La continuidad original de los bosques se ha interrumpido, rompiendo la frágil estructura de estos ecosistemas y alterando el equilibrio que siglos le tomó a la naturaleza construir. Latinoamérica en 2024 fue considerada el epicentro de la deforestación, en Perú la Amazonía pierde en bosque lo estimado a 6 campos de fútbol por minuto, y en Lambayeque es triste ver cada año la reducción de los pocos bosques que quedan y la insensibilidad del Estado y los actores políticos para su protección.
En un bosque no solamente está presente un conjunto de árboles, como la mayoría piensa, sino también la interacción de numerosos elementos que se relacionan y lo convierten así en un ecosistema. Los propios árboles, arbustos, hierbas, hongos, microorganismos, animales, relacionándose entre sí junto al suelo, agua, luz, etc. en un tiempo determinado modelan un escenario muy bien conocido, que a través del tiempo le ha servido al hombre como fuente de materia prima, de alimento, de medicina, de hábitat y de sus creencias más diversas.
Impulsores negativos del cambio
La necesidad del progreso y expansión humana ha llevado con el tiempo a un incremento del cambio de uso de la tierra, lo cual no es malo si se mantiene controlado, sin embargo, la experiencia en los países en desarrollo ha castigado duramente el entorno natural. La degradación de los bosques en el Perú tiene como principales causas a la tala indiscriminada, la gran minería, los incendios provocados, la agricultura masiva y migratoria, y la colonización irresponsable. En Lambayeque aún poseemos bosques nativos desde la franja costera hasta la zona andina, siendo estos últimos refugios de una importante y aún desconocida biodiversidad.
El Bosque Tropical Estacionalmente Seco (BTES)
Es cierto que el Desierto de Sechura domina toda la costa lambayecana, pero allí en ese clima tan agreste, donde casi no llueve, y ascendiendo hasta el piedemonte andino, está presente el BTES, siendo la especie bandera el “algarrobo” (Neltuma spp.) del cual se aprovecha su madera, pero también sus frutos, sin embargo, los extensos algarrobales de antaño están fragmentados, siendo posible apreciar esta continuidad original hoy solamente en algunas zonas como el Bosque de Pómac y La Otra Banda. Otras especies arrasadas por madera han sido el “hualtaco” (Loxopterygium huasango) y “guayacán” (Handroanthus chrysanthus) para parquet y el “palo santo” (Bursera graveolens) como incienso; y por agricultura intensiva son el sapote (Colicodendron scabridum) y faique (Vachellia spp.). Durante los eventos El Niño es impresionante observar el renacer de estos relictos de bosque como por ejemplo en la vía del Portachuelo de Olmos o hacia a Colaya o Penachí, bosques que por estar en pendientes escarpadas se “salvan” de la depredación humana. Otros BTES notables cerca al piedemonte andino son Laquipampa, Ñaupe, Moyán-Palacio, Coskef y algunas Áreas de Conservación Privada como Chaparrí.
El bosque montano
Este es el bosque húmedo, menos conocido y más frágil que tiene Lambayeque y que lamentablemente no tiene ninguna protección del Estado. Crece rodeando cabeceras de cuenca, en ambientes templados a fríos, desde los 2000 a 3000 m. aprox. siendo los más representativos los ubicados en Kañaris, Inkawasi y la parte alta de Penachí. Las amenazas visibles son la tala y los incendios provocados pro agricultura, donde especies como la palmera andina (Ceroxylon spp.) y los helechos arbóreos (Cyathea spp.) están desapareciendo cada año, las “cascarillas o quinas” (Cinchona spp.) parientes de nuestro “árbol de la quina” corren igual riesgo. La gran minería a tajo abierto se proyecta también con un gran impacto de deforestación, en los Andes lambayecanos.
Todo tiene consecuencias
En el ámbito rural el desequilibrio biológico por desbosque por ejemplo está ocasionando avistamientos inesperados de fauna en entornos humanos como el puma (Puma concolor) o el oso de anteojos (Tremarctos ornatus) que ven cada vez más reducido su hábitat, o los accidentes con serpientes venenosas en el BTES. La deforestación en cabeceras de cuenca altera el régimen anual hídrico, con graves estragos para la agricultura y consumo potable, asi mismo la mezquindad en iniciativas de “reforestación” con especies arbóreas introducidas (extranjeras) ralentizan o impiden la recuperación de los bosques nativos (el caso del boom pino-eucalipto). La pérdida de cobertura arbórea acelera los procesos de erosión y con ello los deslizamientos en época lluviosa especialmente en rutas viales. Todo esto contribuye inexorablemente al cambio climático. Por ello se recomienda una fuerte educación ambiental para la buena toma de decisiones a nivel local y departamental, y no esperar que la situación se complique y lleguemos hasta el “Punto de No Retorno” donde perderíamos los pocos bosques que aún tenemos en Lambayeque. Asi mismo se exhorta impulsar iniciativas de reforestación con la propagación de especies nativas, la conservación de germoplasma y la creación de áreas naturales protegidas que incluyan también a los bosques montanos húmedos.
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(*) Biólogo botánico; investigador RENACYT-Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo
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