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DECONSTRUYENDO EFEMÉRIDES: SALUDO A LA BANDERA

Escribe: Eloy Seclén Neyra (*)
Edición N° 1255

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Frío o calor, la bandera flamea en lo más alto de todas las instituciones públicas. Tal vez esa estampa fotográfica represente el ideal que les da sentido: la patria debe estar por encima de todos los intereses personales. Quien representa a la nación es ante todo un servidor público, y la voluntad de servir es ante todo un acto de amor. Elije servir al pueblo de todo corazón quien ha sido capaz de prepararse para ello. Es justamente esa preparación la que lo capacita para escuchar voces disidentes, para dialogar con honestidad. Sobre todo eso, honestidad.

A estas alturas, sin embargo, quizá ya todos entendimos que los cargos públicos son el botín que se disputa en cada elección presidencial. Que la inversión de cada campaña, presidencial, regional o municipal, se recupera generosamente con cada nueva gestión. Hoy somos testigos de cómo el aparato estatal ha sido copado por quienes ejercen el poder, ante el desolado reclamo de quienes lo ejercieron desde siempre y se ven inusualmente desplazados. ¿Qué bandera defenderán, realmente, los unos y los otros?

Doscientos años después, la bandera simboliza a la nación que funciona a través de instituciones. ¿Qué queda de aquel ideal? ¿El Tribunal Constitucional copado por un partido político? ¿La salud pública que muchos evitan porque podrían enfermarse más? ¿La SUNAT abusiva con los chicos y sumisa con los grandes? Cómo hablar de instituciones en un país donde nos adoctrinaron con la idea de que lo privado es mejor que lo público. Un país donde las sentencias dependen de tu apellido y contactos, como ha quedado demostrado, una vez más, con la ridícula condena de 6 años que el Poder Judicial acaba de imponer a Melisa Gonzáles Gagliuffi, responsable de la muerte de dos jóvenes estudiantes en la avenida Javier Prado.

Rojo y blanco son los colores de aquella bandera, aunque muchas veces pareciéramos una nación que reconoce solo el último. Si hasta la palabra “rojo” se convirtió en el peor de los insultos. Equivale a comunista, problemático, antisistema. En una y sin asco, terrorista. No dudaron en usar esos términos, y otros peores, los que difundieron en cuanto canal de televisión pudieron, los peores pronósticos de ser elegido Pedro Castillo como presidente. Ninguno se ha cumplido ni se cumplirá. Aquí seguimos, igual que hace un año. Ellos siguen hablando de fraudes, de una dictadura inexistente. Enarbolan una extraña bandera a la que llaman “Cruz de Borgoña”. Paradójicamente, se llaman a sí mismos “patriotas”.

La historia de ayer y de hoy

El 7 de junio de 1880, Bolognesi y su tropa reafirmaron la identidad nacional planteando los deberes sagrados que tenían que cumplirse hasta quemar el último cartucho. Ni usted ni yo hemos escrito la historia oficial. Tampoco la idealizaremos ahora, pero sabemos que aquel ideal existió. Hubo hombres y mujeres que fueron capaces de dar la vida por alguna idea de Patria. Pusieron su esperanza en un futuro donde aquel valor sea capaz de forjar la unidad. Precisamente aquello que tanta falta hizo en los aciagos capítulos de la Guerra del Pacífico.

Digamos, el Congreso, ¿qué deberes sagrados defiende? ¿Dónde están las leyes que, en base al estudio de la realidad sociopolítica de cada región, serán herramientas para mejorar sus condiciones de vida? Acaban de hacerse públicos audios donde María del Carmen Alva expresa abiertamente sus intenciones de vacar al presidente y hasta asegura contar con el apoyo de las Fuerzas Armadas (ya de las lisuras ni hablamos). Ningún periodista ha podido preguntarle por el tema. Muchos por sumisión y otros porque el acceso al hemiciclo sigue prohibido.

