Hay quienes pueden contar mucho de la historia de Chiclayo a partir de lo investigado o revisado en la abundante y dispersa bibliografía existente, pero también quienes pueden narrarla con lujo de detalles porque han vivido muchos de los momentos relevantes y conocieron a los más ilustres personajes de la ciudad. Este es el caso de los nacidos justo cuando la “hija de Naymlap”, como la bautizó Alfredo José Delgado Bravo, cumplió el primer centenario de su creación política.
Ciudadanos que actualmente tienen 81 años de edad, nacidos entre 1934 y 1935, celosos guardianes de valiosos recuerdos de aquella pequeña urbe que fue Chiclayo hasta mediados del siglo pasado, con sus calles zigzagueantes y un alto sentido de vecindad, donde las familias se conocían entre sí y juntas impulsaban el desarrollo local.
Luis Miguel Arbulú Heysen nació el 24 de diciembre de 1934, a cuatro meses del primer centenario de Chiclayo, en el seno de una familia tradicional de raíces profundamente lambayecanas. Su padre fue el recordado médico del seguro social Agustín Arbulú Neira, y su madre doña María Rosa Heysen Incháustegui, exalcaldesa de Pimentel y hermana del mítico líder aprista Luis Heysen.
Su abuelo paterno, Miguel Arbulú González, fue alcalde de Chiclayo en la década del 30.
A Luis Miguel Arbulú se le conoce como “Cuquín”, apelativo que tiene – digámoslo así – connotaciones políticas e históricas. Sucede que durante los años de persecución aprista, su tío, Luis Heysen, compañero de Víctor Raúl Haya de la Torre, fue varias veces encarcelado y expatriado, pero siempre se las ingeniaba para retornar al Perú a trabajar en la organización del partido. Como era buscado por la justica recurría a diversos disfraces, ganándose el apodo de “Cuco”.
“Cuando yo nací mi mamá me llevó para que mi tío Lucho me conozca y cuando me cargó en brazos dijo: ‘Ah, este va a ser cuquín’. Con ese sobrenombre me quedé”, refiere Arbulú Heysen.
“Para mí es muy significativo no solo haber nacido en esa fecha, sino en esta ciudad, porque la crianza era no solamente la amistad, sino que había una familiaridad muy estrecha con los amigos”, rescata Luis Miguel Arbulú, quien estudió en el Colegio Nacional de San José en sus dos locales: el del antiguo convento de Santa María, y en el ubicado en la avenida Elvira García. Estudió bajo la dirección de Karl Weisse.
“Chiclayo de esa época, comparativamente a cómo es ahora, era de las cuatro calles. La ciudad terminaba en la plazuela Elías Aguirre, en el Parque Obrero y aún no se llegaba a la avenida Bolognesi. La casa de mi familia se ubicada en Lora y Cordero, donde después vivió el periodista José Abad Valiente. Hoy la ciudad ha cambiado muchísimo, logrando un crecimiento conurbano que la junta con Pimentel, con Pomalca, con Lambayeque y Reque. Es decir, configurándose como una metrópoli”, refiere.
FORMACIÓN EN ARGENTINA
La persecución política no le fue ajena a su familia y por esta razón tuvo que viajar a Argentina, junto a otros tantos jóvenes chiclayanos, para alcanzar una profesión. Así llegó a la Universidad Nacional de La Plata, de donde se graduó como arquitecto.
“Por razones políticas nosotros no estábamos en condiciones de presentarnos a las universidades peruanas y se hizo un esfuerzo familiar y nos mandaron a estudiar a la Argentina. La vida en Buenos Aires era mucho más barata que en Lima y con mejores condiciones de calidad, entonces muchos nos fuimos”, refiere.
A Argentina también había sido desterrado su tío Luis Heysen y otros connotados chiclayanos – recuerda – como José Vassallo Burga, que llegó a ser presidente ejecutivo del Seguro Social.
EL PALACIO MUNICIPAL
Regresó a Chiclayo en el 1964, durante el primer gobierno de Fernando Belaúnde, y para entonces la ciudad había cambiado. Se había logrado el ensanche de algunas calles como la Avenida José Balta y se había levantado edificios modernos.
