Sube!

El reto de administrar justicia en el Perú

Escrito Rosa Amelia Chambergo Montejo (*)
Edición N° 1315

El 4 de agosto se celebra el ‘Día del Juez y de la Jueza’, fecha trascendental para quienes administran justicia en el Perú y en particular en Lambayeque. El homenaje de Expresión es para quienes cumplen a cabalidad con el desempeño de ser un ‘buen juez’, que no es otra cosa que ser y demostrar que es independiente e imparcial en el ejercicio de su función, que con su desempeño juzga con prudencia, es decir, con conocimiento de causa y del derecho. Tener conciencia social y un compromiso personal de forma continua en el ejercicio de su función.

De tal manera que un buen juez o jueza tiene que demostrar que es un buen administrador de justicia si tiene vocación de servicio. Ello significa que debe tener claro que su trabajo es, a fin de cuentas, solucionar los problemas –de relevancia jurídica– de las personas. Así, por ejemplo, cuando está en disputa un bien, el problema no es en realidad este, sino el perjuicio económico que su pérdida supondría para el litigante vencido.

El juez que tiene vocación de servicio comprende su verdadera función. Este es un paso previo para que asimile que su trabajo es servir al ciudadano de a pie que ha tenido que solicitar –como último remedio– tutela jurisdiccional. Cuando ello suceda notará, además, que su labor requiere de un compromiso real y especial con los ‘servidos’. Por el contrario, si la persona que accede a la condición de magistrado considera que es el Estado quien le debe servir, con los privilegios previstos para su cargo, el destino de su despacho que dirija será muy probablemente el fracaso.

Un buen juez o jueza debe ser empático. Ello supone ponerse en los zapatos del litigante. Sí, lo sé, es imposible, por la sobrecarga procesal, resolver los casos en los plazos legales, pero ello no implica de forma alguna que los procesos puedan estar indefinidamente sin solución o que esta última tarde más de lo razonable. Si el juez no comparte –siquiera en una pequeña parte– ese sentimiento de desesperación del litigante que lleva esperando largo tiempo por su sentencia, no podrá ser un buen juez.

Sin duda, un buen juez o jueza debe ser conocedor pleno del derecho. Como se sabe, existen conceptos, principios, normas específicas, que necesariamente deben estar en el radio de conocimiento de un buen juez. Este conocimiento no solo permitirá al juez motivar debidamente sus resoluciones, sino que además legitimará su investidura para con sus colaboradores. Y, no digo que deba ser un erudito, pero no podrá asentarse ante su personal como superior, y resolver debidamente los procesos, si no tiene una valla alta de conocimiento jurídico.

Y reafirmo, como lo he señalado en otras oportunidades que un buen juez o jueza tiene que ser proactivo. La carga procesal en un despacho es abrumadora, pero eso no es todo. Un buen juez debe tener la pericia suficiente para anticiparse eficazmente a aquellos imprevistos, como lo que ahora se viven por la emergencia sanitaria, donde la carga procesal es abultada. Es precisamente en esta circunstancia que hoy el Poder Judicial enfrenta una serie de adversidades en las que la población litigante exige que sus magistrados tengan iniciativa y capacidad para enfrentar problemas como los que estamos viviendo por el tema sanitario.

Un buen juez o jueza debe demostrar ser ordenado. Como diría el filósofo francés Denis Diderot: “Cuidado con el hombre que habla de poner las cosas en orden. Poner las cosas en orden siempre significa poner las cosas bajo su control”. Puede sonar exagerado, pero un buen juez debe ser casi un maniaco del orden. Sé que están danto esto (que un juez trabaja en orden) por descontado, sin embargo, he visto más de un caso en que el orden no es un valor tenido en cuenta.

Otra de las características que debe demostrar quien se considere un buen juez o jueza es tener carácter.  Un juez mediocre quiere ‘llevar la fiesta en paz’ con todos, ser el que siempre “da una mano”, buscará, por ejemplo, satisfacer con sus decisiones a los abogados que sabe luego lo evaluarán en el referéndum anual que organizan los Colegios de Abogados. Por el contrario, un buen juez solo se guía, al dirigir los procesos, por su sentido de justicia, sin importar si con las decisiones que resultan de este puede generar una enemistad o cualquier inconveniente con los amigos o conocidos que se verán ‘afectados’.

Sin duda un buen juez o jueza debe tener sentido común. Ello significa actuar de forma razonable. Había dicho líneas arriba que el conocimiento del derecho legitimaba la condición de líder del juez, pues esta condición también la refuerza cuando tiene una relación de trabajo correcta con sus subordinados, la cual no podrá lograr si se comporta como un tirano con estos, es decir, si no actúa de forma razonable con ellos.

En cuanto a los procesos, el sentido común tiene que ver con jamás permitir que lo decidido sea irrazonable. Imagino que piensan que ello no suele suceder, pues se equivocan. Los jueces positivistas –todavía los hay– suelen resolver sin considerar la razonabilidad –o ausencia de esta– que entraña lo decidido. Bueno, considero que mientras menos jueces positivistas tengamos, mejor le irá a nuestro sistema de justicia.

Finalmente, reafirmo que, si se es buena persona, se podrá ser buen juez o jueza. Los valores de cada magistrado son harto conocidos, no solo por la población litigante, sino también por la sociedad civil. Mis respetos a los jueces y juezas del país, y en particular de Lambayeque, que cuidan a su familia, que viven en la honestidad y transparencia con lo que ganan producto de su trabajo en la administración de justicia; con aquellos que leen y releen los expedientes, que solo confían en su conocimiento y hacen justicia por conciencia y que cuando la duda les asoma consultan con sus pares para un mejor resolver. A ellos desde Expresión mi homenaje y pido a Dios los bendiga en su noble misión. 

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