Sin duda, la costumbre de elegir mal nos pasa la factura cuando vemos que las autoridades que elegimos empiezan sus funciones con ánimos impetuosos, ofreciendo que de un sopapo todo lo no hecho, se hará y lo mal andado, se corregirá, para luego de unos meses de gestión, principalmente prometedora y discursiva, comience la retirada ocultada, los pretextos expansivos paternalistas, la delegación de facultades y por si fuera poco el señalamiento a sus antecesores para justificar su falta de conocimiento y los míseros resultados que la población empieza a percibir.
La presencia y las capacidades gestoras y ejecutivas de una autoridad juegan un rol preponderante en el aparato estatal, más aún cuando se trata de gobernar a favor del pueblo que la eligió y espera de ella un resultado con inmediatez propulsiva para solucionar las carencias inmediatas encontradas o, en todo caso, iniciar una gestión proba con honestidad y proactividad para conseguir el fin común que la mayoría propuso cuando impulsaron su candidatura hasta alcanzar la elección.
La realidad de hoy
Si bien es cierto, las sucesivas ocurrencias naturales sucedidas en los primeros meses de gestión de las autoridades electas, habiendo sido pronosticadas, desnudaron la falencia de cuadros técnicos y administrativos de las gestiones entrantes para enfrentar los dos fenómenos naturales ocurridos, esto ha dado lugar para que las autoridades reconformen los cuadros que ya venían mal y, en el transcurrir de los meses, hasta hoy, de algún modo u otro, so pretexto de oxigenar la gestión, induzcan a los funcionarios a tomar la decisión de renunciar, sin que para ello se haya previsto contratar y elegir bien al que tuviera que ocupar el cargo que permita mejorar la gestión. Todo ha sido estéril para lograr una aceptable gestión.
La evidente improvisación
La improvisación, es un signo determinante para eludir la responsabilidad por parte de las autoridades elegidas desde la asunción del cargo obtenido por voto popular, fundamentalmente para nombrar a los operadores de su gestión, lo cual se ve reflejado con la contratación al azar de ciertos funcionarios, quienes con el transcurrir de los días y meses se muestran tal cual son; es decir, ineficientes, faltos de experiencia y capacidad para desarrollar las actividades que demanda su actividad.
Como no se alcanzan los resultados esperados, las autoridades electas remueven constantemente a los funcionarios de baja calidad, lo cual permite colegir que desde que fueron elegidas, en muchos casos muchos de ellos no siendo idóneos para desempeñar el máximo cargo, no contaban con el personal adecuado para iniciar su gestión.
Con esos cambios, se ha designado a reemplazantes prácticamente al azar, que en la mayoría de los casos siguen siendo igual o peor que los anteriores, ocasionando la paralización y el desorden de las gestiones.
No hay tiempo que perder
Reza el dicho popular “el tiempo que se va ya no regresa”. Los días pasan, los meses discurren y el ejercicio fiscal anual va llegando a su final, pero las acciones y los resultados esperados y ofrecidos con total facilidad, no se muestran tal cual.
Muy por el contrario, la actitud discursiva de las autoridades y las promesas incumplidas se hacen cada vez más evidentes, no solo por la falta de capacidad, sino también por la escasez de ideas y la nula motivación de sus actos, que al final terminan perjudicando a la sociedad de cada una de las jurisdicciones, carentes, por lo menos, de servicios básicos que le permitan mejorar su salubridad.
No gastan lo que tienen y mal gastan lo que no deben
Para colmo de males, los presupuestos asignados para enfrentar la emergencia y ejecutar obras ya programadas no son gastados producto de la ineptitud de cada gestión y la excesiva tramitología, que no permiten cancelar a los proveedores por los servicios prestados durante el estado de emergencia decretado, lo que conlleva, en este caso, a enriquecerse como Estado, empobreciendo al proveedor, mientras los dineros asignados para gasto corriente son vilipendiados en adquisiciones superfluas, direccionando compras de bienes y servicios bajo acciones vedadas. Por eso y muchas razones más, la percepción ciudadana es que hay autoridades no nos sirven, por lo tanto, están demás.
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