Luis Miguel Arbulú pasaría a formar parte de la historia local al poco tiempo, cuando se inició la gestión para construir el edificio anexo del Palacio Municipal.
Por invitación del entonces alcalde de la ciudad, Gerardo Pastor Boggiano, el arquitecto Arbulú Heysen se hizo cargo del proyecto de ampliación del Palacio Municipal, concretándose el pabellón que da hacia la avenida Balta, donde actualmente funciona el Centro de Gestión Tributaria – CGT.
“El proceso de construcción fue rápido. Gerardo Pastor era un hombre muy ejecutivo, y como tenía respaldo político nacional le fue posible conseguir el apoyo necesario para completar el proyecto”, recuerda.
CIUDAD REPUBLICANA
Como arquitecto, refiere que Chiclayo en el contexto urbanístico del Perú, sobre todo de la costa, resulta tener una morfología atípica debido a que su origen no se debe a la fundación española, pero además porque no siguió el patrón que los conquistadores aplicaron en otras urbes como Trujillo, por ejemplo, bajo el esquema del damero.
“Chiclayo es una ciudad netamente republicana y se desarrolla en esa forma, con consideraciones netamente regionales. Lo que se puede destacar es que el proceso urbano departamental, con Chiclayo al centro, siempre ha sido muy dinámico y ahí están los distritos como testimonio”, menciona.
Entre los alcaldes más proactivos y con mayor visión de desarrollo recuerda, además de Pastor Boggiano, a Guillermo Baca Aguinaga, Flavio Núñez Ízaga y Arturo Castillo Chirinos. “En sus gestiones municipales fueron dándole a Chiclayo una base urbana muy importante”, destaca.
EN TREN AL COLEGIO
En sus años de adolescencia la mejor diversión era jugar fútbol con pelota de trapo en la plazuela Elías Aguirre. “Hubo una época en que mi familia se fue a vivir de manera permanente a Pimentel y entonces teníamos que venir al colegio, al San José, mañana y tarde en tren, nos bajábamos a espaldas del colegio (hoy prolongación Bolognesi) y entrábamos por atrás, y para regresarnos íbamos a la estación en lo que hoy es la calle Junín y tomábamos el vagón al vuelo. Lo que más nos gustaba era ir a jugar fútbol a la playa, porque éramos futbolistas. Llegué a formar parte del equipo Estudiantes de Pimentel, que estuvo en la primera división. Era mediocampista”, rememora.
Luis Miguel Arbulú se casó hace 45 años con doña Zuly Herrera Vargas, con quien tuvo tres hijos: Manuel Agustín, Rosa Patricia y Luis Miguel, todos ingenieros de sistemas.
Fue regidor provincial en las administraciones de Flavio Núñez y Guillermo Baca, de cuya gestión recuerda la organización del fórum “Chiclayo 2000”, en el que participaron entidades públicas y privadas para proyectar el crecimiento de la ciudad con el inicio del nuevo siglo.
“Las autoridades municipales tienen que hacer un esfuerzo político y humano para que Chiclayo y su gente rescaten ese concepto de ciudad de la Amistad. La municipalidad, su alcalde y sus regidores tienen que hacer un trabajo mucho más dinámico y profundo para contribuir a que ese concepto se mantenga, sea real”, reflexiona Luis Miguel Arbulú.
DE PUERTO MALDONADO A CHICLAYO
Nacida en 1935, Carmen Malatesta Vélez, llegó a Chiclayo hace 45 años, después de permanecer junto a su esposo, funcionario del Ministerio del Interior, en Huancavelica, Abancay y Chachapoyas.
“Chiclayo es mi segunda tierra, hace 45 años que llegué con mi familia”, señala doña Carmen, añadiendo que la primera vivienda en la que se asentó la familia estuvo ubicada en José Leonardo Ortiz, para luego radicar en el centro de la ciudad y posteriormente establecerse en la urbanización Remigio Silva.
“Recuerdo que antes todo quedaba muy cerca y no había que caminar mucho para ir a la Catedral a oír la santa misa. Tengo cinco hijos, todos ellos formados en Chiclayo. Mis hijas llegaron para estudiar en el Colegio Beata Imelda y por aquel tiempo aún no se había ensanchado la Avenida Balta, la calle era de un solo carril”, menciona.
