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EN TU DÍA: Pentálogo docente

Escribe: Eloy Seclén Neyra (*)
Edición N° 1259

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Desde la experiencia, la de antes y sobre todo la de estos dos años recientes. Escrito con plumón o con tiza de colores. En este Día del Maestro y la Maestra, compartimos un testimonio hecho pentálogo, es decir, un conjunto de cinco pautas o consejos respecto de un tema. Y el tema es lo que hacemos.

Tú sí tienes palabra

No es de ahora, colegas. Bien sabemos que el protagonismo del proceso educativo, en todos sus niveles, dejó de ser de la escuela o de la familia. Nos lo arrebataron los medios de comunicación. Usted podrá objetar si ello fue inevitable o si hasta trajo algunos beneficios. El asunto es que los medios educan. Y que ya no son solo los medios de siempre. La digitalización ha generado un desborde de información y estímulos visuales único en la historia. Los estudiantes provienen de ella y aun estando en clase se forman en ella. Cuestionan si lo que enseñamos realmente servirá para ese futuro al cual miran con escepticismo. Están convencidos, casi adoctrinados, que el desarrollo se expresa únicamente en acumular dinero. ¿Podremos cambiar tamaña estructura con la palabra como herramienta? No lo sabemos, pero es lo que intentamos cada día. No estamos aquí para normalizar el sentido común, sino para cuestionarlo. No vamos a prometer alcanzar el éxito sino a cuestionar esa y otras definiciones hegemónicas. Los maestros y maestras sí tenemos palabra y con ella enseñamos a cuestionar, no a obedecer.

Rompe la cadena

Reprochaban en cierta clase de maestría que cómo es posible que eso no lo hayan aprendido en pregrado. Y durante cinco años decían que cómo es posible que eso no lo hayan visto en secundaria. Ya te imaginarás que ahí se preguntaban que cómo es posible que eso no lo hayan visto en primaria. Y que no faltó alguien preguntándose que cómo es posible que eso no lo hayan visto en inicial. Mientras la cadena se endurecía con cada repetición, miles aprendieron a priorizar lo que supuestamente no tenían en lugar de identificar y valorar sus saberes previos. ¡Rompe la cadena, colega! Cada clase es una oportunidad de compensar, de reforzar, de estimular el conocimiento. Poco importa en qué etapa tuvieron que hacerlo o quién debió ser el responsable de brindárselo. Siempre hay saberes previos y precisamente el trabajo docente radica en reconocerlos para luego planificar qué lograremos al final de nuestro breve camino. Le decimos bimestre, semestre, trimestre, pero al final todos pueden ser como un viaje. Y nunca somos los mismos al regresar de un viaje. 

El enfoque está en ti

“El enfoque de género no es nuestra prioridad”, dijo, con actitud pusilánime, el presidente de la república. Hasta parecía querer congraciarse con el Congreso, feliz de la vida de ver cómo se censuraba uno de los pocos logros alcanzados a nivel educativo en nuestro país. Sin mayor sustento que un jurásico sentido conservador y creencias meramente religiosas, insisten en utilizar el término “ideología de género” para estigmatizar aquello que no conocen, aquello sobre lo que no han leído nada. Y usted, colega, sabe lo que ocurre en las aulas. Sabe de los intereses de los estudiantes. Sabe muy bien que identidad, diversidad, machismo, violencia simbólica, disidencias, son algunos conceptos que los estudiantes manejan mejor que sus profesores. Usted sabe muy bien que mientras más censura se imponga, se hace más fuerte la capacidad de resistir. Usted ha visto las multitudinarias manifestaciones que por todo el país convocan sobre todo a jóvenes que tan solo reclaman el derecho a ser. La libertad de existir. Esa revolución del amor y la diversidad no se va a detener por una ley. La educación necesita del enfoque de género para combatir la violencia en todas sus formas y para aspirar a una sociedad con justicia e igualdad.

