En pleno siglo XXI, la humanidad enfrenta una tormenta perfecta de amenazas sanitarias globales: el avance implacable del cambio climático, la degradación ambiental, y la aparición, y reaparición, de enfermedades infecciosas zoonóticas. Estos desafíos interconectados exigen algo más que soluciones aisladas: requieren un cambio de paradigma. Es así que, el enfoque “One Health” (Una salud) se presenta como una estrategia innovadora y necesaria, concebida para fomentar la colaboración interdisciplinaria entre la salud humana, animal y ambiental. Aunque el concepto no es nuevo, su evolución ha sido constante. Desde los orígenes con “Una medicina”, centrada en la interacción humano-animal, hasta “Ecosalud”, que integró el componente ambiental, el enfoque “One Health” actual propone una visión integradora y transformadora: un mundo, una sola salud.
El término “One Health” hace referencia a un enfoque integrado y unificador que tiene como objetivo equilibrar y optimizar de manera sostenible la salud de las personas, los animales y los ecosistemas. Es decir, reconoce que la salud de los seres humanos, los animales domésticos y salvajes, las plantas y el medio ambiente en general (incluidos los ecosistemas) están estrechamente vinculados y son interdependientes. Esta idea, aunque parezca moderna, tiene raíces profundas que se remontan a la antigüedad, filósofos como Hipócrates y Aristóteles, así como diversos pueblos indígenas, reconocieron estos vínculos. Más adelante, pioneros como Rudolf Virchow en el siglo XIX y Calvin Schwabe en la década de 1980 enfatizaron la conexión entre la medicina humana y veterinaria, sentando las bases del concepto contemporáneo de “One Health”.
Este término fue formalizado en 2004 durante un simposio desarrollado en el Rockefeller University Conference Center de Nueva York y organizado por la Wildlife Conservation Society, en dicho evento se promulgaron los “Principios de Manhattan”, 12 recomendaciones clave que sentaron las bases de “One Health”. A partir de entonces, la iniciativa adquirió una estructura organizativa, en 2009 se creó la comisión y, poco después, se estableció la Oficina “One Health” en los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). La adopción efectiva de este enfoque tiene el potencial de transformar la seguridad sanitaria mundial ya que no se limita a enfrentar enfermedades infecciosas emergentes y nuevos patógenos, sino que proporciona un marco para comprender y abordar amenazas existenciales como la resistencia a los antimicrobianos, la inseguridad alimentaria y nutricional, y el cambio climático.
Hombre y medioambiente
Una de las consecuencias más relevantes del enfoque “One Health” es la necesidad de reducir la presión humana sobre el medio ambiente, lo que constituye en sí mismo una intervención médica crucial. Un ejemplo paradigmático es la resistencia a los antimicrobianos (RAM), impulsada por el uso y mal uso de fármacos en humanos, animales y el entorno, así como por la circulación de bacterias y genes resistentes. En 2019, se estimaron 1,2 millones de muertes atribuibles y 4,95 millones asociadas a la RAM a nivel mundial, y según un estudio publicado en The Lancet en 2024 por Christopher J. Murray, estos podrían casi duplicarse para el 2050, especialmente a regiones como el sur de Asia, América Latina y el Caribe, con un 65,9 % de muertes en adultos mayores de 70 años. Pero la RAM es tan solo un ejemplo de la interdependencia entre salud humana, animal y ambiental. Estas conexiones se manifiestan principalmente en tres vías: la zoonosis, como el Ébola o el SARS-CoV-2, que evidencian el riesgo de transmisión de enfermedades entre animales y humanos; los impactos ambientales, donde la deforestación o la contaminación alteran ecosistemas y favorecen la aparición de brotes; y las prácticas agropecuarias intensivas, que pueden propagar enfermedades y acelerar la resistencia antimicrobiana, afectando simultáneamente la salud pública y la del planeta.
Los desafíos
Si bien la implementación del enfoque “One Health” es prometedora, enfrenta desafíos complejos que limitan su efectividad, especialmente en contextos marcados por desigualdades sociales y económicas. La pobreza, el acceso desigual a servicios de salud y las prácticas culturales influyen en la capacidad de respuesta de los países ante emergencias sanitarias, lo que hace evidente la necesidad de adaptar las estrategias a cada realidad local. Para ello, es fundamental contar con indicadores que reflejen estas dinámicas, como la vigilancia epidemiológica, el acceso a agua potable y saneamiento, y la calidad sanitaria en las exportaciones agrícolas, ya que estos permiten evaluar de forma más integral las capacidades nacionales para prevenir, detectar y responder a amenazas sanitarias. Sin embargo, más allá de estos aspectos estructurales, “One Health” también enfrenta desafíos operativos importantes: la colaboración interdisciplinaria sigue siendo limitada por desequilibrios de poder y falta de coordinación; la ausencia de estándares y guías comunes genera interpretaciones dispares del enfoque; el escaso financiamiento y la falta de políticas de apoyo obstaculizan su ejecución; y la escasa formación de profesionales en esta perspectiva reduce su impacto.