Nuestra bandera, a pesar de todo

Costa, sierra o selva, la bandera también acompaña al arte en todas sus formas. Ritmos del Perú, danzas típicas y folclore del Perú. Siempre del Perú. La peruanidad se expresa en la posibilidad de decir quiénes somos. No para exaltar jerarquías, sino tan solo para decir que existimos, que compartimos un destino común en este espacio de tierra donde transcurrieron nuestras pocas alegrías, capaces de ser mucho más que todas las tristezas juntas.

Ayer, hoy y siempre, la bandera resplandece con la contundencia del esfuerzo. No la elegimos, pero la amamos a pesar de todo. Hay una alegría de ser que el pueblo ejerce con honestidad. Como Bolognesi en Arica, tampoco nos rendimos. Hicimos y hacemos patria trabajando de todas las formas posibles. Lo que muchos llaman despectivamente informalidad tal vez sea lo que ha permitido que realmente sobrevivamos a todas las crisis. Solidaridad, reciprocidad, sabiduría de los ancestros. Todos valores de la nación con espíritu andino que somos.

Aquí y allá, la bandera. El Perú que hace un año fue capaz de decidir, con memoria y dignidad, que se negaba a ser gobernado por una organización criminal. Rojo y blanco. Sin fraudes ni trampas. Que sin ser la alternativa ideal, elegíamos este gobierno porque la opción fujimorista era resignarnos a ser un Estado fallido. Ellos mismos se han encargado, desde entonces, de demostrarnos sus verdaderas intenciones. No nos equivocamos al unirnos contra los mismos de siempre, los que no tienen bandera.

Si los dioses de la fortuna nos sonríen, la próxima semana veremos esa querida blanquirroja flameando en plazas y calles de todo el país. Todavía intimida un poco, pero quizá nos encontremos al calor del abrazo entre personas que solo comparten el hecho de ser peruanos. Defendamos esa alegría. Todos sabemos que el pueblo quiere goles y no golpes.

(*) Sociólogo y docente universitario.

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EJECUTIVO-LEGISLATIVO: LA MISERIA POLÍTICA EN SU MÁXIMA EXPRESIÓN

Escribe: Juan Vejarano Vergara (*)
Edición N° 1255

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  • Por donde se ponga el dedo salta la pus de la corrupción y de las incapacidades para gobernar el país.

Los dos más importantes poderes del Estado que gobiernan el país tienen una actuación política deplorable, con una espantosa incapacidad y ausencia de liderazgo para enfrentar los difíciles momentos en el ámbito político y económico. Ni Pedro Castillo ni María del Carmen Alva son dignos de ostentar la representación de 33 millones de peruanos, que pagan las consecuencias de ineptitudes e impericias, y de ambiciones personales por ganar cuotas de poder. Cerca del 70% de ciudadanos exigen se convoque a elecciones generales para salir de este empantanamiento político, que incluye no solo a Castillo y Dina Boluarte, sino al Congreso en pleno.

Hace más de cien años, el poeta y ensayista Manuel González Prada dejó una frase célebre para la posteridad: “El Perú es un organismo enfermo: donde se pone el dedo, salta la pus”, con la cual criticaba, sin ambages y de manera incisiva, a la clase política que gobernaba el país en ese entonces. Pese al tiempo transcurrido esa frase hoy sigue tan vigente como cuando el autor de Páginas Libres lo plasmó. Va directo a la vena de esta clase política -desacreditada y con un elevado desprestigio- que gobierna el país a través del Ejecutivo y el Legislativo; es decir, de los dos poderes más importantes del Estado. Según todas las encuestas, ambas entidades registran altos niveles de desaprobación (arriba del 80%), y sus titulares, Pedro Castillo Terrones y María del Carmen Alva, salen jalados con 70% y 87%, respectivamente. Ello evidencia que la ciudadanía está harta con la actuación pública de estos representantes políticos, que en estos diez meses de gestión han demostrado una espantosa incapacidad y ausencia de liderazgo en la conducción de los destinos del país. De allí que el pedido de adelanto de elecciones generales para salir de esta crisis institucional cada vez es más fuerte (el 70% de la población está de acuerdo con esta medida), porque consideran que con Castillo y Alva hemos tocado fondo, y si no hay voluntad política para superar esta difícil coyuntura, la situación puede tornarse muy peligrosa.