La única constante

Decía el historiador Yuval Noah Harari que el cambio es la única constante. Efectivamente, en estos tiempos de incertidumbre estructural, quizá la única certeza es la posibilidad de reinventarnos, de afrontar con resiliencia los desafíos de la nueva era. Mercedes Sosa lo cantaba hasta estremecer el alma: “Cambia, todo cambia. Y lo que cambió ayer tendrá que cambiar mañana, así como cambio yo en estas tierras lejanas”. Usted sabe muy bien que la lección ya no se repite, que hasta la palabra paporreta dejó de utilizarse. La transmisión de conocimientos se reemplazó por una transmisión en vivo en la que buscamos inspirar, estimular la curiosidad. La información puede aparecer ahora en la palma de la mano. Hay que motivar a buscarla con precisión. No basta con hacer un clic en la pantalla del celular. Hay que distinguirla en medio de la creciente ola de información falsa. Parece sencillo pero ese simple proceso podría salvar una vida. Cambia, todo cambia, colega. ¿Que no han escuchado a Mercedes Sosa? ¿Y si probamos poniendo música en clase? “Cambia lo superficial, cambia todo lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo”.

Colofón

Nos propusimos plantear un pentálogo y apenas vamos cuatro puntos. No fue un error, menos censura. Es que el quinto testimonio debe completarlo usted, colega. Así no solo dinamizaremos la clase, sino que fomentaremos el diálogo. Aprenderemos mutuamente. El ser humano evolucionó porque fue capaz de interactuar, de usar sus sentidos para dialogar, buscar el entendimiento que logre el bien común. Precisamente, por ser humano.

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(*) Sociólogo y docente universitario.

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EL 6 DE JULIO SE CELEBRÓ SU DÍA: Maestros del ayer, maestros de hoy, y su apostolado por la educación

Escribe: Juan Vejarano Vergara (*)
Edición N° 1259

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  • Destacando su trascendencia y aporte a la sociedad.

“Maestros, los de mis tiempos”, se suele decir para destacar la figura del docente de aula, aquel que contribuyó en la formación de sus estudiantes como personas de bien. Cada 6 de julio se resalta el papel del profesor en la ardua tarea de moldear al individuo en su esencia de ser, para construir sociedades más justas e igualitarias, sin discriminación alguna. Hoy, el maestro percibe mejores ingresos económicos, por tanto la sociedad está en todo su derecho de exigir una mejor calidad de enseñanza, con profesores calificados y capacitados. La gratitud por siempre a quienes nos forjaron y nos instruyeron para ser profesionales al servicio de nuestro país.

Desde que tengo uso de razón, siempre escuché decir que ser maestro en el Perú era un verdadero apostolado, por el sacrificio y entrega que desarrollaban en sus jornadas de clases para impartir conocimientos a sus alumnos; pese a que no recibían un adecuado salario acorde a esa inmolación en beneficio de la educación. Era la década del setenta y ochenta cuando cursé mi educación primaria y secundaria en un colegio público. Ciertamente era un apostolado, porque a pesar de sus magras condiciones económicas los maestros no se rendían, y más bien era como un acicate para que continúen en su brega de formar buenos ciudadanos para el futuro, con valores y con discernimiento para enfrentar los retos de una sociedad cada vez más exigente y modernizada. Así de abnegados eran los maestros que tuve en mi formación escolar, su palabra infundía respeto, obediencia, y a la primera palomillada nos ponían en su sitio. Y si algún estudiante se quejaba ante sus padres por un fuerte llamado de atención del profesor o del director del plantel, el progenitor respaldaba la acción del maestro porque su figura encarnaba consideración en la comunidad. En mis tiempos era el señor MAESTRO, y no como ahora que ha devenido en el término abreviado y grotesco “profe”. Como se dice popularmente: “Maestros, los de mis tiempos”, que con su estilo y personalidad imponían autoridad en el aula.

