En algún momento de nuestro existir, nadie se puede eximir de reclamar un derecho esencial, que es vivir con salubridad y con plena satisfacción del servicio prestado, por lo menos es lo que se reclama, con mayor preponderancia, cuando por la prestación brindada es pagada cíclicamente, a pesar que el servicio sea deficiente como es el caso de la Entidad Prestadora de Servicios de Saneamiento de Agua Potable y Alcantarillado de Lambayeque - EPSEL.
Durante la vigencia de esta entidad prestadora, lo que más ha logrado obtener son reclamos tras reclamos, no solo por el ineficiente servicio ofrecido, sino por las constantes alzas tarifarias mensuales, que sin sustento alguno, las diferentes administraciones han logrado percibir, por cierto, sin que la calidad de los servicios que ofrecen como únicos y privilegiados proveedores mejoren, convirtiendo su ineficiente prestación como un hecho normalizado, y por obligación y necesidad el usuario tiene que utilizar y pagar por ellos.
¿Hay derecho de protestar?
La Carta Magna prescribe que sí, indudablemente cuando los derechos ciudadanos son conculcados con arbitrariedad, el abuso de autoridad impera y, por qué no, cuando los organismos asistenciales del bien común dejan de lado su función con la finalidad de generar más ingresos que le permitan solventar planillas doradas, contratos de funcionarios ineficientes y cubrir los gastos operativos que demandan su precaria funcionalidad, que no resuelve nada y que agrava lo que ya anda mal, por eso y otras razones más ¡hay que protestar! y si el reclamo es recurrentemente por lo mismo, este se hace más preponderante, para decirle a quien encabeza y proclama que todo marcha bien, que del cien por ciento de lo que nos dice y ofrece, el cincuenta podría ser verdad, y de ese porcentaje la mitad tenemos que dudar.
El descredito grotesco
Con la licencia del caso, y apartándome en parte del contexto natural del presente artículo, tengo que protestar con extremada indignación por la manera en la que un funcionario de EPSEL se ha manifestado en un medio televisivo y radial, tratando de desacreditar a mi persona, diciendo que mal hago en reclamar si no soy ingeniero.
Este personaje pretende acallar mi protesta respecto a la mala y demorada ejecución del mejoramiento del colector de la avenida Víctor Raúl Haya de La Torre, por cierto muy cercana al lugar de mi residencia, diciendo que no soy lo que este señor supuestamente es y, como si bien me conociera, concluye con su alocución diciendo que protesto por mi mal genio, cuando los vecinos circundantes de esta obra desmadrada en su ejecución, día a día sufrimos la contaminación producto de las aguas servidas que por meses no logran evacuar.
Vuelvo al tema
Superado el incidente y arraigándome en el contexto del presente artículo, debo incidir que los servicios prestados por EPSEL, respecto al manejo de las redes que conducen las aguas servidas de Chiclayo y los distritos aledaños como son José Leonardo Ortiz y La Victoria resultan ineficientes e incontrolables en la mayoría de los casos, tal es así que, como una película repetida a diario apreciamos cómo las aguas desechables y contaminantes, que discurren por los sistemas por los que la entidad prestadora nos cobra mes a mes, se embalsan y se muestran con su color característico, lo que genera un espejismo de inmundicia.
Concluyo
Siendo EPSEL una entidad prestadora de servicios, que nada presta, sino cobra, el accionar funcional de la misma, históricamente ha sido y sigue siendo cuestionada, no solo por su aparato burocrático operativo y administrativo improvisado, sino porque es un ente que se ha estacionado en la mediocridad absoluta respecto al servicio que debe y tiene que prestar, máxime si por ello cobra y obliga a ser remunerado por un servicio de mala calidad y una ineficiente operatividad cuando se trata de reparar o mejorar los dos sistemas de redes que maneja, los cuales, si en buena cuenta son mejorados en un lado, en otros, las aguas siguen colapsando sin parar.