La ciudadanía no se siente representada por la actual clase política personificada en el Congreso de la República, porque las distintas bancadas legislan de espaldas a ese pueblo que dicen representar y aprueban leyes controvertidas, con nombre propio, en beneficio de grupos de poder económico, generando el rechazo unánime de los ciudadanos que miran con estupor cómo se traen abajo a la Sunedu y todo lo avanzado en defensa de la calidad universitaria, la elección de un Tribunal Constitucional a la medida de los intereses de líderes políticos investigados por la justicia, o el retorno al sistema parlamentario bicameral (Senadores y Diputados) aprobado por la Comisión de Constitución, pese a que la población lo rechazó de manera contundente en el referéndum de 2018. Los diferentes sondeos de opinión revelan que más del 50% de entrevistados señala que lo peor del Parlamento es que a sus integrantes no les interesa la gente y solo piensan en sus propios intereses o en favorecer a grupos empresariales y políticos; mientras que un porcentaje similar considera que lo más malo del actual Legislativo es la falta de gente preparada y competente, cuyas credenciales éticas y morales no son las mejores, de allí que por ambiciones y cálculos políticos hasta hoy no hayan podido reunir los 87 votos que necesitan para proceder con la vacancia de Pedro Castillo.

Una total decepción

Desde la década del ‘90 cada Congreso ha tenido su propia particularidad, ha escrito su propia historia -para bien o para mal- y a él han accedido personajes de dudosa reputación, con investigaciones fiscales y judiciales por diversos delitos de corrupción, o por tener vinculaciones con el narcotráfico, y con serias limitaciones a nivel intelectual y profesional (casos clamorosos se presentaron en las bancadas de Cambio 90-Nueva Mayoría, en Perú Posible el 2001, el Partido Nacionalista el 2011, Fuerza Popular el 2016). En los últimos 40 años hemos elegido parlamentos que han terminado siendo una total decepción, unos con más cuestionamientos que otros, la mayoría de los elegidos no ha dado la talla para el cargo; pero sí sacaron provecho de su estadía en ese poder del Estado para obtener réditos económicos, colisionando muchas veces con la ley. Ese ha sido un estilo de trabajo y de vida para muchos legisladores, que siempre se han creído los intocables aprovechándose de su controvertida inmunidad. La responsabilidad directa de esta podredumbre política es de los partidos y de los liderazgos magullados de los caudillos, pues son estas organizaciones quienes ponen en vidriera a los candidatos en cada elección, son ellos quienes determinan las listas finales para que el electorado escoja a sus futuros gobernantes. Por tanto, son ellos los responsables de la crisis política en cada periodo de gobierno. No es un dato menor que en los últimos 35 años, cinco expresidentes estén siendo procesados e investigados por delitos de corrupción. Uno está preso, otro se suicidó y un tercero está en proceso de extradición para ser juzgado en Perú. Una cosa de locos.