Comenta que hace décadas las celebraciones por el aniversario de la provincia se caracterizaban por las retretas. “Como vivíamos en la calle 8 de Octubre podíamos ir a estas actividades, así como a las procesiones de la Inmaculada Concepción, patrona de Chiclayo, cada 8 de diciembre”, rememora.
Carmen Malatesta trabajó durante 27 años, sin recibir ningún tipo de sueldo, con el padre Juan Tomis Stack, a quien no solo ayudó en la labor pastoral, sino también dictando clases de costura y alfabetización.
“Era muy amigo mío, muy buena persona, un santo. Otro de los recuerdos que tengo de aquella época son los carnavales, se veía a la gente jugando en las calles. Una de mis hijas estudió en local adjunto a la Iglesia Matriz, donde funcionó el Colegio 226, y mis hijos en el San José”, señala.
Menciona como personajes de grata recordación a los prefectos Carlos Urbano Balarezo y Julio Armas Loyola, quienes trabajaron con su esposo.
“El trabajo municipal que más recuerdo es el del señor Arturo Castillo, con su obra el Paseo de las Musas. Para mí él ha sido el mejor alcalde de Chiclayo. Yo creo que lo que más le falta a Chiclayo es limpieza, la gente es muy desordenada, bota la basura donde le da la gana. Faltan valores y respeto a la ciudad”, enfatiza.
CHICLAYANO POR ADOPCIÓN
La vida de Teódulo Manuel Cubas Vásquez también está ligada a las últimas ocho décadas de la historia de Chiclayo. Hijo de Armando Cubas Silva y Lucila Vásquez, nació el 12 de abril de 1935 en la provincia de Cutervo, para llegar tres años después a radicar en la Capital de la Amistad. Chiclayo es su suelo desde 1938 hasta hoy.
“Cubitas”, como se le conoce,vivió hasta los 13 años en el barrio Barsallo, ubicado en la prolongación de la calle Alfredo Lapoint, antes Teatro. “Al interior de este barrio había una cancha de fútbol y se hacían toda clase de deportes desde el cachascán, pasando obligatoriamente por el fútbol, hasta la gimnasia. Era prácticamente el límite por el norte de Chiclayo. En el Parque Obrero había dos escuelas, una de varones y otra de mujeres. La escuela de varones tuvo como director al profesor Humberto Carranza Piedra; ahí estudió la transición grande y aprendió, junto a sus compañeros de carpeta, las cuatro operaciones básicas de las matemáticas. La escuela de mujeres se llamaba Imelda Ugaz de Villarreal. Por esos años se recuerda al profesor Mermejo”, rememora.
Culminada la transición grande pasó a estudiar a la Escuela 221, que se ubicaba al costado del hoy colegio Magdalena Sofía. Lo que hoy es el Grifo del Sindicato de Choferes, era en aquel entonces canchas de fútbol, así que después de clases todos los días iba con sus amigos a jugar fútbol, para después llegar hasta el Parque Principal a vender loterías como canillita. Diversión propia de la época era disfrutar de las aguas cristalinas de la acequia Cois.
Recuerda que por lo que hoy es la avenida Pedro Ruiz, límite del norte de Chiclayo urbano, que era conocida como la calle Miraloverde, llegaba por un extremo hasta El Porvenir y por el otro lado hasta Campodónico y el camal. En la prolongación de la avenida Balta, con intersección de la Pedro Ruiz, quedaba el conocido barrio Las Latas, por el material con el que eran construidos los techos y puertas de las precarias viviendas.
“A la zona del hoy Parque Obrero, por el año 1954, se le empezó a llamar Villa del Sol y contaba con su Iglesia que hasta hoy existe en la calle Leticia. También existía la Florería Genoveva, su chacra quedaba en El Porvenir. Al fondo de la calle Leticia, se encontraba un grifo de agua de propiedad del señor Jaramillo. Vendía el agua en pipas transportadas en una carreta jalada por una mula. En la prolongación de la calle Juan Cuglievan (Santo Domingo), estaban las pampas, lugar de reunión a partir de las cinco de la mañana de los comerciantes procedentes de Mórrope que vendían carbón y frutas”, relata con singular precisión.