Eso es EPSEL, empresa que cobra por un servicio mal dado y si hay quejas, aplica la vieja ecuación de: “paga primero y después reclama”. ¿Hasta cuándo tanta ineptitud?
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(*) Especialista en Contrataciones del Estado.
Diez de las cuarenta y ocho muertes de civiles en las protestas en todo el país ocurrieron en Ayacucho, en un lapso de siete horas, el 15 de diciembre pasado. A partir del análisis de registros audiovisuales, documentos y testimonios, IDL-Reporteros reconstruyó cómo y de qué manera murieron 6 de las 10 personas fallecidas durante esa violenta jornada. Se trata de los ciudadanos Josué Sañudo, Edgar Prado, Clemer Rojas, Cristofer Ramos Aime, José Luis Aguilar Yucra y Leonardo Hancco.
Además, identificó los escenarios, la ubicación y los momentos precisos desde los que se produjeron los disparos y donde cayeron las víctimas. Pudo determinar que en los seis casos investigados los que dispararon fueron militares; así como quiénes estuvieron al mando del operativo militar.
Indagaciones fiscales
Días después de estos hechos, la fiscal Karen Obregón Ubaldo, de la Segunda Fiscalía Penal Provincial Especializada en Derechos Humanos, Interculturalidad y Delitos de Terrorismo de Ayacucho, inició una investigación para determinar cuál fue la responsabilidad de los jefes militares y policiales en los sucesos del 15 de diciembre.
Una de las primeras diligencias fue el recojo de evidencias en los puntos críticos de los enfrentamientos. El 17 de diciembre pasado, un equipo de la fiscalía recogió 18 casquillos de bala entre la avenida Ejército y la Vía de Evitamiento; y otros tres en la zona arqueológica de Conchopata. En la avenida Abancay y otros sectores aledaños al cementerio no se hallaron casquillos, aunque en días posteriores algunas personas se acercaron al despacho de Obregón para entregar los que habían encontrado la noche del 15 en esa área.
Dos días después, el 19 de diciembre, el equipo de Obregón visitó las instalaciones del cuartel “Domingo Ayarza” (ex Cabitos) y pidió el cuaderno de entrada y salida de armamento de las cinco unidades que conforman el fuerte. Cuatro de las cinco compañías entregaron sus cuadernos, donde figuraba la salida de decenas de fusiles GALIL el 15 de diciembre.
La única unidad que entregó información imprecisa fue la Compañía de Comandos Nº 2, cuyo jefe de almacén explicó a la fiscalía que ese día había tomado nota de la salida de armamento en hojas bond y no en el cuaderno regular. Esos apuntes son ilegibles.
La Fiscalía también tomó las manifestaciones de cuatro heridos de gravedad producto de los enfrentamientos, en el Hospital Regional de Ayacucho. Carlos Tineo Gómez recibió dos disparos en la pierna y en un testículo cuando se encontraba en las inmediaciones del cementerio a las 5 de la tarde. Cerca de ahí, Anthony Oré Espinoza fue impactado por una bala que ingresó por su pierna derecha y salió por su abdomen. Miguel Yucra recibió un disparo en la nuca, en la alameda frente al cementerio, y hoy está internado en el Hospital Arzobispo Loayza de Lima. Edilberto Hinostroza Ramos también resultó herido por una bala en la pierna y Daniel Cirineo Cierto recibió un perdigón en el pecho cuando, según su propio testimonio, estaba auxiliando a un herido.
De acuerdo con información entregada por el Ejército a la Fiscalía, el 15 de diciembre la seguridad del aeropuerto Alfredo Mendivil Duarte estuvo a cargo del teniente coronel Enrique Sampén Díaz. Bajo su mando, el suboficial de primera Jaime Díaz Huicho encabezó la patrulla a cargo de la torre de control del aeropuerto, el técnico de primera Javier Aparicio comandó la patrulla asignada al sector de Canaán (avenida Sao Paulo). La patrulla ubicada en la avenida Abancay y el cementerio quedó a cargo del capitán Víctor Grados Rivas.
