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LEÓN XIXV LO ESCOGIÓ: EL SECRETARIO DEL PAPA TAMBIÉN ES CHICLAYANO

Escribe: Semanario Expresion
Edición N° 1400

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  • Se trata del padre Edgard Rimaycuna Inga, quien trabajó con él cuando fue obispo de Chiclayo.
  • Sus docentes del Colegio Nacional de San José y compañeros de clase lo recuerdan como alguien muy aplicado y sereno.

La alegría para los chiclayanos no acaba. A la elección de Robert Prevost como sucesor de San Pedro le ha seguido la designación -por obra del mismo papa León XIV- del padre Edgard Rimaycuna Inga como su secretario personal. Este sacerdote, hasta hace poco desconocido para los medios de comunicación internacional, ha sido noticia en los últimos días, pues se le ha visto acompañando al sumo pontífice en sus primeras apariciones públicas.

Al padre Rimaycuna lo une una estrecha amistad con el hoy papa León XIV, a quien conoció mientras se formaba en el Seminario Mayor Santo Toribio de Mogrovejo. Posteriormente, estos lazos se estrecharon cuando viajó a Roma para continuar sus estudios en el Pontificio Instituto Bíblico- según se cuenta, motivado por el entonces obispo Prevost- quien luego lo llamaría a trabajar a su lado como su secretario personal en la Diócesis de Chiclayo.

No pasó mucho tiempo, tras su partida a Roma de Robert Prevost en enero del 2023, para que el padre Rimaycuna haga lo propio. En octubre de ese año contó a través de sus redes sociales que había sido llamado por el ya cardenal Prevost para trabajar a su lado en el Vaticano. “Con nostalgia, pero con el consuelo de que me espera un amigo con el que seguiré trabajando para el bien de la Iglesia”, escribió.

Expresión quiso conocer más sobre la vida del padre Edgard Rimaycuna y fue a su colegio, el de San José, donde sus docentes y compañeros lo recuerdan.

El alumno aplicado

Segundo Carmen Juárez cuenta que le enseñó matemáticas en quinto grado de secundaria. El padre Rimaycuna formaba parte de la sección ‘C’ y en el último año sacó 18 de promedio general.

“Era un alumno dedicado, humilde y responsable. En ese entonces dictábamos una matemática bastante difícil, pero él captaba rápidamente. Recuerdo que se sentaba al medio, delgadito era, siempre empeñoso y comunicativo. Le deseo que Dios lo bendiga e ilumine siempre para que todo le vaya muy bien”, indica.

Por su parte, César Osores Llontop, profesor de literatura, destaca que el padre Rimaycuna era un alumno ejemplar, pues en sus cuarenta años que tuvo como docente solo una decena de alumnos logró sacar 20 como promedio final.

“Ha sacado las notas más altas en los dos cursos más importantes: literatura peruana en cuarto año y literatura universal en quinto. En cuarto su promedio fue de 20 anual y en quinto 18. Él era el jefe de equipo en sus exposiciones, era un alumno excelente. (…) Mis brazos siempre estarán extendidos para todos mis exalumnos, especialmente para ti, Edgard. Acá te estamos esperando cuando regreses. Ojalá Dios nos dé vida para darte un abrazo y llevarte a recorrer tu colegio”, indica.

Pero si hay alguien que lo trató más de cerca, al grado que su amistad trascendió las aulas y continúa hoy veinte años después, es la profesora Marilú Díaz Castro, quien en ese entonces le enseñó el curso de Persona, Familia y Relaciones Humanas.

“Era un alumno muy responsable, siempre recto de intención para actuar, con un espíritu colaborativo y de servicio, un líder”, recuerda la profesora Marilú Díaz, quien resalta que era un alumno muy educado, que siempre levantaba la mano y esperaba su turno para opinar.

Señala que, por lo propio del área, que tenía mucho de formación humana, sostuvieron una relación de amistad más allá de las aulas. Ella lo visitaba en el seminario y luego ya en la vida parroquial mantuvieron contacto frecuentemente.