Por ello, para que One Health sea más que un ideal, se requiere un esfuerzo sostenido, adaptado y basado en evidencia, con una base política, financiera y educativa sólida. En este sentido, en 2022 se publicó el “Plan de Acción Conjunto Una Salud, 2022-2026 Trabajando juntos por la salud de los humanos, los animales, las plantas y el medio ambiente.” Que surge en respuesta a las solicitudes internacionales de prevención de futuras pandemias y de promoción de la salud de forma sostenible. Este plan de acción conjunta, describe el compromiso de cuatro organizaciones (FAO; PNUMA; OMS; WOAH) de promover y apoyar colectivamente la implementación de “One health”. De este modo, todo apunta que en los próximos años este enfoque guiará los esfuerzos para mejorar la salud global.
En la actualidad existen otros paradigmas que también intentan abordar de manera holística el problema de la salud global. Enfoques como la “salud planetaria” y “EcoSalud”, también promueven una visión integral e interconectada de la salud, pero desde perspectivas ligeramente diferentes. La salud planetaria destaca más la urgencia de abordar los problemas globales, como el cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad, y propone una acción global coordinada para mitigar sus efectos sobre la salud humana y el entorno. Por otro lado, EcoSalud aborda determinantes sociales, ecológicos y culturales de la salud y aunque sigue siendo adoptada por algunas organizaciones, a partir de 2010, muchos de sus conceptos han ido incorporándose a “One Health”.
Realidad nacional
En el Perú, al igual que en la mayoría de países latinoamericanos, el abordaje actual de los problemas en salud se centra principalmente en la salud comunitaria y la salud pública tradicional. Entre los ejemplos más representativos destacan la vacunación casa por casa con participación de agentes comunitarios, los programas de prevención de anemia y mejora de la nutrición infantil en zonas rurales, así como la vigilancia comunitaria frente la malaria, dengue, tuberculosis entre otras. De forma parcial y complementaria, también se ha comenzado a incorporar el enfoque de salud pública global, especialmente en situaciones que requieren coordinación internacional. Algunos ejemplos incluyen el cumplimiento del Reglamento Sanitario Internacional, la colaboración con organismos como la OPS/OMS, UNICEF, el Banco Mundial y GAVI, así como la elaboración de planes nacionales sobre salud y cambio climático con apoyo de actores globales.
Aunque la salud pública global ha ganado relevancia en las agendas nacionales, su papel sigue siendo principalmente normativo y de cooperación internacional, siendo el enfoque territorial y comunitario los que predominan en la atención local. En este contexto, resulta poco probable que, al menos en el corto plazo, países en vías de desarrollo logren implementar plenamente un probable enfoque “One Health”. Esto se debe, en gran parte, a las limitaciones administrativas, técnicas y financieras que dificultan su integración efectiva, especialmente en sistemas de salud que aún enfrentan desafíos estructurales para consolidar siquiera la participación activa en la salud pública global.
Enfoques como “One Health”, salud planetaria y EcoSalud comparten una visión sistémica de la salud, y abordan los desafíos del bienestar humano, animal y ambiental desde perspectivas complementarias. Todos ellos coinciden en la urgencia de adoptar estrategias interdisciplinarias, colaborativas y globales para enfrentar problemas sanitarios cada vez más complejos y transfronterizos. Durante décadas, la salud humana ha sido concebida desde un paradigma antropocéntrico, centrado exclusivamente en el bienestar del ser humano; sin embargo, “One Health” propone una ruptura de esa visión. Esta perspectiva no solo amplía nuestro entendimiento de la salud, sino que representa una vía necesaria hacia un futuro más sostenible, resiliente y equitativo. Solo así podremos responder con eficacia a las amenazas sanitarias emergentes y proteger la salud del planeta en su conjunto.
(*) Biólogo, past decano del Colegio de Biólogos de Lambayeque.
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Gracias eternas al semanario expresion por el articulo dedicado a mi padre. Su desaparicion fisica no ha mermado la difusion de su cultura musical, no solo nosotros como familia sino innumerables grupos como los formados en la Universidad Jose Maria Arguedas, siguen difundiendo su musica popular. La semana pasada me encontre con Cecilia Barraza, gran amiga de la familia Seclen, y me pregunto como estaba mi papa? No sabia que habia fallecido, afligida me dijo Nicolas Seclen no ha muerto , el vive siempre en nuestros corazones !! Y asi sera siempre ! Mientras su musica y su legado se escuche en la radio , en las serenatas, hogares y en toda reunion , el seguira vivo! NICOLAS SECLEN SAMPEN........PRESENTE!!
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