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BEDER BOCANEGRA VILCAMANGO: Educar, investigar y escribir como acto de responsabilidad social

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1431

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Durante más de tres décadas, Beder Bocanegra Vilcamango ha construido una trayectoria académica que se sostiene en la docencia, la investigación y la escritura como ejes inseparables. Licenciado en Educación en la especialidad de Lengua y Literatura, magíster en Gerencia Social y doctor en Educación, su recorrido profesional refleja una vocación que se inició en la escuela pública y que hoy se proyecta desde la universidad hacia el debate nacional sobre el rumbo de la educación peruana.

Su historia docente comenzó hace 31 años en una escuela de Mochumí, cuando aún era evidente la precariedad estructural del sistema educativo. “Me inicié en la escuela pública, ahí aprendí a entender la realidad concreta del aula”, recuerda. Esa experiencia temprana marcó su mirada crítica sobre las políticas educativas y la distancia persistente entre los discursos oficiales y las condiciones reales en las que se forman niños y jóvenes.

Actualmente, Bocanegra Vilcamango es docente principal de la Facultad de Ciencias Histórico Sociales y Educación de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo, donde ejerce desde hace dos décadas. Investigador Renacyt nivel 5, ha publicado más de diez libros —literarios y académicos—, es conferencista internacional y creador de la estrategia pedagógica de La Chacana, una propuesta que ha comenzado a generar producción científica estudiantil incluso en revistas indexadas del extranjero. En 2016, el Estado peruano le otorgó las Palmas Magisteriales, máximo reconocimiento a la labor docente.

Un sistema educativo sin horizonte claro

Para Beder Bocanegra, la crisis educativa del país no es reciente ni coyuntural. A su juicio, el magisterio peruano careció durante décadas de un horizonte curricular definido. “Hasta antes del 2016 el magisterio no tenía claridad sobre un modelo curricular. El enfoque por competencias se implementó, pero hasta hoy no termina de ser comprendido ni asumido”, sostiene.

Desde su análisis, los avances han sido más normativos que reales. El tránsito hacia una educación basada en competencias no ha logrado consolidarse en las aulas, lo que deja un balance “relativo” y una deuda pendiente con la formación integral de los estudiantes. Esta situación, afirma, se agrava por la ausencia de una mirada técnica sostenida desde el nivel político.

“El problema educativo es el más abandonado”, señala con énfasis. Aunque algunos ministros han tenido formación académica, el componente político termina imponiéndose sobre el criterio técnico. Como ejemplo, menciona el caso Qali Warma, que considera “una evidencia desagradable” de cómo decisiones políticas afectan directamente la dignidad y la salud de los escolares.

Infraestructura precaria y negación del problema

El inicio de cada año escolar vuelve a poner en evidencia las mismas carencias: aulas deterioradas, falta de mobiliario, escasez de material educativo y sobrepoblación estudiantil. Para Bocanegra Vilcamango, el problema no es solo presupuestal, sino de negación de la realidad. “El Ministerio cree que ya no existen escuelas unidocentes o polidocentes, y sí existen. Cree que no hay sobrepoblación, y sí la hay”, advierte.

Esta desconexión entre diagnóstico y realidad explica, en su opinión, por qué las políticas de infraestructura no responden al contexto ni a la demanda. “El Estado no siente que sea su responsabilidad”, afirma. Como consecuencia, los colegios sobreviven en condiciones mínimas, reproduciendo inequidades que se arrastran desde hace décadas.

La universidad: inercia y repetición

Esa misma lógica, sostiene, se reproduce en el sistema universitario. Beder Bocanegra es crítico con el rol que hoy cumplen muchas universidades públicas, a las que describe como “colegios grandes”. Desde su experiencia, el énfasis en la investigación y en la producción científica sigue siendo precario, especialmente en las ciencias sociales.

