Ante la proximidad de un nuevo periodo de lluvias intensas y los efectos que ya viene generando el calentamiento de las aguas y las condiciones asociadas al fenómeno El Niño, el Perú enfrenta el desafío de fortalecer su capacidad de respuesta y, sobre todo, abandonar la práctica de actuar cuando la emergencia ya está presente. Así lo advirtió Neil Alata Olivares, especialista en evaluación y gestión del riesgo de desastres y docente de la Universidad Continental, quien sostuvo que, a estas alturas, el país debe concentrarse en preparar una respuesta organizada y eficiente.
Durante una entrevista con Expresión, Alata Olivares explicó que la gestión del riesgo de desastres comprende diversos procesos y que la estimación del riesgo constituye el punto de partida para adoptar decisiones adecuadas. Esta permite identificar y caracterizar los peligros, analizar la vulnerabilidad de la población y de la infraestructura expuesta y establecer niveles de riesgo.
“Lo más importante es la estimación de riesgo, que es el primer paso donde nosotros identificamos y caracterizamos el peligro”, señaló el especialista. A partir de esa información, explicó, es posible determinar cuántas viviendas, personas, carreteras, puentes y áreas agrícolas podrían resultar afectadas ante inundaciones, desbordes de ríos, lluvias intensas, huaicos o deslizamientos.
Esta información resulta fundamental para organizar una respuesta que no dependa de la improvisación. Conociendo previamente la población potencialmente afectada, las autoridades pueden planificar el abastecimiento de ayuda humanitaria y coordinar con las entidades responsables el restablecimiento de servicios esenciales como agua potable y alcantarillado.
“Con esa cantidad de población probablemente afectada y de infraestructura, preparo mis acciones”, afirmó Alata, quien remarcó que la estimación anticipada permite actuar con mayor rapidez cuando ocurre una emergencia.
El especialista estableció, además, una diferencia fundamental entre prevención, reducción del riesgo y respuesta. Evitar que la población se instale en el cauce de un río o en una quebrada constituye una medida preventiva. En cambio, construir defensas ribereñas o ejecutar trabajos de limpieza cuando existe un riesgo identificado corresponde a medidas de reducción o mitigación.
Sin embargo, consideró que el margen de acción frente al próximo periodo crítico es cada vez menor. “En este momento ya no hay tiempo, inclusive para mitigar. Ya hay que prepararnos para la respuesta”, sostuvo.
El Niño presente
Neil Alata señaló que los efectos asociados al fenómeno El Niño ya se manifiestan en diferentes zonas del país y no se limitan a las lluvias. En Lambayeque y Piura, por ejemplo, se perciben noches más cálidas y un incremento de la temperatura del mar que viene alterando las condiciones habituales de los ecosistemas marinos y afectando las actividades de los pescadores artesanales.
También mencionó impactos sobre aves y otras especies marinas, así como fenómenos climatológicos diferenciados en otras regiones del país. Por ello, sostuvo que El Niño no debe ser entendido únicamente como el episodio de lluvias que eventualmente golpeará a las ciudades costeras.
“Siempre digo, el Niño ya está sobre nosotros”, afirmó, al advertir que algunos de sus efectos ya son perceptibles y que el país debe asumir esta realidad en la planificación de sus acciones.
Prevenir de verdad
Uno de los principales problemas identificados por el especialista es la falta de oportunidad en la ejecución de las medidas de reducción del riesgo. Explicó que las obras deben planificarse y ejecutarse antes de la temporada de lluvias, cuando las condiciones permiten trabajar sin que las precipitaciones interrumpan o destruyan la infraestructura.
En ese contexto, destacó la responsabilidad de los gobiernos locales y regionales en el uso de los recursos destinados a reducir riesgos y vulnerabilidades. Expresión reveló que los 38 municipios de Lambayeque —tres provinciales y 35 distritales— registraron un promedio de ejecución de apenas 35 % de estos recursos hacia mediados de año, mientras algunos gobiernos locales no habían ejecutado presupuesto alguno.
Para Neil Alata, esta situación evidencia la necesidad de fortalecer las capacidades de quienes toman decisiones y administran los recursos públicos. “La gestión de riesgo es la gerencia de riesgo”, enfatizó, al señalar que los peligros deben ser identificados, valorados económicamente y comparados con el costo de las medidas que podrían evitar pérdidas mayores.
El especialista también subrayó que la gestión del riesgo no es responsabilidad exclusiva de ingenieros, arquitectos o especialistas en desastres. Economistas, administradores y profesionales de diversas disciplinas deben participar en este proceso, de modo que el conocimiento técnico pueda convertirse en políticas públicas, proyectos y obras.
Finalmente, cuestionó la idea de considerar los desastres como fenómenos naturales. “Los desastres no son naturales”, afirmó. Los fenómenos, explicó, sí son naturales; lo que convierte un fenómeno en desastre es la exposición y vulnerabilidad generadas por las decisiones humanas.
En ese sentido, hizo un llamado a respetar las áreas naturales de quebradas, ríos y laderas y evitar asentamientos en zonas peligrosas. “Respetemos el área que la naturaleza desea”, expresó, al recordar que la necesidad de vivienda no convierte cualquier terreno en un espacio seguro para construir.
Mencionó que la recurrencia de eventos como El Niño obliga a incorporar la gestión del riesgo como una política permanente, con planificación, presupuesto, conocimiento del territorio y decisiones oportunas.
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