Sube!

Un país con miedo no puede crecer: El costo invisible de la inseguridad en el Perú

Escribe: Bagner Salazar Salazar (*)
Edición N° 1464

  comentarios   

En Perú, la inseguridad ciudadana ha pasado de ser un asunto que solo afecta a la policía a convertirse en un problema social y económico, cada acto de robo, extorsión o amenaza tiene una víctima directa; sin embargo, también afecta a las familias, los negocios, el empleo, la inversión y la confianza; los números ayudan a entender la magnitud del problema, la victimización de la población urbana de 15 años en adelante es el indicador principal que sigue el INEI; en su último informe disponible, que corresponde al semestre móvil de noviembre de 2025 a abril de 2026, se sigue observando que la inseguridad es uno de los problemas más importantes que afectan a la población.

Sin embargo, el dato posiblemente más relevante no sea solo cuántas personas fueron víctimas de un delito, sino cuántas viven con la idea de que podrían llegar a serlo, la percepción de inseguridad cambia la conducta de los ciudadanos: altera sus horarios, sus caminos, sus elecciones de consumo y hasta cómo emplean los espacios públicos; una familia puede desembolsar más en transporte con el fin de sentirse protegida; un empleado puede eludir ciertas áreas; un estudiante puede dejar de ir a actividades nocturnas.

Las empresas también se ven afectadas, el Instituto Peruano de Economía ha alertado que la inseguridad es un impedimento directo para el progreso empresarial y la expansión económica, de acuerdo con cálculos publicados por el IPE, las compañías medianas y grandes que sufrieron delitos dedicaron, en promedio, un 5,6% de sus ingresos netos a acciones de seguridad; esto quiere decir que una parte de los recursos que se podrían usar para contratar empleados, invertir, innovar o expandir un negocio acaba utilizándose para protegerlo, la inseguridad actúa como un costo extra de producir y hacer negocios.

Por lo tanto, no estamos hablando de un problema marginal, nos referimos a recursos que tienen el potencial de ayudar al crecimiento económico, pero que finalmente se ven mermados por las consecuencias de la delincuencia; paradójicamente, Perú también muestra indicios de una economía favorable, la inversión privada aumentó 17,6 % en el segundo trimestre de 2026, según lo anunció el MEF; es la cifra más alta para un segundo trimestre desde 2010 y se mantiene una tendencia de crecimiento a lo largo de diez trimestres seguidos.

Este contraste nos debería llevar a pensar: que la economía esté creciendo no quiere decir que la inseguridad no esté ocasionando costos económicos, es posible que tengamos inversión, consumo y crecimiento, pero al mismo tiempo estemos perdiendo productividad, recursos y oportunidades por culpa de la delincuencia; la confianza, que es lo más difícil de medir, también se ve afectada por la inseguridad, una familia que cambia sus patrones de consumo, un pequeño comerciante que opta por no expandir su empresa o un empresario que aplaza una inversión están tomando decisiones económicas bajo el condicionamiento del riesgo.

Y cuando el miedo empieza a determinar millones de decisiones individuales, el efecto es colectivo; por lo tanto, el estudio de la seguridad ciudadana no debería limitarse únicamente a un enfoque policial, también es una política de desarrollo en términos económicos; no solo están orientadas a disminuir los delitos las medidas de combatir la extorsión, de mejorar la investigación criminal, de perfeccionar la coordinación entre Fiscalía, Policía y Poder Judicial, de modernizar las comisarías y de emplear mejor la tecnología; también tienen como finalidad resguardar la actividad económica y la inversión.

El reto consiste en gastar de manera más eficiente y conseguir resultados, el IPE ha indicado, por ejemplo, que las comisarías tienen grandes brechas en cuanto a capacidades tecnológicas e institucionales; esto demuestra que aumentar los recursos no asegura por sí mismo un mejor rendimiento, Perú tiene la necesidad de restaurar algo que no se puede adquirir directamente con ningún presupuesto: la confianza; confiar para abrir un negocio, emplear a trabajadores, invertir, estudiar de noche, usar el transporte público o simplemente andar por una calle sin tener la sensación de que estamos corriendo un riesgo innecesario.

Por lo tanto, la cuestión que deberíamos plantearnos no es únicamente cuánto dinero asignamos cada año a luchar contra el crimen, la pregunta realmente significativa es: ¿Cuánto está dejando de crecer el Perú por no haber resuelto su problema de inseguridad?, El delito no solo le quita dinero a la gente; además, sustrae tiempo, oportunidades, inversión, productividad y paz, y es difícil que un país consiga todo su potencial si pierde la confianza.

El Perú necesita crecer, pero para lograr un crecimiento completo, requiere seguridad, ya que recobrar las calles también implica recuperar la confianza necesaria para invertir, trabajar, estudiar y edificar el porvenir.

-------------

Autor: Dr. Elmer Bagner Salazar Salazar

Correo: bagnerss33@gmail.com

Teléfono: 979217638

 respuesta de Soyka brazo (es de joda Noma) el 2026-10-06.

es muy buena IE,sus planes a futuro me parecen muy buenos e interesantes,ojalá algún día pueda ir a estudiar ahí,

Deja tu Comentario