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PROGRAMAR EL FUTURO: Energía limpia y educación digital como estrategia nacional del Perú

Escribe: Roger Santa Cruz Carranza (*)
Edición N° 1426

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Como la historia ha evidenciado, durante las revoluciones industriales, por ejemplo: dos variables han sido decisivas para desarrollo: la tecnología y la energía. En nuestra era, la inteligencia artificial (IA) está transformando los sistemas productivos, la educación y la defensa, pero también exige un consumo energético sin precedentes. En este contexto, el Perú tiene una oportunidad singular: aprovechar su posición geográfica y su riqueza hidrográfica para garantizar independencia energética, y, en paralelo, formar desde la escuela a ciudadanos capaces de dominar el lenguaje digital. Ambas rutas —energía y educación tecnológica— pueden sostener una estrategia nacional orientada a la soberanía y al desarrollo sostenible.

El Perú posee una configuración territorial que lo coloca entre los países con mayor potencial de generación de energías limpias en Sudamérica. Su sistema hidrográfico, dividido entre las cuencas del Pacífico y del Atlántico —a través del Amazonas—, constituye una reserva natural para la producción hidroeléctrica. Las cordilleras andinas, con su gradiente altitudinal, ofrecen condiciones óptimas para represas y centrales de generación que aprovechen la fuerza del agua de manera sostenible.

A ello se suma el potencial solar del sur y norte del país, regiones con niveles de radiación comparables a los del desierto de Atacama. Según el Plan Referencial de Uso Eficiente de la Energía al 2050 (PRUEE 2050), el aprovechamiento pleno de la energía solar podría cubrir más del 40 % de la demanda eléctrica nacional. Asimismo, los vientos constantes en la costa y la sierra brindan una base sólida para el desarrollo eólico, mientras que la biomasa y la geotermia amplían las opciones de diversificación.

Esta riqueza natural no solo representa una ventaja ambiental, sino geopolítica. Un país con capacidad para producir energía limpia puede reducir su dependencia de combustibles fósiles y fortalecer su autonomía frente a fluctuaciones del mercado internacional. En un mundo cada vez más condicionado por la seguridad energética, la independencia en la producción eléctrica equivale a poder estratégico.

Transición energética e inteligencia artificial

La digitalización masiva y el uso creciente de IA demandan un sistema energético estable y sostenible. Los centros de datos que procesan información y entrenan modelos de IA consumen enormes cantidades de electricidad. La Agencia Internacional de Energía estima que este consumo podría duplicarse hacia 2030. Si el Perú pretende desarrollar su propia infraestructura digital, deberá hacerlo sobre una base energética limpia y eficiente.

El PRUEE 2050 advierte que la demanda nacional de energía aumentará alrededor de 60 % hacia mitad de siglo. Para enfrentar ese desafío, el plan propone tres objetivos: eficiencia en el uso, diversificación de fuentes y electrificación con energías renovables. La meta es reducir la intensidad energética nacional en 30 % hacia 2050. Alcanzar esa cifra implicará innovación, inversión y talento humano calificado.

Por tanto, la transición energética no puede pensarse al margen del desarrollo tecnológico. El futuro de la IA en el Perú dependerá tanto de su capacidad educativa como de su soberanía eléctrica. Sin energía limpia, la digitalización será frágil; sin educación digital, la energía no se gestionará con eficiencia.

Educación digital

Enseñar programación desde la Educación Básica Regular no se reduce a formar programadores. Significa entrenar el pensamiento lógico, la creatividad y la resolución de problemas. En un país donde menos del 25 % de las escuelas públicas cuenta con conectividad adecuada, incorporar la enseñanza digital es también una medida de equidad social.

La brecha tecnológica no solo separa a los estudiantes por acceso, sino por futuro. Las economías más avanzadas entendieron que la alfabetización digital debía comenzar en la infancia. Estonia, Finlandia y Chile son ejemplos de políticas educativas que integran la programación como lenguaje básico del siglo XXI.

El Perú, en cambio, mantiene un modelo que prepara usuarios pasivos, no creadores de tecnología. Para romper esa dependencia, se necesita una política educativa que articule formación docente, infraestructura digital y un currículo nacional de pensamiento computacional. Un estudiante capaz de programar entenderá cómo opera la tecnología que utiliza, y podrá aplicarla en la solución de problemas locales: desde el riego inteligente hasta el monitoreo energético en zonas rurales.

Energía y educación

Ambas agendas —energética y educativa— deben concebirse como partes de una misma estrategia. Los sistemas energéticos del futuro dependerán del talento capaz de diseñar algoritmos que optimicen redes eléctricas, reducir pérdidas o integrar fuentes renovables en tiempo real. Del mismo modo, la expansión de la IA en sectores productivos requerirá energía continua, asequible y limpia.

En consecuencia, el aula se convierte en el primer espacio de la política energética. Enseñar programación y pensamiento científico prepara a los jóvenes para desarrollar soluciones que mejoren la eficiencia del consumo eléctrico o diseñar plataformas que administren energía en comunidades aisladas. Así, la educación tecnológica se transforma en un instrumento de independencia energética y desarrollo regional.

El PRUEE 2050 subraya que la eficiencia energética debe convertirse en una cultura nacional. Formar ciudadanos capaces de comprender la relación entre tecnología y energía es el paso más sólido hacia ese objetivo.

Hacia una estrategia nacional integrada

El Perú requiere una visión de Estado que combine educación digital y transición energética bajo una lógica geopolítica. Esta estrategia propuesta debería estructurarse o al menos repensarse en tres ejes:

Formación tecnológica desde la base: incluir la programación y la alfabetización en IA en el currículo escolar, con capacitación docente permanente.

Infraestructura renovable en escuelas: garantizar conectividad y suministro eléctrico mediante energía solar o eólica, especialmente en zonas rurales.

Investigación aplicada: promover proyectos escolares y universitarios orientados a la eficiencia energética, automatización y gestión ambiental.

Estas medidas permitirían reducir brechas territoriales, fortalecer capacidades locales y fomentar innovación desde las regiones. Un país que produce su propia energía limpia y forma ciudadanos digitales puede sostener un crecimiento estable, autónomo y equitativo.

La energía y el conocimiento son hoy los nuevos factores de poder. En un contexto global donde las economías compiten por recursos y datos, el Perú posee ventajas que aún no ha convertido en política de Estado. Su geografía le brinda condiciones únicas para la generación de energía renovable; su población joven, un potencial humano que puede liderar la transición digital regional.

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(*) Politólogo | santacruzcarranza@gmail.com

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