Las personas de mi generación podrán dar fe de la calidad de educación que recibimos en las aulas, el colegio del Estado era muy bien visto por su plana docente, era lo mejor que había (sin desmerecer a los buenos colegios privados de la época). Con el correr de los años esa excelencia lamentablemente no se supo mantener por responsabilidad directa de los gobiernos de turno, que se negaban a incrementar el presupuesto para el sector Educación o lo hacían a cuenta gotas, y en otros casos modificaron el currículo escolar a su antojo hasta minimizarlo a su máxima expresión (eliminaron cursos esenciales para la formación del alumno o terminaron por fusionar varios de ellos), especialmente en la dictadura de Alberto Fujimori. En la década del noventa la figura del maestro fue disminuida y maltratada, el régimen de Fujimori los asoció con el terrorismo (pertenecer al Sutep era sinónimo de ser “terruco”), y en el tema económico sus sueldos se vieron impactados tras el fujishock de 1992. En esa década se puso en marcha un proceso de privatización de la educación, a través de una estrategia de liberalización del servicio educativo y la promoción de la inversión privada en ese sector, lo que propició la aparición de institutos particulares de formación magisterial sin un control ni calidad, y se precarizó el trabajo docente en el sector privado. Al maestro no se le dio el sitial que le correspondía por su labor trascendente en la sociedad.

El profesor Sigfredo Chiroque en su blog “Educación Esperanza”, señala que la devaluación del sueldo magisterial en la década del ‘90 fue la más importante que sufrió en los últimos 46 años, si se toma como punto de partida 1965 que es el año en que el sueldo de los profesores alcanzó su punto más alto (gobierno de Fernando Belaúnde). Chiroque señala que el sueldo de los maestros se devaluó en 52,9% entre 1990 y el 2000, lo que resultó catastrófico porque ya se venía de un quinquenio trágico: el primer gobierno de Alan García 1985-1990, donde los sueldos, por la hiperinflación causada por la desastrosa política aprista, se redujeron considerablemente. El poder adquisitivo del promedio de los docentes cayó en 15.8% en ese gobierno. Los maestros se hicieron más pobres. “Lo mismo sucedió durante el segundo gobierno aprista (2006-2011): el poder adquisitivo de los docentes cayó en alrededor del 10%, siendo condenados a una mayor pobreza”.

Mejoras importantes

Si bien el sueldo de los maestros ha mejorado sustancialmente en los últimos años, todavía no es el ideal para garantizar un proceso educativo continuo. Actualmente un profesor nombrado de la primera escala magisterial con jornada de 30 horas percibe S/ 2,500 y S/ 4,750 en la sétima escala; mientras que los docentes con jornada de 40 horas ganan entre S/ 3,333 y S/ 6,333 en la sétima escala. En tanto, la remuneración de los docentes contratados se fija en S/ 2,500 y S/3,333, de acuerdo a la jornada laboral de 30 y 40 horas pedagógicas, respectivamente. Estas medidas han permitido elevar el piso salarial del magisterio en los últimos seis años, pasando de S/ 1,555 (2016) a S/ 2,500 (2022), lo que representa un 60% de incremento. Bajo este contexto, la sociedad tiene todo el derecho de exigir una mejor calidad de enseñanza, con profesores calificados y capacitados en técnicas pedagógicas y en las nuevas tecnologías de la información, que sean proactivos y dinámicos en su desarrollo profesional. Y desde el Estado, que haya una distribución equitativa de los recursos (no solo mirar a la escuela urbana, sino dar su espacio a la escuela rural) para lograr la igualdad que tanto se pregona.

Es innegable que hoy en día la educación privada en general le ha sacado varios cuerpos de ventaja a la escuela estatal; pero es obligación de este gobierno, y de los futuros, generar las condiciones necesarias para que la educación pública -no solo a nivel escolar, sino también universitaria- garantice una formación integral de los jóvenes que en un futuro próximo tomarán las riendas del país. La UNESCO define a la educación de calidad en términos de igualdad; es decir, no por la cantidad de estudiantes, sino por aspectos de desarrollo cognitivo más elevados. En tanto que la UNICEF promueve principios que garantizan igualdad de oportunidades y el acceso a la educación en todos los niveles, además de fomentar políticas de protección de los derechos del niño, de la mejora de la calidad educativa incentivando la inversión del Estado y la eliminación de todas las formas de discriminación.