A la fecha, ningún mando militar ha rendido su manifestación ante el despacho de la fiscal Obregón.
Tomado de IDL-Reporteros.
La ola de violencia que vive hoy el país no solo es responsabilidad de la clase política que nos gobierna, los ciudadanos de a pie también tenemos un grado de culpa en esta crisis, porque nosotros elegimos libremente a estos impresentables (congresistas y Ejecutivo) como nuestros representantes. Por ello, en cada proceso electoral tenemos que votar con absoluta honestidad, con criterio de conciencia y con sensatez, para no llegar al abismo de escoger entre el outsider, el mal menor o el antisistema, porque ya hemos sido testigos de la pobreza de sus gobiernos. Pero también se tiene que demandar a la clase política mayor compromiso en cada plebiscito, designando a sus mejores cuadros políticos; es decir, aquellos que tengan una hoja impecable de vida y una catadura moral a prueba de balas.
Hoy que miles de compatriotas se vienen movilizando en diferentes regiones exigiendo la renuncia de la presidenta de la República, Dina Boluarte, y el cierre del Congreso, lo que viene dejando una estela de muertes, destrozos a la propiedad pública y privada, y a un país medio paralizado en su economía, cabe preguntarnos si nosotros como ciudadanos no somos tan responsables de esta penosa situación, por haber elegido con nuestro voto a estos impresentables de los que ahora nos quejamos. Cada uno de los 24 millones de electores tenemos cierto grado de culpabilidad, por haber escogido a estas autoridades que son cuestionadas por su incapacidad e incompetencia para gobernar y legislar. Nadie puso al elector un revólver en la cabeza o lo condicionó para votar por determinado candidato, ellos lo hicieron libre y democráticamente, atendido al dictado de su conciencia, a sus principios y a su madurez como personas. Sin embargo, a la luz de los resultados nefastos y fatídicos que se registran desde que asumieron funciones el expresidente Pedro Castillo, primero; y luego Dina Boluarte, es evidente que nos equivocamos de cabo a rabo, y las consecuencias de ambos gobiernos inefables lo estamos pagando todos los peruanos, sobre todo las familias más pobres que ven con estupor y preocupación cómo se les esfuma de las manos el poco dinero que tienen por el alza constante de los alimentos y de los servicios.
Condición sine qua non
En distintos artículos siempre he recalcado sobre la necesidad de ejercer con suma responsabilidad nuestra ciudadanía en las elecciones, para no equivocarnos y lamentarnos cada cuatro o cinco años por la decisión que tomamos. Por ello, tenemos que votar con absoluta honestidad, con criterio de conciencia y con sensatez, sin odios ni revanchismos, para escoger a la mejor persona, a la mejor alternativa política que gobernará el país, una región, una provincia o un distrito. Tampoco hay que llegar a situaciones extremas donde tenemos que preferir entre el sida o el cáncer, como suelen decir los políticos (los casos más recientes han sido la segunda vuelta entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori (2021), entre Ollanta Humala y la Fujimori (2011), o entre Alan García y Humala (2006). Lamentablemente en los procesos de los últimos 35 años hemos llegado al abismo de optar por el outsider (Alberto Fujimori o Alejandro Toledo), el mal menor (García en su segundo gobierno, Pedro Pablo Kuzcynski o Keiko Fujimori), o el antisistema (Castillo y Humala). El outsider es alguien nuevo en política que emerge por fuera del sistema político, que figura en los últimos lugares de las encuestas; pero en determinado momento de la campaña toma impulso y sube hasta los primeros lugares. De allí en adelante no hay quien detenga su carrera. El mal menor, según el analista Carlos Meléndez, toma connotación más profunda por la escasez de identidades partidarias positivas, especialmente cuando hay un sistema de partidarios colapsados, como el peruano. “No se trata solamente de un voto estratégico, sino de la expresión de identidades negativas enraizadas en temores, odios y resentimientos que sobresalen ante la ausencia de adhesiones partidarias”. El antisistema, se refiere al candidato o movimientos políticos que se oponen radicalmente al sistema dominante, tienen un mensaje populista de cambios profundos en el Estado, aunque muchas veces sus propuestas caigan en saco roto, justamente porque el sistema dominante lo impide. (derecha conservadora y empresarial).
