El avance realista sobre Lima obligó a la retirada del gobierno de Riva Agüero al Callao. La división entre el presidente y el Congreso se exacerbó con reproches mutuos, y con la presencia de las fuerzas colombianas de Sucre, que ofrecieron respaldar al Congreso, garantizándole la libertad, obvia mención al motín que elevó a Riva Agüero al poder.
El 19 de junio, el Congreso instalado en el Callao, promulgó una ley disponiendo el traslado de los poderes públicos a Trujillo y otorgando plenos poderes a Sucre; además, cortó el juicio de residencia a los miembros de la antigua Junta Gubernativa, declarándose satisfecho de su conducta. Otra medida del Congreso fue enviar una comisión para invitar directamente al Presidente Libertador de Colombia, Simón Bolívar, para que viniera a salvar al Perú. El encargo recayó en José Faustino Sánchez Carrión y José Joaquín de Olmedo, quienes viajaron inmediatamente a Guayaquil, donde se hallaba Bolívar.
La ley del 19 de junio era la mayor prueba de la hostilidad parlamentaria hacia Riva Agüero, que en vano, observó la ley, alegando que por honor y deber, no podía alejarse del teatro de la guerra, prometiendo “perecer bajo la ruina de la patria antes que abandonarla en su conflicto”; por ello, demoró en poner el cúmplase a la ley hasta el 21 de junio.
Mientras tanto, Sucre acudió al Callao y al examinar la posición militar, se convenció de la falta de organización y orden, renunciando al encargo del Congreso, dejando toda la responsabilidad de la defensa de la plaza sobre Riva Agüero. Pero el Congreso ya no podía retroceder, por lo que el 21 de junio, dio al poder militar el mismo tratamiento que al Presidente, con amplio poder sobre las fuerzas de mar y tierra mientras durase el peligro, en todo el territorio que servía de teatro de guerra. Tras una reiterada negativa, Sucre acabó por aceptar los poderes conferidos por la ley del 19 de junio, a condición que fuera ratificado por el Congreso cuando se instalase en Trujillo.
Momentos después, el diputado Manuel Ferreyros planteó prohibir al gobierno de girar libranzas contra los fondos del empréstito de Londres, y el diputado Miguel Otero propuso impartir órdenes a los oficiales de marina para que ningún barco zarpase sin orden de Sucre.
Gobierno sin autoridad
Con estas medidas, el gobierno de Riva Agüero quedaba despojado de toda autoridad. El Congreso había creado virtualmente otro Ejecutivo, a cargo de Sucre. En sesión secreta del 22 de junio, el diputado Ignacio Ortiz de Zevallos propuso la total destitución de Riva Agüero, trabándose una acalorada discusión entre Mariano José de Arce, Araníbar, Ferreyros, entre otros, aprobándose la aclaración de Araníbar en el sentido que dicha exoneración sólo sería en el teatro de la guerra, pero esto no era suficiente para el partido opositor. Con esta ley, publicada el 23 de junio, Riva Agüero quedaba exonerado de la Presidencia, expidiéndose el pasaporte para trasladarse a donde dispusiera el supremo poder militar, y encargándose el ejercicio del gobierno al ministro de Relaciones Exteriores, doctor Francisco Valdivieso.
Pero había sido demasiado para Riva Agüero, que desde que apreció la hostilidad del Congreso, quiso disolverlo, y proyectó la creación de una junta de siete diputados como “Senado consultivo”, prometiendo ofrecer embajadas y destinos lucrativos y honrosos a los demás diputados. No pasó de ser iniciativas estériles pues no contó con el apoyo de diputado alguno.
Sucre, dándose cuenta del peligro que surgiría de la división, hizo presente al Congreso que la exoneración no tendría efecto mientras no contase con el cúmplase de Riva Agüero, reafirmando que los colombianos no querían mezclarse en líos internos. El 22 de junio, acordó con Riva Agüero, que el presidente se haría cargo de las fuerzas del norte, desde donde reforzaría con víveres y dinero a la plaza del Callao, mientras Sucre reforzaría a las tropas del sur.
Pero la ley del 23 de junio cambió todo. Riva Agüero se negó a dar cumplimiento al decreto que lo exoneraba de la Presidencia, aduciendo que ese mismo día se trasladaba a Trujillo con el Congreso y los Tribunales según lo mandado el 19. En efecto se dieron a la vela con destino a Huanchaco todos los miembros del Poder Ejecutivo y casi todos los Diputados. Quedó en el Callao, el general Sucre revestido con la suma del poder que no usó sino en actos puramente militares; de las funciones de gobierno, se haría cargo el doctor Valdivieso.
“Congresos omnipotentes”
Paz Soldán juzgaría con dureza: “El Congreso en todos sus procedimientos, desde que salió de Lima, se extravió miserablemente; fue causa de cuantos desastres sobrevinieron a la patria; sembró la funesta semilla de la discordia que debilitaba la fuerza de nuestro ejército patriota, más que la misma guerra; y estando el enemigo en Lima aumentaba las rivalidades y fomentaba la guerra civil. Se creyó omnipotente para poner hoy a uno en el primer asiento, derribarlo al día siguiente y sustituirlo con otro tercero. Desde que se juraron las bases de la Constitución su autoridad quedó limitada; nunca lo fue absoluta y soberana porque ni todos los pueblos concurrían con sus libres votos por estar aún bajo el dominio del enemigo; ni los poderes eran amplios pues se limitaban a los detallados en su convocatoria. El error de que los Congresos se crean omnipotentes ha dado origen á toda clase de abusos, y a que ellos sean los primeros revolucionarios. […] La variación de la persona que ejerza el Poder Ejecutivo, no puede ni debe estar sujeta al capricho de las pasiones, o a los vaivenes de la fortuna. Es cierto que Riva Agüero subió al primer puesto de la República por un motín militar, pero también lo es que fue apoyado por la opinión pública que re chazaba a la Junta Gubernativa por su apatía, porque un ejecutivo trino en momentos en que se necesitaba rapidez en el pensamiento y velocidad en la ejecución, no debía subsistir. El Congreso no solo aceptó el motín militar, y apoyó la opinión pública, nombrándolo Presidente: hizo más; le nombró Gran Mariscal, y días antes le asignó una de las tres medallas de civismo señaladas por el Protector para los tres mejores patriotas. ¿Qué motivo dio Riva Agüero para que de un día á otro el entusiasmo que tenían por él se cambiara en odio? […] parece pues indudable que se procedía por una facción que á todo trance quería entregar el Perú al Libertador de Colombia, quien deslumbraba con sus triunfos. No tienen otra explicación los decretos del Congreso de 19 al 23 de Julio. El Congreso fue el principal y si se quiere el único que ocasionó todos los males de que el Perú fue víctima, hasta fines del año de 1824. Riva Agüero, con menos vanidad pudo evitarlos; pero en la lucha cometió graves errores, que pagó bien caro, acarreándose epítetos que, con más o menos pasión, se le repetirán mientras haya quien recuerde los hechos históricos de esa época”.
Y en tal ambiente, la conducta de quienes debían gobernar y orientar eficazmente a la lucha independentista, consagraban su tiempo en intrigas y rencores mezquinos, contrastaba con la actitud de los que aún creían en la causa patriota, arriesgando todo. Entre ellos, destaca la figura de un modesto pescador chorrillano, un hijo del pueblo que sacrificaría su vida en aras de la Patria.
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(*) Abogado, investigador y docente universitario.
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