Siguiendo con su descripción de la distribución urbana del Chiclayo antiguo, Cubas Vásquez refiere que donde hoy se ubica la Dirección Desconcentrada de Lambayeque quedaba el Estadio Santa Victoria y después se construyó de don José Aurich. “Por detrás de este estadio pasaba el ferrocarril con dirección a Eten y Monsefú, que transportaba azúcar y arroz de Tumán y Pomalca. Estaban cercanamente las calles Maravillas (Francisco Cabrera), San Marcos (Torres Paz), San Isidro (Manuel M. Ízaga) y San Sebastián (Av. Luis Gonzales)”, indica.
En el Chiclayo que él conoció en su juventud, la Pampa Chirinos, actual Residencial Pascual Saco, era donde funcionaba el taller de mecánica de Carlos García, muy cerca a los molinos Dall’Orso y Piedra. Luego estaba una granja de la familia Casareto y el resto eran terrenos baldíos.
Recuerda también la intersección de lo que hoy son las avenidas Balta Sur y Bolognesi había pampas y cerca ya existía el Colegio de Artes y Oficios, actualmente Politécnico Pedro A. Labarthe. Otro sector era el Barrio Chino, donde funcionaba una fábrica de ollas del señor Mazabel.
“En el centro de Chiclayo había dos parques. Uno grande que era el Principal y otro pequeño (Parque Cabrera), frente a la Sociedad Amantes de las Artes y de la Iglesia Matriz, al lado del Club de la Unión”, señala, recordando que la Catedral, aún inconclusa, tenía sus costados sin barandas y allí entraba a jugar fútbol con sus amigos y compañeros canillitas. La policía los corría todas las tardes.
“El Hotel Royal (hoy Ripley) lucía sus mesas en la vereda para los turistas extranjeros. Era un hotel caro. A un costado se ubicaba una institución llamada Orfeón, que entregaba desayunos a los niños todos los días. Este consistía en un jarro de avena, un pan y un plátano, y era costeado por la señora Artemia Woyke. A veces desayunaba allí cuando estaba vendiendo loterías”, comenta.
Anota que en lo que hoy es calle San José, al costado de la municipalidad, existían el cine Royal, la Panadería Rojas y la Casa Ford, de venta de autos. En la calle 7 de Enero se ubicaba la Caja de Depósitos.
“Donde hoy es la RENIEC era una pampa que se encontró tiempo circulada y frente, en la esquina, la farmacia del Parque del doctor Aita. Al costado de la Sociedad Amantes de las Artes se ubicaban tiendas de venta de radios, tocadiscos y bicicletas. Eran las tiendas del señor Mario Olazábal y del señor Carlos Castañeda, después alcalde. Estaba igualmente la Casa Landívar que vendía armas y municiones. En la esquina de Colón y Elías Aguirre, funcionaba un edificio del Seguro Social del Empleado”, describe.
En esos años de corta edad recuerda que también existía el Mercado Central. Saliendo por la avenida Balta, el Bar Italia del señor Socoliche y tres o cuatro hoteles; por la calle Vicente de la Vega (San Pedro) se encontraba la puerta falsa de Orfeón, el Bar Salud, unos locales del Colegio de San José, la Casa de Fotografías del Máximo Montero y una tienda de abarrotes de la familia Castro.
Por la puerta de Lora y Cordero (Santa Catalina), hacía llaves y reparaba relojes Carlos Deza. Al frente quedaba la fábrica de caramelos Productos Mayo, de propiedad del señor Méndez. También se ubicaban negocios de menestras y frutas al por mayor.
Por la puerta de Teatro funcionaba la Renovadora Malca y saliendo se encontraba como hasta hoy, el Teatro Dos de Mayo, el Bar Bolívar del señor Solís papá del dueño del restaurante Fiesta. “El Mercado Central era pequeño y recuerdo también a un señor Alvarado que reparaba relojes. No existían los distritos de La Victoria ni José Leonardo Ortiz. Ahí se acababa Chiclayo. No había desagüe, por eso la municipalidad tenía cisternas para el recojo diario de las aguas servidas”, refiere, añadiendo que una de las principales actividades de la ciudad era el comercio. “Se llevaban camionadas de mangos y gallinas a Lima”, anota.