Para nadie es un secreto que el gobierno de Pedro Castillo es un fraude que provoca indignación y el repudio mayoritario de la gente, pues a once meses de gestión al parecer todavía no encuentra el norte de su administración y sigue sumido en su incapacidad e ineptitud, en su falta de criterio e inteligencia para gobernar este país con problemas muy complejos. Su desastroso mandato lo estamos pagando todos, porque el dignatario no demuestra liderazgo ni capacidad de reacción y de decisión para enfrentar situaciones delicadas como el alza de los productos de primera necesidad, con una economía que hace agua y afecta sobremanera a los que menos tienen. Incluso, ahora es investigado por la Fiscalía y el Poder Judicial por presuntos actos de corrupción en su gobierno, y lo sindican de liderar una organización criminal. Su exministro de Transportes, Juan Silva, está prófugo de la justicia, al igual que el exsecretario presidencial, Bruno Pacheco, y sus sobrinos implicados en el caso Puente Tarata. Castillo ha metido la pata desde el primer día de su régimen, ha incurrido en graves desatinos políticos que hoy le pasan la factura de la peor manera, como el no haber sabido elegir a las personas más adecuadas y con expertiz en el sector público que lo ayuden a administrar un país con tantas dificultades, sobre todo tras el ambiente convulsionado que dejaron las elecciones de segunda vuelta. Castillo ha demostrado en este tiempo no tener una pizca de estadista ni la locuacidad de un político, de allí su reticencia para no dar declaraciones a la prensa; todas esas debilidades personales han sumado para que su gestión sea muy frágil y endeble.

Alva y sus ambiciones

Castillo seguramente sí se merece ser vacado del cargo por todos estos antecedentes que lo sitúan como uno de los peores presidentes de los últimos tiempos. ¿Pero del otro lado qué tenemos? Un Congreso seriamente desprestigiado y carente de credibilidad que no sintoniza con las principales demandas ciudadanas, que aprueba leyes que favorecen a grupos de poder económico o a líderes políticos que están bajo la lupa de la justicia. Con una María del Carmen Alva con ambiciones desmedidas por ungirse la banda presidencial y con poses golpistas que encienden la pradera (por lo menos eso se concluye de los audios donde ella revela que tendría un plan para solo convocar a elecciones presidenciales más no generales, porque los congresistas no tienen por qué dejar sus cargos). Alva no es ninguna garantía democrática, es intolerante y no tiene el liderazgo que se requiere para salir de esta crisis política. Está bien que el Congreso haga el control político al Ejecutivo, pero tampoco puede generar escenarios arbitrarios que busquen desestabilizar al régimen, porque ello provocaría más incertidumbre e inseguridad de la ya existente. Por ello, para salir de este atolladero lo más sensato sería convocar a nuevas elecciones generales.

La clase política se tiene que adecentar con ciudadanos probos que miren a la política como un servicio a los demás y no para servirse de ella, se tiene que involucrar más a los jóvenes y profesionales que vean a la política como un medio para construir y consolidar la democracia, para fortalecer la institucionalidad y trabajar partidariamente en proyectos integradores e inclusivos. Se tiene que practicar una política de manos limpias, con ideologías definidas, cosa que no ha ocurrido en las últimas décadas donde ha imperado la informalidad, el transfuguismo, los negociados bajo la mesa para ganar cuotas de poder, lo que ha dado paso a la corrupción que se ha fortalecido y corroído a las instituciones del Estado. Nuestra clase política no ha madurado lo suficiente como para enfrentar los grandes retos que nos depara un presente marcado por la incertidumbre, y un futuro poco alentador para generar más confianza a nivel interno y externo. El periodista César Hildebrandt dice que “urge la necesidad de que dentro de la clase política exista una derecha moderna, que busque atender el reclamo de igualdad de oportunidades de la población, así como la construcción de una nación viable e integradora”. Esto es posible, sí; pero los grandes grupos económicos y los partidos que los encarnan en el Congreso no quieren perder todas las gollerías que les ha dado el modelo económico neoliberal en los últimos 30 años, en desmedro de las grandes mayorías que solo se han contentado con las migajas del sistema.

(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Primer Vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.