Se dice que la educación es un arte; “un arte de formar hombres, de construir sociedades y de edificar el futuro. Y ese arte tiene en el maestro a su figura estelar, porque éste tiene la tarea de formar al individuo en su esencia de ser y así preservar la civilización”. El maestro asume su profesión desde la perspectiva de que la educación es ante todo una acción de convicción y no solo el hecho de acceder a una plaza laboral. Por eso se demanda que el desempeño del profesor esté al servicio de la sociedad como un fundamental formador de hombres. Un maestro tiene la habilidad de ver más allá de las personas y encontrar las capacidades escondidas en cada uno de nosotros. “La profesión docente es la más distinguida, consagrada y de decisiva acción sobre lo que se conoce como el cometido social. De allí que la responsabilidad del docente no tiene comparación con ninguna otra profesión, por su determinante misión e influencia en la preparación del hombre”. La apreciación a la labor del maestro ya era evidente en el antiguo Perú, en tiempos del Tahuantinsuyo los amautas o sabios eran respetados y venerados por instruir a los hijos del Inca y de la nobleza.

Esta estimación a la labor docente hoy en día debe ser imperecedera, debe trascender en el tiempo, por la responsabilidad histórica que tienen de sacar adelante el aprendizaje de nuestros estudiantes. El propio Estado tiene que empoderar a sus maestros, tiene que darles el sitial que históricamente les corresponde, porque su apostolado permitirá seguir formando generaciones de bien en circunstancias muchas veces adversas. Esto lo hemos visto en tiempos de la pandemia, donde muchos maestros han ido a sus comunidades a buscar a sus alumnos, para evitar que pierdan el año escolar. El notable educador y político, José Antonio Encinas, decía que “el más alto cargo que un ciudadano puede desempeñar en democracia es la de ser maestro de escuela”.

Gratitud y homenaje

Cada 6 de julio se celebra el Día del Maestro, porque un día como ese, en 1822, el libertador José de San Martín creó por decreto supremo la primera Escuela Normal de Varones, con el propósito de combatir el analfabetismo y equilibrar la educación que las élites limeñas recibían de Europa. Dicha institución es hoy la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta). Pero en esta importante fecha también se rememora la figura de Horacio Zeballos Gámez, quien encarnó una lucha permanente por la reivindicación del maestro en tiempos de la dictadura militar de Juan Velasco Alvarado y el gobierno de Fernando Belaunde. Se opuso a la reforma educativa impulsada por el régimen de Velasco, y a consecuencia de ello fue internado en el penal el SEPA, en 1973. Fue fundador del Sutep, siendo elegido su primer secretario general.

Antes de terminar estas líneas, quiero rendir testimonio de gratitud y reconocimiento a mis maestros del Colegio Nacional Abel Alva de Contumazá (Cajamarca), donde mi padre fue director por 17 años. Cómo no recordar a Nelly Castillo, Antero Vásquez, Elena Uriol, Jaime La Portilla, José Ríos, Nelson Tejada, Carola Pereda, María Chuan, Magna Rebaza, Soledad Alva, Nina Uriol, Víctor Florián, nuestro maestro de música, Luis “bemol” Castillo. También mi admiración a mi profesora de primaria, Manuel Florián Alva. Y como no mencionar a mis maestros de la UPAO, los extintos Eduardo Quirós Sánchez y Alfredo Valle Riestra, Luis Amaya Deza, Ana María Galloso, Margot Herbias, Luis Benavente, José Perla Anaya, José Matos, Atilio León Rubio, entre otros. Mi agradecimiento a todos ellos por sus enseñanzas, sus consejos para ser personas y profesionales de bien.

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(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Primer Vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.

