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EDUARDO RUIZ ROBLES: “LOS VERDADEROS PROBLEMAS ESTÁN INTACTOS, NO LOS HA RESUELTO NADIE”

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1076

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La ausencia de un verdadero proyecto nacional desde los inicios de la República hasta hoy, es, en palabras de Eduardo Ruiz Robles, el origen de los problemas atraviesa de la sociedad peruana, pues en 197 años el país no ha logrado revertir las marcadas necesidades que aún persisten entre sus habitantes, tanto en servicios como en oportunidades.

 

Ruiz Robles, educador por la Universidad Nacional de Trujillo y doctor en Educación por la Universidad Complutense de Madrid, ha vivido 40 años en España sin desligarse del quehacer peruano y, sobre todo, del de Lambayeque, su “primera patria”, como suele llamarla.

 

Ha retornado al terruño y – como señala – encontrado los mismos problemas de hace casi medio siglo, cuando las condiciones económicas eran menos auspiciosas y el país se encontraba en una severa crisis política, con un gobierno militar a la cabeza.

 

¿Qué ha sentido al retornar al Perú y encontrar una situación en la que el descrédito de las autoridades, la corrupción, la inseguridad y las necesidades insatisfechas de la población son pan de cada día?

Siento dolor y cierta tristeza volver después de 40 años y no encontrar un departamento y un país avanzado a la velocidad del tiempo histórico, como lo hacen otras sociedades del mundo que he podido conocer. Si hacemos una crítica a la realidad que he encontrado, desde que el Perú se constituyó como Estado independiente, hace 197 años, las llamadas clases dirigentes no han cumplido el rol director que la historia les ha designado. A lo largo de su historia, no han existido esos dirigentes que se hayan encargado de trazar un rumbo constructivo y edificante con miras a un desarrollo integral y de bienestar material e inmaterial.

 

Esas clases dominantes hasta hoy no han cumplido su rol y solamente han gestionado los asuntos del Estado en su propio provecho y beneficio.

 

Pero existe una responsabilidad compartida entre la clase dirigente y los ciudadanos de pie…

Sí, pero los ciudadanos de a pie, cuando nos constituimos como República en el siglo XIX, no tenían un nivel de conciencia y percepción de sus responsabilidades y derechos. Las constituciones eran de letras muertas. Por tanto, las clases dirigentes nunca estructuraron un programa serio de educación y formación de la conciencia social para que las clases medias y populares puedan adherirse a ese proyecto de progreso y desarrollo nacional, para que el bienestar fuera redistribuido con justicia y de manera equidad, llegando a todos los sectores de la sociedad.

 

Es cierto, hoy tenemos estos pésimos gobernantes y estos pésimos hombres públicos porque después de 197 años la sociedad no ha reaccionado para corregir radicalmente esta situación que es de vergüenza.

 

¿Es la educación la madre del cordero?

No creo que se trate solo del factor educativo y quiero hacer una precisión entre lo que es educar de manera sistemática a personas que están en edad escolar y lo que significa educar a la ciudadanía en general. No solamente nos ha faltado proyecto educativo para las aulas, sino que este es parte de un proyecto nacional con el que debía cumplir la promesa fundacional de la república peruana.

 

El historiador Jorge Basadre, dice en una de sus obras más conocidas que cuando se fundó la República, el estado independiente nació con el ideal de que todos los recursos naturales sean gestionados con responsabilidad y puestos a disposición de todos los distintos sectores de la sociedad y eso no ha sucedido. El bienestar material no ha llegado ni antes ni después.

 

Para mí, me resulta irónico y hasta un poco cómico cuando se dice: “Estamos en fase de crecimiento”. Se crece para algunos, no para el grueso de la población.

 

Un proyecto educativo no es suficiente, es parte de un proyecto integral en el que se le da bienestar a las personas y dentro de ese proceso de desarrollo, también debe educarse a la ciudadanía para que tome conciencia de su realidad y, sobre todo, ejerza el pensamiento crítico para aportar a la solución de los problemas y a la superación de este estado de subdesarrollo del que todavía no salimos.

 

Usted ha vivido 40 años en España y ha trabajado en la embajada peruana. ¿Qué percepción se tiene en el exterior del Perú? ¿Acaso aquella que se cree aquí de que este es un país ingenioso, talentoso y que se sobrepone a las crisis como lo hizo con el terrorismo, la hiperinflación o la dictadura?

El hecho de que tengamos que consolarnos, sonreír y mostrar rostros de felicidad, es algo que creo le corresponde a la conciencia social ingenua. Escuché en un programa televisivo, un mensaje que comparto plenamente: cualquier diagnóstico que podamos hacer en el Perú, en cualquiera de sus aspectos, solo invita al pesimismo. El pesimismo se alcanza cuando se descubre la verdadera realidad, dolorosa y problemática, pero que está muy bien encubierta.

 

A ello contribuyen los medios de comunicación y los ejes del poder constituido para que el país crea que es feliz viendo que una selección de fútbol clasifica a un torneo mundial o protestando para que uno de los futbolistas pueda integrar la delegación. No, por favor, eso no es lo fundamental del país.

 

Los verdaderos problemas están intactos, no los ha resuelto nadie. El intento que hubo hace 50 años, fue un proyecto frustrado.

