Sube!

OCHO DE CADA DIEZ: La cara oculta del empleo joven en Chiclayo

Escribe: Daniela Santander Alva (*)
Edición N° 1465

  comentarios   

En Chiclayo, cada vez más jóvenes están consiguiendo trabajo. Según el INEI, entre 2024 y 2025 la cantidad de ocupados de 14 a 24 años en la ciudad creció 10.8 % (de 42 900 a 47 500 personas), la tasa de actividad juvenil pasó de 42.7 % a 45.7 % y el desempleo joven cayó de 16.1 % a 13.5 %. En apariencia, el mercado laboral joven mejora.

Pero conseguir trabajo no es lo mismo que conseguir un buen trabajo. Chiclayo se coloca entre las nueve ciudades con mayor informalidad del país. La tasa de empleo formal llegó a solo 32 % en 2025, muy por debajo del 41 % que promedian las 27 ciudades que investiga el INEI. Este problema tiene una cara: los jóvenes. 8 de cada 10 jóvenes ocupados en Chiclayo trabajan en la informalidad —sin contrato, sin seguro, sin aportar a una pensión—. La cifra exacta es 82.9 %, que apenas se movió en un año (era 83.2 % en 2024).

Y a quienes sí logran un ingreso tampoco les está yendo mejor. El ingreso promedio general de la ciudad, S/1672 en 2025, es el segundo más bajo entre las 27 ciudades investigadas, solo por encima de Juliaca. Para un joven chiclayano, esta situación se acentúa. Un joven ocupado en Chiclayo ganó en promedio S/1072 al mes en 2025, casi igual que en 2024, mientras el ingreso de los trabajadores de 25 a 44 años subió de S/1726 a S/1821. Hoy, un joven chiclayano gana poco más de la mitad de lo que gana un trabajador de esa edad central: por cada S/100 que este recibe, un joven recibe S/59.

No es un problema aislado

¿Es este un problema exclusivo de Chiclayo? No del todo. En el conjunto de las 27 ciudades que investiga el INEI, la informalidad juvenil (77.2 %) es casi tan alta como en la ciudad. Y persiste pese a que existe una contradicción de fondo. Según un reporte de Hágase Instituto, casi la mitad de los jóvenes peruanos señala la falta de experiencia como su principal obstáculo para conseguir empleo, mientras 6 de cada 10 empleadores declaran que no logran cubrir sus vacantes. Los jóvenes quieren trabajar y las empresas quieren contratar; falta el puente entre ambos.

Ese puente no habría que inventarlo: el propio Perú ya probó, con el programa ProJoven, que capacitar a los jóvenes y colocarlos en prácticas dentro de empresas produce empleos formales que duran. Faltó escala y decisión política para llevarlo más allá. Con un nuevo gobierno definiendo su agenda laboral, la pregunta para Lambayeque ¿esta vez se va a usar la evidencia, o va a seguir otra generación de jóvenes chiclayanos trabajando más y ganando menos?

---------- 

(*) HÁGASE Instituto.

Deja tu Comentario