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¿DOS SOLES BRILLANDO EN UN MISMO CIELO? BUSAN: LA INCÓMODA TREGUA ENTRE TRUMP Y XI JINPING QUE MARCA EL DECLIVE DE LA UNIPOLARIDAD

Escribe: Roger Santa Cruz Carranza (*)
Edición N° 1425

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La reunión bilateral celebrada el 30 de octubre de 2025 en la Base Aérea de Gimhae, en la ciudad portuaria de Busan, Corea del Sur, fue mucho más que un encuentro para aliviar tensiones comerciales. El cara a cara entre Donald Trump y Xi Jinping —el primero desde 2019— duró casi dos horas y confirmó lo que ya se intuía: la hegemonía global ya no pertenece a un solo actor. El sistema internacional se reordena en torno a dos polos que marcan el pulso de la geoeconomía contemporánea.

Aunque Trump calificó la cita como “exitosa” e “increíble”, y Xi la describió con serenidad como “una conversación necesaria entre las dos mayores economías del mundo”, los gestos y acuerdos revelan algo más profundo: China ha logrado un fortalecimiento estratégico que obliga a Washington a aceptar una tregua incómoda.

El factor nuclear: disuasión y preludio geopolítico

La antesala de la cumbre estuvo marcada por una provocación calculada. Desde el Air Force One, Trump insinuó que consideraba apropiado reanudar las pruebas nucleares suspendidas desde 1992. Su argumento fue directo: “Todo el mundo está haciendo pruebas nucleares”. Con ello buscó reactivar la lógica de la “paz a través de la fuerza” y enviar un mensaje tanto a Beijing como a Moscú.

El Kremlin respondió de inmediato, advirtiendo que, si alguien se apartaba de la moratoria, Rusia haría lo mismo. Aunque el tema nuclear no ocupó un lugar central en Busan, su sombra acompañó todo el diálogo. La insinuación de Trump fue una forma de recordarle al mundo que Estados Unidos sigue siendo una potencia militar en transición, ansiosa por reafirmar su liderazgo frente al avance chino.

Inversión de jerarquías: Xi en la cabecera de la mesa

Uno de los símbolos más comentados del encuentro fue el protocolo diplomático. Todo pareció sugerir que “China ocupa ahora la cabecera de la mesa”. El anuncio de que Trump visitará Beijing en abril de 2026, mientras Xi aún no confirma una visita recíproca, reforzó esa percepción. La diplomacia, en este caso, habló con gestos más que con palabras: Xi se mostró en posición de fuerza, y Trump, en la necesidad de mostrar un logro político ante su electorado.

Otro detalle significativo fue el silencio sobre Taiwán. Aunque figuraba en la agenda, Trump reconoció que no abordó el tema. Esa omisión fue una victoria táctica para Xi Jinping, que no está dispuesto a aceptar la narrativa estadounidense sobre la isla. La escena resumió una realidad: China ya no se subordina, impone condiciones y exige diálogo en sus propios términos.

“Ambos países deben dirigir el rumbo correcto y asegurar la navegación constante del barco gigante de las relaciones China-EE. UU.”, afirmó Xi al cierre. El mensaje fue claro: el liderazgo global ya no se decide en Washington.

Geoeconomía: tierras raras, chips y dependencia mutua

El núcleo de la discusión fue económico. Tras años de tensiones comerciales, Busan marcó una tregua temporal de un año que revela la mutua dependencia entre ambos países. Estados Unidos domina la tecnología; China, los recursos estratégicos.

Beijing accedió a levantar parcialmente las restricciones a la exportación de tierras raras —17 minerales esenciales para la producción militar y tecnológica—, un gesto que dio respiro a Washington. China controla el 70 % de la producción mundial y casi todo el refinado, lo que le otorga una capacidad de presión sin precedentes. Con esta concesión, demostró que puede paralizar el avance industrial estadounidense si lo desea.

A cambio, Trump redujo los aranceles a productos chinos del 20 % al 10 %, condicionado a la cooperación de Beijing en el control de la producción y distribución del fentanilo. Esta relación, marcada por concesiones tácticas, expone una verdad incómoda: la rivalidad entre ambos países no impide que sus economías sigan entrelazadas.

La carrera por la inteligencia artificial

La inteligencia artificial es hoy el nuevo campo de batalla geopolítico. Busan permitió un acercamiento técnico en torno al suministro de microchips, especialmente con la empresa Nvidia. Aunque Estados Unidos mantiene el veto sobre los chips más avanzados —la serie Blackwell—, permitió a China acceder a modelos previos, lo que representa un avance significativo para su industria.

Esta flexibilización, presionada por la necesidad de reactivar las cadenas globales de producción, otorga a China una oportunidad de reducir la brecha tecnológica que Estados Unidos había intentado mantener. Trump presentó el acuerdo como una victoria comercial; sin embargo, para Xi fue una conquista estratégica.

Ucrania y América Latina: ecos de un orden en transición

La guerra de Ucrania fue otro tema sobre la mesa. Ambos líderes coincidieron en la necesidad de una salida negociada, aunque Xi recordó que las “acciones posibles son limitadas” por la autonomía rusa. El mensaje implícito fue que Beijing no está dispuesto a presionar abiertamente a Moscú, pero tampoco desea una escalada que altere el equilibrio global.

Las consecuencias de esta nueva arquitectura internacional se sienten con fuerza en América Latina. La administración Trump ha redoblado su presencia en la región bajo el argumento de la seguridad hemisférica, pero con un objetivo claro: contener la influencia china. La militarización del Caribe, las presiones diplomáticas y la injerencia en procesos electorales —como ocurrió en Argentina con el respaldo a un candidato afín a Washington— son señales de un repliegue estratégico que busca reconstruir zonas de influencia perdidas.

Busan, en este sentido, no solo fue una cumbre bilateral, sino el punto de inflexión que confirma el tránsito hacia un sistema de mas de un polo de poder. El diálogo se impone como única vía para evitar un choque abierto entre potencias que, pese a su rivalidad, están condenadas a cooperar.

La reunión dejó una imagen poderosa: dos líderes que representan visiones de mundo opuestas, obligados a compartir el mismo cielo político. Trump y Xi simbolizan el fin de la unipolaridad y el inicio de una era de competencia interdependiente, donde el poder ya no se mide solo en armas o capital, sino en la capacidad de sostener el equilibrio entre la confrontación y la cooperación.

(*) Politólogo | santacruzcarranza@gmail.com

 respuesta de henry jave el 2019-08-27.

Colectores de gran dimensión??? Por ahora recuperemos las acequias y protejamosla y dónde podamos hagamos tanques drenantes en zonas bajas para poder bombear... en tanto se llegue algún día con la bendita solución integral

 respuesta de carlos el 2018-05-23.

Chiclayo tiene que construir colectores subterráneos de gran dimensión hacia el mar, aprovechando que actualmente existen zanjas de drenaje de uso agrícola, que descargan hacia el mar, podrían convertirse en zanjas principales.

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