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CHICLAYO: UN ANIVERSARIO PARA REFLEXIONAR

Escribe: Rosa Amelia Chambergo Montejo
Edición N° 957

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¡Qué grande es mi tierra!  Con esta exclamación, llena de orgullo y esperanza, empiezo estas líneas a manera de homenaje al 181° aniversario de creación de la provincia de Chiclayo, acto que se realizo el 15 de abril de 1835 mediante un decreto dado en Ascope por el General Felipe Santiago Salaverry.

 

Sin embargo, la historia chiclayana viene desde mucho más atrás, y tiene entre sus componentes la grandeza de las culturas Moche y Lambayeque, que hasta hoy asombran al mundo entero, y es lo que nos da aliento y fuerza para amar a nuestra urbe, que con todos los defectos que pueda tener, es nuestra casa, y como tal la amamos.

 

Los historiadores han escrito ampliamente sobre el origen pre-hispánico de Chiclayo. Es verdad: no tuvimos una fundación española a la usanza de ciudades como Lima o Cusco, entre otras, porque nacimos a partir de la creación del Convento de Santa María del Valle de Chiclayo, por parte de la Orden Franciscana y por los nativos de Cinto y Collique, a fines del siglo XVI.

 

“Chiclayo se fundó a la vera de un convento franciscano que antes de ello ya había empezado a divulgar por inmediatas tierras yungas la voz del Evangelio, la fraternidad de sus gentes sin distinción alguna y la necesidad, verdaderamente teológica, de ganar el pan con el sudor de su frente, las tres excelsas señales que han acompañado a esta ciudad a través de su Historia. No parece que haya en todo el Perú otra población con el privilegiado caso de haber nacido junto al amparo humano y la primera asistencia de una Casa de Dios. Es tan singular de advertirlo que, aunque para nosotros sea ininteligible, quizás encierre el porvenir que le aguarda. (…) Así, Chiclayo empezaba a caminar hacia el futuro que la convertiría en la ciudad de más potencia y personalidad en el norte del Perú”. Así lo escribió el gran historiador Jorge Zevallos Quiñones, en su clásico libro “Historia de Chiclayo, siglos XVI, XVII, XVIII y XIX”.

 

Está demostrado que la gestación de Chiclayo como ciudad estuvo ligada a la presencia de los primeros misioneros franciscanos que llegaron al Perú en 1532 y especialmente a los habitantes de los antiguos señoríos de Cinto y Collique. Zevallos afirma que  el Convento de Nuestra Señora de Santa María fue “la capilla bautismal” de Chiclayo. Lamentablemente fue demolida en 1960, para dar paso a una mal entendida modernidad, actitud que se ha mantenido en el accionar de algunas malas autoridades, que parece no tuvieron amor a esta tierra.

 

Los “papeles de identidad” de la historia virreinal y republicana de Chiclayo se conservan en lugares como el Archivo de Indias, el Archivo Regional de Lambayeque y el Archivo San Francisco de Lima, donde queda el testimonio de los nativos que obsequiaron el terreno para la edificación del convento franciscano, donación que fue aprobada mediante Real cédula el 17 de septiembre de 1585.

 

Así nació Chiclayo hacia finales del siglo XVI aunque su fundación política fue en 1835, que es la efemérides que recordamos en este aniversario. Por ello Chiclayo es una ciudad de espíritu republicano, modernista, donde el trabajo y no los títulos nobiliarios marcaron la pauta de su crecimiento. Aquí tratamos a todos sin distingos, por eso nos hemos ganado el título de “Capital de la amistad”.

 

Desde siempre, los chiclayanos se caracterizaron por su laboriosidad, alegría, espontaneidad.  El poblador chiclayano es amable y querendón, claro y sencillo, sin  dobleces, pujante y trabajador, sin aspavientos ni malabarismos, sin requiebros ni “disfuerzos”, como decían nuestros abuelos.

 

Pero si el chiclayano aspira a la simpleza de la vida, donde el trabajo, la familia y la fe católica son los pilares, también es cierto que tenemos serios problemas que todavía debemos resolver y muchos proyectos pendientes por desarrollar. Chiclayo, con todos los recursos culturales, naturales, arqueológicos, económicos y arqueológicos que tiene, no es un paraíso perfecto, pero tenemos todo lo que una ciudad desea para lograr un desarrollo sostenible y solo depende de nosotros.

 

Como chiclayana, creo que nuestra ciudad tiene todo para ser más grande y hermosa de lo que es. Pero la realidad también nos ha golpeado, con una serie de problemas, con factores negativos que casi nos llevan al desastre urbano. Muchos dicen que la culpa es de las autoridades ineficientes, pero pocos se atreven a aceptar que Chiclayo somos también cada uno de los ciudadanos que habitamos aquí.

 

Es verdad que la gestión edil anterior fue casi desastrosa y dejó una ciudad en ruinas, con emanaciones pestilentes, con desagües abiertos a vista y paciencia de los transeúntes. Y legó también una Municipalidad al borde del colapso económico, como toda la opinión pública conoce, y que los medios de comunicación en todo el Perú han expuesto en sus titulares.

 

Obras inconclusas, una ciudad sumida en el caos urbano, desorganización municipal, baja credibilidad institucional y serios problemas económicos que desde hace meses la nueva gestión edil se empeña en revertir. Y creo que todos los chiclayanos queremos salir del hoyo y resolver los principales problemas de la ciudad.

 

Aunque existe todavía la sensación de que en este año Chiclayo  “aún no termina de despegar ni consolidarse” y eso trae como consecuencia el que desde fuera se siga viendo a Chiclayo como “La Cenicienta” de las ciudades, a pesar de que de la enorme cantidad de recursos arqueológicos que posee, y ser uno de los destinos turísticos más anhelados por peruanos y extranjeros.  Sin embargo, ese ideal de hermosa “Capital de la Amistad” contrastaba el año pasado con una urbe pestilente, con obras de desagüe inconclusas a plena vista y olfato,  hacinada de ambulantes y con un municipio que estaba a la deriva.

 

El propio alcalde David Cornejo Chinguel lo reconoció en una entrevista a Expresión: “El año 2015 fue un año muy duro, difícil, complicado, por la herencia terrible, que todos conocemos, con la que recibimos la Municipalidad Provincial de Chiclayo”. Y creo que todos somos testigos de que fue así.

 

Todo Chiclayo debe recordar que hace un año la ciudad que apestaba, que olía mal. Por eso creo que sería mezquino no reconocer los logros y esfuerzos para lograr un Chiclayo limpio, ordenado, seguro, atractivo, sostenible.

 

Tenemos que retomar el rumbo, porque Chiclayo es una ciudad que vive del comercio, del turismo, de la hotelería, de la gastronomía, de sus recursos arqueológicos. Y mantener esa sostenibilidad en el tiempo implica cuidar medio ambiente, concientizarnos en que cada uno somos los mejores embajadores de la ciudad.

 

Este aniversario, hay que ponernos la mano en el pecho y reflexionar sobre lo que queremos ser como ciudad dentro del panorama nacional. Tenemos todo para ser la primera ciudad del Perú.

En este 181 aniversario vamos todos a reflexionar a conciencia.

 

 respuesta de Milagros. Manayay Villar el 2021-05-25.

Me gusta todo lo descrito y lo reafirmo.ya que conozco al profesor como docente y como ser humano.El es una de las personas que a hecho que hoy en dia tome la decisión de estudiar docencia.Se que ahora todo estäà complicado para mi y confío en que a pesar de todo lo voy a conseguir y espero en breve poder decir "ahora puedo enseñar y compartir no solo conocimientos también experiemcias y valores"

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