A medida que se acercan las elecciones regionales y municipales, las calles, plazas, redes sociales y medios de comunicación comenzarán a llenarse de rostros, mensajes, promesas y propuestas. Los candidatos buscarán convencer al electorado y cada organización política intentará mostrar por qué merece la confianza de la ciudadanía.
Pero en medio de esta intensa campaña electoral hay una pregunta que todos deberíamos hacernos: ¿estamos realmente informándonos antes de decidir nuestro voto?
Porque elegir a una autoridad no debería ser un acto impulsivo ni una decisión basada únicamente en quién tiene la campaña más grande, el mayor número de seguidores, más publicidad o mayores recursos económicos.
Informarse antes de decidir
En tiempos electorales, la información está al alcance de todos. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ofrece herramientas oficiales para conocer a los candidatos, revisar su trayectoria y acceder a información que puede contribuir a una decisión más responsable.
Pero informarse no significa únicamente saber quién es el candidato. También implica escuchar sus propuestas, compararlas y preguntarse si realmente son viables. ¿Responden a los problemas de la población? ¿Plantean objetivos concretos? ¿Son compatibles con las competencias de la autoridad a la que aspiran? ¿Pueden ejecutarse con los recursos disponibles? Y, sobre todo, ¿existe capacidad para hacerlas realidad?
No debemos quedarnos únicamente con el discurso, la publicidad o la promesa de campaña. Hay que contrastar lo que ofrecen los candidatos y analizar qué tan realistas, pertinentes y sostenibles son sus propuestas.
Porque gobernar no consiste en prometerlo todo. Gobernar significa establecer prioridades, administrar responsablemente los recursos públicos y convertir propuestas viables en resultados concretos para la población.
Por eso, antes de votar, no miremos solamente el afiche: miremos al candidato y evaluemos sus propuestas. La campaña puede mostrar una imagen; la información, la trayectoria y las propuestas permiten conocer mejor a quién estamos entregando nuestra confianza.
Más dinero en campaña no significa mejor candidato
Una campaña electoral con mayor despliegue económico puede generar más publicidad, presencia en medios, paneles, eventos y actividad en redes sociales. Sin embargo, la capacidad de invertir en una campaña no es sinónimo de capacidad para gobernar.
El dinero puede ampliar la visibilidad de un candidato, pero no garantiza experiencia, capacidad de gestión, honestidad ni compromiso con la población. Por eso, el elector debe mirar más allá del tamaño de una campaña y preguntarse quién tiene las mejores condiciones para administrar los recursos públicos y responder a las necesidades de su comunidad.
La libertad de elegir implica responsabilidad
El voto es libre y cada ciudadano tiene el derecho de elegir según sus convicciones. Nadie debe imponerle por quién votar. Pero esa libertad también exige responsabilidad, porque nuestra decisión no tendrá consecuencias únicamente individuales.
Quien resulte elegido administrará recursos públicos y tomará decisiones que afectarán a nuestro sector, pueblo joven, distrito, provincia o región. Por eso, antes de marcar la cédula debemos pensar no solo en lo que podemos recibir durante la campaña, sino en lo que queremos para nuestra comunidad durante los próximos años.
Ser libres para elegir significa también informarnos, comparar, analizar y asumir las consecuencias de nuestra decisión.
Votar también es evaluar la integridad
Elegir una autoridad no consiste únicamente en escoger a quien presenta las propuestas que más nos gustan. También implica evaluar quién está detrás de ellas y qué garantías ofrece para ejercer una función pública.
La trayectoria, conducta y antecedentes de un candidato no deberían pasar inadvertidos. Debemos preguntarnos quién es, cómo se ha desempeñado anteriormente y si ha demostrado respeto por las normas, transparencia y compromiso con el interés público.
Una propuesta puede resultar atractiva, pero también debemos mirar la conducta de quien pretende hacerla realidad. La confianza no debería construirse solo sobre discursos y promesas, sino sobre hechos, trayectoria y principios.
Una autoridad administrará recursos que pertenecen a todos y tomará decisiones que pueden marcar el futuro de una comunidad. Por ello, la integridad debe ser una condición fundamental para ejercer la función pública. Al votar no entregamos solamente una preferencia electoral: entregamos confianza y otorgamos poder para gobernar en nombre de todos.
Necesitamos autoridades con solvencia moral
Una sociedad que aspira a mejores gobiernos necesita ciudadanos capaces de exigir mejores autoridades. No basta con prometer grandes obras; necesitamos personas con capacidad de gestión, principios y solvencia moral para ejercer el poder público.
Quien gobierna debe entender que administrar recursos públicos significa administrar recursos que pertenecen a la ciudadanía. Por ello, debe estar dispuesto a actuar con transparencia, rendir cuentas, responder por sus decisiones y mantenerse alejado de prácticas que puedan comprometer la confianza pública.
La lucha contra la corrupción también comienza en las urnas. Elegir con información y valorar la integridad de los candidatos es una forma concreta de contribuir a construir gobiernos más transparentes y responsables.
En definitiva, no necesitamos solamente candidatos que sepan ganar una elección; necesitamos autoridades que sepan honrar la confianza que la ciudadanía les entrega.
(*) Politólogo.
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