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CORRUPCIÓN Y CONSPIRACIÓN: AUDIOS QUE DELATAN

Escribe: Jorge Chávez Pita (*)
Edición N° 1255

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En un escándalo mayúsculo se han convertido los audios que en los últimos días vienen siendo propalados por diferentes medios de comunicación, los cuales, como misiles teledirigidos de uno y otro bando, vienen causando destrozos insospechados en las huestes de los dos poderes más importantes del país, poderes profundamente mediocres: Ejecutivo y Legislativo, quienes desde el inicio del actual régimen político gubernamental se encuentran en una contraposición sostenida, sin visos de solución.

La semana próxima pasada, hemos conocido la existencia de audios reveladores de ciertas tropelías trasnochadas e intereses particulares, uno de ellos confirmando: la entrega de “cien grandes”, al parecer US $ 100 mil, que le habría entregado el fructífero y locuaz lobista, hoy encarcelado Zamir Villaverde, al entonces ministro de la cartera de Transportes y Comunicaciones, Juan Silva, efectivizado en la reunión que habrían sostenido en los primeros días del mes de noviembre del año pasado, y del otro lado, escuchas de la voz impertinente de la presidenta del parlamento Maricarmen Alva desnudando su obsesión desmesurada de ocupar el sillón de Pizarro, cueste lo que cueste y de la manera que tenga que ser, es decir, maniobrando o manipulando para ello la operatividad congresal.

Modus operandi

Los audios con evidencias claras, uno es más gansteril que el otro, ponen al descubierto formas y modos para operar beneficios particulares en desmedro de los intereses del Estado y la estabilidad política del país.

Por un lado, el audio revelador de la existencia de una organización criminal probablemente liderada por Pedro Castillo, pone al descubierto cómo Villaverde le ofrece entregas de dinero mal habido – según lo escuchado – a un poco interesado receptor, a quien en todo momento llama “don Juan”, producto de las entregas parciales de coimas que deberían realizar ciertos contratistas chinos.

Por otro lado, escuchamos a la sagaz y envalentonada presidenta parlamentaria Alva, quien con autoridad y perniciosa actitud argumenta el tinglado maniobrado del congreso para lograr ocupar el más alto cargo de la nación y, que sus súbditos parlamentarios no se vayan, seguramente para que tanto ella y sus sequitos, sigan amamantándose de la teta del Estado, sin que para ello tengan que esforzarse en demasía.

La importancia de las revelaciones

Por un lado, el audio delincuencial con certeros elementos de convicción de la existencia de una organización criminal, nos muestra cómo se estructura y se consuma uno de los tantos hechos de corruptelas en el entorno presidencial - hoy cada vez más precario moralmente -, cuando aprovechándose del poder emanado por el pueblo que los eligió, como viles ladronzuelos y roba carteras de poca monta, se sustraen y reparten billetes de moneda extranjera sin desparpajo alguno, mientras que el otro, igualmente execrable, pone al descubierto cómo en un poder donde se fabrican leyes, se procesan artimañas y triquiñuelas para desestabilizar a un país que clama a voz en cuello “que se vayan todos”, para que la gobernanza sea moral y la legislación procedimental sea coherente con la realidad nacional que hoy nos toca vivir.

¿Seguiremos escuchando más audios?

Al parecer, la publicación de más audios de esta calaña, está calculada para salir progresivamente, por lo que se presume que conforme vayan siendo difundidos nos daremos cuenta que uno es más maligno que el que sigue, es decir, la política y la gobernabilidad del país penderá de que estos elementos auditivos conceptualmente criminales, no solo servirán para darnos cuenta de la mugre existente en el sistema político nacional, sino para medir los niveles de la mediocridad radical en el que se encuentra y, de esta manera, poner al descubierto sus instintos maquiavélicos que en ella impera.

Es por todo ello que debemos esperar que los anunciados audios de la verdad criminal, que se dicen irán saliendo por goteo, maquen el estatus quo de la estabilidad democrática y económica de la nación, hoy a punto de colapsar, sin perspectiva alguna de su pronta y acertada solución en tiempos de la extremada crisis que ya se percibe como tal.          

(*) Especialista en Contrataciones del Estado.

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