termino con una reflexión sabia: “La vida no es lo que planificamos, sino lo que sucede”.
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(*) Especialista en Contrataciones del Estado.
En estos 201 años de vida patria, nos encontramos ante un “aparente” nuevo problema: la crisis política del actual gobierno, que para otros es desgobierno. Y afirmo que es nuevo en apariencia, porque es el mismo de siempre: la dialéctica poder político sin visión de país-corrupción extendida. Cada país tiene su propia problemática, sus historias oscilan de manera parecida en choques culturales y raciales, conflictos civiles y guerras internas (por fronteras u otros intereses), pobreza, corrupción, y sus consecuencias en lo económico, que afecta siempre a las grandes mayorías. Basta revisar sus historias para dar cuenta de ello.
Pero la gran pregunta es ¿De qué manera nuestro Perú puede salir de su crisis casi permanente? Pregunta difícil de responder por los diversos factores implicados en ella; pero un buen inicio es la labor de objetividad crítica de los intelectuales para crear conciencia política y ciudadana, enfatizándose en la cohesión de país con visión propositiva plausible y no en la contraposición que algunos políticos usan para beneficio propio y mantener sus gollerías de poder.
Esta tarea no es fácil, es de una lucha sin tregua ni cuartel, pues muchas veces nuestros compatriotas son indiferentes ante cualquier problemática nacional, pues hay jóvenes y aún adultos que no están concientizados de la importancia que tiene su quehacer para el desarrollo del país. No les interesan los asuntos públicos, contexto que los políticos corruptos quieren para hacerse del país como un botín, criminalidad que se va extendiendo de manera alarmante.
Asunto grave
La indiferencia por los asuntos públicos es un asunto muy grave que trae consecuencias negativas para la direccionalidad de un país, puesto que una sociedad mayoritariamente poco informada y formada en temas de interés nacional es fácilmente manipulable por ideologías nefastas de diversa índole, y peor aún, se carecerá del criterio suficiente para evaluar propuestas políticas de los candidatos a los diferentes cargos de los poderes centrales del Estado. ¿La consecuencia? Políticos y funcionarios públicos que son más conocidos por sus escándalos y actos de corrupción que por sus propuestas y acciones.
Si hay indiferentes, hay otro grupo interesado que busca mantenerse en el poder político. Existe un antiguo adagio que expresa: ‘Una de las razones para que el mal se extienda, es que los buenos no hagan nada por impedirlo’. Se dice también que es propio del peruano hablar y decir sin ser directo, o expresarse de manera contundente ante un reclamo, cualquiera que sea el ámbito… es la influencia de la ‘humillada cerviz’ hermanada paradójicamente con el ‘somos libres’.
De los interesados en los asuntos públicos, existen dos grupos. Los interesados porque consideran al poder político como medio de agenciarse económicamente y de privilegios; y los interesados que conociendo la realidad nacional expresan taxativamente que todo está perdido y no hay solución posible. Tanto los indiferentes como los interesados, tienen algo en común: la total desconfianza en los poderes del Estado, que los lleva a tolerar corruptelas a sus autoridades en el colmo de la indiferencia; cercándose el círculo vicioso de país sin rumbo, sin proyectos o vagas ideas. ¡Eso no debe ser así! ¡Ya no más!
Valorar la peruanidad
Sin embargo, quienes formamos conciencias debemos promover un creciente sentimiento de autovaloración de la peruanidad, de la identidad que siempre tuvimos y que ahora estamos paulatinamente tomando conciencia, identidad esforzada, progresista… que debemos alentar desde ahora y para siempre.
Tanto las conciencias como los proyectos de desarrollo nacional no se logran sin educación científico tecnológica, es cierto; pero se necesita también de una educación del espíritu, forjando el pensamiento, la creatividad y por supuesto las virtudes y el afecto. Los proyectos comunes no solo necesitan de mano de obra, sino de pensamiento planificado. Nuestra sociedad no solo necesita de hombres prácticos, sino también de ciudadanos con crítica constructiva, celosos y atentos defensores de los principios que salvaguarden el bien social y la convivencia democrática.
Todo ciudadano debe saber que todo enquistamiento en el poder político deviene en mantenimiento de ‘argollas’ de corrupción y desmoronamiento de la institucionalidad del Estado. Todo poder, incluyendo el político, debe fluir para que no sea nocivo. Este fluir se logra con cultura política, con ciudadanos que se organicen no solo en partidos políticos para el momento de elecciones, cuyos objetivos sean fundamentadas propuestas de largo alcance y plazo, y no exclusivamente ganar la elección ‘y luego veremos’, sino también en diversos tipos de organización social que busquen responsablemente la solución a sus problemas no solo a través de la petición de demandas, sino con propuestas viables, consensuadas.
Para lograrlo la comprensión sobre el país no debe ser sesgada, parcializada o ideologizada, sino que debe considerarse integralmente, puesto que los problemas de un país no sólo son problemas de una clase o grupo social. De tal manera se debe generar no conciencia de clase para afrentar a la otra, sino conciencia de nación y patria, conciencia ciudadana, para afrontar todos juntos nuestras comunes problemáticas. Se debe saber que el peruano es síntesis racial y cultural de lo incásico, lo hispánico, lo afro, lo asiático y otras culturas acogidas en nuestras tierras ya propias desde tiempos inmemoriales ya foráneas; que se muestran en la variopinta riqueza de nuestras manifestaciones culturales de las cuales nos sentimos orgullosos. Por eso, no hay lugar para trasnochados racismos y clasismos.
Todos los peruanos anhelamos que la población estudiantil sea no solo la mano de obra del desarrollo económico en el que estamos encaminados, como se enfatiza equivocadamente, sino también el grupo pensante que lo haga sostenible. Todo ciudadano debe tener conciencia nacional ética, no referida a un patrioterismo o nacionalismo vacío o de palabra que después sea violentada al venderse a intereses trasnacionales, sino fundado en la vivencia ética del esfuerzo cotidiano, pues, quienes cometen actos delincuenciales de cualquier tipo carecen no sólo de conciencia moral, sino también de amor a la patria y a la humanidad.
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(*) Filósofo investigador y docente universitario.