“En el Perú hay más de 10 000 investigadores, pero solo alrededor de 320 escriben sobre ciencias sociales”, explica. La cifra, para él, revela una responsabilidad colectiva. “¿Qué hacemos los de ciencias sociales que no investigamos?”, se pregunta. La escasez de producción científica limita la generación de conocimiento y convierte a las universidades en espacios que repiten contenidos, sin cuestionarlos ni renovarlos.

La infraestructura universitaria, aunque mejor que la escolar, tampoco escapa a estas limitaciones. Menciona el caso de la Universidad Pedro Ruiz Gallo, donde los laboratorios y equipos siguen siendo insuficientes para el desarrollo pleno de competencias científicas. “No basta con implementar una vez; la tecnología exige actualización constante”, señala.

Liderazgo académico y vocación docente

Para el docente, el problema también tiene que ver con el liderazgo institucional. “En la universidad, muchas veces se relega a quien realmente puede dirigir”, afirma. Los intereses políticos, advierte, terminan imponiéndose sobre la meritocracia y la visión académica.

Su propio tránsito hacia la docencia universitaria estuvo marcado por una aspiración temprana. Formado en la Universidad Nacional de Cajamarca, Bocanegra soñaba con llegar a la cátedra universitaria desde joven. Ese objetivo se concretó en 2004, cuando inició su labor como docente superior. “Fue un reto enfrentar el sílabo, la dinámica con estudiantes que ya transitan hacia la autonomía”, recuerda.

Desde entonces, su concepción del docente universitario ha evolucionado hacia un modelo que articula investigación, creatividad e innovación. “Investigo y creo; sobre esa creación sigo investigando”, resume. Para él, esa relación es inherente a la labor académica y constituye una exigencia ética frente a los estudiantes.

La Chacana: investigar para producir conocimiento

Esa reflexión lo llevó a desarrollar la estrategia de La Chacana, una propuesta pedagógica que cuestiona el uso tradicional de los organizadores visuales. Bocanegra identifica un error epistemológico en la educación peruana: “Se enseñó a organizar información, pero no a generar conocimiento”.

La Chacana, concebida inicialmente para educación secundaria, propone nueve espacios de análisis, aunque el Ministerio de Educación solo incorporó cinco, dejando otros en blanco. Esa omisión fue el punto de partida de una investigación que culminó en la publicación de la “Chacana pregunta” en 2019, con difusión internacional.

Tras la pandemia, la estrategia migró a la educación superior y se orientó a la producción de textos académicos. El resultado ha sido significativo: estudiantes universitarios publicando en revistas indexadas de América Latina y Europa. “Tenemos jóvenes de primer ciclo que ya están postulando a revistas en Portugal”, comenta con orgullo.

Escribir para enseñar a escribir

Además de investigador, Bocanegra es escritor de literatura y de textos académicos. Alterna ambos géneros de manera deliberada, convencido de que escribir es una forma de responsabilidad social. “Vivimos en un país donde se lee poco, pero igual debemos dejar algo a las nuevas generaciones”, afirma.

Su producción —más de diez libros— no responde solo a un interés personal, sino a una coherencia pedagógica. “¿Cómo le digo a un estudiante que escriba si yo no lo hago?”, plantea. Para él, el ejemplo es una herramienta formativa fundamental.

En ese sentido, considera que fomentar la lectura pasa necesariamente por incentivar la escritura. “Si el estudiante redacta, va a leer consecuentemente”, sostiene. Por ello, impulsa que los productos académicos universitarios tengan como finalidad la publicación científica, fortaleciendo así el hábito lector y la formación crítica.

La literatura, en su visión, no debe ser solo narrativa, sino una forma de pensamiento crítico que dialogue con la realidad. Esa mirada se refleja en su próximo libro, La metáfora del poder y un Rolex de sarcasmo, una obra que aborda, desde la ironía y el análisis simbólico, el contexto político actual del país.

Para Beder Bocanegra, educar, investigar y escribir no son actividades aisladas, sino expresiones de una misma vocación. Una vocación que, desde Lambayeque, busca incidir en el debate nacional y formar generaciones capaces no solo de repetir conocimientos, sino de producirlos con rigor, creatividad y compromiso social.

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