Mejor representación
Pero así como se reclama la máxima responsabilidad a la ciudadanía en las elecciones, también se debe demandar a la clase política mayor compromiso en cada plebiscito, designando a sus mejores cuadros políticos que los representen; es decir, aquellos que tengan una hoja impecable de vida y una catadura moral a prueba de balas, y no como ocurre actualmente que en las listas aparecen postulantes con cuestionamientos de orden ético y moral, investigados por casos de corrupción o con antecedentes penales (de esto ningún partido se salva). Todas unas joyitas. Ante un escenario tan deprimente el elector tiene pocas posibilidades de escoger y termina optando por lo peor, por personajes con limitada preparación profesional, incapaces de elaborar un proyecto de ley o tener una presentación digna durante los debates. La ciudadanía está harta con la actuación pública de estos representantes políticos, que en estos 17 meses de gestión han demostrado una espantosa incapacidad y ausencia de liderazgo en la conducción de los destinos del país (tanto Ejecutivo como Legislativo). La ciudadanía no se siente representada por esta clase política personificada en el Congreso, porque las distintas bancadas legislan de espaldas a ese pueblo que dicen representar y aprueban leyes con nombre propio, en beneficio de grupos de poder económico. De allí que el pedido de adelanto de elecciones generales para salir de esta crisis institucional cada vez es más fuerte (el 75% de la población está de acuerdo), porque consideran que hemos tocado fondo, y si no hay voluntad política para superar la difícil coyuntura la situación se seguirá tornando muy peligrosa.
El pasado también fue malo
Desde la década del noventa cada Congreso ha tenido su propia particularidad, ha escrito su propia historia -para bien o para mal- y a él han accedido personajes de todo calibre, con dudosa reputación, investigados por delitos de corrupción, por tener vínculos con el narcotráfico, y con serias limitaciones intelectuales. Como si no hubiéramos aprendido la lección, en los últimos 35 años hemos elegido parlamentarios que han terminado siendo una total decepción, unos con más objeciones que otros, la mayoría no ha dado la talla para el cargo; pero sí sacaron provecho de su estadía en ese poder del Estado para obtener réditos económicos, muchas veces colisionando con la ley. Ese ha sido un estilo de vida para muchos legisladores, que siempre se han creído los intocables aprovechándose de su controvertida inmunidad. Pero la responsabilidad directa de esta podredumbre política es de los partidos y de los caudillos sin liderazgo que han terminado banalizando y mercantilizando la política. Ellos son los responsables de las crisis en cada periodo de gobierno. No es un dato menor que en los últimos 35 años, cinco expresidentes estén siendo procesados e investigados por delitos de corrupción (uno de ellos se mató en plena investigación). Una cosa de locos.
Han perdido legitimidad
Este Congreso obnubilado por el poder ya no está a la altura de las circunstancias que el país demanda, sus ambiciones para no perder todas las gollerías que les da el sistema y la posición que ostentan temporalmente, les ha hecho perder la perspectiva para legislar en función de las necesidades insatisfechas de la mayoría de la población. Los representantes de la derecha conservadora y de la izquierda radical se resisten a dejar sus cargos, pese a que la calle ya los tachó y han perdido legitimidad ante sus propios electores. Este desprestigio se ve reflejado en las distintas encuestas que desaprueban a estos poderes del Estado, y demuestra que la población los detesta, ya no los quiere como sus representantes. Pero pese a esta realidad, ellos prefieren aferrarse a sus curules (y a sus 25,000 soles mensuales de sueldo) y que el país se siga desangrando y hundiendo económicamente. Nuestra clase política no ha madurado lo suficiente como para enfrentar los grandes retos que nos depara un presente marcado por la incertidumbre y la violencia, donde impera la informalidad, el transfuguismo, los negociados bajo la mesa para ganar cuotas de poder, lo que ha dado paso a una corrupción desenfrenada. Con este escenario sombrío el futuro del Perú es poco alentador. Por ello, es indispensable que los requisitos establecidos en la Constitución para ser congresista sean más rigurosos (reforma del artículo 90), como contar con estudios superiores y tener una hoja de vida impecable, sin cuestionamientos de orden ético, moral y judicial, porque ello garantizará una mejor producción legislativa.