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UN CASO PARA ANALIZAR: La candidatura de Carrasco Millones

Escribe: Jorge Chávez Pita (*)
Edición N° 1259

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El mundo al revés. Todo indica que al ex fiscal Juan Carrasco Millones, luego de haber sido un investigador perspicaz y aparentemente acertado para perseguir el delito, en un corto tiempo la codicia obsesiva de poder y su deseo compulsivo de ocupar un alto cargo público, le ganó, al parecer, vulnerando el impedimento para dejar de ser lo que fue y en forma exprés, aceptar ser el primer ministro del Interior del gobierno de Pedro Castillo Terrones y consecutivamente ministro de Defensa, recalando luego en el puesto de asesor de la cartera ministerial de Justicia y, para colmo de males, visitador noctambulo del despacho paralelo del hasta hoy presidente, ubicado en el pasaje Sarratea del distrito limeño de Breña. Es decir, hasta allí todo ha sido un fracaso y un fiasco sin justificación, todo ello producto de sus decisiones desacertadas y su falta de experiencia política – gubernamental.

La metamorfosis abrupta de Carrasco Millones, paradójicamente viene siendo un blanco perfecto para que actualmente se encuentre sometido al rigor de la justicia y al control político congresal, todo ello, por presuntamente ser uno de los integrantes de una organización criminal investigada por el ente del cual fue parte, como es el Ministerio Público, en razón de haber mantenido presuntamente reuniones clandestinas con Castillo Terrones en la casa de Sarratea, donde según la colaboradora eficaz Karelim López Arredondo, conjuntamente con otros personajes, se habrían tramado acuerdos revestidos de presuntos delitos como encubrimiento real y omisión de denuncia.

Dichos indicios razonables podrían determinar la comisión de actos corruptos cuando ejercía el cargo de ministro de Defensa. Esto ha servido para que la Comisión de Fiscalización del Congreso de la República haya decidido acusar constitucionalmente a Carrasco Millones y otros, por la presunta comisión de los delitos de organización criminal, negociación incompatible o aprovechamiento indebido del cargo, como así también tráfico de influencias y colusión. Recordemos también que, sobre Juan Carrasco Millones, pende una acusación constitucional por haber renunciado al cargo de fiscal de Crimen Organizado para ser juramentado como ministro del Interior al inicio de la gestión del actual mandatario de la nación.

La pretensión de ser gobernador

Luego de las fracasadas actuaciones de Carrasco Millones en los altos cargos públicos para los que fue nombrado, hoy en día pretende ser la máxima autoridad de la gobernación regional de Lambayeque, utilizando para tal fin como plataforma electoral a un partido político probablemente aliado al actual régimen presidencial, para lo cual haciendo uso de un discurso de telenovela repetida y nada convincente, pretende bajo estas condiciones que el pueblo lambayecano que antes lo vio como el paladín de la lucha frontal contra la corrupción – hoy tan venida a menos - , lo elija como gobernador regional pese al deterioro recurrente de su imagen y a la falta de experiencia para ocupar un cargo de alta complejidad y mayor responsabilidad.

Máxime si en esta parte del país la precariedad moral de sus autoridades y la falta de experiencia en la gestión pública de los mismos - demostrada por cierto en la condición deplorable en la que se encuentra la región, - no le favorecen en cuanto ni siquiera le otorgan el derecho a la duda de que bien podría ser una buena opción de solución, no solo por su falta de experiencia, sino también por los serios cuestionamientos que hoy están recayendo en él.

¿Carrasco podría ser el próximo gobernador regional?

Realmente creo que no. La sumatoria de sus atropelladas decisiones, la mutación de su expertis profesional al lado incorrecto, no le suman, aunado a ellos, la mochila pesada que carga a cuestas, la falta del conocimiento para el manejo de la cosa pública y su falta de liderazgo político - gubernativo, no lo ayudan. No veo a un Carrasco Millones ocupando un cargo de tanta envergadura y compleja administración, cuando a la luz de los resultados en los cargos políticos gestores que le tocó ocupar, fracasó. Particularmente considero que no está preparado para ostentar el cargo al que postula. Para otra vez será.                

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(*) Especialista en Contrataciones del Estado.

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