El 29 de agosto el gobernador de la región Lambayeque, Jorge Pérez Flores, lanzó un discurso discordante con la realidad e inaceptable por su contenido descontextualizado, dicho sin prueba alguna, el cual pasará a la historia como un hecho execrable y manifiestamente lesivo para la democracia y la honra de las personas, a quienes la autoridad pretende acallar con adjetivaciones y amenazas dignas de un flemático dictador.
Con la locuacidad que lo caracteriza, Pérez Flores, haciendo uso y abuso de la autoridad conferida por voto popular, ha tildado con voz altisonante a cierta prensa, que por cierto no identifica, como “mermelera”, “corrupta” y “gansteril”, porque según lo manifiesta en su alocución, se estaba “atentando contra la institucionalidad del Gobierno Regional de Lambayeque” desinformando sobre una realidad tangible proveniente de una visita inopinada por parte del Ministerio Público a la sede regional.
La visita fiscal
Aquel aciago día 29 de agosto, la Fiscal Karim Ninaquispe Gil decidió ingresar al área de contrataciones del gobierno regional, con la finalidad de recabar información y solicitar documentación que le permitiesen esclarecer presuntos hechos irregulares acontecidos durante los procedimientos de compra de 150 patrulleros que la gobernación regional venía ya adquiriendo.
La actuación fiscal – según lo manifestó la magistrada -, se debió a la información que venía circulando en algunos medios de prensa, entre ellos la contenida en la anterior edición del Semanario Expresión, la misma que fue desarrollada sobre aspectos netamente técnicos, respecto a la irregular documentación contenida en la oferta presentada por el proveedor a quien se le dio como ganador del proceso llevado a cabo para la adquisición de 123 patrulleros.
El discurso sin contexto
El temerario discurso lanzado por el gobernador que mostraba sus carencias de respeto a la libertad de expresión como así también la honra de quienes la ejercen, adjetivándolos de una manera insana y etiquetándolos como viles actores gansteriles, quienes, según la autoridad, desestabilizan la gestión que por mandato popular él lidera y hoy es investigada por el aparato fiscal.
Lo que no dijo el gobernador
En definitiva, la voz altisonante del gobernador no dejó de llamar la atención por el fondo de sus argumentos y la forma de su manifestación, incluso con la Biblia en la mano emulando a una homilía extensa de una misa de domingo, atiborrada de feligreses de buena fe, pero en este caso, no fue así, ya que Pérez Flores, en ese momento desdeñable se mostraba enardecido mostrando su ira y su ímpetu dictatorial, pero del fondo del asunto no dijo nada. Es decir, de lo que se trataba era atacar al mensajero y dejar de lado el mensaje por el que tenía que responder.
Lo que tenía que responder
Sobre la versión de la fiscal Ninaquispe Gil, respecto a una de las motivaciones de su visita a la sede regional, cabía por obligación dar una explicación sensata y certera sobre la publicación desarrollada por Expresión, la cual sirvió como base para la actuación de la fiscal, tal como ella lo expresó. En ese contexto el discurso de odio y ofensivo dado por Pérez Flores debió ceñirse a fundamentar una explicación coherente, con formas sanas y respetuosas al orden democrático y a la honra y dignidad de las personas que escrutan su gestión, explicando con serenidad la motivación de la visita fiscal que al final resulta técnicamente formal.
Se equivocó gobernador
Sin duda, el tenor de su discurso y los fundamentos esbozados en el mismo, no resisten mayor justificación y más aún no son dignos de ser analizados en un contexto racional, máxime si este contiene aspectos fundamentales de la salvaguarda de un derecho fundamental de informar y ser informado.
En razón de ello señor, su irracional actitud discusiva cae en el vacío de la falta de coherencia y el respeto a los cánones morales y el orden democrático prevalente en la gestión para lo cual fue elegido.
La causa y el efecto
A la luz de las evidencias, la causa de la desatinada reacción de la autoridad gubernamental no se encuentra en la línea correcta de un estadista gubernamental. En contraposición de ello, el efecto ha sido y seguirá siendo devastador para el gobernador, cuando sin reparo alguno y con total desdén, se atrevió en esa noche empobrecida de racionalidad a lanzar improperios y deshonrar la majestuosidad de la libertad de expresión como derecho fundamental e inalienable en el orden democrático del país.
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(*) Especialista en contrataciones del Estado.
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