 

¿El golpe de Juan Velasco Alvarado?

Fue un proyecto que no culminó. Es cierto que tuvo muchos errores y no fue una democracia como la entendemos; es decir, una democracia formal, representativa, sin contenido social.

 

Y sin libertad de expresión…

Y sin libertad de expresión como no la tenemos ahora. Yo afirmo que en la actualidad no tenemos libertad de expresión, porque las clases populares no la tienen debido al gran poder de los grandes medios de comunicación que solamente permiten expresar y sacar a la luz lo que conviene a la consolidación del sistema, pero ningún modelo económico alternativo al actual podría ser difundido ¡Ay! porque peligran los intereses creados.

 

¿Qué hacer entonces?

El Perú fue pensado y se reflexionó sobre nuestros problemas nacionales y además se buscó soluciones en épocas de pensadores como Víctor Andrés Belaunde, José Carlos Mariátegui, Haya de la Torre, etc. Se escribieron libros como “La realidad nacional”, “El anti imperialismo y el APRA” y “Los siete ensayos de interpretación de la realidad peruana”, que nos sirven como ilustres referentes.

 

El país ha cambiado sustancialmente porque actualmente es parte de un mundo globalizado. El estado nación ha caído en una crisis y hoy, por mucho que se nos diga que el presidente Martín Vizcarra y el Congreso de la República toman las decisiones, el pueblo peruano debe saber que esto es mentira.

 

Eso también se dio en otras etapas de la vida republicana…

Seguimos con los mismos lastres de la República Aristocrática, El Civilismo y la hegemonía oligárquica o la ruptura de 1969 con la reforma agraria de Velasco. Hasta hoy, los problemas de esas épocas siguen intactos. No hay bienestar para las clases populares y ni siquiera lo mínimo acorde a la dignidad humana. Lo primero a realizar, pues tenemos necesidad urgente de repensar el Perú, es saber que los problemas son nacionales pero que no pueden ser desligados de la visión panorámica mundial, porque las decisiones verdaderas no se toman en el poder ejecutivo del país.

 

Somos un país dependiente que forma parte de un juego de intereses internacionales en virtud del cual las decisiones se toman fuera de las fronteras geográficas del Estado Peruano. Si el Perú, con sus ramificaciones económicas y comerciales, está vinculado a un espacio más grande y determinado, tenemos que estar atentos a cómo vienen las órdenes desde fuera para saber realmente cómo se toman las decisiones en la soberanía nacional compartida. Existe dependencia económica y cultural.

 

¿Sugiere entonces romper con el Fondo Monetario, el Banco Mundial y las demás organizaciones que estructuran líneas de desarrollo para países como el Perú?

No podemos desligarnos de las instituciones internacionales pues somos la parte débil, lo que ocasionaría una serie de fenómenos económicos, políticos y sociales que se resume en desestabilización. Si se llega a ese estado aumentaría el desorden y la violencia, pues estaríamos ante una disposición por chantaje de poderes internacionales.

 

La gente que tiene formación tiene la responsabilidad de sentir que el Perú está en un momento en el que debe redefinir su espacio, su ubicación y su actuación en este mundo globalizado. Sabiendo cómo relacionarnos, podremos saber cómo definir las alternativas económicas, políticas y sociales sin importar si el avance es gradual o lento, pero que nos permita conseguir metas. Soy partidario de un cambio radical del modelo económico. La constitución dice que tenemos un estado social y democrático de derecho, pero no define la realización de políticas que se preocupan por estar al servicio de las minorías. Podremos reunirnos todas las veces y hacer diversas declaraciones, pero esto es más de lo mismo.

 

Después de Alfonso Barrantes Lingán la izquierda peruana no ha logrado mostrarse unida, el intento del Frente Amplio fracasó rápidamente, pero el país necesita de una fuerza que equipare a los partidos de derecha. ¿Cree que la izquierda actual está a altura de ese reto?

La izquierda se ha quedado huérfana de referentes ideológicos y políticos desde la caída del muro de Berlín. Ser de izquierda en el Perú no debería asustar a nadie ni debería ser motivo para que se le satanice. No significa poner bombas en plazas o dispararle a un alcalde. No significa practicar métodos de terrorismo. Ser de izquierda es estar dentro de las instituciones que transmitan mensajes para agitar las conciencias. Este movimiento en nuestro país también necesita agitar su conciencia ya que se ha contagiado de los mismos vicios y las mismas prácticas de la derecha en la manera de gestionar el Estado y sus instituciones. Por lo tanto, muchas veces se ve que no hay diferencia entre ambos movimientos. La izquierda debe practicar una ética superior, por encima de este clima pestilente denominado corrupción.

 

Perfil

Eduardo Ruiz Robles estudió primaria en su natal Ferreñafe y la secundaria en el Colegio Nacional de San José de Chiclayo. Cursó la carrera de Educación en la Universidad Nacional de Trujillo y Filosofía en San Marcos. En 1978 viajó a España gracias a una beca de estudios de doctorado en Educación en la Universidad Complutense de Madrid. Posteriormente siguió una maestría en Derecho Laboral.

 

Trabajó en la embajada de Perú en España durante 12 años y seis años en el Consulado Peruano en Madrid. Fue concejal y teniente alcalde en la ciudad de Galapagar.

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