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(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Primer Vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.
Nuestro país, lamentablemente sigue atravesando los mismos problemas de hace algunos años. Incluso, parece que cada vez se incrementan más. Ya se está haciendo habitual escuchar sobre protestas en las calles a cualquier hora del día, o el cierre de las principales carreteras que dan acceso a las ciudades, afectando así a las personas que viajan por trabajo o turismo.
La acumulación de todos estos problemas internos está generando escasez de alimentos, combustibles y artículos de primera necesidad, lo cual conlleva al incremento de precios por lo que conocemos como la ley de la oferta y demanda, perjudicando la canasta básica de las familias más necesitadas.
Situación de las empresas
Las empresas no son ajenas a lo que está aconteciendo. Vemos a diario que deben cerrar sus establecimientos por el temor al daño de su propiedad o al hurto de la mercadería, ocasionando que sus ventas disminuyan drásticamente, repercutiendo en la liquidez, solvencia y rentabilidad.
Los socios, tienen que idear distintos planes para lograr mitigar el impacto de la crisis multisectorial que estamos viviendo. Sugiero, por ahora centrarse en lograr recaudar la mayor cantidad de ingresos posibles, que les permita cubrir sus costos y gastos mensuales.
Para ello, recomiendo lograr implementar estrategias para retener a los clientes, de tal manera que tengan ingresos constantes y, de ser posible, buscar que nos recomienden para seguir generando ventas. En este sentido, detallaré algunos tips para lograr su fidelización.
El objetivo es fidelizar
Lo primero, el líder debe elaborar un instrumento de recolección de datos, que puede ser encuesta, focus group o entrevista. Sugiero la última, pues podemos interactuar directamente con los usuarios y conocer qué les gustó del producto. A su vez, obtener información del servicio y proceso de compra. Sin embargo, la elección de la herramienta a utilizar, dependerá del número de visitantes que tengamos. Si son demasiados, lo mejor sería utilizar la encuesta, debido a que ahorraríamos tiempo.
La segunda sugerencia es mejorar la interacción con los consumidores. Lo cual implica saber llegar a las distintas personas, para lograr compartir el mensaje correcto. Tener en cuenta la comunicación no verbal, pues muchas veces los gestos dicen más que las palabras. Asimismo, hay que escucharlos y darles la atención que les corresponde, pero siempre con un lenguaje positivo.
Otro aspecto que recomiendo, es generar confianza. Para lograrlo, tenemos que brindar la mejor experiencia de compra, lo cual incluye un buen producto; es decir, que supere las expectativas, atenderlo bien, ser sincero y decir las cosas claras, pues a las personas no les gusta ser engañadas.
Otro punto es definir y medir los indicadores de rendimiento del servicio al cliente, para conocer nuestras fortalezas y debilidades y en qué podemos mejorar. Del mismo modo, implementar una política de servicio posventa. Para ello, un integrante del equipo debe hacerse cargo de mantener contacto siempre con los compradores, ofreciéndoles promociones atractivas y valoradas. La finalidad es hacerlo sentir especial, y que es parte importante de la organización.
Por último, el emprendedor debe capacitar permanentemente a todos sus colaboradores y tenerlos motivados, para así lograr alcanzar sus objetivos y metas trazadas.
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(*) MBA, consultor, mentor y catedrático. Especialista en Gestión Empresarial e Innovación.