“La última vez que lo vi fue antes de que se vaya a Roma, en el 2024. Desde entonces hemos mantenido comunicación telefónica, tenemos una muy bonita amistad. Al día siguiente de la elección del papa León XIV me comuniqué con él y me manifestó que estaba muy contento, aunque algo cansado de lo apoteósica que había sido la experiencia. Estoy convencida que nos veremos en Roma y acá en Chiclayo, como siempre”, menciona.

El compañero seminarista

Uno de los alumnos que compartió carpeta con él en ese quinto grado ‘C’, y se volvió su amigo, es Simón Cuyate Reque. Cuenta que estudiaron juntos desde primero hasta quinto de secundaria y se caracterizó por ser una persona muy tranquila y estudiosa.

“En el salón siempre estaban los movidos, los chacoteros, pero de nuestro pequeño grupo, porque éramos muy cercanos, era el más estudioso, aplicado, comprometido y responsable, pero lo que más he admirado de él es que ha sido muy custodio de su vocación”, recuerda.

Cuyate Reque menciona esto último porque ya desde quinto de secundaria su compañero Rimaycuna estaba en el preseminario. Era algo que no lo comentaba abiertamente y solo lo había contado a sus amigos más cercanos.

“En el colegio pasábamos buenos tiempos de amigos, en calma. Edgard era alguien de quien gustábamos estar porque era muy calmado. Sí, te podías reír con él, pero siempre fue un joven con quien podías conversar de todo. No lo recuerdo mucho en deportes, era más ese amigo con quien podías tener una charla bonita, calmada, alguien a quien pedirle consejos. La juventud mayormente a esa edad es más movida, difusa, dispersa, pero él a sus 15, 16 años, era seguro, templado, firme”, evoca. 

Tras salir del colegio, Edgard Rimaycuna continuó con su formación hasta ser ordenado sacerdote, mientras que Simón Cuyate estudió filosofía y teología. Esto los ha llevado a encontrarse varias veces en el ámbito pastoral, pues Cuyate continuamente da charlas en las parroquias.

“Él ya tenía estas aspiraciones, pero como buen custodio de su vocación era muy prudente. Su ordenación sacerdotal fue una gran alegría para mí. Mi labor como docente de Filosofía y Teología me ha llevado a dar charlas, talleres en diferentes parroquias, y cuando conversábamos veía en Edgard lo que siempre fue: un hombre de dios que expresa mucha calma y academicismo”, detalla.

Ya como sacerdote, recuerda que llegó a bendecir el oratorio del Colegio de San José, que junto a la profesora Marilú Díaz gestionaron. Fueron los alumnos de Simón Cuyate quienes hicieron las encuestas para justificar la construcción de un oratorio al interior de la institución, pues sí había alumnos que querían este espacio de oración con Dios.

Otra anécdota que recuerda es cuando le pidió apoyo al padre Edgard para que le impartiera la unción de los enfermos a la abuela de una amiga suya. “Lo llamé a él porque necesitaba a un sacerdote amigo y sabía que él no me iba a decir que no. Le dije: ‘Edgard, por favor, te paso recogiendo en el auto y vamos’. Fue un 7 de marzo en la noche, recuerdo. Le dio la unción y allí mismo ella partió. Le dije: ‘Edgard, tienes buena mano, porque le diste la unción y allí mismo fue al cielo’”, cuenta.

“Padre Edgard, sé que muchos cuando salió elegido el papa pensaron en su experiencia con monseñor Prevost, pero quienes te queremos pensamos en ti, porque sé que tú también debes haber recibido la noticia con ese corazón de amigo, porque es tu amigo. También has de haber llorado, te has de haber emocionado. No te he escrito porque sé que debes estar en muchas cosas, pero te sostenemos en oración, querido amigo”, expresa.

+NOTICAS:

La subdirectora de la I.E. San José, Milady Flores, buscó en el archivo del colegio sus notas y encontró que se graduó en quinto año con 20 en asignaturas como Ciencias Sociales e Idiomas Extranjeros. Su nota más baja fue 16.

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