VIDA JUVENIL
“Donde hoy queda el local de la Municipalidad, ex Mutual, quedaba el Coliseo Santa Rosa donde jugaban fútbol y otros deportes. Llegaban los circos. Luego se construyó la Plaza de Toros en lo que hoy es el edificio de la Gran Plaza y los dueños de Tumán costeaban las corridas. Luego la cerraron porque resultaban muy altos los impuestos. Al Estadio Santa Victoria llegaban equipos de fútbol desde Lima. En la ciudad había buenos equipos como el Association, el Espinal, Dinamo, Boca, San Lorenzo, Pucalá y José Pardo de Tumán. También se disfrutaba de grandes espectáculos con artistas extranjeros como Los Panchos, las Dolly Sisters cubanas, Rafael y otros; que se hospedaban en el lujoso Hotel Astoria”, rememora.
Teódulo Cubas comenta que la gente de Chiclayo se caracterizaba por la amistad y hospitalidad, sus carnavales y las fiestas de sus barrios.
“Para los carnavales no se trabajaba tres días. Se realizaban bailes en los clubes de fútbol, en los barrios. Salían las comparsas. Todos jugaban y nadie se enojaba cuando era mojado y pintado. Eran los días en que se hacían compadres a través de tickets y regalos, como hoy juegan al amigo secreto. De esos tiempos tengo varios compadres, varios ya fallecidos”, señala.
Recuerda que la Iglesia Matriz era muy bonita, con imágenes, lienzos y pinturas de incalculable valor religioso y cultural. Sus bancas bien cuidadas. Llegaban obispos y hacían misas junto con los sacerdotes.
“Cuando la demolieron bajaron sus campanas y estuvieron tiempo en la calle. Fue demolida en el año 1960, cuando era alcalde don Carlos Castañeda Iparraguirre, bajo el argumento de dar paso a la modernidad. Con esta demolición se dice que Chiclayo desapareció su propia historia”, lamenta.
EN LA MEMORIA
Entre los personajes de su tiempo recuerda al alcalde Carlos Castañeda Iparraguirre, a Juan Aurich, al médico Juan Aita Valle, al empresario Carlos Salem Kabar, al padre Pereda. También al José Soriano, arquero que jugó en Argentina, a “Tuta”, un hombre que pregonaba los espectáculos en la esquina de Balta y Vicente de la Vega; y a Adán Guillén, que vendía papas rellenas de sal y dulce por todo Chiclayo. También a Julio Armas Loyola y Enrique Woyke.
De las obras que más le impactaron en su juventud recuerda la ampliación del Palacio Municipal, la construcción del hipódromo y del Mercado Modelo (cuyos terrenos servían de campos de fútbol donde entrenaba el Juan Aurich), la remodelación del Parque Principal, la construcción del Coliseo Cerrado y en ensanche de las calles principales de Chiclayo.
respuesta de Fernando Alberto Velasco Arbulú el 2023-03-01.
Excelente entrevista con mi Tio Cuquin, todo un emblema de Chiclayo, yo soy el primer nieto del Doctor Jorge Alberto Arbulú Neyra.
respuesta de Olga Deydamia Arbulú Montenegro el 2018-06-05.
buenos dÃas muy buena entrevista a mi abuelo el Arquitecto Luis Miguel Agustin Arbulú Heysen, mi padre es su Primer hijo Luis Alberto Arbulú Guevara... buenos dÃas
respuesta de Luis Arbulu Gonzalez el 2018-06-04.
Buenas noches acerca de su entrevista a mi querido padre el sr. arquitecto Luis Miguel Agustin Arbulu Heysen quiero compartir con ustedes alguna informacion que no esta en su entrevista, mi padre se caso en la ciudad de La Plara con mi madre Aida Isabel Gonzalez cuando el aun estudiaba alla Arquitectura y con quien tuvo tres hijos legitimos Maria Idabel Arbulu Gonzalez (1962), Luis Benjamin Agustin Arbulu Gonzalez (1964 )y Martha Arbulu Gonzalez ( 1965 ) la cual nacio en Chiclayo , y se caso en segundas nupcias al fallecer mi madre Aida Isabel Gonzalez de Arbulu ( 2009 ) en Febrero del año 2010.....muchas gracias y buenss noches
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